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Todo empezó en Tempul

Una mañana en el centro de telecontrol que supervisa casi 900 kilómetros de red de agua potable; en el laboratorio que analiza su calidad antes de salir por más de 76.500 grifos; y en el primer depósito de la ciudad, inaugurado hace casi 150 años.

Una mañana en el centro de telecontrol que supervisa casi 900 kilómetros de red de agua potable; en el laboratorio que analiza su calidad antes de salir por más de 76.500 grifos; y en el primer depósito de la ciudad, inaugurado hace casi 150 años.

Aurelio Madroñal lleva 36 años supervisando el mantenimiento de la red de abastecimiento de agua potable y alcantarillado del municipio, prácticamente desde que el Ayuntamiento constituyó la empresa municipal Aguas de Jerez SA en 1983. Su misión no es sencilla. Debe controlar un laberinto de tuberías y alcantarillas con tramos de casi 150 años de antigüedad y 869,8 kilómetros de longitud: de El Portal a Gibalbín, de Las Tablas a El Mojo. El agua, ya provenga del manantial de Tempul o del pantano de Los Hurones, debe llegar puntual a 76.525 suministros dentro de una población de más de 214.000 habitantes. No es raro que cada Nochebuena, justo antes del mensaje del Rey, le salte una alerta en su teléfono móvil. “El consumo se ha disparado”. El sistema de telecontrol no entiende de cenas navideñas ni reuniones familiares. Hay algo inusual y lo grita vía SMS.

Mientras muestra una gráfica de consumo en el centro de gestión remota, Javier Romero, responsable de redes de este servicio público, asegura que “esto tiene un trasfondo social increíble porque te indica a qué hora arranca la sociedad jerezana, detecta lo inusual de un fin de año o de un domingo de Feria”. Todo está bajo estricta supervisión en todo momento. “Las 24 horas del día, 365 días al año”, puntualiza José Antonio Andrade, responsable de depuración y control del agua que beben los jerezanos. Las luces rojas parpadean continuamente en el enorme panel de control situado en un edificio dentro de la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) del Guadalete. “Supervisar íntegramente toda la red llevaría como mínimo dos días, pero gracias a este sistema orientamos a los compañeros que vigilan cada noche, mediante ultrasonidos, si hay una fuga en la red”, explican. Hay sensores que dictan qué zonas hay que cortar en caso de emergencia. Lo indican después de volcar las alertas en un programa informático de gestión, Smallworld, que monitoriza, ofrece soluciones y es intuitivo hasta en el caso de que “todos los fontaneros de la ciudad se pusieran malos al mismo tiempo”. El programa dice cuánto se está consumiendo de media diaria en el Parque Atlántico o alarma con precisión si hay una fuga en cualquier punto de la kilométrica red. 

“Esto es un trabajo continuo, y siempre hay agua que se pierde, pero podemos estar orgullosos del rendimiento de esta red, que de media aprovechó el año pasado el 85% del agua. En el último mes el Agua No Registrada (ANR) fue del 8% —un 2% por fugas—; dudo mucho que Berlín tenga mejor rendimiento”, proclama satisfecho Enrique Reina, gerente de Aquajerez desde principios de año y con un extenso currículo en la gestión de agua pública tras 22 años ligado a Aqualia. Esta es la división de aguas de la multinacional FCC, que hace ahora tres años se hizo con el concurso público para la gestión del ciclo integral del agua en Jerez durante 25 años a cambio de un canon de 80,1 millones de euros. Entre FCC y Aguas de Barcelona (Agbar) controlan la gestión de este bien esencial en más de la mitad de los municipios españoles. Una tendencia que ha crecido de forma exponencial conforme la crisis ha menguado los ingresos de los consistorios y estos han tenido que recurrir a fórmulas desesperadas para tapar agujeros, caso del Ayuntamiento jerezano.

