Hay lugares que invitan a ser contemplados antes de sentarse a comer. El Mercado del Barranco, junto al río Guadalquivir, en Sevilla, es uno de esos en los que merece la pena detenerse en cada recoveco. Su estructura histórica, diseñada en 1876 por Gustave Eiffel, nació como lonja de pescado y fue durante años un punto clave para comerciantes sevillanos. Actualmente, tras una reforma ambiciosa, el enclave mantiene una decoración cuidada y ofrece más de 2.500 metros cuadrados dedicados a la gastronomía.
Este mercado gastronómico juega en otra liga. No se limita a reunir puestos de comida sino que propone una experiencia completa, con cocinas non-stop, vistas al Guadalquivir, barras, restaurantes, terraza y cócteles. Además apuesta por una oferta capaz de moverse entre la tapa sevillana, el producto ibérico, el pescado frito, los baos, las burgers, la pastelería francesa o el café de especialidad.

- Pescado frito.
El espacio alberga marcas con personalidad propia. La Bonita reivindica la barra sevillana elegante, con tapas tradicionales, cerveza bien fría, vinos españoles, ostras y champagne. A ella se suma La Barra de la Fina, que ofrece producto de calidad y un ambiente más sofisticado. Para quienes buscan algo más informal, Beat prepara smash burgers picadas, boleadas y hechas al momento.
La parte más fresca llega con Amasama, que combina cocina saludable, ensaladas, focaccias, pizzas al taglio y empanadas de masas ecológicas. El viaje continúa en Don Bao, una taberna oriental con dim sum, baos, gyozas y woks al estilo callejero. Y el sabor marinero se concentra en La Lonjita, con pescado y marisco de la costa de Huelva y Cádiz, arroces y fritura.
Del helado al cóctel
En el mercado también tiene cabida el producto selecto con Cuchillo, especializado en jamones, productos 100% ibéricos de bellota y quesos nacionales y artesanos. El final dulce puede pasar por Cutò, taller de helado italiano artesanal y natural elaborado a diario, o por Petit Eiffel, una pastelería francesa con clásicos pensados para caer en la tentación.

- Platos japoneses.

- Helado artesano.
Para los amantes del café y el hojaldre está Gustave Café, mientras que Ultramarinos La Fina reúne vinos, vermuts, pinchos, encurtidos, conservas, salazones y ahumados.
El mercado también acoge dos restaurantes, uno dentro del mercado y otro en las terrazas exteriores, donde los comensales pueden sentarse en mesas y ser atendidos por metres y camareros. La propuesta combina platos del propio mercado con elaboraciones mediterráneas creadas por sus chefs, con un ticket medio de unos 30 euros.

- Vitrina de la pastelería francesa Petit Eiffel.
Cuando llega el momento del atardecer, aparece otro de sus grandes reclamos, el Faena River Club. Una terraza pensada para alargar la jornada con coctelería y buen ambiente. Tradición e innovación se dan la mano en este edificio histórico que se ha convertido en una de las grandes referencias para comer junto al río. Y deleitar no solo a los paladares sino también a la vista.
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