Cultura

Verismo italiano a la española

La opereta Black el payaso ha sido el vehículo elegido para inaugurar la Temporada Lírico-Musical 2018-2019 del Teatro Villamarta de Jerez.Con música de Pablo Sorozábal y libreto de Francisco Serrano Anguita “Tartarín”, la pieza está basada en la novela La princesse aux Clowns (1923), de Jean-José Frappa, publicada. Su estreno en el Teatro Coliseum de Barcelona el 21 de abril de 1942 supuso una tardía versión hispana, ya casi anacrónica, de la escuela verista italiana del tránsito del siglo XIX al XX. Por su temática se vincula obviamente con I Pagliacci (1892) de Ruggero Leoncavallo, ópera de la que se hace una cita musical en la escena final a modo de reconocimiento explícito de esa conexión, que también puede encontrase en Las Golondrinas(1914) de José María Usandizaga.

Precisamente, emparejada con la ópera de Leoncavallo, Black el payaso ha sido representada en un programa doble en el Teatro de la Zarzuela de Madrid en 2014.No obstante, a pesar de su relativo interés, la obra ha sido poco frecuentada en escena y su recuerdo se ha mantenido vivo gracias, principalmente, a la muy difundida grabación que el propio compositor dirigió en 1958 para el sello Hispavoxcon un excelente reparto encabezado por Renato Cesari, Alfredo Kraus, Leda Barclay y Enriqueta Serrano. Previamente, el autor también había sido el responsable de otro registro en 1942 (el año del estreno de la pieza, con parte de los intérpretes de aquella primera ocasión: Pepita Embil –la madre de Plácido Domingo-, Antonio Medio, Manuel Gas y Enriqueta Serrano), pero que no disfrutó de tan amplia y continuada distribución comercial.

Sorozábal y Serrano Anguita trabajaron en ella en las azarosas circunstancias de la guerra civil, que de alguna manera quedaron reflejadas en el trasfondo bélico de la alambicada historia desarrollada en el libreto. Durante los primeros años de la dictadura, Pablo Sorozábal fue sometido a un proceso de depuración gestionado desde la Sociedad General de Autores, que finalmente terminó eximiendo al compositor de los cargos que se le imputaban, relacionados con sus vínculos políticos con la República. A pesar de ello sufrió una restricción en la concesión de autorizaciones para dirigir sus propias obras, algo que sí había obtenido para el estreno en Barcelona de la pieza que nos ocupa, pero que no logró para la primera representación en Madrid, en el Teatro Reina Victoria. En esa ocasión desafió la prohibición, lo que tuvo como consecuencia que la censura oficial no permitiera la publicación de las críticas en la prensa y que en las distintas funciones la policía vigilara dentro de la sala a público e intérpretes. Parte del problema estuvo en el asunto de la obra: una guerra civil que destrona a un rey al que se intenta reponer en el trono. Es decir, un posible vehículo de reivindicación para aquellos que entonces defendían la restauración de la monarquía tras el fin de la guerra.

Además de esta cuestión, Black el payasotambién generó un enfrentamiento entre Pablo Sorozábal y el barítono Marcos Redondo, cantante con el que el compositor había colaborado con óptimos resultados en el estreno de Katiuska en 1931. Redondo explicaba en sus memorias que el autor llegó a creer, de modo no fundamentado, que él tenía la intención de retirar la obra de escena. Este convencimiento fue la base de un desencuentro que duró años, y que el barítono explicaba como el resultado de la difusión de una maledicencia alentada desde entornos políticos oficiales con el propósito de hundir la carrera del músico.

Otro momento de la función. FOTO: JAVIER FERGO.

Aunque otras obras de Pablo Sorozábal han gozado de un mayor reconocimiento (Katiuska, La del manojo de Rosas y La tabernera del puerto, principalmente), Black el Payasofue una de las composiciones escénicas de las que su creador estuvo más satisfecho. Con inmodestia y desmesura llegó a afirmar que no sólo que era una de sus mejores partituras, sino que podía ocupar uno de los primeros puestos en el repertorio lírico español.

El reparto de la función del Teatro Villamarta ha contado con voces de características similares, lo que dio homogeneidad al conjunto. Esencialmente líricas, de un volumen relativamente pequeño, con un registro grave más débil que el medio y el agudo, y una mayor desenvoltura en lo musical que en la actuación en las partes habladas.

