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La familia, vista desde Francia, Albania y España: tres libros que no son 'exactamente' lecturas de verano

También se puede leer a Carrère, Giralt Torrente o Ypi con el arrullo de las olas mientras estás pensando, levantas la vista y ves a tu hermano, tu cuñada o incluso a tu madre partiendo una sandía

  • Tres libros, tres, para el verano... vaya todos de Anagrama. -

Existe un viejo aforismo, no estoy seguro, pero creo que es de origen argentino, que dice algo así como "¿Qué tal las vacaciones? ¿Bien o en familia?", doble pregunta que siempre me ha parecido simpática, incluso graciosa. En realidad no soy muy de hacerla y tampoco, llegado el caso, de responderla, soy más bien de los que sonríe vagamente y se queda pensando si no habrá una tercera opción: puede que el plan familiar no sea ideal, pero tampoco creo que de ahí se salte directamente a la opción 'bien', la vida suele ser más compleja. Y tres opciones, tres, son precisamente las lecturas que traemos a estas líneas, recomendaciones para el verano, y cualquiera de ellas es una excelente elección. Como el lector avezado y la conspicua lectora habrán averiguado ya, van sobre la familia, claro, tres libros sobre la familia como eje central: dos de ellos llevan tres o cuatro meses en las librerías, el otro se va a un año.

Koljos

Empezamos, y lo hacemos por  Koljos, de Emmanuel Carrère. Se trata de una obra mayor de este autor, no sabríamos decir si al nivel de Limonov, pero sí de El adversario o El Reino. Carrère escribe sobre su madre, que dicho así puede que no suene muy interesante o que el lector piense, sí hombre, para eso estamos, para andar leyendo loas o panegíricos a las mamás, pero de verdad que se trata de un libro interesantísimo y, por supuesto, magníficamente escrito, que podría definirse como una biografía novelada. Antes de empezar a hablar estrictamente de su madre –que era una eminencia en el mundo cultural de Francia: monsieur Macron, por ejemplo, fue a su funeral– el escritor se da una vuelta por sus antecesores de la parte materna, una mezcla rusa y georgiana tirando a increíble a la que sabe sacar un punto freak, a veces incluso divertido. Los Carrère, tan franceses, no vienen al caso... pero estos exiliados y vividores, esforzados y diletantes, tan rusos (y georgianos, no la liemos) y finalmente tan franceses son un material de primera para hacer una novela.

Cabría decir que ha tardado en escribirlo un experto en el retrato como es este escritor y periodista francés, aunque es un hecho que no quería mayores problemas con su madre, que además era lo que se dice un carácter. Aunque ella conoció algunas páginas del libro, es evidente que no iba a ver la luz hasta su muerte. Hay cariño y amor, por supuesto, pero poca complacencia, ni con la madre (bueno, aquí un poquito) ni con el personaje público que fue, así que mejor evitar innecesarios choques postreros, claro.

Indignidad

Lea Ypi también entra de lleno en la familia con Indignidad... vaya, que ese es el título. La señora Ypi es de eso que se da en llamar una 'familia bien' de Albania, tuvo un importante éxito con Libre, su anterior novela, y es profesora de la London School of Economics. Aquí la protagonista no es la madre, es la abuela, aunque, al igual que hace Carrère, toma carrerilla (vaya...) y da un buen repaso sobre su familia y la época que les toca vivir, que no es otra que la desmembración del Imperio Otomano y el surgimiento de varios nuevos estados. Hay que estar muy atentos y seguir la guía que, oportunamente, viene en el libro, porque cuando crees que alguien que reside en Salónica está en Grecia descubres que no, que el imperio mantuvo hasta 1912 dicha ciudad (de hecho, Kemal Ataturk, el fundador de la Turquía moderna, nació allí). En definitiva, musulmanes, cristianos y sefardíes conviven sin demasiados problemas en los Balcanes... hasta que la cosa se encabrona, hay deportaciones forzosas entre turcos y griegos y se impone el doble 'origen', el de la zona y el de la religión que se profesa, lo que hace que 'los demás' sean sospechosos.

