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¿Qué es España y ser español?

Ni la derecha ni la izquierda parecen capaces de resolver una crisis de identidad que viene de muy lejos

  • Concentración por Ceuta en Cádiz. -

Bueno, entonces, a estas alturas, ¿en qué quedamos? ¿Qué es España? ¿Lo sabe alguien? Y, si así fuera, ¿puede explicármelo sin pasiones ni bandos? Es que aún no lo tengo claro, no lo tuve ni cuando leí Mater dolorosa, el extraordinario libro de casi setecientas páginas escritas por José Álvarez Junco. Están saliendo otros libros supuestamente aclaratorios, pero no me huelen a académicos sino a pasionales.  

Lo que no fuimos 

En la obra de Álvarez Junco se demuestra una vez más lo que pudimos ser, pero lo que al final fuimos: una zona geográfica con miedo a la libertad. Un segmento poblacional intentó ser libre con las Cortes de Cádiz, sin embargo, al final venció el “vivan las cadenas” y de ahí surgió el atraso ibérico, la Iberia hiperconservadora de las dictaduras, el rechazo a la Ilustración, a la ciencia, a las revoluciones industriales salvo en puntos concretos que, mire usted por dónde, hoy se sienten republicanos. 

Mientras en Inglaterra avanzaban con las revoluciones científico-industriales en el siglo XIX y, desde Enrique VIII (siglo XVI), se habían separado de tanta dependencia vaticana cuando el mismo Enrique VIII fundó su iglesia anglicana, aquí seguíamos muy juntitos con una Iglesia de Roma bastante inmovilista y nos reíamos del submarino de Isaac Peral, construido en los astilleros de La Carraca, en San Fernando (Cádiz), hacia 1888, primer submarino totalmente eléctrico del mundo y equipado con torpedos. Al final, después de haber probado positivamente un arma que podría habernos librado de la humillación que EEUU nos infringió en 1898, a Peral le dieron una medalla y lo mandaron a paseo unos políticos tan mediocres como la generalidad de los de ahora o más incluso. 

El proyecto de Peral estuvo rodeado por el espionaje de Inglaterra y Estados Unidos y además nos encontramos con el desmantelamiento de un reducto ilustrado: en 1783, el Secretario de Estado para la Marina, Antonio Valdés, creó la Academia de Ampliación de Estudios con el objeto de proporcionar a la Armada hombres de elevada cualificación que asegurasen el progreso técnico de la navegación y el conocimiento de un medio tan hostil como el mar. Eso desapareció, lo cuenta todo el bisnieto de Peral, Javier Sanmateo, en un artículo aparecido en 2013 en El Mundo. 

¿España, Castilla, Andalucía?

¿Aquello era España o Castilla, la vieja, ayer dominadora que, entonces, como escribió Antonio Machado, envuelta en sus harapos, despreciaba cuanto ignoraba? ¿Queda hoy mucho de aquello? ¿En qué puestos están nuestras universidades a nivel mundial? ¿Cuántos premios nobeles en ciencias hemos recibido? Ramón y Cajal luchó contra viento y marea para merecerse el suyo. Más adelante, Severo Ochoa lo obtuvo gracias a EEUU. Que inventen ellos, sí, señoras y señores. 

A mí me parece que cuando sale a la calle esa multitud de personas con banderas constitucionales -lo penúltimo ha sido por lo de Ceuta, espero más- no creo ver a España sino a Castilla y sus zonas satélites como, por ejemplo, Andalucía. Hasta a la bandera blanquiverde andaluza la observo todavía como una nebulosa. El blanco, ¿de qué y por qué? ¿De un pañuelo u otro tipo de tejido que un líder islamita colocó entre olivos verdes, como asegura una de las leyendas? ¿De pendones verdes que aparecieron en momentos concretos de la Historia, uno de ellos símbolo de una revuelta o motín en la calle Feria, de Sevilla, en el siglo XVI? ¿De los omeyas?   

Tampoco sé qué es Andalucía, siempre se ha hablado de “las Andalucías”, quiero dejarme de historias y ver a Andalucía sin el dinero de Madrid, de Cataluña ni de la UE, quisiera ver qué paisaje nos ofrece entonces esta tierra “hermosa, grande, vieja y sabia”, como predicaba la Radio Sevilla de Manuel Barrios e Iñaqui Gabilondo hace ya la tira de años. Me gustaría mirarme en mi espejo sin subvenciones externas sino sólo con el fruto del sudor de nuestras frentes. ¿Qué vería? No lo sé, pero lo imagino con bastante exactitud. 

