Hay momentos en que el regate corto del partidismo resulta sencillamente abstracto: la defensa inquebrantable de nuestra España constitucional no admite cobardías sino una defensa estricta y firme. La reciente sesión de control en el Parlamento de Andalucía no fue un trámite burocrático más; fue un auténtico golpe de autoridad institucional frente a la irrelevancia a la que se pretende condenar a las autonomías de lealtad probada por parte de un Sanchismo de lista de reproducción.
Cuando el presidente Juanma Moreno miró a la bancada y soltó con todas las letras que la cámara andaluza "también va a ser el Parlamento de Ceuta", no estaba buscando el aplauso fácil ni vendiendo humo para el informativo de la noche. Estaba agarrando por la solapa al mismísimo Artículo 2 de la Constitución Española, que establece la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas para engarzarlo con el rigor que exige el Artículo 228 de nuestro Estatuto de Autonomía para Andalucía, que nos manda con meridiana claridad mantener relaciones especiales de colaboración, cooperación y asistencia con la Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla.
Que nadie se llame a engaño: defender a Ceuta desde Andalucía no es ni una injerencia de vía estrecha ni una maniobra de distracción. Es el deber moral de quien no se arruga. Es la prueba incontestable de que Andalucía, por historia, por empaque y por orgullo, ejerce sin complejos el papel que le corresponde: ser el dique de contención e indisoluble pilar de la unidad de España.
Ceuta atraviesa una crisis sin precedentes. Los andaluces nos sentimos heridos e impotentes al comprobar cómo se le ha arrebatado la libertad a Ceuta mientras el presidente del Gobierno de España, su Sanchidad, no ha movido un solo dedo para evitarlo. Esto no ocurre en una frontera lejana: está pasando hoy en España y en el corazón de la Unión Europea. Ante un Sanchismo que no está a la altura de sus responsabilidades más elementales, el gobierno andaluz ejecutivo y su cámara autonómica legislativa dan un paso al frente para recordar una verdad incuestionable: la defensa del interés general de todos los españoles está por encima de todo.
Pero dentro de la propia cámara legislativa resulta lamentable la actitud de la izquierda autonómica en la tribuna andaluza. En lugar de cerrar filas con una ciudad hermana y defender a la nación, las izquierdas prefirieron actuar como parapeto de las políticas Sanchistas, por un lado, intentando frenar el debate y silenciar la situación y por otro tirando balones fuera. Su ceguera ideológica les impide entender un principio básico: Ceuta y Melilla son españolas con plenitud de derechos, y la estabilidad de las fronteras en el norte de África es parte indisoluble de la propia realidad andaluza.
Andalucía y Ceuta comparten lazos históricos, humanos y económicos inquebrantables. Mientras el Gobierno central de Pedro Sánchez abandona a sus ciudadanos por puro cálculo político, el presidente Juanma Moreno ejerce el liderazgo institucional que la situación exige, convirtiendo la cámara autonómica en el gran altavoz de una tierra olvidada por la Moncloa. Frente a la desidia estatal y el sesgo partidista, el Parlamento de Andalucía demuestra que es un Parlamento con altura de Estado.
Hay momentos en que el regate corto del partidismo resulta sencillamente abstracto: la defensa inquebrantable de nuestra España constitucional no admite cobardías sino una defensa estricta y firme. La reciente sesión de control en el Parlamento de Andalucía no fue un trámite burocrático más; fue un auténtico golpe de autoridad institucional frente a la irrelevancia a la que se pretende condenar a las autonomías de lealtad probada por parte de un Sanchismo de lista de reproducción.
Cuando el presidente Juanma Moreno miró a la bancada y soltó con todas las letras que la cámara andaluza "también va a ser el Parlamento de Ceuta", no estaba buscando el aplauso fácil ni vendiendo humo para el informativo de la noche. Estaba agarrando por la solapa al mismísimo Artículo 2 de la Constitución Española, que establece la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas para engarzarlo con el rigor que exige el Artículo 228 de nuestro Estatuto de Autonomía para Andalucía, que nos manda con meridiana claridad mantener relaciones especiales de colaboración, cooperación y asistencia con la Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla.
Que nadie se llame a engaño: defender a Ceuta desde Andalucía no es ni una injerencia de vía estrecha ni una maniobra de distracción. Es el deber moral de quien no se arruga. Es la prueba incontestable de que Andalucía, por historia, por empaque y por orgullo, ejerce sin complejos el papel que le corresponde: ser el dique de contención e indisoluble pilar de la unidad de España.
Ceuta atraviesa una crisis sin precedentes. Los andaluces nos sentimos heridos e impotentes al comprobar cómo se le ha arrebatado la libertad a Ceuta mientras el presidente del Gobierno de España, su Sanchidad, no ha movido un solo dedo para evitarlo. Esto no ocurre en una frontera lejana: está pasando hoy en España y en el corazón de la Unión Europea. Ante un Sanchismo que no está a la altura de sus responsabilidades más elementales, el gobierno andaluz ejecutivo y su cámara autonómica legislativa dan un paso al frente para recordar una verdad incuestionable: la defensa del interés general de todos los españoles está por encima de todo.
Pero dentro de la propia cámara legislativa resulta lamentable la actitud de la izquierda autonómica en la tribuna andaluza. En lugar de cerrar filas con una ciudad hermana y defender a la nación, las izquierdas prefirieron actuar como parapeto de las políticas Sanchistas, por un lado, intentando frenar el debate y silenciar la situación y por otro tirando balones fuera. Su ceguera ideológica les impide entender un principio básico: Ceuta y Melilla son españolas con plenitud de derechos, y la estabilidad de las fronteras en el norte de África es parte indisoluble de la propia realidad andaluza.
Andalucía y Ceuta comparten lazos históricos, humanos y económicos inquebrantables. Mientras el Gobierno central de Pedro Sánchez abandona a sus ciudadanos por puro cálculo político, el presidente Juanma Moreno ejerce el liderazgo institucional que la situación exige, convirtiendo la cámara autonómica en el gran altavoz de una tierra olvidada por la Moncloa. Frente a la desidia estatal y el sesgo partidista, el Parlamento de Andalucía demuestra que es un Parlamento con altura de Estado.
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