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La IA y Frankenstein

En los años 1000 y 2000 casi se iba a terminar el mundo y aquí estamos. En 1962 estuvo a punto de comenzar la Tercera Guerra Mundial y en mi barrio de San Vicente, de Sevilla, siendo yo niño, se respiraba un ambiente de acojono que no se me olvidará. Lo de la IA es bastante más serio

  • La IA es el hecho globalizador más grande jamás logrado por el ser humano. -

Están situando a la Inteligencia Artificial (IA) como el Frankenstein de nuestros días. Temen que la criatura que han creado eminentes cerebros se vuelva contra ellos y el hijo supere al padre, sea más espabilado aún y tenga muy mala leche. No hace falta llegar a tanto, verbigracia, sin tanta presencia de la IA nos arrebataron en su día (2020) el derecho a la información procedente de los medios rusos más extendidos: Russia Today (RT) y la Agencia Sputnik.

Pasan cosas extrañas

A mí me llegaban hasta esta semana sus noticias y alguien me las ha vuelto a censurar. Si me pregonan lo del derecho a la información y el pensamiento crítico me gusta leer de todo, todas las voces, porque yo no divido la vida en buenos y malos sino en hechos e ideas, lo otro es subjetivo, a veces los malos son los buenos y los buenos son los malos lo cual convierte ese debate en puro interés y necesidad de unos y otros.

Pasan cosas extrañas en nuestros teléfonos inteligentes y en nuestros ordenadores, ya somos reos de quien sea, de quien corresponda, tenemos decenas de dueños, a algunos los hemos elegido, a otros no, unos a otros se pasan nuestros datos como si fuéramos la falsa monea con la diferencia de que en este caso la monea posee mucho valor y todos se la quedan. La sociedad del Big data no sirve para nada si no la completa el Smart data.

La globalización total

La IA es el hecho globalizador más grande jamás logrado por el ser humano. Sin salir del sistema mercantil 'tradicional' y llegarnos hasta China y zonas de su influencia, según el experto en el tema Arnau Ramió, tenemos como piezas clave de una estructura increíble en primer lugar el modelo que puede llamarse Chatgpt o Gemini. Es un archivo gigante, un almacén de datos que producen 'inteligencia', si bien esta inteligencia yo la llamaría mejor listeza, un señor o señora que en un momento te hace una operación matemática en un concurso de TV puede que sea muy listo –barra a– pero no inteligente como, por ejemplo, Hegel y su discípulo Marx. Una cosa es la diacronía proyectada como un papagayo y otra la sincronía de un cerebro que procede de una evolución natural de miles de años.

Un archivo, un almacén, no piensan, necesitan que algo lo ejecute: el chip, al que unos diseñan (Amazon, por ejemplo) y otros fabrican. Esto nos lleva a la fábrica, casi todos los chips se fabrican en Taiwán, dependemos de una pequeña isla que puede ser invadida por China en cualquier momento. Dice Javier Galán: "En la economía digital, una compañía fabrica el 62% del mercado mundial de semiconductores por encargo y más del 90% de los chips de inteligencia artificial más avanzados. A pesar de ello, su nombre, TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company), rara vez se menciona fuera de los círculos especializados”.

Los chips necesitan máquinas que fabriquen a la máquina chip. Sobre todo, hay una empresa que la fabrica y que parece que es la única que lo hace: ASML (Advanced Semiconductor Materials Lithography). Se encuentra su central en Países Bajos (Holanda) con filiales en EEUU y Alemania. Es una máquina del tamaño de un autobús que cuesta aproximadamente 400 millones de dólares. Los chips calculan, pero los datos que utilizan deben 'vivir' en algún sitio. Llegamos pues al elemento memoria, otro factor que forma parte de esta macroestructura digital que rige gran parte de nuestras vidas.

El interés político-militar de Trump

La memoria es el elemento que regula todo el ecosistema del chip de la IA. Fundamentalmente, hay tres empresas que fabrican toda la memoria del planeta, al menos de su parte tradicionalmente mercantil. Se trata de Samsung (Corea del Sur), SK hynix (Corea del Sur) y Micron Techology (EEUU).