Siempre hemos estado en el pelotón de los que más reciben. El sistema de financiación autonómica lleva en vigor, con retoques menores, desde 2009. Nosotros poniendo la mano más que dando, da la casualidad que donde más banderas bicolores aparecen es en las zonas más subsidiadas, véanlas en este mapa. Madrid es la excepción, puesto que a ella va casi todo, eso que se llama solidaridad interterritorial, así como su pasado histórico, la inclinan a dar más que a recibir y a pasear más banderas patrias que nadie. ¿Debo deducir entonces que Madrid es España?   

Valencia lleva años quejándose de que recibe poco y da más y sin embargo ahí está, lejos y muy por delante de Sevilla y Andalucía, sin Expo, sin capitalidad cultural, sin Olimpiadas, fue la Cenicienta del 92. Al final, ese emocional antiespañolismo catalán ha contagiado a buena parte de Valencia. La Junta de Andalucía se queja de que no recibe lo debido según su población y producción, pero no veo que esté acelerando lo suficiente para dotar a Andalucía de lo que la Historia no le permitió crear: una clase socioeconómica poderosa. Sin ella, no hay andalucismo que valga, habrá pataletas. Ni el progresismo, antes, ni el conservadurismo, ahora, se ocupan de este tema como Andalucía merece. El fondo de compensación ése no deja de ser un factor que impulsa la indolencia. 

Por su parte, la UE le ha dado a Andalucía más de 42.000 millones de euros en los 40 años que España cuenta como miembro de la Unión Europea. Me parece muy bien, pero, al mismo tiempo, no me gusta tanta dependencia porque no todo ese dinero es para progreso sino para inacción y para que nos acusen de perezosos y seamos más que nada los graciosos que servimos birras y vinos a los foráneos.   

Santiago y cierra España 

A la bandera roja y gualda inspirada en los tiempos de Carlos III (siglo XVIII), a la que Franco añadió símbolos basados en los Reyes Católicos y luego la democracia los sustituyó por un par de columnas y el escudo real múltiple representando a Castilla, León, Aragón y Navarra para escenificar aquello lampedusiano de “cambiar todo para que todo siguiera igual”, a esa bandera bicolor y a sus elementos al menos los he visto en diversas gestas. La bandera aragonesa-catalana se buscó la vida extendiéndose hacia Italia, por ejemplo, sin olvidar su papel en América, como no hay que olvidar el de Euskadi, pero la bandera andaluza, ¿qué batallas externas ha librado? ¿Qué tierras ha conquistado? 

Se fue Castilla y aquí nos dejó el espíritu tridentino y el Santiago y cierra España. Jóvenes andaluces con talento tecnológico emigran, por ejemplo, a países nórdicos donde les dan cancha. Un anuncio publicitario que escucho aquí en la radio sevillana define a Sevilla con cuatro características: las citas en la portada de la Feria, el derbi Sevilla-Betis, pasar una “madrugá” de Semana Santa sin dormir” y las cervezas en los bares con los amigos. Ole, arsa pilili, qué arte.  

¿Santiago y cierra España es España? Tengo clara la lección de Ceuta, aunque ya la había aprendido mucho antes de las irrupciones islámicas de 2021 y 2026. España no es nada, en el fondo, la España que más se ve es, sustancialmente, la que dejó en América como herencia no sólo las universidades y las catedrales sino también el caudillismo, la picaresca, la hipocresía religiosa, la charanga, la pandereta, el cerrado y la sacristía. 

La tricolor “progresista”

¿Y qué decir de ese otro segmento poblacional ibérico nororiental que se ha bautizado a sí mismo como progresista? Pues que, si es España, es la España más mística, caritativa, débil, chillona y por ello intolerante, vestida con banderas republicanas tricolores que se balanceaban al viento -acompañadas de ikurriñas y senyeras catalanas- en una guerra civil donde la portaron varios ejércitos sin orden ni concierto y así les fue. 

Ahora, los progresistas, esos nuevos misioneros religiosos que piensan en recoger al desvalido y darle la sopa boba, han mitificado a la República y la han convertido en una imagen sacra que respalda una ideología mística disgregada. No hay progresismo, hay regresismo y activismo acomodado desde la palabra ingenua, la hamaca y la excursión a la algarabía callejera. No hay alternativa que llevarse a la urna. Entre ellos y la codicia liberal han abierto el camino a lo que luego utilizan como espantajo y lo llaman fascismo. Los portavoces mediáticos de la derecha del PP se quejan de que el Papa Francisco no visitó España. No hacía falta, sus militantes católicos los tenía aquí y su embajadora era Yolanda Díaz con la que se entrevistó en el mismo Vaticano. 

