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Santiago, diez años después de su reapertura: "Es el alma del barrio"

Once años de cierre por sus graves problemas estructurales dieron paso a una restauración que evitó la ruina del templo jerezano y a una reapertura que devolvió la alegría y la vida a sus calles, aunque aún quedan vecinos, viviendas y negocios por recuperar

  • Mercedes Narbona, presidenta de la asociación Unidos por Santiago y Juan Salido, exmiembro de la plataforma pro restauración del templo. -

En febrero de 2016 ya no había andamios en Santiago. La piedra lucía limpia, radiante, y en el interior del templo gótico el trasiego de obreros era ya casi mínimo. El monumental cuadro dedicado al Patrón en la Batalla del Clavijo, pintado por José María Rodríguez de Losada, había dejado de estar cubierto por un plástico y el edificio comenzaba a recuperar la imagen que había tenido antes de que las grietas, la humedad y los problemas estructurales obligaran a cerrar sus puertas.

"Santiago ya no peligra", escribía este cronista, hace diez años, en este mismo medio. La cuenta atrás para su reapertura había comenzado.

Habían pasado casi once años desde aquel abril de 2005 en el que el templo, Afa y Omega de su barrio, cerrara al culto. Once años de incertidumbre, de obras interrumpidas, de una constructora en quiebra y de un edificio cuyo estado llegó a ser tan preocupante que durante un tiempo la pregunta no era cuándo volvería a abrir Santiago, sino si podría hacerlo algún día.

La respuesta llegó finalmente el 23 de julio de 2016. Diez años después de aquella reapertura, la iglesia vuelve a formar parte de la vida de un barrio que, durante los años de cierre, había perdido incluso su esencia.

Cuando Santiago estuvo en riesgo de ruina

Los problemas estructurales del templo venían de lejos. Santiago había sufrido intervenciones a lo largo de su historia y había llegado al siglo XXI con importantes problemas estructurales a los que se añadía la calidad de la piedra utilizada en su construcción –proveniente de la Sierra de San Cristóbal, como tantas otras iglesias y monumentos de nuestra ciudad y la provincia– y la humedad acumulada durante años. De hecho, solo en el siglo XX, el templo había sufrido derrumbes en 1905 y 1955.

La situación, preocupante de por sí, se agravó cuando las obras que debían solucionar aquellos problemas quedaron paralizadas tras la quiebra de la constructora que acometía los trabajos. En octubre de 2013, el arquitecto Emilio Yanes, responsable de la intervención, advertía de un "riesgo inmediato" de caída del templo. Cualquier temporal de lluvia o exceso de humedad podía provocar, según explicó entonces, "un desastre".

  • Una mujer, pasando ante el azulejo del Prendimiento, en Santiago.
  • -

Juan Salido Freyre fue el primer presidente de la Plataforma pro reapertura de Santiago y recibió de primera mano aquel diagnóstico. "El arquitecto era muy radical a la hora de valorar el estado del templo. En las circunstancias en las que estaba no se podía abrir", recuerda ahora en declaraciones a lavozdelsur.es.

La solución pasaba por actuar sobre la estructura y hacerlo cuanto antes. En febrero de 2014 la empresa Tragsa retoma los trabajos con una técnica que busca consolidar la cimentación y atravesar la estructura del templo de forma integral. La intervención incluye la inyección de mezclas consolidantes y actuaciones destinadas a devolver el equilibrio al edificio.

En octubre de aquel año, después de ocho meses de trabajos, Yanes cambia por fin el tono de sus declaraciones. "Seguro que ya no se cae", afirma entonces. La actuación había permitido "multiplicar por tres la seguridad que teníamos antes, que era nada".

La intervención consistió, entre otras actuaciones, en perforar los pilares desde la cubierta para inyectar microcemento, incorporar armaduras tubulares de acero inoxidable y actuar sobre las humedades y la evacuación de aguas. También se restauraron el campanario, las campanas y la espadaña del reloj.

La prioridad era clara. "El presupuesto iba encaminado a conseguir la estabilidad del templo, y eso sí se ha conseguido", explicaba entonces Miguel Ángel López, arquitecto que acompañó a lavozdelsur.es en aquella visita de febrero de 2016.