La IA necesita cantidades ingentes de memoria, de ahí que estas tres marcas hayan anunciado inmensas inversiones entre este año 2026 y hasta 2028, por lo menos, no para servir a nuestros ordenadores sino para la IA. Sólo Micron sitúa su inversión en memoria para centros de datos de IA en 200.000 millones de dólares para ampliar capacidad en Estados Unidos. La escasez de memoria ha elevado los precios para esta materia prima lo cual está llevando a la quiebra a diversas empresas que no pueden afrontar la demanda.

Tal vez sólo con los datos que se acaban de reflejar podamos comprender el interés político-militar de EEUU en Taiwán, Japón y Corea del Sur y las manifestaciones de Donald Trump cuando afirma que hay que seguir adelante con la IA cueste lo que cueste. China no se tiene que someter a democracia alguna, sino que va a lo suyo bajo inspiración marxista-maoísta-confucionista de su único gobernante, el PCCH, esto es muy positivo para el Poder, al menos a corto y medio plazo y, aunque no lo dice abiertamente, ya lo quisiera el Poder occidental para sí, todo es cuestión de tiempo porque el totalitarismo occidental lo tenemos encima.

La cooperación, ¿un hándicap?

Todos los elementos anteriores se juntan en los centros de datos. Son naves industriales que ocupan unos cuarenta campos de fútbol. Estos centros por supuesto funcionan día y noche y nos llevan al mundo físico que es la electricidad que alimenta a esos mastodontes: la tierra, el suelo, el agua, el cobre, la mano de obra humana. Hay mucha necesidad de mano de obra electricista para la IA. En EEUU –pongamos por caso–, tenemos a personas que logran trabajar en este campo sin ni siquiera titulación.

La IA está por tanto repartida por todo del planeta y exige una labor de coordinación y cooperación de los seres humanos. He aquí uno de los hándicaps, puesto que los seres humanos se ven obligados a cooperar y es ahí donde nacen los roces y las zonas mundiales en conflicto. De todas formas, la dinámica sigue y se habla de una inversión de 785.000 millones de dólares para este año sólo de los llamados tres gigantes tecnológicos del mundo que domina EEUU (Apple, Microsoft y Amazon, sin olvidar a Google y Facebook, entre otros). Únicamente se ha invertido tanto en la Historia en las guerras mundiales, pero vamos en la dirección de superarlas.

Piedras en el camino

Esta vez se supone que es para construir una inteligencia que resulta que, junto a sus indudables ventajas, puede también matarnos en el momento en que proceda a pensar por su cuenta sin obedecer a sus amos, algo que no va a ser de hoy para mañana porque toda esta dinámica de desarrollo encuentra piedras en su camino. Por ejemplo, la energía. La red eléctrica no se construye a la misma velocidad que el software que va a necesitar más energía que todas las demás industrias actuales juntas (aluminio, acero, cemento, química…).

En pocas palabras, se puede afirmar que una de las 'tragedias' o del coste de la fabricación de la IA –salvando las distancias– se parece al problema de la vivienda y perdonen la comparación: mucha demanda para poca oferta. Por ejemplo, ha subido muchísimo la demanda de memoria a niveles micro (un simple ordenador) y macro (la producción en general). Pero construir fábricas de memoria no es algo que se improvise y sus materias primas tampoco. Por ejemplo, el cobre: no es lo mismo necesitar cobre que abrir una nueva mina de cobre, lo primero es casi inmediato, lo segundo cuesta años. La demanda es asunto de semanas o meses, la oferta necesita años.

El cobre es el sistema circulatorio de la IA, de él dependen los cables eléctricos, los transformadores, la refrigeración…, sólo un haz de conexiones de Nvidia Corporation contiene más de 5.000 cables. A pesar de todo, en estos momentos, la IA necesita únicamente un 2% de cobre, el problema mayor es la sociedad productiva industrial y digital en general: coches eléctricos, paneles solares, aerogeneradores, aires acondicionados, robótica, etc., y ahora la IA que necesitará más cobre en los próximos años. La demanda de cobre va a crecer un 50 por ciento de aquí a 2040. ¿Más minas de cobre? Levantar una estación de datos supone menos de dos años, poner en funcionamiento una mina de cobre, más de quince años.

La muerte y la IA

No sé qué puede haber detrás de esas llamativas noticias sobre la muerte a la que, supuestamente, nos va a llevar la IA, tal vez provocar a Trump y a otros para que suelten pasta, pero sí es posible una autodestrucción teniendo en cuenta la mente inmadura del humano, tan adelantada tecnológicamente y tan atrasada en cooperación para la supervivencia. No sé si tomarme las palabras de Musk y otros que pregonan precauciones como un pequeño paso hacia esa maduración o simplemente como una estrategia para lograr apoyo político para sus inversiones. ¿Renunciar unos milmillonarios a desarrollar proyectos y sueños con mucho dinero detrás? Mark Zuckerberg (Meta) se ha opuesto, como Trump.