Luego ya vendrá una insólita monarquía, la invasión de Albania por Italia, la llegada del comunismo, por si el país no era suficientemente convulso. Con todos estos materiales, la novela transcurre en un doble plano, ya que además de las vicisitudes de su abuela Leman, Lea Ypi nos cuenta sus aventuras para documentarse sobre ella en los archivos del gobierno después de que la apareción como por casualidad una foto de su abuela de vacaciones invernales en Cortina d'Ampezzo (Alpes italianos) en redes sociales desatara todo tipo de insultos y comentarios políticos hacia la familia y la motivara para escribir este libro. Hay hechos irrefutables pero también hay supuestos y, abiertamente, malentendidos causados por las propias investigaciones de los servicios secretos albaneses, el estado de conservación de los archivos, etc. Es otra biografía novelada brillante, en la que tal vez lo más cuestionable sea el final, por mucho que los hechos investigados sean así y lleven a la Ypi nieta a donde la llevan... y aquí lo dejamos, porque nos acercamos a hablar de más. 

Los ilusionistas

Y cerramos este curioso ciclo familiar-estival, así, como si fuera un cursillo universitario de verano, con Los Ilusionistas, de Marcos Giralt Torrente. Este cronista empezó fuerte con este autor, con París y Los seres felices, pero algo pasó en el camino: hablamos de hace muchos años y ya no recuerdo si fue culpa mía o suya, tampoco importa ya. El caso es que después de 20 años sin leer ninguna novela de este autor (sí algunas de sus colaboraciones en prensa) leí buenas críticas de Los Ilusionistas, quise confirmar su fundamento –el de las críticas– y, debo decir, que me ha gustado mucho este libro. Aquí se trata de una saga galaico-madrileña y de cómo el pasado (el real, el figurado, el edulcorado) deja su huella en el presente a través de las relaciones familiares. Se trata de una novela muy bien armada, pese, o precisamente, a la forma en que tiene de acercarse a los hechos, analizando cartas, los "me han dicho" y los sobreentendidos que hay en todas las familias... como en las anteriores reseñas, el tema es la biografía de una familia, la del autor, marcada por la excepcionalidad que supone tener como abuelo a un gran novelista, que no vamos a decir quien es, pero es carta de presentación del propio Marcos Giralt (repárese un momento en el segundo apellido).

En cualquier caso, el libro tiene vida propia y se puede leer perfectamente sin conocer de nada de dicho autor, del abuelo famoso. No es, en absoluto, una biografía al uso y, en realidad, se centra, ya decimos, en los vínculos familiares, en las decisiones discutibles que marcan a los que han venido después, en los sacrificios (muchas veces los de los demás más que los propios), en las aspiraciones, tantas veces frustradas. Libro sutil, delicado y sólido a la vez, perfectamente armado precisamente a base del 'aire' que el autor da a la estructura, ha supuesto todo un reencuentro con Giralt Torrente.        

Existe un viejo aforismo, no estoy seguro, pero creo que es de origen argentino, que dice algo así como "¿Qué tal las vacaciones? ¿Bien o en familia?", doble pregunta que siempre me ha parecido simpática, incluso graciosa. En realidad no soy muy de hacerla y tampoco, llegado el caso, de responderla, soy más bien de los que sonríe vagamente y se queda pensando si no habrá una tercera opción: puede que el plan familiar no sea ideal, pero tampoco creo que de ahí se salte directamente a la opción 'bien', la vida suele ser más compleja. Y tres opciones, tres, son precisamente las lecturas que traemos a estas líneas, recomendaciones para el verano, y cualquiera de ellas es una excelente elección. Como el lector avezado y la conspicua lectora habrán averiguado ya, van sobre la familia, claro, tres libros sobre la familia como eje central: dos de ellos llevan tres o cuatro meses en las librerías, el otro se va a un año.

Koljos

Empezamos, y lo hacemos por  Koljos, de Emmanuel Carrère. Se trata de una obra mayor de este autor, no sabríamos decir si al nivel de Limonov, pero sí de El adversario o El Reino. Carrère escribe sobre su madre, que dicho así puede que no suene muy interesante o que el lector piense, sí hombre, para eso estamos, para andar leyendo loas o panegíricos a las mamás, pero de verdad que se trata de un libro interesantísimo y, por supuesto, magníficamente escrito, que podría definirse como una biografía novelada. Antes de empezar a hablar estrictamente de su madre –que era una eminencia en el mundo cultural de Francia: monsieur Macron, por ejemplo, fue a su funeral– el escritor se da una vuelta por sus antecesores de la parte materna, una mezcla rusa y georgiana tirando a increíble a la que sabe sacar un punto freak, a veces incluso divertido. Los Carrère, tan franceses, no vienen al caso... pero estos exiliados y vividores, esforzados y diletantes, tan rusos (y georgianos, no la liemos) y finalmente tan franceses son un material de primera para hacer una novela.

