Spider-Bético está acostumbrado a que la gente lo reconozca. Su traje de Spider-Man con los colores del Betis se ha convertido en su particular manera de vivir el fútbol y en una imagen habitual entre la afición verdiblanca. Más de 10.000 personas siguen sus contenidos y, detrás del personaje, hay también una familia que lleva años buscando la manera de compartir el ocio con Pedro, su hermano de 43 años.
Pedro tiene trastorno del espectro autista y un grado 3 de autismo. El fútbol forma parte de su entorno, aunque no lo vive necesariamente con la misma pasión que su hermano. Hay cosas que conoce y otras que disfruta de una manera diferente. El problema aparece cuando el ruido, las voces y la cantidad de estímulos de un estadio pueden convertir una tarde de partido en una experiencia difícil de gestionar.
Por eso, cuando surgió la posibilidad de acudir a la sala sensorial del Real Betis en La Cartuja, decidieron probarla. No era la primera vez que el club ponía en marcha este recurso —ya funcionaba en el Benito Villamarín—, pero sí la primera que Pedro y su hermano entraban en ella. El resultado fue una tarde de fútbol compartida y una conclusión que su hermano resume así: "Es una forma de poder disfrutar del fútbol sin dejar de lado a nuestro familiar".
Del traje de Spider-Man a una tarde distinta en La Cartuja
La sala sensorial está pensada precisamente para que personas como Pedro puedan disfrutar de su equipo. Se encuentra entre las gradas y dispone de un espacio acristalado desde el que se puede ver el terreno de juego. Está acondicionada acústicamente para reducir considerablemente el ruido del exterior, aunque sin aislarlo por completo. "Puedes escuchar todavía el ruido del campo y las cosas, pero evidentemente con una reducción de ruido bastante considerable", explica a lavozdelsur.es.

- Pedro en la sala sensorial de La Cartuja.
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Para una persona con hipersensibilidad auditiva, la diferencia es importante. Un estadio lleno puede convertirse en una suma de sonidos difícil de soportar. Dentro de la sala, el ambiente continúa siendo el de un partido, pero con la posibilidad de controlar mejor la intensidad de los estímulos.
La experiencia también tiene algo paradójico: estar apartado del ruido no significa estar apartado de la grada. Desde fuera, los aficionados pueden saludar a quienes están dentro. "Muchas veces saludan a los chicos desde la grada como si estuviesen, como si formasen parte de ella", explica Yolanda Plaza, de la Fundación Real Betis.
Pedro vive el fútbol de otra manera
En la sala coincidieron niños pequeños, adolescentes y adultos. El espectro autista es amplio y las necesidades de cada persona también lo son. Pedro, con 43 años, compartió aquel espacio con familias que habían llegado al estadio por motivos parecidos.
Su hermano explica que Pedro conoce el fútbol, pero que no siente por él la misma pasión. Puede disfrutar del hecho de acudir a un acontecimiento, de encontrarse en un lugar con gente y de entender que allí está pasando algo, aunque el resultado del partido no sea lo que más le importe.
Para quien sí es aficionado al fútbol, esa diferencia no tiene por qué convertirse en un impedimento. "A lo mejor al fútbol no le echan tanta cuenta; les gusta lo que es la situación, el hecho de ir a un sitio donde hay gente", explica. La sala permite precisamente que ambas experiencias puedan convivir.
Mientras Pedro podía estar en el estadio sin enfrentarse a todo el impacto sonoro de las gradas, su hermano podía seguir el partido. Para las familias, eso tiene un valor que va más allá de los 90 minutos. "Es una forma que podemos tener de disfrutar del fútbol sin dejar de lado a nuestro familiar", insiste Spider-Bético.
El gol del Betis también se celebra, aunque con cuidado
Hay una prueba que cualquier sala sensorial de un estadio tiene que superar: qué ocurre cuando marca el equipo local. Porque un gol del Betis no suele ser precisamente silencioso. Las manos se levantan, los aficionados gritan, se abrazan y durante unos segundos el volumen se dispara. En la sala sensorial, sin embargo, la celebración también necesita cierta adaptación.
Durante el partido hubo una ocasión especialmente clara. Algunos de los presentes reaccionaron levantando los brazos y elevando algo el tono. Uno de los niños comenzó a molestarse. "Nos callamos un poquito", recuerda Spider-Bético. Cuando llegó el gol, la emoción volvió a aparecer. Hubo manos levantadas y abrazos, pero intentando contener el volumen. "Muchos abrazos, pero intentando que no subiesen los decibelios", explica. Es una escena pequeña, pero resume bien el funcionamiento de aquel espacio: no se elimina la pasión, se intenta hacer compatible con quienes necesitan vivirla de otra manera.