"He creado un monstruo", afirmó en una entrevista, en diciembre de 2025, uno de los padres de la IA, el Premio Nóbel Geoffrey Hinton. Por su parte, la Newsletter Awesomething acaba de publicar:

1. Un exempleado de Anthropic y OpenAI ha sembrado el pánico al revelar en sus redes sociales que los directivos de las principales compañías de IA creen que esta tecnología "podría matarnos a todos antes de finales de esta década".

2. Lejos de desacreditar sus palabras, el que fuera jefe de este exempleado respondió en redes sociales que "de verdad creemos que la IA puede matar a todo el mundo", y cifró en más del 10% la probabilidad de que esto suceda en la próxima década.

3. Las propias empresas que desarrollan la IA en medio de una frenética carrera para posicionar a OpenAI o a Anthropic en cabeza ya han dicho en más de una ocasión que esta tecnología no está exenta de riesgos, que además serían mucho más profundos que la pérdida de empleos.

4. Anthropic acaba de publicar un completo estudio sobre el impacto de la IA en el trabajo, y su escenario más pesimista es que el 20% de los trabajadores de oficina de Estados Unidos perderán su empleo para 2030.

5. La compañía también ha desvelado que ha bloqueado distintos intentos de usar Claude para investigar sobre temas que podrían vincularse al desarrollo de armas biológicas. Pero, ojo, lo que ha detectado Anthropic es a usuarios procedentes de países en los que se supone que no se puede usar Claude haciendo preguntas sobre temas relacionados con virus e infecciones. La compañía cree que han sido científicos quienes han usado sus herramientas y no está segura de si se trataba de preguntas e investigaciones legítimas, y no de puro terrorismo, pero aun así ha bloqueado estas cuentas y ha metido mano para evitar que determinados temas puedan ser investigados con su IA por parte de determinados usuarios no autorizados.

Se pregunta Awesomething "cómo cojones podría matarnos una IA si no es más que un conjunto de algoritmos que residen en una herramienta digital a la que accedes chateando desde un móvil o una web". Y se responde: "Uno de los grandes peligros de la IA está en integrarla como cerebro de un robot con capacidades físicas compatibles con la violencia contra un humano", a pesar de que esas agresiones incumplirían las leyes de la robótica (que en realidad son un concepto literario y no leyes universales o 'legales' reales, pero que han servido como base ética para el desarrollo de la robótica... hasta ahora).

Y prosigue: "Piensa, por ejemplo, en una IA integrada en misiles, drones o armas en general: si pueden tomar decisiones por sí mismas, pasaríamos de ver un dron o un misil como una herramienta operada por un humano a ser un arma autónoma en sí misma, con el consiguiente riesgo de que ataquen por error a civiles y demás".

Pero el problema va más lejos aún: "cuando dicen que la IA podría matarnos a todos se centran en que los modelos de IA tienden a la autonomía incluso en su propia mejora. Es decir: se mejoran a sí mismos y evolucionan sin intervención humana. Esto llevaría a que pudieran deshacerse de los cortafuegos que implementan los desarrolladores para evitar abusos al utilizar la IA. La propia IA, en su afán de mejora, vería estas restricciones como un freno a su perfección y los eliminaría, incluso blindando sus propias capacidades y dejando fuera de juego, con ello, a los desarrolladores humanos, que perderían el control del asunto".

Por tanto, un macro-Frankenstein que deja en mantillas al de Mary Shelley. En definitiva, "hijo, no gana una pa sustos", que decía mi madre. No es para tanto, todo lo realmente importante conlleva riesgos. En los años 1000 y 2000 casi se iba a terminar el mundo y aquí estamos. En 1962 estuvo a punto de comenzar la Tercera Guerra Mundial y en mi barrio de San Vicente, de Sevilla, siendo yo niño, se respiraba un ambiente de acojono que no se me olvidará. Lo de la IA es bastante más serio, pero debe haber mucho de comercial en sus aterradores anuncios.

