Algunas y algunos siempre hemos pensado que el andalucismo político era de izquierdas o no era, o más bien que si no se consideraba dentro de las izquierdas sería un regionalismo más o menos derechizado. Entendíamos que el andalucismo pregonado por Infante y sus correligionarios y que después fue recuperado en la transición de la mano de ideólogos como José Aumente. José M.ª de los Santos o José Acosta, era y es una clara ideología transformadora y liberadora, no conservadora.
Algunas y algunos siempre hemos pensado que los andaluces y andaluzas, en general, tienen una fuerte identidad propia, basada en una potente cultura, no sólo histórica y global sino popular, que marca una forma de ser y de vivir no estandarizada y que es reconocida externamente sin ninguna duda. Son numerosas las expresiones culturales andaluzas que configuran singulares marcadores identitarios como bien demuestra el profesor Isidoro Moreno, entre otros.
Algunas y algunos siempre hemos pensado que el hecho diferencial andaluz de los últimos dos siglos se basa en una situación de dependencia económica como patio trasero de regiones y estados desarrollados que nos relegan a zona de sacrificio. En palabras de Manuel Delgado Cabeza: “Andalucía es una región dependiente en tanto que su economía no posee una dinámica propia; porque su estructura económica está subordinada a las necesidades del proceso de acumulación en las economías dominantes… así pues el motor de la economía andaluza y sus resortes impulsores se sitúan fuera de Andalucía”.
Algunas y algunos siempre hemos pensado que el pueblo andaluz necesitaba y necesita una herramienta política y partidaria propia para conseguir un poder autocentrado que consiga liberar a Andalucía de sus cadenas y sus dolores. En palabras de José Aumente: “… un partido nacionalista como la expresión organizativa del pueblo; o mejor, como el pueblo organizado; como instrumento del mismo… Sólo una soberanía política es capaz de formular y ejecutar una nueva línea económica, decidida desde dentro, incluidas las acciones conducentes a no ser pisoteados.”.
Algunas y algunos siempre hemos pensado que el partido que en la transición encauzó el sentimiento andalucista dejó de ser útil a Andalucía demasiado pronto envuelto en ataques externos e internos y ambigüedades calculadas que lo llevaron a ser más un problema que una solución. Y también pensábamos que para cambiar el resultado el camino no se podía hacer igual sino de una manera totalmente diferente.
Algunas y algunos siempre hemos pensado que existía un espacio para un proyecto andalucista nuevo, fresco y netamente de izquierdas que conectara con un espacio electoral potencial que siempre, con mayor o menor relevancia, ha quedado reflejado en las encuestas sociológicas realizadas en nuestra Comunidad.
Algunas y algunos pensábamos que en el primer cuarto del s XXI las campañas electorales tenían que ser diferentes, más bien totalmente diferentes a las usadas hasta el momento y que no sólo se debían basar en las famosas redes sociales sino también en la presencia en las calles en conexión con los problemas de la gente y trabajando desde las instituciones siempre desde la coherencia y la honestidad.
Muchas y muchos estamos muy satisfechas porque Andalucía vuelva a tener una izquierda andalucista fuerte que lleve la voz de la gente trabajadora, de la gran mayoría social, a las instituciones y que pronto lleve el poder popular andaluz a la Carrera de San Jerónimo y a decenas de consistorios. El Andalucismo está muy vivo, y este sólo es el comienzo.
Algunas y algunos siempre hemos pensado que el andalucismo político era de izquierdas o no era, o más bien que si no se consideraba dentro de las izquierdas sería un regionalismo más o menos derechizado. Entendíamos que el andalucismo pregonado por Infante y sus correligionarios y que después fue recuperado en la transición de la mano de ideólogos como José Aumente. José M.ª de los Santos o José Acosta, era y es una clara ideología transformadora y liberadora, no conservadora.
Algunas y algunos siempre hemos pensado que los andaluces y andaluzas, en general, tienen una fuerte identidad propia, basada en una potente cultura, no sólo histórica y global sino popular, que marca una forma de ser y de vivir no estandarizada y que es reconocida externamente sin ninguna duda. Son numerosas las expresiones culturales andaluzas que configuran singulares marcadores identitarios como bien demuestra el profesor Isidoro Moreno, entre otros.
Algunas y algunos siempre hemos pensado que el hecho diferencial andaluz de los últimos dos siglos se basa en una situación de dependencia económica como patio trasero de regiones y estados desarrollados que nos relegan a zona de sacrificio. En palabras de Manuel Delgado Cabeza: “Andalucía es una región dependiente en tanto que su economía no posee una dinámica propia; porque su estructura económica está subordinada a las necesidades del proceso de acumulación en las economías dominantes… así pues el motor de la economía andaluza y sus resortes impulsores se sitúan fuera de Andalucía”.
Algunas y algunos siempre hemos pensado que el pueblo andaluz necesitaba y necesita una herramienta política y partidaria propia para conseguir un poder autocentrado que consiga liberar a Andalucía de sus cadenas y sus dolores. En palabras de José Aumente: “… un partido nacionalista como la expresión organizativa del pueblo; o mejor, como el pueblo organizado; como instrumento del mismo… Sólo una soberanía política es capaz de formular y ejecutar una nueva línea económica, decidida desde dentro, incluidas las acciones conducentes a no ser pisoteados.”.
Algunas y algunos siempre hemos pensado que el partido que en la transición encauzó el sentimiento andalucista dejó de ser útil a Andalucía demasiado pronto envuelto en ataques externos e internos y ambigüedades calculadas que lo llevaron a ser más un problema que una solución. Y también pensábamos que para cambiar el resultado el camino no se podía hacer igual sino de una manera totalmente diferente.
Algunas y algunos siempre hemos pensado que existía un espacio para un proyecto andalucista nuevo, fresco y netamente de izquierdas que conectara con un espacio electoral potencial que siempre, con mayor o menor relevancia, ha quedado reflejado en las encuestas sociológicas realizadas en nuestra Comunidad.
Algunas y algunos pensábamos que en el primer cuarto del s XXI las campañas electorales tenían que ser diferentes, más bien totalmente diferentes a las usadas hasta el momento y que no sólo se debían basar en las famosas redes sociales sino también en la presencia en las calles en conexión con los problemas de la gente y trabajando desde las instituciones siempre desde la coherencia y la honestidad.
Muchas y muchos estamos muy satisfechas porque Andalucía vuelva a tener una izquierda andalucista fuerte que lleve la voz de la gente trabajadora, de la gran mayoría social, a las instituciones y que pronto lleve el poder popular andaluz a la Carrera de San Jerónimo y a decenas de consistorios. El Andalucismo está muy vivo, y este sólo es el comienzo.
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