Sin embargo, creo que el progresismo no le haría la guerra al “moro”, todos somos hermanos, pongamos la otra mejilla. Si Mohamed VI metiera a su ejército en España, Cataluña y Euskadi, a la vista de lo que votan, dirían que no es asunto suyo sino de Castilla-España y cuando se sintieran apuradas pedirían ayuda a Madrid como cuando se veían hasta el cuello con los levantamientos obreros anarquistas y sus segmentos hegemónicos empresariales se asustaban. Mohamed se puede ahorrar el trabajo, en sus manos puede caer lo que desea si tiene paciencia.

Europa y el favor de Franco a Sánchez

La siguiente pregunta sería qué es Europa, pero ése ya es otro cantar. Gracias a Trump parece que vamos espabilando con programas impulsados por el país europeo por excelencia: Francia. No estoy de acuerdo con que Europa vaya a ser de segunda fila, por situaciones mucho peores hemos pasado. A largo plazo, Europa será fuerte, de Europa -que bebió cultural y económicamente de Asia y de Arabia- surgió el mundo moderno -para bien y para mal- y tendremos una Europa más fuerte, el viejo continente sabe más por viejo que por continente, espero que aproveche esa sabiduría y aleje también el espantajo de Rusia que también es Europa. El tema es: ¿qué va a pintar España ahí si no sabemos qué es España? 

Pedro Sánchez aspira a crear una nación federal o confederal. Es lo que se tenía que haber hecho desde hace al menos un siglo o dos, ahora lo que ocurre es que Sánchez está más quemado que Juana de Arco y de ninguna manera es el adecuado para una empresa tan crucial. Como ha perdido muchos votos en lo que llamamos España, intenta lograrlos fuera. En el fondo, Franco le ha hecho un favor: sin exiliados no habría hijos, nietos ni biznietos. Si eso más otros votos extraibéricos y extraisleños sale adelante, tendré que aplicarme la frase de Calderón de la Barca que utilizó Alberti para el título de uno de sus libros: “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos”. 

Se me ponen los ojos como platos, al final no sólo me quedo sin saber qué es España, sino que, además, me temo que voy a tener que dejar de identificarme ante los demás como español. No sé quién soy. “De fuera vendrán que de tu casa te echarán”, asegura el dicho. Y de dentro también. A ver quién arregla el percal.

Bueno, entonces, a estas alturas, ¿en qué quedamos? ¿Qué es España? ¿Lo sabe alguien? Y, si así fuera, ¿puede explicármelo sin pasiones ni bandos? Es que aún no lo tengo claro, no lo tuve ni cuando leí Mater dolorosa, el extraordinario libro de casi setecientas páginas escritas por José Álvarez Junco. Están saliendo otros libros supuestamente aclaratorios, pero no me huelen a académicos sino a pasionales.  

Lo que no fuimos 

En la obra de Álvarez Junco se demuestra una vez más lo que pudimos ser, pero lo que al final fuimos: una zona geográfica con miedo a la libertad. Un segmento poblacional intentó ser libre con las Cortes de Cádiz, sin embargo, al final venció el “vivan las cadenas” y de ahí surgió el atraso ibérico, la Iberia hiperconservadora de las dictaduras, el rechazo a la Ilustración, a la ciencia, a las revoluciones industriales salvo en puntos concretos que, mire usted por dónde, hoy se sienten republicanos. 

Mientras en Inglaterra avanzaban con las revoluciones científico-industriales en el siglo XIX y, desde Enrique VIII (siglo XVI), se habían separado de tanta dependencia vaticana cuando el mismo Enrique VIII fundó su iglesia anglicana, aquí seguíamos muy juntitos con una Iglesia de Roma bastante inmovilista y nos reíamos del submarino de Isaac Peral, construido en los astilleros de La Carraca, en San Fernando (Cádiz), hacia 1888, primer submarino totalmente eléctrico del mundo y equipado con torpedos. Al final, después de haber probado positivamente un arma que podría habernos librado de la humillación que EEUU nos infringió en 1898, a Peral le dieron una medalla y lo mandaron a paseo unos políticos tan mediocres como la generalidad de los de ahora o más incluso. 

El proyecto de Peral estuvo rodeado por el espionaje de Inglaterra y Estados Unidos y además nos encontramos con el desmantelamiento de un reducto ilustrado: en 1783, el Secretario de Estado para la Marina, Antonio Valdés, creó la Academia de Ampliación de Estudios con el objeto de proporcionar a la Armada hombres de elevada cualificación que asegurasen el progreso técnico de la navegación y el conocimiento de un medio tan hostil como el mar. Eso desapareció, lo cuenta todo el bisnieto de Peral, Javier Sanmateo, en un artículo aparecido en 2013 en El Mundo. 

