El vuelo del milano

La noche de aquel día

Nos pasamos la vida encorsetados. Atados a promesas eternas y deseando escapar de ellas para bucear en la fantasía de otras vidas. Nos pasamos la vida intentando cumplir con las expectativas que tienen de nosotros la familia, los amigos, los jefes; los que nos ven desde fuera… Y se nos pasa la vida en ello, en cumplir con no sé cuántas retorcidas obligaciones. Unas impuestas y otras elegidas. Es nuestra decisión cumplir o escapar… y casi siempre cumplimos porque la mayoría de la gente es honesta y leal. A muchos nos pasa lo mismo, que elegimos ceder nuestra libertad para compartirla porque eso nos hace felices y nos proporciona seguridad y, sobre todo, porque es bello hacer feliz a otro…

… pero es tan estimulante soñar con escapar.

Una vez, hace ya treinta años, Cooper y yo nos desnudamos en una playa de arenas blancas. He soñado ese momento mil veces. Ella es la imagen de Eros. Su melena rubia y ensortijada. Sus pezones mirando al cielo cuando ella entraba en el mar. Su cuerpo delgado, del color del bronce… ¡que la puñetera no le ha echado ni un solo gramo a ese cuerpo en todo este tiempo! Pero cada vida y cada mente discurren por sus propios derroteros… Cooper por aquel lado, con cien vericuetos al retortero; otros a cuatro jornadas de distancia, viviendo otra vida en cinco o diez kilómetros cuadrados, no más.

Con René es distinto. Con René llevo toda la vida riendo y jugando ‘a que te cojo una teta, a que no me la coges’… Y tantas veces he imaginado que las alcanzo y las acaricio que, cuando me dispongo a sentirlas, me despierto. Porque a la gente del común ni en sueños se nos permite semejante licencia… los curas agustinos y los curas del barrio hicieron con nosotros un trabajo muy fino: nos castraron la imaginación y mucho hemos sufrido para recuperar esa bendita libertad de imaginar cualquier cosa sin remordimientos, aunque fuese pecado mortal. Ya digo, vivimos encorsetados hasta en sueños.

Sin embargo, Tiny y yo nos hemos visto pocas veces. Es pequeña y se ríe. Tiene algo tan singular Tiny que no puedo dejar de mirarla. Cuando se nos cruzan las miradas, bajamos los ojos al instante. Pero al segundo nos volvemos a encontrar… Ella sabe que me sorprende. Lo sabe. No sé qué es, pero cuando le hablo no puedo dejar de mirarla a los ojos. Y cuando me contesta, va más allá de lo que pide la pregunta. Y aunque se la vea seria y callada, siempre parece a punto de sonreír. Es la princesa Tiny… y estuvo a mi lado en la cama.

Amy es tierna. Es suave como un osito de peluche. Se deja abrazar y te abraza con los ojos cerrados, y te respira… y entonces, cuando la tienes entre los brazos, te envuelve una mezcla de deseos. La ternura y el cariño de su abrazo es lo primero que te hace feliz, pero después me gusta dejarme llevar… ser consciente de sus senos, de su vientre, de su piel y de su mejilla contra la mía. Amy, la princesa tierna, casi se me cae de la cama.

Y la princesa dulce es Billy, con sus ojillos pícaros y sonrisa traviesa… con ella hay muchos días y noches, entradas y salidas, idas y vueltas. Compartir la vida tiene esas cosas, que uno no es consciente de cuándo dejamos de ser compañeros de caricias y nos convertimos en cómplices de la vida. Billy es generosa, es la que me regaló una noche con cinco princesas en la cama. Cinco princesas surgidas del cariño, de las caricias y de los besos. Cinco sueños corpóreos y deseados.

Sí… nos pasamos la vida encorsetados. Atados a promesas eternas y deseando escapar de ellas para bucear en la fantasía de otras vidas… deseando escapar para explorar los caminos con la complicidad de mis soñadas princesas. Detenerme de una puñetera vez en los deseables senos de René, y acariciarlos sin prisas, hasta donde haga falta. Caminar por la suave piel de Tiny que, cuando dejo atrás su rodilla y bajo hasta el fondo, se estremece. Recorrer con caricias la nuca de Amy, y sentir cómo la piel de gallina recorre su cuerpo en oleadas. Navegar también entre los pezones de Cooper, tan altivos como hace treinta años, que me esperaron todo este tiempo. Y fantasear con la mano cómplice de Billy que serpentea por mis caminos hasta alcanzar la cima…

Fue en la noche de aquel día, en esa cama, con mis princesas. No sé… todo confluye en un sueño que se hace real, o en una realidad que se hace sueño. No es que haya mucha diferencia.

Etiquetas

Más artículos en esta categoría:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.