El barítono Javier Galán, que ha cantado habitualmente la mayor parte del repertorio de Sorozábal hasta poder ser considerado como un verdadero especialista en el mismo, destacó por su expresividad en la romanza del acto II “Hacer de un mísero payaso”, en la que desarrolló una buena línea de canto aunque el sonido se hacía oscilante en los pasajes en los que debía apianar. Asimismo, en los dúos con la soprano (“Para mi príncipe” y “¡Ay, Daniel”) ofreció una interpretación elocuente, especialmente en el muy intenso del primer acto, en el que también fue eficiente la prestación de Carmen Jiménez, que tampoco desaprovechó las oportunidades contenidas en la romanza del acto I “Yo que jamás había sentido”. En esta página la soprano desarrolló un canto cuidadoso en el fraseo y un legato elegante. Sin embargo, su registro grave fue poco consistente, al contrario que el agudo, que desplegó con facilidad. Por su parte, el bajo-barítono José Julián Frontal fue el miembro del reparto más acertado en el plano actoral. En lo musical fue especialmente eficiente en el Prólogo y en su página solista del acto I “Aunque todos nos daban por muertos”, en la que demostró un buen dominio del muy singular estilo de Sorozábal en las páginas en las que el canto es muy narrativo.

El tenor José Ángel Florido reveló sus posibilidades vocales en la pieza más célebre de la obra “Deja la guadaña segador”, muy frecuente en conciertos y grabaciones de Pedro Lavirgen, modelo que, junto con el de Alfredo Kraus, parece haber pesado en el tenor. La emisión del sonido fue algo inestable pero su musicalidad logró compensar este inconveniente. Por otra parte, en el dúo con el barítono “Dibujos de clara belleza” logró su mejor contribución por el equilibrio alcanzado entre las vertientes musical y dramática.

María Ogueta y Álvaro Bernal estuvieron simpáticos y despreocupados, como se requiere, en el dueto cómico de Catalina y Marat (“Dos besos míos”). Su contribución fue también ajustada a los requerimientos de la partitura en las páginas de conjunto, ya que la concertación se puso a prueba en el cuarteto cómico del segundo acto “¡Ya se encontró!”, en la que también fueron correctas las intervenciones de Daniel Pérez Madueño (Barón de Orsava), Cristina Aquino (Condesa de Saratov). Entrañable la interpretación de José Luis Manzano como Gregorio Zinenko. Sin desmerecer del conjunto cumplieron con sus cometidos José Luis Madueño (Baydarov), Ana Ruiz (criada), Jesús Espiñeira (músico) y Sarah Hayal (bailarina).

En su breve particella, la Coral de la Universidad de Cádiz consiguió en conjunto una interpretación solvente, con momentos de lucimiento en la escena conclusiva del primer acto (“Sofía, ¿qué ocurre?”). Por otro lado, la Orquesta Álvarez Beigbeder, bajo la dirección de Juan Manuel Pérez Madueño, tuvo dificultades para adaptarse a las exigencias específicas esperables en un conjunto instrumental de foso, debido a que en ocasiones fue difícil escuchar a los solistas dado el excesivo volumen sonoro producido.

La puesta en escena, debida a Miguel Cubero, utilizó unas no siempre bien coordinadas proyecciones, unos imprescindibles elementos corpóreos y un vestuario de desigual eficacia para contextualizar la acción de un modo fiel al libreto. Dada la poca frecuencia con la que se representa Black el payaso, ha sido una feliz idea la de programar esta pieza en un espacio tan destacado como el de la inauguración de la temporada 2018-2019 del Teatro Villamarta.

Black el payaso(Pablo Sorozábal), Teatro Villamarta de Jerez, 28 de septiembre de 2018. Javier Galán (Black), Carmen Jiménez (Sofía), José Julián Frontal (White), José Ángel Florido (Dupont), Álvaro Bernal (Marat), María Ogueta (Catalina), Daniel Pérez Madueño (Barón de Orsava), Cristina Aquino (Condesa de Saratov), José Luis Manzano (Gregorio Zinenko), José Luis Madueño (Baydarov), Ana Ruiz (Criada), Jesús Espiñeira (músico), Sarah Hayal (bailarina). Coral de la Universidad de Cádiz. Orquesta de Álvarez Beigbeder. Juan Manuel Pérez Madueño, dirección musical. Miguel Cubero, dirección de escena. Producción de la Coral de la Universidad de Cádiz con la colaboración del Teatro Villamarta.

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