Feminismo

Seis mujeres de la industria agrícola que inspiran

La Fundación Inspiring Girls y Azucarera, donde el 21% de su plantilla son chicas, se unen para mostrarle a las jóvenes estudiantes que el ámbito industrial y alimentario puede ser un lugar profesional para ellas

“Hay que creérselo”, dice Marga Bodelón, ingeniera técnica agrícola y técnico de agricultura en Azucarera del Guadalete, en el polígono industrial El Portal (Jerez), ante más 40 alumnas de cinco institutos diferentes de la provincia de Cádiz. Natural de Ponferrada e hija de agricultores, creció viendo a hombres y mujeres trabajando por igual en el campo. “Yo esto lo he tenido muy normalizado”, incide a lavozdelsur.es. “No veía aires de superioridad por parte de los agricultores, pero se me quedó grabado que cierto superior le dijo a un compañero mío: ¿Qué va a hacer una mujer en el campo?“.

Bodelón fue pionera en el sector, como técnico de agricultura. Sus compañeros no le allanaron el camino, sino todo lo contrario. “Ahora va a venir esta niña a decirme lo que tengo que hacer”, le decían algunos cuando ella llegó a la empresa hace 25 años y quiso llevar a cabo un plan de cultivo nuevo. Gracias a su intervención, consiguieron duplicar la producción. “Si eres responsable y profesional… “, susurra. Algunos le preguntaron si llegó a contestarle a aquel hombre que ocupaba un puesto superior y ella les contestó: “¿Para qué? No es un problema mío, es de él”.

Isabel Gutiérrez, responsable del laboratorio de fábrica, explicando los diferentes procedimientos químicos en Azucarera. FOTO: MANU GARCÍA.

“¿Micromachismos? Un montón”, ensalza Ana García Zamarreño, natural de Salamanca, ingeniera química y gerente de Agroteo, una sociedad anónima con más de 25 años de experiencia y participada por Azucarera con un 51% del accionariado y 61 agricultores. “¡Buah! A ver si estas pueden.., fue lo primero que nos dijeron nuestros compañeros de Azucarera cuando entramos por primera vez cuatro mujeres en la empresa —hace 19 años— para recoger muestras en el laboratorio, cuando otros hombres habían terminado por dejar estos mismos puestos”, relata Mónica Gariglio Viejo, licenciada en Ciencias del Mar e ingeniera de innovación en Azucarera.

“Tengo una edad —ríe— y una niña pequeña, pero creo en lo que hago. Me gusta transmitir y seguir aprendiendo”, continua Gariglio, quien pasó de laboratorio al departamento de innovación en la Azucarera del Guadalete. Las tres, junto a otras tres compañeras, cuentan sus inicios en la industria agrícola a niñas de entre 12 y 17 años de edad de los institutos Salesianos San Ignacio (Cádiz), Salesiano Manuel Lora Tamayo (Jerez), Safa San Luis (El Puerto), CDP Sagrado Corazón de Jesús (Jerez) y La Granja (Jerez), para demostrarles que este ámbito profesional puede ser un lugar para ellas, en un acto organizado por la Fundación Inspiring Girls (asociación que tiene como objetivo aumentar la autoestima y la ambición profesional de las niñas en edad escolar, así como sus expectativas laborales) y Azucarera, donde a día de hoy un 21% de su plantilla —en las diferentes plantas de España— son mujeres.

Mesa redonda del acto organizado por la Fundación Inspiring Girls y Azucarera, con las más de 40 alumnas de público. FOTO: MANU GARCÍA.

Algunas, como Isabel Gutiérrez, natural de San Fernando, licenciada en Química y responsable del laboratorio de fábrica, y Ana Martínez, original de Sevilla, ingeniera técnico agrícola y técnico de campo, dieron los mismos primeros pasos antes de acabar en la plantilla fija de Azucarera del Guadalete. Martínez empezó haciendo prácticas, cobrando 300 euros al mes, en una fábrica en La Rinconada (Sevilla). “Pensé, aprendo algo y me meto en un sitio”, comparte. “Empecé en la campaña de 2006 y mi misión era vigilar la recolección de las máquinas…”, narra, al tiempo en que Marta Pérez Dorao, presidenta de la Fundación Inspiring Girls, la interrumpe para resaltar un mensaje que sirva de inspiración para las alumnas presentes: “Parece algo muy pequeño entrar de becaria, pero aquí sigues, 12 años después”.

Isabel también entró para unas prácticas de tres meses, pero en la fábrica donde hoy todavía trabaja. “Estuvimos cuatro de prácticas y cuando hizo falta un químico, mi jefe me llamó y me hicieron fija. Ahora tengo de doce a catorce personas a mi cargo”, sonríe. “Supieron ver mi valía y vieron que yo tenía ganas”, prosigue.  Todas destacan la formación, el esfuerzo y la pasión por su trabajo y por seguir aprendiendo. “Es primordial que estudies”, enfatiza Maria Amaya, operadora de sala de control, vigilante, estudiante de la carrera de Ingeniería Química y la más joven de la planta con 22 años de edad, que entró en la empresa con tan solo 18. “Si os enseño lo que llevo en el bolsillo veréis una llave inglesa”, ríe.

De izquierda a derecha: María Amaya, Mónica Gariglio e Isabel Gutiérrez. FOTO: MANU GARCÍA.

“Si queréis ver a la persona que puede cambiar vuestra vida, miraos al espejo”, expresa Rita Mateos, secretaria general de la Asociación de Familias y Mujeres del Medio Rural (Afammer). “La experiencia de una persona es lo mejor que podemos tener y estos son ejemplos preciosos de empoderamiento. Sois el futuro de nuestros pueblos, y a su vez, las responsables de mantener este mundo rural nuestro”, manifiesta Mateos, ante las estudiantes que oyen atentamente las experiencias de seis mujeres de la industria agrícola que inspiran y que les sirven de referentes en un sector todavía dominado por el hombre.

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