Santiago Abascal, con César Ruiz, ex coordinador local de Vox en Jerez, Juan Carlos Sanz Martín, ex presidente provincial, y Rosety. FOTO: MANU GARCÍA
Santiago Abascal, con César Ruiz, ex coordinador local de Vox en Jerez, Juan Carlos Sanz Martín, ex presidente provincial, y Rosety. FOTO: MANU GARCÍA

La derecha más dura ha triunfado en Jerez después de que Vox haya recogido en votos el sentir de una ciudad con un tradicional poso franquista. Más de 25.000 votantes han optado por un  partido con un discurso cargado de odio, ultra católico, que está en contra de los derechos de las mujeres y niega la violencia de género, y es profundamente racista y xenófobo. Las fotos que nos dejó la inmensa cola para acceder al mitin del Recreo de las Cadenas, en  la que se veían a notables jerezanos y jerezanas, junto a gente de todas las clases y edades, presagiaban lo peor.

El gran triunfo de los defensores del franquismo, en una ciudad que aún tiene desaparecidos en fosas y cunetas a cientos de  jerezanos asesinados, indigna y duele hasta el llanto. Y lo que más, que esos apoyos a la harca de Abascal no provengan de un voto exclusivamente ideológico, ese del señoritismo más intolerante y rancio, o de los jerezanitos tradicionalistas que aún quedan a espuertas, sino de clases medias, bajas y muy bajas, con déficit intelectual y poca capacidad para reflexionar sobre los mensajes que oyen. Una masa de votantes en paro, o que no llega a final de mes, muchos muy cabreados por promesas que no se cumplen, que han comprado el discurso del “moro tiene la culpa de tus problemas porque se lleva las ayudas, el trabajo y colapsa la sanidad”, o el de “la unidad de España está en peligro, porque esta dictadura de progres no le echa huevos a los catalanes”. Sin olvidar que también ha calado que “socialistas y podemitas son unos liberticidas que van a acabar con nuestras señas de identidad: la caza, los toros, las cofradías, la bandera roja y gualda, la misa de doce y la virgen santa”. ¡Qué horror!

Qué lastima que después de tantos años de gobiernos socialistas en Andalucía y España, la educación, como la poesía, no fuera hoy  “un arma cargada de futuro” —como escribiera el gran Gabriel Celaya— para defendernos del discurso intolerante y fascista de quienes representan una amenaza para la democracia. Y qué oportunidad perdida no haber hecho en colegios e institutos la suficiente pedagogía sobre el franquismo y sus crímenes, sobre la historia más  negra de España que la ultraderecha de los 52 escaños reivindica como una etapa gloriosa.

Es lo que hay. Después del 10N, Jerez es una ciudad más fea y a la luz de los votos, más intolerante. Ya teníamos el PP más ultramontano y conservador de España, el que “quería limpiar de rojos el ayuntamiento”. Ahora suman, adelantados por su derecha, miles de votos que extrapolados a las elecciones municipales les permitirían gobernar la ciudad con mayoría absoluta. Si eso pasara, ya los veo descolgando de la galería de alcaldes a todos los republicanos enemigos de la patria.

La serpiente venía incubando sus huevos en las entrañas del Partido Popular. Ahora han eclosionado y reptan como la “derecha sin complejos” por las instituciones democráticas. “A por ellos”, decían festejando el triunfo el pasado domingo. ¡Qué miedo!

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