¿España, Castilla, Andalucía?

¿Aquello era España o Castilla, la vieja, ayer dominadora que, entonces, como escribió Antonio Machado, envuelta en sus harapos, despreciaba cuanto ignoraba? ¿Queda hoy mucho de aquello? ¿En qué puestos están nuestras universidades a nivel mundial? ¿Cuántos premios nobeles en ciencias hemos recibido? Ramón y Cajal luchó contra viento y marea para merecerse el suyo. Más adelante, Severo Ochoa lo obtuvo gracias a EEUU. Que inventen ellos, sí, señoras y señores. 

A mí me parece que cuando sale a la calle esa multitud de personas con banderas constitucionales -lo penúltimo ha sido por lo de Ceuta, espero más- no creo ver a España sino a Castilla y sus zonas satélites como, por ejemplo, Andalucía. Hasta a la bandera blanquiverde andaluza la observo todavía como una nebulosa. El blanco, ¿de qué y por qué? ¿De un pañuelo u otro tipo de tejido que un líder islamita colocó entre olivos verdes, como asegura una de las leyendas? ¿De pendones verdes que aparecieron en momentos concretos de la Historia, uno de ellos símbolo de una revuelta o motín en la calle Feria, de Sevilla, en el siglo XVI? ¿De los omeyas?   

Tampoco sé qué es Andalucía, siempre se ha hablado de “las Andalucías”, quiero dejarme de historias y ver a Andalucía sin el dinero de Madrid, de Cataluña ni de la UE, quisiera ver qué paisaje nos ofrece entonces esta tierra “hermosa, grande, vieja y sabia”, como predicaba la Radio Sevilla de Manuel Barrios e Iñaqui Gabilondo hace ya la tira de años. Me gustaría mirarme en mi espejo sin subvenciones externas sino sólo con el fruto del sudor de nuestras frentes. ¿Qué vería? No lo sé, pero lo imagino con bastante exactitud. 

Siempre hemos estado en el pelotón de los que más reciben. El sistema de financiación autonómica lleva en vigor, con retoques menores, desde 2009. Nosotros poniendo la mano más que dando, da la casualidad que donde más banderas bicolores aparecen es en las zonas más subsidiadas, véanlas en este mapa. Madrid es la excepción, puesto que a ella va casi todo, eso que se llama solidaridad interterritorial, así como su pasado histórico, la inclinan a dar más que a recibir y a pasear más banderas patrias que nadie. ¿Debo deducir entonces que Madrid es España?   

Valencia lleva años quejándose de que recibe poco y da más y sin embargo ahí está, lejos y muy por delante de Sevilla y Andalucía, sin Expo, sin capitalidad cultural, sin Olimpiadas, fue la Cenicienta del 92. Al final, ese emocional antiespañolismo catalán ha contagiado a buena parte de Valencia. La Junta de Andalucía se queja de que no recibe lo debido según su población y producción, pero no veo que esté acelerando lo suficiente para dotar a Andalucía de lo que la Historia no le permitió crear: una clase socioeconómica poderosa. Sin ella, no hay andalucismo que valga, habrá pataletas. Ni el progresismo, antes, ni el conservadurismo, ahora, se ocupan de este tema como Andalucía merece. El fondo de compensación ése no deja de ser un factor que impulsa la indolencia. 

Por su parte, la UE le ha dado a Andalucía más de 42.000 millones de euros en los 40 años que España cuenta como miembro de la Unión Europea. Me parece muy bien, pero, al mismo tiempo, no me gusta tanta dependencia porque no todo ese dinero es para progreso sino para inacción y para que nos acusen de perezosos y seamos más que nada los graciosos que servimos birras y vinos a los foráneos.   

Santiago y cierra España 

A la bandera roja y gualda inspirada en los tiempos de Carlos III (siglo XVIII), a la que Franco añadió símbolos basados en los Reyes Católicos y luego la democracia los sustituyó por un par de columnas y el escudo real múltiple representando a Castilla, León, Aragón y Navarra para escenificar aquello lampedusiano de “cambiar todo para que todo siguiera igual”, a esa bandera bicolor y a sus elementos al menos los he visto en diversas gestas. La bandera aragonesa-catalana se buscó la vida extendiéndose hacia Italia, por ejemplo, sin olvidar su papel en América, como no hay que olvidar el de Euskadi, pero la bandera andaluza, ¿qué batallas externas ha librado? ¿Qué tierras ha conquistado? 