La evolución humana es apasionante, el riesgo es convertir la consciencia en esclava de esa evolución en lugar de utilizarla para sobrevivir. Todo riesgo que persigue algo muy relevante conlleva trabajo y es vida y muerte en sí mismo. Aquí estamos para lo que sea y para adaptarnos al medio, si el medio no nos devora antes.

Están situando a la Inteligencia Artificial (IA) como el Frankenstein de nuestros días. Temen que la criatura que han creado eminentes cerebros se vuelva contra ellos y el hijo supere al padre, sea más espabilado aún y tenga muy mala leche. No hace falta llegar a tanto, verbigracia, sin tanta presencia de la IA nos arrebataron en su día (2020) el derecho a la información procedente de los medios rusos más extendidos: Russia Today (RT) y la Agencia Sputnik.

Pasan cosas extrañas

A mí me llegaban hasta esta semana sus noticias y alguien me las ha vuelto a censurar. Si me pregonan lo del derecho a la información y el pensamiento crítico me gusta leer de todo, todas las voces, porque yo no divido la vida en buenos y malos sino en hechos e ideas, lo otro es subjetivo, a veces los malos son los buenos y los buenos son los malos lo cual convierte ese debate en puro interés y necesidad de unos y otros.

Pasan cosas extrañas en nuestros teléfonos inteligentes y en nuestros ordenadores, ya somos reos de quien sea, de quien corresponda, tenemos decenas de dueños, a algunos los hemos elegido, a otros no, unos a otros se pasan nuestros datos como si fuéramos la falsa monea con la diferencia de que en este caso la monea posee mucho valor y todos se la quedan. La sociedad del Big data no sirve para nada si no la completa el Smart data.

La globalización total

La IA es el hecho globalizador más grande jamás logrado por el ser humano. Sin salir del sistema mercantil 'tradicional' y llegarnos hasta China y zonas de su influencia, según el experto en el tema Arnau Ramió, tenemos como piezas clave de una estructura increíble en primer lugar el modelo que puede llamarse Chatgpt o Gemini. Es un archivo gigante, un almacén de datos que producen 'inteligencia', si bien esta inteligencia yo la llamaría mejor listeza, un señor o señora que en un momento te hace una operación matemática en un concurso de TV puede que sea muy listo –barra a– pero no inteligente como, por ejemplo, Hegel y su discípulo Marx. Una cosa es la diacronía proyectada como un papagayo y otra la sincronía de un cerebro que procede de una evolución natural de miles de años.

Un archivo, un almacén, no piensan, necesitan que algo lo ejecute: el chip, al que unos diseñan (Amazon, por ejemplo) y otros fabrican. Esto nos lleva a la fábrica, casi todos los chips se fabrican en Taiwán, dependemos de una pequeña isla que puede ser invadida por China en cualquier momento. Dice Javier Galán: "En la economía digital, una compañía fabrica el 62% del mercado mundial de semiconductores por encargo y más del 90% de los chips de inteligencia artificial más avanzados. A pesar de ello, su nombre, TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company), rara vez se menciona fuera de los círculos especializados”.

Los chips necesitan máquinas que fabriquen a la máquina chip. Sobre todo, hay una empresa que la fabrica y que parece que es la única que lo hace: ASML (Advanced Semiconductor Materials Lithography). Se encuentra su central en Países Bajos (Holanda) con filiales en EEUU y Alemania. Es una máquina del tamaño de un autobús que cuesta aproximadamente 400 millones de dólares. Los chips calculan, pero los datos que utilizan deben 'vivir' en algún sitio. Llegamos pues al elemento memoria, otro factor que forma parte de esta macroestructura digital que rige gran parte de nuestras vidas.

El interés político-militar de Trump

La memoria es el elemento que regula todo el ecosistema del chip de la IA. Fundamentalmente, hay tres empresas que fabrican toda la memoria del planeta, al menos de su parte tradicionalmente mercantil. Se trata de Samsung (Corea del Sur), SK hynix (Corea del Sur) y Micron Techology (EEUU).

La IA necesita cantidades ingentes de memoria, de ahí que estas tres marcas hayan anunciado inmensas inversiones entre este año 2026 y hasta 2028, por lo menos, no para servir a nuestros ordenadores sino para la IA. Sólo Micron sitúa su inversión en memoria para centros de datos de IA en 200.000 millones de dólares para ampliar capacidad en Estados Unidos. La escasez de memoria ha elevado los precios para esta materia prima lo cual está llevando a la quiebra a diversas empresas que no pueden afrontar la demanda.

