En las paginas más oscuras y trágicas de la historia más reciente queda aquella noche de los cristales rotos de noviembre de 1938 en la que paramilitares nazis atacaron a los judíos en Alemania, Austria y la antigua Checoslovaquia. Resulta paradójico al tiempo que incomprensible que el actual primer ministro israelí en su deriva autoritaria haya establecido contactos con el Partido de la Libertad austriaco, una organización fundada por antiguos miembros de las SS, responsables en gran parte del genocidio judío en la segunda guerra mundial.
Pero la sorpresa es relativa si nos atenemos al acuerdo de la cumbre de Patriots.eu, la internacional de extrema derecha liderada por Abascal, de acoger en su seno al Likud, el partido del primer ministro israelí. Pronto ha olvidado Netanyahu aquella noche de los cristales rotos que tanto daño causó al pueblo judío y que marcó el inició del genocidio por parte del nazismo imperante en aquellos años.
Hay quienes piensan que en nuestro país empezamos a sentar las bases para que los tiempos venideros terminen siendo tiempos de cristales rotos. De la ruptura de la convivencia política y probablemente provocada por ello hemos pasado a la ruptura de la convivencia social e incluso en algunas situaciones de la convivencia familiar. La llegada de miles de migrantes a Ceuta a finales del mes de julio se ha convertido en el eje en torno al cual gira no solo el debate político sino hasta las conversaciones en otro tiempo agradables de la barra del bar.
Hay mucha gente empeñada en repartir carnets de buenos y malos españoles dependiendo de que tu opinión sobre lo ocurrido en la Ciudad Autónoma responda a sus planteamientos o difieran de ellos. Y a este peligro de que te señalen públicamente no escapan ni las estrellas del futbol como ha ocurrido con Mbappé, Vinicius y Konaté que cometieron el pecado de no comulgar con las ruedas de molino de lucir las camisetas que unos empresarios valencianos querían que lucieran. Y es que según han explicado ellos la solidaridad debe llegar también a las otras víctimas, los migrantes que malviven por las calles y parque de Ceuta.
Por medio hay quienes se creen, por su supuesta condición de buen español, con derecho a agredir periodistas o a cazar migrantes más allá de la agresión verbal permanente contra todos quienes piensan de manera distinta a ellos. Desde los estertores de la dictadura y el inicio de la transición, cuando los grupos fascistas campaban a sus anchas por la España prodemocrática, no se recuerda un envalentonamiento de la extrema derecha y la derecha extrema como el que estamos viviendo.
Convendría que las instituciones democráticas tomaran las medidas de autoprotección necesarias ante tanto político descerebrado y también ante oportunistas que no quieren ser conscientes de que empezamos a vivir tiempos de cristales rotos.
En las paginas más oscuras y trágicas de la historia más reciente queda aquella noche de los cristales rotos de noviembre de 1938 en la que paramilitares nazis atacaron a los judíos en Alemania, Austria y la antigua Checoslovaquia. Resulta paradójico al tiempo que incomprensible que el actual primer ministro israelí en su deriva autoritaria haya establecido contactos con el Partido de la Libertad austriaco, una organización fundada por antiguos miembros de las SS, responsables en gran parte del genocidio judío en la segunda guerra mundial.
Pero la sorpresa es relativa si nos atenemos al acuerdo de la cumbre de Patriots.eu, la internacional de extrema derecha liderada por Abascal, de acoger en su seno al Likud, el partido del primer ministro israelí. Pronto ha olvidado Netanyahu aquella noche de los cristales rotos que tanto daño causó al pueblo judío y que marcó el inició del genocidio por parte del nazismo imperante en aquellos años.
Hay quienes piensan que en nuestro país empezamos a sentar las bases para que los tiempos venideros terminen siendo tiempos de cristales rotos. De la ruptura de la convivencia política y probablemente provocada por ello hemos pasado a la ruptura de la convivencia social e incluso en algunas situaciones de la convivencia familiar. La llegada de miles de migrantes a Ceuta a finales del mes de julio se ha convertido en el eje en torno al cual gira no solo el debate político sino hasta las conversaciones en otro tiempo agradables de la barra del bar.
Hay mucha gente empeñada en repartir carnets de buenos y malos españoles dependiendo de que tu opinión sobre lo ocurrido en la Ciudad Autónoma responda a sus planteamientos o difieran de ellos. Y a este peligro de que te señalen públicamente no escapan ni las estrellas del futbol como ha ocurrido con Mbappé, Vinicius y Konaté que cometieron el pecado de no comulgar con las ruedas de molino de lucir las camisetas que unos empresarios valencianos querían que lucieran. Y es que según han explicado ellos la solidaridad debe llegar también a las otras víctimas, los migrantes que malviven por las calles y parque de Ceuta.
Por medio hay quienes se creen, por su supuesta condición de buen español, con derecho a agredir periodistas o a cazar migrantes más allá de la agresión verbal permanente contra todos quienes piensan de manera distinta a ellos. Desde los estertores de la dictadura y el inicio de la transición, cuando los grupos fascistas campaban a sus anchas por la España prodemocrática, no se recuerda un envalentonamiento de la extrema derecha y la derecha extrema como el que estamos viviendo.
Convendría que las instituciones democráticas tomaran las medidas de autoprotección necesarias ante tanto político descerebrado y también ante oportunistas que no quieren ser conscientes de que empezamos a vivir tiempos de cristales rotos.
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