El centro de telecontrol y telegestión es la primera parada en la ruta que Aquajerez ha organizado con la prensa para abrir las puertas de su día a día y mostrar las interioridades de un proceso completo en el que hay implicadas alrededor de 140 empleados —en su mayoría subrogados de la antigua sociedad municipal—. Desde que nace en el manantial hasta que se vierte en el mar, riega un campo o sale por el grifo de cualquier hogar de la ciudad, el proceso no es sencillo. Controlar todos los parámetros de la red de distribución, las averías, la calidad del agua, localizar y reparar incidencias, analizar la calidad del agua… “Abrir un grifo puede parecer trivial pero hay mucho trabajo especializado detrás de ello”, aclara Reina, empeñado en quitarse el sambenito de hombre del saco que deja sin agua a los jerezanos que no pueden pagar. “Nosotros —abunda— ejercemos una labor muy amplia, pero digamos que quizás la parte más desagradable, y a lo mejor la más conocida, es que a veces interrumpimos el suministro, aunque debe quedar claro que a cualquier persona que muestre interés en pagar el recibo no se le interrumpe; siempre y continuamente se alcanzan planes de pago, aplazamientos y negociaciones particulares, para facilitar a los clientes que puedan cumplir con su obligación de pagar el recibo del agua de forma cómoda”.

La siguiente estación de la mañana es el laboratorio de análisis de agua que Aqualia tiene en Jerez desde mediados de 2003. En este centro se analiza el H2O tanto en sus parámetros físico-químicos como en los microbiológicos de la potabilidad. Cristina Hidalgo es la responsable de unos laboratorios únicos en la provincia que dan cobertura a 84 municipios en Andalucía y 111 en Extremadura. “Hemos pasado de 1.850 muestras en 2004, nuestro primer año completo, a las 5.500 del año pasado, es un crecimiento de un 200%”, detalla. Aparte de los contraanálisis de Sanidad, una auditoría “mira con lupa” los informes para resolver un posible conflicto de intereses. “Tenemos 40 parámetros acreditados por la ENAC (Entidad Nacional de Acreditación) de los 60 de un análisis completo. Este agua se puede beber con total tranquilidad, es el bien de consumo más controlado del mundo”, explica Hidalgo frente a una sala donde lo mismo se calibran electrodos que se determina la cantidad de mercurio que contiene una muestra de agua. 

Del laboratorio de Aqualia en el polígono industrial Oeste, en la boca de la carretera que va a Sanlúcar, la excursión llega al corazón del Zoológico. Antes de todo, en este parque público se inauguró hace casi 150 años el primer depósito de agua potable de los seis que tiene Jerez, el de Tempul. Este espacio tiene aire de museo y unas galerías repletas de arcadas tan húmedas como impresionantes. El jefe de redes de Aquajerez, Javier Romero, reconoce que tras 12 años en el negocio “nunca vio nada igual. Es una maravilla”. Hay una boca que vierte agua cristalina procedente del manantial de Tempul que alimenta los 20.000 metros cúbicos de estos vasos de 6 metros de altura. En las profundidades, pueden verse unas enormes válvulas de fabricación inglesa —como buena parte de las antiguas tuberías, algunas en exposición— que permiten mantener los mismos niveles y distribuir el agua almacenada de un vaso a otro para, entre otras cosas, acometer una vez al año la limpieza que exige la ley sanitaria. El sistema, proyectado por el ingeniero Ángel Mayo hace siglo y medio, roza la perfección. “Estamos dentro del corazón de la gestión de una obra que en su día podía calificarse de faraónica”, expone Alfonso Lorenzo, responsable de obras de Aquajerez.

La entonces sociedad de las aguas de Jerez de la Frontera —empresa privada hasta 1938, cuando el agua pasó a ser patrimonio de todos los jerezanos— inauguró estas instalaciones en julio de 1869. La traída del agua, fruto principalmente de la explosión de la industria vitivinícola, regó las casas de “40.000 almas”, como reza en la placa de mármol que había censadas en aquel Jerez decimonónico. En ese mismo espacio también se recuerda que el rey Alfonso XII visitó el depósito en 1877, una década y media después de que Mayo proyectara y ejecutara un acueducto de 46 kilómetros que atravesó viñedos y entró en la ciudad por el viaducto del ferrocarril de la calle Medina. Allí, justo donde empezó todo hace casi un siglo y medio, el gerente de Aquajerez no oculta su satisfacción ante la ambiciosa encomienda de gestión que le ha traído a la ciudad. “Partimos de un servicio de aguas que funcionaba bastante bien y nuestra intención es que la ciudad nos considere como una empresa suya”.

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