El dinero para salvar una iglesia

Pero si solucionar el problema técnico fue complicado, no menos lo fue conseguir el dinero necesario para hacerlo. Y esa era la principal "misión" por la que se crea la plataforma pro restauración de Santiago cuando se supo el estado crítico que sufría.

La reanudación de los trabajos con Tragsa se planteó inicialmente con un presupuesto de algo más de 2,3 millones de euros. La Junta de Andalucía había realizado ya una importante inversión en el templo y posteriormente el proyecto contó con la financiación y aportaciones necesarias para completar la intervención.

  • Juan Salido, en el interior de la parroquia de Santiago.
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La Plataforma pro Santiago también vuelve entonces a movilizarse. A comienzos de 2014 consigue recaudar 32.000 euros en cuatro meses, mediante aportaciones y donaciones. Salido recuerda aquellos años como una época de "buena predisposición" en torno al templo. "Todo el mundo estaba aceptando la situación estructural de la iglesia y estaba dispuesto a ayudar en lo que podía", explica.

Salido recuerda hoy la preocupación del arquitecto Emilio Yanes por el tráfico que rodea la iglesia y su posible incidencia sobre la cimentación. Yanes, recuerda Salido, era partidario de "cortar la circulación del tráfico alrededor del templo, porque el movimiento de los vehículos podía provocar movimientos en la cimentación". Como se sabe, el trafico rodado sigue existiendo alrededor del templo, pues confluyen diferentes vías que conectan la ciudad con sus salidas a la Bahía y la Costa Noroeste.

De todas maneras, la prioridad entonces de la plataforma era poner en marcha la rehabilitación, como así se consiguió, si bien Juan Salido, que llegó a la presidencia de la misma de la mano del recordado obispo Juan del Río, decidió retirarse "discretamente" de ella cuando llegó al frente del obispado José Mazuelos. Y si bien ya no disfrutó de la apertura de Santiago desde la plataforma, sí lo hizo como un jerezano más.

Aquel día fue un 23 de julio de 2016. Se habían cumplido más de once años de cierre del histórico templo. Pero la sensación entonces no solo fue que Santiago volvía a reabrirse al culto. Se cerraba también más de una década sin el principal motor del barrio.

"El barrio se denigró en el momento en que la iglesia se cierra"

Mercedes Narbona lleva más de cuatro décadas vinculada a Santiago. No duerme en el barrio, pero vive en él. Su escuela de cerámica de la calle Cantarería lleva abierta desde los años 80, lo que le ha permitido contemplar los cambios producidos alrededor del templo. Mercedes, además, es presidenta de la asociación Unidos por Santiago, creada con el objetivo de revitalizar y proteger el barrio.

Para ella, Santiago siempre ha sido mucho más que un templo. "Aquí hay diferentes religiones, pero la parroquia es el alma de Santiago seas o no cristiano", afirma sin dudarlo. Y lo es, sostiene, "por su ubicación, por su visibilidad y por las calles" que la rodean.

  • Interior de Santiago, con el monumental cuadro dedicado al apóstol, obra del pintor José María Rodríguez de Losada.
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Por eso, desde su punto de vista, el cierre tuvo consecuencias que fueron mucho más allá. "Supuso mucha tristeza y más por la incertidumbre y las malas noticias que había de si se iba a alargar o no la obra, porque a veces parecía que se iba a caer de un momento a otro", recuerda.

El deterioro del templo coincide, además, con un periodo complicado para el barrio. "Se cierran comercios, bares... el barrio se denigró en el momento en que la iglesia se cierra", recuerda. "Desde que se abrió, no tiene nada que ver", añade.

A aquella pérdida de actividad se suma durante esos años la situación generada en la calle Nueva tras la llegada, en 2011, de un grupo procedente de Jaén que ocupa un bloque de viviendas y que genera problemas de convivencia y delincuencia que denuncian los vecinos del barrio. Mercedes los recuerda con el apelativo de los "canasteros", que es el mote que les habían dado los vecinos históricos del barrio. "Mis gitanos –dice con cariño– no querían compararse con ellos".

  • Una imagen del templo.
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Si bien esas personas abandonaron el barrio hace tiempo y, de hecho, explica Narbona, el inmueble ha pasado a manos de una empresa inversora extranjera, no es menos cierto que contribuyeron durante un tiempo a deteriorar la imagen de un barrio y del "gitano de Jerez, que representa arte, convivencia y respeto y ellos no tenían nada de eso".