- Un niño bético disfruta del partido gracias a la sala sensorial de La Cartuja.
Una sala que ya funcionaba en el Villamarín
La sala sensorial de La Cartuja no nace ahora. El Betis ya contaba con este servicio en el Benito Villamarín, donde se puso en funcionamiento como primera sala de estas características entre clubes de LaLiga. El traslado temporal del equipo por las obras del estadio hizo que el recurso se trasladara también.
La Fundación calcula que más de 300 o 400 personas podrían haber utilizado las salas desde que comenzaron a funcionar, aunque el recuento de beneficiarios se ha empezado a contabilizar de manera específica ahora. En La Cartuja permanecerá operativa hasta que el Betis regrese a Heliópolis.

- Así es la sala sensorial para personas con autismo de El Betis.
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Yolanda Plaza explica que la iniciativa forma parte de una política de accesibilidad que intenta acompañar a la persona desde que decide acudir al partido. Las entradas se gestionan a través de Capacita, el departamento de atención al aficionado con discapacidad, y los voluntarios pueden acompañar a las familias desde su llegada al estadio hasta la sala.
"Intentamos que desde el principio, desde que llegas, estés acompañado", señala. La intención es reducir también la incertidumbre que puede producir enfrentarse a un espacio multitudinario y desconocido.
Un espacio para el aficionado, pero también para quien le acompaña
La sala tiene capacidad para 16 personas: ocho aficionados con discapacidad y sus acompañantes. En los partidos de Liga de Clase B, la entrada cuesta 15 euros con acompañante incluido. En encuentros de otras categorías, Copa del Rey y competiciones europeas, las condiciones dependen de la disponibilidad y del precio establecido para cada partido.
También existe una pequeña habitación independiente, el llamado "espacio de la calma". Si alguien necesita apartarse del grupo durante unos minutos, puede hacerlo allí acompañado por su familiar y continuar viendo el terreno de juego.
Para las familias, explica Plaza, ese tipo de recursos pueden cambiar algo tan cotidiano como una tarde de ocio. Recuerda especialmente a un padre que llegó a llorar cuando entró en la sala porque no podía creer que pudiera ver un partido de su equipo favorito junto a su hijo.

- Un niño utiliza los juguetes sensoriales en la sala especial de El Betis en La Cartuja.
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Ese es el punto que también destaca el hermano de Pedro. Las familias de personas con discapacidad pasan buena parte del tiempo buscando alternativas para que sus familiares puedan participar en actividades que para otros resultan normales. Cuando una infraestructura ya está preparada, una parte de ese esfuerzo desaparece.
"Que sea el Betis quien lo haga también genera orgullo"
Para Spider-Bético, además, la experiencia tiene una segunda dimensión. Él y su familia son béticos. Que sea su propio club el que haya desarrollado este servicio añade un componente especial a una iniciativa que ya consideran importante. La Fundación Real Betis cuenta actualmente con más de 1.700 aficionados con discapacidad y unos 3.000 voluntarios a nivel de club, según explica Plaza. En La Cartuja, además, el estadio presenta determinadas dificultades de accesibilidad propias de una infraestructura que no depende completamente del Betis, pero el club intenta compensarlas mediante el acompañamiento y los recursos disponibles.

- Pedro, durante el partido Betis- Real Madrid, en la sala sensorial de La Cartuja.
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Su hermano considera que el fútbol tiene una responsabilidad particular por el alcance que posee. "Debería ser la norma y no lo es", señala al hablar de la existencia de espacios como este. Su deseo es que iniciativas similares terminen extendiéndose a otros clubes y a aficionados de cualquier equipo.
El acuerdo con Autismo Sevilla también facilita el acceso. La asociación recibe tres entradas por partido para que sus usuarios puedan asistir a los encuentros del Betis como local y utilizar este recurso. La sala, además, podrá ser utilizada por la Real Federación Española de Fútbol en los partidos que organice en La Cartuja.
El partido termina, pero la sala deja otra imagen del fútbol
Pedro puede que no recuerde aquel partido por el resultado, a pesar de que ganaron. Pero su hermano sí puede recordar que estuvieron allí juntos, que hubo un gol, que hubo abrazos y que hubo que bajar un poco el volumen para que todos pudieran seguir disfrutando.
También queda la imagen de un estadio donde miles de personas viven el fútbol a gritos, un grupo de aficionados celebra dentro de una sala intentando encontrar el equilibrio entre su pasión y las necesidades de quienes tienen alrededor.
Spider-Bético seguirá siendo reconocible entre la afición por su traje de Spider-Man y sus colores verdiblancos. Pero aquella tarde, detrás del personaje, hubo algo más sencillo: un hermano llevando a otro al fútbol y descubriendo que también había un sitio para él.
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