Opinión

Carnaval es ‘Cultura’, con mayúscula

La llegada del que repite como nuevo Gobierno municipal al edificio de la plaza de San Juan de Dios certifica y avisa de no pocas cosas. Una de esas cosas es el cambio de rumbo que el Gobierno de José María González, Kichi, ha decidido imprimir en la ciudad en materia de cultura. Lo hará de la mano de la nueva concejala Lola Cazalilla Ramos.

Es importante destacar este ajuste de percepción del carnaval por variados motivos. A quién le parezca, y los hay, que el carnaval es cuestión menor habría que recordarle varias cosas. Que en Cadi es una industria importante y puede serlo mejor, no necesariamente más grande, para ser más potente como representativa del magma cultural fascinante que deja aflorar en el Carnaval cada febrero.

El carnaval es un fenómeno europeo que permite divisar la existencia de una población europea y un territorio cultural europeo. El carnaval no es cosa de países sino de ciudades o regiones: de personas, de comunidades que se ajuntan para hacer algo. Digo ajuntan porque ese el origen de juntarse como comunidad social y política que dará forma a lo que conocemos como Ayuntamiento. Se ajuntan para elegir a su Gobierno municipal y se vuelven a ajuntar para criticarlo, para criticar todo lo que se menee desde las oscuridades y sombras del poder: cualquier poder.

El carnaval no son fiestas, por tanto, sino rituales de conjura contra el abuso del poder. Rituales fundamentales en una sociedad democrática sana. Rituales constructores de una sociedad democrática sana. Rituales que usan de todos los elementos culturales que las personas tienen a la mano. El ingenio para el doble sentido de la lengua y producir así la sátira. La música que haga sonreír y deje cerrar los ojos con alegría. Los tipos, o disfraces, que nos produzcan hilaridad y afirmen la coherencia escénica y argumentativa; la carpintería escénica, los peinados y maquillajes, los pintores.

Cultura y no festejo, porque un ritual es cultura: el ritual de la conjura contra los abusadores del poder a través de ridiculizarlos y sonreír o reír.

El reconocimiento que la ciudad de Cadi entrega a su carnaval, tras haber tenido el coraje de fundar la, seguramente, primera cátedra universitaria europea de carnaval (otras llevan el carnaval dentro con sus institutos), es el abrazo a su propia realidad y el abrazo a [email protected] los hacedores de ese carnaval. No es una nueva institucionalización, en mis opinión, del carnaval; más bien lo observo como una entrega de mayor libertad.

Valoro este cambio de percepción del carnaval como una apuesta valiente por la interacción de todos los actores de la cultura que actúan en Cadi, por la mejora de todas las calidades que Cadi puede ofrecer todavía.

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