Cabría decir que ha tardado en escribirlo un experto en el retrato como es este escritor y periodista francés, aunque es un hecho que no quería mayores problemas con su madre, que además era lo que se dice un carácter. Aunque ella conoció algunas páginas del libro, es evidente que no iba a ver la luz hasta su muerte. Hay cariño y amor, por supuesto, pero poca complacencia, ni con la madre (bueno, aquí un poquito) ni con el personaje público que fue, así que mejor evitar innecesarios choques postreros, claro.

Indignidad

Lea Ypi también entra de lleno en la familia con Indignidad... vaya, que ese es el título. La señora Ypi es de eso que se da en llamar una 'familia bien' de Albania, tuvo un importante éxito con Libre, su anterior novela, y es profesora de la London School of Economics. Aquí la protagonista no es la madre, es la abuela, aunque, al igual que hace Carrère, toma carrerilla (vaya...) y da un buen repaso sobre su familia y la época que les toca vivir, que no es otra que la desmembración del Imperio Otomano y el surgimiento de varios nuevos estados. Hay que estar muy atentos y seguir la guía que, oportunamente, viene en el libro, porque cuando crees que alguien que reside en Salónica está en Grecia descubres que no, que el imperio mantuvo hasta 1912 dicha ciudad (de hecho, Kemal Ataturk, el fundador de la Turquía moderna, nació allí). En definitiva, musulmanes, cristianos y sefardíes conviven sin demasiados problemas en los Balcanes... hasta que la cosa se encabrona, hay deportaciones forzosas entre turcos y griegos y se impone el doble 'origen', el de la zona y el de la religión que se profesa, lo que hace que 'los demás' sean sospechosos.

Luego ya vendrá una insólita monarquía, la invasión de Albania por Italia, la llegada del comunismo, por si el país no era suficientemente convulso. Con todos estos materiales, la novela transcurre en un doble plano, ya que además de las vicisitudes de su abuela Leman, Lea Ypi nos cuenta sus aventuras para documentarse sobre ella en los archivos del gobierno después de que la apareción como por casualidad una foto de su abuela de vacaciones invernales en Cortina d'Ampezzo (Alpes italianos) en redes sociales desatara todo tipo de insultos y comentarios políticos hacia la familia y la motivara para escribir este libro. Hay hechos irrefutables pero también hay supuestos y, abiertamente, malentendidos causados por las propias investigaciones de los servicios secretos albaneses, el estado de conservación de los archivos, etc. Es otra biografía novelada brillante, en la que tal vez lo más cuestionable sea el final, por mucho que los hechos investigados sean así y lleven a la Ypi nieta a donde la llevan... y aquí lo dejamos, porque nos acercamos a hablar de más. 

Los ilusionistas

Y cerramos este curioso ciclo familiar-estival, así, como si fuera un cursillo universitario de verano, con Los Ilusionistas, de Marcos Giralt Torrente. Este cronista empezó fuerte con este autor, con París y Los seres felices, pero algo pasó en el camino: hablamos de hace muchos años y ya no recuerdo si fue culpa mía o suya, tampoco importa ya. El caso es que después de 20 años sin leer ninguna novela de este autor (sí algunas de sus colaboraciones en prensa) leí buenas críticas de Los Ilusionistas, quise confirmar su fundamento –el de las críticas– y, debo decir, que me ha gustado mucho este libro. Aquí se trata de una saga galaico-madrileña y de cómo el pasado (el real, el figurado, el edulcorado) deja su huella en el presente a través de las relaciones familiares. Se trata de una novela muy bien armada, pese, o precisamente, a la forma en que tiene de acercarse a los hechos, analizando cartas, los "me han dicho" y los sobreentendidos que hay en todas las familias... como en las anteriores reseñas, el tema es la biografía de una familia, la del autor, marcada por la excepcionalidad que supone tener como abuelo a un gran novelista, que no vamos a decir quien es, pero es carta de presentación del propio Marcos Giralt (repárese un momento en el segundo apellido).

En cualquier caso, el libro tiene vida propia y se puede leer perfectamente sin conocer de nada de dicho autor, del abuelo famoso. No es, en absoluto, una biografía al uso y, en realidad, se centra, ya decimos, en los vínculos familiares, en las decisiones discutibles que marcan a los que han venido después, en los sacrificios (muchas veces los de los demás más que los propios), en las aspiraciones, tantas veces frustradas. Libro sutil, delicado y sólido a la vez, perfectamente armado precisamente a base del 'aire' que el autor da a la estructura, ha supuesto todo un reencuentro con Giralt Torrente.        

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