Se fue Castilla y aquí nos dejó el espíritu tridentino y el Santiago y cierra España. Jóvenes andaluces con talento tecnológico emigran, por ejemplo, a países nórdicos donde les dan cancha. Un anuncio publicitario que escucho aquí en la radio sevillana define a Sevilla con cuatro características: las citas en la portada de la Feria, el derbi Sevilla-Betis, pasar una “madrugá” de Semana Santa sin dormir” y las cervezas en los bares con los amigos. Ole, arsa pilili, qué arte.  

¿Santiago y cierra España es España? Tengo clara la lección de Ceuta, aunque ya la había aprendido mucho antes de las irrupciones islámicas de 2021 y 2026. España no es nada, en el fondo, la España que más se ve es, sustancialmente, la que dejó en América como herencia no sólo las universidades y las catedrales sino también el caudillismo, la picaresca, la hipocresía religiosa, la charanga, la pandereta, el cerrado y la sacristía. 

La tricolor “progresista”

¿Y qué decir de ese otro segmento poblacional ibérico nororiental que se ha bautizado a sí mismo como progresista? Pues que, si es España, es la España más mística, caritativa, débil, chillona y por ello intolerante, vestida con banderas republicanas tricolores que se balanceaban al viento -acompañadas de ikurriñas y senyeras catalanas- en una guerra civil donde la portaron varios ejércitos sin orden ni concierto y así les fue. 

Ahora, los progresistas, esos nuevos misioneros religiosos que piensan en recoger al desvalido y darle la sopa boba, han mitificado a la República y la han convertido en una imagen sacra que respalda una ideología mística disgregada. No hay progresismo, hay regresismo y activismo acomodado desde la palabra ingenua, la hamaca y la excursión a la algarabía callejera. No hay alternativa que llevarse a la urna. Entre ellos y la codicia liberal han abierto el camino a lo que luego utilizan como espantajo y lo llaman fascismo. Los portavoces mediáticos de la derecha del PP se quejan de que el Papa Francisco no visitó España. No hacía falta, sus militantes católicos los tenía aquí y su embajadora era Yolanda Díaz con la que se entrevistó en el mismo Vaticano. 

Sin embargo, creo que el progresismo no le haría la guerra al “moro”, todos somos hermanos, pongamos la otra mejilla. Si Mohamed VI metiera a su ejército en España, Cataluña y Euskadi, a la vista de lo que votan, dirían que no es asunto suyo sino de Castilla-España y cuando se sintieran apuradas pedirían ayuda a Madrid como cuando se veían hasta el cuello con los levantamientos obreros anarquistas y sus segmentos hegemónicos empresariales se asustaban. Mohamed se puede ahorrar el trabajo, en sus manos puede caer lo que desea si tiene paciencia.

Europa y el favor de Franco a Sánchez

La siguiente pregunta sería qué es Europa, pero ése ya es otro cantar. Gracias a Trump parece que vamos espabilando con programas impulsados por el país europeo por excelencia: Francia. No estoy de acuerdo con que Europa vaya a ser de segunda fila, por situaciones mucho peores hemos pasado. A largo plazo, Europa será fuerte, de Europa -que bebió cultural y económicamente de Asia y de Arabia- surgió el mundo moderno -para bien y para mal- y tendremos una Europa más fuerte, el viejo continente sabe más por viejo que por continente, espero que aproveche esa sabiduría y aleje también el espantajo de Rusia que también es Europa. El tema es: ¿qué va a pintar España ahí si no sabemos qué es España? 

Pedro Sánchez aspira a crear una nación federal o confederal. Es lo que se tenía que haber hecho desde hace al menos un siglo o dos, ahora lo que ocurre es que Sánchez está más quemado que Juana de Arco y de ninguna manera es el adecuado para una empresa tan crucial. Como ha perdido muchos votos en lo que llamamos España, intenta lograrlos fuera. En el fondo, Franco le ha hecho un favor: sin exiliados no habría hijos, nietos ni biznietos. Si eso más otros votos extraibéricos y extraisleños sale adelante, tendré que aplicarme la frase de Calderón de la Barca que utilizó Alberti para el título de uno de sus libros: “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos”. 

Se me ponen los ojos como platos, al final no sólo me quedo sin saber qué es España, sino que, además, me temo que voy a tener que dejar de identificarme ante los demás como español. No sé quién soy. “De fuera vendrán que de tu casa te echarán”, asegura el dicho. Y de dentro también. A ver quién arregla el percal.

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