Afortunadamente, la percepción de Santiago, asegura, también está cambiando. "Antes solo se hablaba en prensa de los canasteros esos, ahora se habla de la Velá, de iniciativas como Sabadearte y del montón de actividades que llevamos a cabo desde Unidos por Santiago".

Diez años después, Santiago mira al futuro

Si bien la reapertura del templo no ha resuelto todos los problemas del barrio –Mercedes habla de problemas de retiradas de residuos y enseres en el entorno de los contenedores de basura, de locales comerciales y solares vacíos y, sobre todo, de escasez de vivienda–, también considera que "nos ha dado todo lo que perdió el barrio", afirma en relación al trasiego de personas, del movimiento alrededor de la iglesia y de la apertura de nuevos negocios en su entorno. "Solamente con el tráfico alrededor ya da otra vida a la zona".

  • Mercedes Narbona, frente a la puerta de Santiago que da al Angostillo.
  • -

En este sentido, comenta que el templo ha recuperado su lugar en la vida diaria de Santiago, y aporta una escena como ejemplo: "El otro día, en hora de misa, estaban las puertas abiertas que dan al Angostillo y vi que estaba llena y con mucha gente joven".

Considera además que "Santiago ahora mismo es un barrio con mucho futuro, con mucha esperanza y muchos planes" y recuerda que la asociación que preside trabaja además por estrechar la relación con los vecinos y las hermandades, algo que se refleja, por ejemplo, en cómo se adornan las calles con flores y mantoncillos durante la Velá.

Santiago tiene su iglesia, parte de la muralla, bodegas, patios de vecinos y el flamenco como gran seña de identidad. "Es que tenemos de todo", presume Mercedes. Por eso cree que, cuando se hable de Santiago en unos años, la percepción del barrio será diferente. "Yo estoy convencida de que Santiago está de moda y va a crecer muchísimo".

Por eso, más allá de que el turismo aflore en forma de apartamentos turísticos, algo de lo que "no estoy en contra, porque es otra forma de ganarse la vida para los que son propietarios", Mercedes reconoce que "nosotros apostamos por el vecino que vive todo el año. Nos encantaría que a Santiago volvieran los vecinos antiguos".

En febrero de 2016 ya no había andamios en Santiago. La piedra lucía limpia, radiante, y en el interior del templo gótico el trasiego de obreros era ya casi mínimo. El monumental cuadro dedicado al Patrón en la Batalla del Clavijo, pintado por José María Rodríguez de Losada, había dejado de estar cubierto por un plástico y el edificio comenzaba a recuperar la imagen que había tenido antes de que las grietas, la humedad y los problemas estructurales obligaran a cerrar sus puertas.

"Santiago ya no peligra", escribía este cronista, hace diez años, en este mismo medio. La cuenta atrás para su reapertura había comenzado.

Habían pasado casi once años desde aquel abril de 2005 en el que el templo, Afa y Omega de su barrio, cerrara al culto. Once años de incertidumbre, de obras interrumpidas, de una constructora en quiebra y de un edificio cuyo estado llegó a ser tan preocupante que durante un tiempo la pregunta no era cuándo volvería a abrir Santiago, sino si podría hacerlo algún día.

La respuesta llegó finalmente el 23 de julio de 2016. Diez años después de aquella reapertura, la iglesia vuelve a formar parte de la vida de un barrio que, durante los años de cierre, había perdido incluso su esencia.

Cuando Santiago estuvo en riesgo de ruina

Los problemas estructurales del templo venían de lejos. Santiago había sufrido intervenciones a lo largo de su historia y había llegado al siglo XXI con importantes problemas estructurales a los que se añadía la calidad de la piedra utilizada en su construcción –proveniente de la Sierra de San Cristóbal, como tantas otras iglesias y monumentos de nuestra ciudad y la provincia– y la humedad acumulada durante años. De hecho, solo en el siglo XX, el templo había sufrido derrumbes en 1905 y 1955.