Tal vez sólo con los datos que se acaban de reflejar podamos comprender el interés político-militar de EEUU en Taiwán, Japón y Corea del Sur y las manifestaciones de Donald Trump cuando afirma que hay que seguir adelante con la IA cueste lo que cueste. China no se tiene que someter a democracia alguna, sino que va a lo suyo bajo inspiración marxista-maoísta-confucionista de su único gobernante, el PCCH, esto es muy positivo para el Poder, al menos a corto y medio plazo y, aunque no lo dice abiertamente, ya lo quisiera el Poder occidental para sí, todo es cuestión de tiempo porque el totalitarismo occidental lo tenemos encima.

La cooperación, ¿un hándicap?

Todos los elementos anteriores se juntan en los centros de datos. Son naves industriales que ocupan unos cuarenta campos de fútbol. Estos centros por supuesto funcionan día y noche y nos llevan al mundo físico que es la electricidad que alimenta a esos mastodontes: la tierra, el suelo, el agua, el cobre, la mano de obra humana. Hay mucha necesidad de mano de obra electricista para la IA. En EEUU –pongamos por caso–, tenemos a personas que logran trabajar en este campo sin ni siquiera titulación.

La IA está por tanto repartida por todo del planeta y exige una labor de coordinación y cooperación de los seres humanos. He aquí uno de los hándicaps, puesto que los seres humanos se ven obligados a cooperar y es ahí donde nacen los roces y las zonas mundiales en conflicto. De todas formas, la dinámica sigue y se habla de una inversión de 785.000 millones de dólares para este año sólo de los llamados tres gigantes tecnológicos del mundo que domina EEUU (Apple, Microsoft y Amazon, sin olvidar a Google y Facebook, entre otros). Únicamente se ha invertido tanto en la Historia en las guerras mundiales, pero vamos en la dirección de superarlas.

Piedras en el camino

Esta vez se supone que es para construir una inteligencia que resulta que, junto a sus indudables ventajas, puede también matarnos en el momento en que proceda a pensar por su cuenta sin obedecer a sus amos, algo que no va a ser de hoy para mañana porque toda esta dinámica de desarrollo encuentra piedras en su camino. Por ejemplo, la energía. La red eléctrica no se construye a la misma velocidad que el software que va a necesitar más energía que todas las demás industrias actuales juntas (aluminio, acero, cemento, química…).

En pocas palabras, se puede afirmar que una de las 'tragedias' o del coste de la fabricación de la IA –salvando las distancias– se parece al problema de la vivienda y perdonen la comparación: mucha demanda para poca oferta. Por ejemplo, ha subido muchísimo la demanda de memoria a niveles micro (un simple ordenador) y macro (la producción en general). Pero construir fábricas de memoria no es algo que se improvise y sus materias primas tampoco. Por ejemplo, el cobre: no es lo mismo necesitar cobre que abrir una nueva mina de cobre, lo primero es casi inmediato, lo segundo cuesta años. La demanda es asunto de semanas o meses, la oferta necesita años.

El cobre es el sistema circulatorio de la IA, de él dependen los cables eléctricos, los transformadores, la refrigeración…, sólo un haz de conexiones de Nvidia Corporation contiene más de 5.000 cables. A pesar de todo, en estos momentos, la IA necesita únicamente un 2% de cobre, el problema mayor es la sociedad productiva industrial y digital en general: coches eléctricos, paneles solares, aerogeneradores, aires acondicionados, robótica, etc., y ahora la IA que necesitará más cobre en los próximos años. La demanda de cobre va a crecer un 50 por ciento de aquí a 2040. ¿Más minas de cobre? Levantar una estación de datos supone menos de dos años, poner en funcionamiento una mina de cobre, más de quince años.

La muerte y la IA

No sé qué puede haber detrás de esas llamativas noticias sobre la muerte a la que, supuestamente, nos va a llevar la IA, tal vez provocar a Trump y a otros para que suelten pasta, pero sí es posible una autodestrucción teniendo en cuenta la mente inmadura del humano, tan adelantada tecnológicamente y tan atrasada en cooperación para la supervivencia. No sé si tomarme las palabras de Musk y otros que pregonan precauciones como un pequeño paso hacia esa maduración o simplemente como una estrategia para lograr apoyo político para sus inversiones. ¿Renunciar unos milmillonarios a desarrollar proyectos y sueños con mucho dinero detrás? Mark Zuckerberg (Meta) se ha opuesto, como Trump.

