El mundo del flamenco está de luto. El guitarrista y compositor Miguel Salado, nacido en Jerez en 1981, ha fallecido a los 44 años tras una larga batalla contra un cáncer de mama, una enfermedad que afrontó con una fortaleza y una positividad que se convirtieron en su sello personal tanto dentro como fuera del escenario.
Hace unos años había lanzado Bahía de Cai, el primer corte de lo que iba a ser su primer disco como solista, un proyecto que había empezado a gestar durante la pandemia y que dejó inconcluso, como contaban en una entrevista reciente en lavozdelsur.es.
Eemparentado con los Lara —el Tío Pacote— y los Peña, dos de los linajes más hondos del cante jerezano, la guitarra le eligió a él con nueve años, cuando su tío Juan le regaló su primera sonanta. Lo demás fue inevitable.
Una guitarra al servicio del cante, siempre un paso atrás
Miguel Salado era, ante todo, un acompañante, y en ese arte encontró su mayor virtud. Su sonanta se alió con nombres que resumen la historia del flamenco contemporáneo: José Mercé, Paco Cepero, Aurora Vargas, Manuel Moneo, Rancapino, El Torta, Chocolate, Pansequito, Capullo de Jerez, Jesús Méndez o Antonio Reyes, entre muchos otros.
También puso su guitarra al servicio del baile de Joaquín Grilo, Merche Esmeralda y Carmen Cortés, y acompañó a Pastora Soler en su gira Corazón Congelado. Participó en Nueva Frontera del Cante de Jerez 2008, galardonada por el Festival Internacional de Las Minas como mejor producción discográfica del año, y dejó su firma en trabajos junto a Cepero, Vicente Soto Sordera, Jesús Méndez o José Canela. Con su grupo Al compás de Jerez llevó su toque por los mejores teatros y festivales del mundo, desde la Bienal de Sevilla hasta el Festival de Música de Berlín.
El cáncer llegó cuando empezaba a componer para sí mismo
La pandemia fue el punto de inflexión. Fue entonces cuando Salado, empujado por su amigo y productor José Luis Espinosa, empezó a componer sus propias piezas, a grabarse, a explorar un registro que siempre había quedado en un segundo plano frente a su dedicación al acompañamiento.
Fue justo en ese momento, cuando la grabación de Bahía de Cai ya estaba terminada, cuando llegó el diagnóstico: cáncer de mama. Una enfermedad que afecta al 1% de los hombres entre los casos diagnosticados en España, y que para Salado fue también un aprendizaje. "No me pregunto '¿por qué a mí?'. La pregunta es: ¿para qué ha venido esto a mi vida? Si le das la vuelta a la tortilla se te abre un mundo", dijo en una entrevista con este periódico.
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