La situación, preocupante de por sí, se agravó cuando las obras que debían solucionar aquellos problemas quedaron paralizadas tras la quiebra de la constructora que acometía los trabajos. En octubre de 2013, el arquitecto Emilio Yanes, responsable de la intervención, advertía de un "riesgo inmediato" de caída del templo. Cualquier temporal de lluvia o exceso de humedad podía provocar, según explicó entonces, "un desastre".

  • Una mujer, pasando ante el azulejo del Prendimiento, en Santiago.
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Juan Salido Freyre fue el primer presidente de la Plataforma pro reapertura de Santiago y recibió de primera mano aquel diagnóstico. "El arquitecto era muy radical a la hora de valorar el estado del templo. En las circunstancias en las que estaba no se podía abrir", recuerda ahora en declaraciones a lavozdelsur.es.

La solución pasaba por actuar sobre la estructura y hacerlo cuanto antes. En febrero de 2014 la empresa Tragsa retoma los trabajos con una técnica que busca consolidar la cimentación y atravesar la estructura del templo de forma integral. La intervención incluye la inyección de mezclas consolidantes y actuaciones destinadas a devolver el equilibrio al edificio.

En octubre de aquel año, después de ocho meses de trabajos, Yanes cambia por fin el tono de sus declaraciones. "Seguro que ya no se cae", afirma entonces. La actuación había permitido "multiplicar por tres la seguridad que teníamos antes, que era nada".

La intervención consistió, entre otras actuaciones, en perforar los pilares desde la cubierta para inyectar microcemento, incorporar armaduras tubulares de acero inoxidable y actuar sobre las humedades y la evacuación de aguas. También se restauraron el campanario, las campanas y la espadaña del reloj.

La prioridad era clara. "El presupuesto iba encaminado a conseguir la estabilidad del templo, y eso sí se ha conseguido", explicaba entonces Miguel Ángel López, arquitecto que acompañó a lavozdelsur.es en aquella visita de febrero de 2016.

El dinero para salvar una iglesia

Pero si solucionar el problema técnico fue complicado, no menos lo fue conseguir el dinero necesario para hacerlo. Y esa era la principal "misión" por la que se crea la plataforma pro restauración de Santiago cuando se supo el estado crítico que sufría.

La reanudación de los trabajos con Tragsa se planteó inicialmente con un presupuesto de algo más de 2,3 millones de euros. La Junta de Andalucía había realizado ya una importante inversión en el templo y posteriormente el proyecto contó con la financiación y aportaciones necesarias para completar la intervención.

  • Juan Salido, en el interior de la parroquia de Santiago.
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La Plataforma pro Santiago también vuelve entonces a movilizarse. A comienzos de 2014 consigue recaudar 32.000 euros en cuatro meses, mediante aportaciones y donaciones. Salido recuerda aquellos años como una época de "buena predisposición" en torno al templo. "Todo el mundo estaba aceptando la situación estructural de la iglesia y estaba dispuesto a ayudar en lo que podía", explica.

Salido recuerda hoy la preocupación del arquitecto Emilio Yanes por el tráfico que rodea la iglesia y su posible incidencia sobre la cimentación. Yanes, recuerda Salido, era partidario de "cortar la circulación del tráfico alrededor del templo, porque el movimiento de los vehículos podía provocar movimientos en la cimentación". Como se sabe, el trafico rodado sigue existiendo alrededor del templo, pues confluyen diferentes vías que conectan la ciudad con sus salidas a la Bahía y la Costa Noroeste.

De todas maneras, la prioridad entonces de la plataforma era poner en marcha la rehabilitación, como así se consiguió, si bien Juan Salido, que llegó a la presidencia de la misma de la mano del recordado obispo Juan del Río, decidió retirarse "discretamente" de ella cuando llegó al frente del obispado José Mazuelos. Y si bien ya no disfrutó de la apertura de Santiago desde la plataforma, sí lo hizo como un jerezano más.

Aquel día fue un 23 de julio de 2016. Se habían cumplido más de once años de cierre del histórico templo. Pero la sensación entonces no solo fue que Santiago volvía a reabrirse al culto. Se cerraba también más de una década sin el principal motor del barrio.

