Cádiz

La historia detrás de un tango

Se cumplen 114 años desde la aparición de los famosos duros antiguos en la costa gaditana, anécdota que inspiró a 'El Tío de la Tiza' a componer uno de los himnos de Cádiz y su Carnaval

La ciudad amanecía engalanada, al igual que hoy. Ha pasado más de un siglo y hay tradiciones tan arraigadas y ancladas al pasado que no han cambiado en absoluto, ni tienen intención alguna de hacerlo. Aquel 3 de junio de 1904 era jueves de Corpus y festivo. En el año 1989, por acuerdo del Gobierno con la conferencia episcopal, la festividad del Corpus fue trasladada al domingo siguiente, de forma que el jueves pasaba a ser día laborable. Pero hasta ese momento se respetaba el calendario católico a rajatabla. A Cádiz llegó ese día gente de las localidades vecinas para disfrutar, además de la procesión, de una novillada que se celebraba aquel día. Más tradiciones descompasadas de la historia. Las calles se vistieron de fiesta para la ocasión, sin saber que la fecha sería mucho más memorable de lo esperado.  

Pero mientras algunos se enfundaban su ropa nueva, ya que el protocolo social gaditano para este día decía que había que estrenar ropa y zapatos, otros seguían faenando. Era el caso de los trabajadores de la Almadraba de Hércules, que estaba situada al final del barrio de San José. Cada año, llegada esta fecha, los atunes forman su ejército, después de que el frío les golpeara las espinas en las aguas del Norte, y comienzan su ruta migratoria hasta el Mediterráneo en busca de un entorno más cálido donde desovar. Es por ello que aquel 3 de junio los pescadores estaban en la playa, excavando para enterrar las cabezas y los desperdicios de los atunes capturados. Cuando tenían una zanja aproximadamente de medio metro en la arena, aparecieron los primeros de aquellos duros antiguos 

Cuando tenían una zanja aproximadamente de medio metro en la arena, aparecieron los primeros de aquellos duros antiguos 

Se trataba de unas monedas de plata, “acuñadas en la ceca de México, la mayoría de ellas fechadas en 1754 y otras de 1753 y 1755, llamadas de ambos mundos o duros columnarios”, según explica el periodista e investigador gaditano, Javier Osuna. Rápidamente la noticia se hizo eco entre los vecinos y poco a poco comenzaron a llegar a la playa equipados con picos, palas y otros instrumentos para cavar en la arena. “Las zanjas se cavaron en la chanca con el personal de la almadraba y otras personas del barrio de San José, cuyos pobladores fueron siempre expertos mariscadores, acostumbrados también a realizar búsqueda de monedas; actividades características que, por cierto, aún perduran allí”, continúa Osuna.  

Pescadores faenando en la Almadraba de Hércules, en una fotografía de Ramón Muñoz.

¿Quién encontró los duros? Pues no fue un gaditano, sino un gallego. Éste dio aviso a uno de los socios de la almadraba, José Zarandieta y a los carabineros. Pero no sirvió de mucho, ya que se corrió la voz y algunos de los pescadores y vecinos del barrio aprovecharon para abrir nuevas zanjas en busca de más monedas. España atravesaba una mala situación económica desde el Desastre del 98, y Cádiz nunca ha dejado de estar en crisis. Según podía leerse en la Edición de tarde de Diario de Cádiz de ese día, “uno de los que encontraron duros tiene siete hijos y hace pocos días que su mujer dio a luz a dos más”.  

A finales de los años 60, uno de los gaditanos que vivió en primera persona la historia de los duros, contaba a Diario de Cádiz su experiencia. José, que así se llamaba, recordaba que hubo un temporal de poniente que hizo varios desperfectos en la zona, llegando a derribar uno de los muros de la almadraba. Según este testimonio, no fue un pescador enterrando los desperdicios del atún quién halló las monedas, sino los albañiles que se encontraban arreglando los estragos del temporal. Contaba que el dueño de la almadraba dijo que aquella parcela de playa le pertenecía, y sólo dejó que los vecinos que acudieron escarbaran fuera de su terreno. “¡Todo el mundo estaba más contento! Claro que con aquellos duros no se podía comprar nada, porque eran antiguos. Pero yo no sé de dónde salió un judío que se puso en la Victoria y compraba los duros a catorce reales. También una mujer que le decían La Gallega de la casa amarilla, en la esquina de Trille, los compraba, pero a tres pesetas”, narraba José al medio. “Yo cogí hasta siete duros y se los cambié al judío. Con el dinero le regalé a mi madre los avíos de un puchero, me compré unas alpargatas y una entrada para los toros. Con eso me sentía feliz. No necesitaba más y no cogí más duros”. 

 “Yo cogí hasta siete duros y se los cambié al judío. Con el dinero le regalé a mi madre los avíos de un puchero, me compré unas alpargatas y una entrada para los toros”

A día de hoy aún se desconoce con exactitud cuál era la procedencia de aquellas monedas. Según el periodista de la época, Guillermo Laurín, los duros procedían del navío de guerra inglés Defiance, hundido tras la batalla de Trafalgar en 1805. Según Francisco Briceño, se trataba del botín del barco pirata Defensor de Pedro, cuyos tripulantes fueron ajusticiados a principios del siglo XIX en la ciudad. También se llegó a decir que el dinero fue enterrado por los Jesuitas cuando fueron desterrados de España. Tampoco se pudo concretar el número de monedas aparecidas. Muchos periódicos y revistas de tirada nacional cubrieron la noticia, como fue el caso de La Justicia, El Liberal, ABC, El Heraldo de Madrid, Nuevo Mundo o La Comarca.

Después de que todo esto ocurriera, Antonio Rodríguez, El Tío de la Tiza, compondría el famosísimo tango que llevaría en 1905 su coro Los anticuarios. “Sigue siendo la melodía de tango más conocida de toda la larga historia del Carnaval gaditano y de la que se han hecho el mayor número de versiones; no solamente por una gran cantidad de artistas flamencos, sino por grupos, orquestas sinfónicas y conjuntos musicales de lo más variopinto del panorama musical español, incluso en la órbita del cine de corte folklórico del régimen de España, con películas como Habaneras, con Lola Sevilla, o Tómbola de Marisol”, expone Javier Osuna. A día de hoy, la letra de El Tío de la Tiza se ha convertido en himno oficioso de Cádiz y su Carnaval. 

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