"He creado un monstruo", afirmó en una entrevista, en diciembre de 2025, uno de los padres de la IA, el Premio Nóbel Geoffrey Hinton. Por su parte, la Newsletter Awesomething acaba de publicar:

1. Un exempleado de Anthropic y OpenAI ha sembrado el pánico al revelar en sus redes sociales que los directivos de las principales compañías de IA creen que esta tecnología "podría matarnos a todos antes de finales de esta década".

2. Lejos de desacreditar sus palabras, el que fuera jefe de este exempleado respondió en redes sociales que "de verdad creemos que la IA puede matar a todo el mundo", y cifró en más del 10% la probabilidad de que esto suceda en la próxima década.

3. Las propias empresas que desarrollan la IA en medio de una frenética carrera para posicionar a OpenAI o a Anthropic en cabeza ya han dicho en más de una ocasión que esta tecnología no está exenta de riesgos, que además serían mucho más profundos que la pérdida de empleos.

4. Anthropic acaba de publicar un completo estudio sobre el impacto de la IA en el trabajo, y su escenario más pesimista es que el 20% de los trabajadores de oficina de Estados Unidos perderán su empleo para 2030.

5. La compañía también ha desvelado que ha bloqueado distintos intentos de usar Claude para investigar sobre temas que podrían vincularse al desarrollo de armas biológicas. Pero, ojo, lo que ha detectado Anthropic es a usuarios procedentes de países en los que se supone que no se puede usar Claude haciendo preguntas sobre temas relacionados con virus e infecciones. La compañía cree que han sido científicos quienes han usado sus herramientas y no está segura de si se trataba de preguntas e investigaciones legítimas, y no de puro terrorismo, pero aun así ha bloqueado estas cuentas y ha metido mano para evitar que determinados temas puedan ser investigados con su IA por parte de determinados usuarios no autorizados.

Se pregunta Awesomething "cómo cojones podría matarnos una IA si no es más que un conjunto de algoritmos que residen en una herramienta digital a la que accedes chateando desde un móvil o una web". Y se responde: "Uno de los grandes peligros de la IA está en integrarla como cerebro de un robot con capacidades físicas compatibles con la violencia contra un humano", a pesar de que esas agresiones incumplirían las leyes de la robótica (que en realidad son un concepto literario y no leyes universales o 'legales' reales, pero que han servido como base ética para el desarrollo de la robótica... hasta ahora).

Y prosigue: "Piensa, por ejemplo, en una IA integrada en misiles, drones o armas en general: si pueden tomar decisiones por sí mismas, pasaríamos de ver un dron o un misil como una herramienta operada por un humano a ser un arma autónoma en sí misma, con el consiguiente riesgo de que ataquen por error a civiles y demás".

Pero el problema va más lejos aún: "cuando dicen que la IA podría matarnos a todos se centran en que los modelos de IA tienden a la autonomía incluso en su propia mejora. Es decir: se mejoran a sí mismos y evolucionan sin intervención humana. Esto llevaría a que pudieran deshacerse de los cortafuegos que implementan los desarrolladores para evitar abusos al utilizar la IA. La propia IA, en su afán de mejora, vería estas restricciones como un freno a su perfección y los eliminaría, incluso blindando sus propias capacidades y dejando fuera de juego, con ello, a los desarrolladores humanos, que perderían el control del asunto".

Por tanto, un macro-Frankenstein que deja en mantillas al de Mary Shelley. En definitiva, "hijo, no gana una pa sustos", que decía mi madre. No es para tanto, todo lo realmente importante conlleva riesgos. En los años 1000 y 2000 casi se iba a terminar el mundo y aquí estamos. En 1962 estuvo a punto de comenzar la Tercera Guerra Mundial y en mi barrio de San Vicente, de Sevilla, siendo yo niño, se respiraba un ambiente de acojono que no se me olvidará. Lo de la IA es bastante más serio, pero debe haber mucho de comercial en sus aterradores anuncios.

La evolución humana es apasionante, el riesgo es convertir la consciencia en esclava de esa evolución en lugar de utilizarla para sobrevivir. Todo riesgo que persigue algo muy relevante conlleva trabajo y es vida y muerte en sí mismo. Aquí estamos para lo que sea y para adaptarnos al medio, si el medio no nos devora antes.

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