"El barrio se denigró en el momento en que la iglesia se cierra"

Mercedes Narbona lleva más de cuatro décadas vinculada a Santiago. No duerme en el barrio, pero vive en él. Su escuela de cerámica de la calle Cantarería lleva abierta desde los años 80, lo que le ha permitido contemplar los cambios producidos alrededor del templo. Mercedes, además, es presidenta de la asociación Unidos por Santiago, creada con el objetivo de revitalizar y proteger el barrio.

Para ella, Santiago siempre ha sido mucho más que un templo. "Aquí hay diferentes religiones, pero la parroquia es el alma de Santiago seas o no cristiano", afirma sin dudarlo. Y lo es, sostiene, "por su ubicación, por su visibilidad y por las calles" que la rodean.

  • Interior de Santiago, con el monumental cuadro dedicado al apóstol, obra del pintor José María Rodríguez de Losada.
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Por eso, desde su punto de vista, el cierre tuvo consecuencias que fueron mucho más allá. "Supuso mucha tristeza y más por la incertidumbre y las malas noticias que había de si se iba a alargar o no la obra, porque a veces parecía que se iba a caer de un momento a otro", recuerda.

El deterioro del templo coincide, además, con un periodo complicado para el barrio. "Se cierran comercios, bares... el barrio se denigró en el momento en que la iglesia se cierra", recuerda. "Desde que se abrió, no tiene nada que ver", añade.

A aquella pérdida de actividad se suma durante esos años la situación generada en la calle Nueva tras la llegada, en 2011, de un grupo procedente de Jaén que ocupa un bloque de viviendas y que genera problemas de convivencia y delincuencia que denuncian los vecinos del barrio. Mercedes los recuerda con el apelativo de los "canasteros", que es el mote que les habían dado los vecinos históricos del barrio. "Mis gitanos –dice con cariño– no querían compararse con ellos".

  • Una imagen del templo.
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Si bien esas personas abandonaron el barrio hace tiempo y, de hecho, explica Narbona, el inmueble ha pasado a manos de una empresa inversora extranjera, no es menos cierto que contribuyeron durante un tiempo a deteriorar la imagen de un barrio y del "gitano de Jerez, que representa arte, convivencia y respeto y ellos no tenían nada de eso".

Afortunadamente, la percepción de Santiago, asegura, también está cambiando. "Antes solo se hablaba en prensa de los canasteros esos, ahora se habla de la Velá, de iniciativas como Sabadearte y del montón de actividades que llevamos a cabo desde Unidos por Santiago".

Diez años después, Santiago mira al futuro

Si bien la reapertura del templo no ha resuelto todos los problemas del barrio –Mercedes habla de problemas de retiradas de residuos y enseres en el entorno de los contenedores de basura, de locales comerciales y solares vacíos y, sobre todo, de escasez de vivienda–, también considera que "nos ha dado todo lo que perdió el barrio", afirma en relación al trasiego de personas, del movimiento alrededor de la iglesia y de la apertura de nuevos negocios en su entorno. "Solamente con el tráfico alrededor ya da otra vida a la zona".

  • Mercedes Narbona, frente a la puerta de Santiago que da al Angostillo.
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En este sentido, comenta que el templo ha recuperado su lugar en la vida diaria de Santiago, y aporta una escena como ejemplo: "El otro día, en hora de misa, estaban las puertas abiertas que dan al Angostillo y vi que estaba llena y con mucha gente joven".

Considera además que "Santiago ahora mismo es un barrio con mucho futuro, con mucha esperanza y muchos planes" y recuerda que la asociación que preside trabaja además por estrechar la relación con los vecinos y las hermandades, algo que se refleja, por ejemplo, en cómo se adornan las calles con flores y mantoncillos durante la Velá.

Santiago tiene su iglesia, parte de la muralla, bodegas, patios de vecinos y el flamenco como gran seña de identidad. "Es que tenemos de todo", presume Mercedes. Por eso cree que, cuando se hable de Santiago en unos años, la percepción del barrio será diferente. "Yo estoy convencida de que Santiago está de moda y va a crecer muchísimo".

Por eso, más allá de que el turismo aflore en forma de apartamentos turísticos, algo de lo que "no estoy en contra, porque es otra forma de ganarse la vida para los que son propietarios", Mercedes reconoce que "nosotros apostamos por el vecino que vive todo el año. Nos encantaría que a Santiago volvieran los vecinos antiguos".

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