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Recordaba el periodista lo que le dijo el escritor checo Ivan Klima en una entrevista: “Un país que vive 40 años bajo una dictadura tiene una pérdida colectiva de honestidad”.

La deriva nacional-católica del Gobierno del PP nos está retrotrayendo a escenarios que dan escalofríos.

A lo mejor, vuelvo a tener otro de esos sueños en los que mi subconsciente se erige en juez y establece una pena ejemplarizante y romántica  a los culpables. Igual se me aparece algún ministro o ministra, o el propio M. Rajoy implorando una mano amiga que le lleve al baño.

Hoy, una decisión equivocada, un inmenso error, pretende enterrar 30 años de historia, y desahuciar la memoria del flamenco desde un Palacio, desde un templo, a un espacio que no corresponde a su dimensión universal. No es tarde para rectificar.

En este país se está poniendo caro ejercer de ciudadano y más de artista y libre pensador. Ser titiritero o rapero se ha convertido en una profesión de riesgo.

Este es un país de excesos en el que se compite permanentemente a ver quién la tiene más grande.

El Gobierno lo preside un vaina, pero un vaina  que trabaja disciplinadamente para sus superiores, mientras se hace el tonto interpretando los guiones que le preparan en Moncloa para parecer más tonto de los que es.

Algún día se estudiará en las universidades del mundo el fenómeno Rajoy y la incompresible permanencia del Partido Popular en el Gobierno.

Dice Acnur que cada 3 segundos una persona tiene que huir para salvar la vida y que el 85% son mujeres y niños.

Desgraciadamente, analistas políticos machotes y valientes hay por miles y con el 155 del PP han salido de las madrigueras para arreglar Cataluña y todo lo que se ponga por delante al grito de “vivaesspaña”

España es, tras Grecia y Chipre, el país de la Unión Europea donde más crece la exclusión social y los riesgos para la infancia.

Desde el día 1 de octubre un pellizco de rabia, que intento reciclar y se transforma en tristeza, se ha instalado en mi estómago.

A Puigdemont, Junqueras y Forcadell habría que decirles que en democracia son los ciudadanos los que pueden declararse insumisos, no los políticos.

"Mientras el obispo Cases llora desconsolado por una parodia de carnaval, se echa de menos alguna muestra de sensibilidad del clero con los problemas terrenales, con el sufrimiento de tantos cientos de miles, de millones, de personas". 

Las playas a este lado del Estrecho de Gibraltar están alfombradas de espuma blanca que arrastra la piel negra de los sueños rotos. 

Vivo en un país en el que cinco personas al día se suicidan por causas asociadas a la exclusión social, la pobreza familiar y los desahucios. Vivo en un país violentamente machista.

Avanzar en la laicidad del espacio público liberándolo de estos símbolos –que en casi  todos los casos carecen de interés artístico- sería una medida muy acertada del gobierno de Jerez. 

¡Qué recuerdos aquellos…! El pavo esperando su turno en el corredor de la muerte, mi madre afanada en la cocina preparándole el funeral y mi padre dándole chaira al cuchillo par ajusticiarlo de la manera más rápida.

Cuando  una sociedad observa, impávida, cómo quiebra su sistema educativo, está condenada a sucumbir lentamente, porque los cimientos se resienten y el edificio social se desploma. 

Frente a los que defiende que hay pasar página de esta parte de nuestra historia, yo considero que hay que divulgarla, y muy especialmente entre los jóvenes.