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Opinión

Tirar la escalera (la edad no es solo un número)

Nadie ni nada puede herirnos sin nuestro permiso. Eso dicen. Cumplir años es una liberación y no estamos más cerca de la muerte que nadie porque, como ya sabemos, la parca no distingue entre viejos y jóvenes cuando se encapricha de algún mortal

  • Dos personas mayores. -

La edad no es solo un número. Los años vividos cuentan, para ti y para los demás. ¿Cuántos años tienes? Es la pregunta más formulada de la historia de la humanidad. Cuantos más cumplimos, menos ganas de responder a una pregunta cuya respuesta desencadena expresiones que, aparentemente amables, no nos gustan: “¿Si? ¿Tantos? Pues no los aparentas para nada”, lo que bien podría traducirse en: “Estás muy bien para lo vieja que eres”, “ya juegas en otra categoría”, y un largo etcétera de ideas retorcidas que te vienen a la cabeza teniendo en cuenta que eres una sobrepensadora, ansiosa y seguramente TDH adulta sin diagnosticar.

Si la edad solo es un número , ¿por qué ese afán de clasificar y etiquetar con un dígito que va del 0 al infinito a toda perra quisqui que sobrepase los 40? ¿Por qué nos importa tanto el número de años vividos de un compañero de trabajo, de una profesora o de un deportista? ¿Qué hay detrás de tanta curiosidad por los tiempos vividos del prójimo en una era en la que seguimos buscando la fuente de la eterna juventud como si fuera el santo grial?

Tus órganos internos, tu piel, tus huesos, tu musculatura, toda tú sufre el paso del tiempo que cuantificamos, medimos y aplicamos sin piedad, sobre todo a las mujeres que pecamos por envejecer. Pero no nos victimicemos. Nadie ni nada puede herirnos sin nuestro permiso. Eso dicen. Cumplir años es una liberación y no estamos más cerca de la muerte que nadie porque, como ya sabemos, la parca no distingue entre viejos y jóvenes cuando se encapricha de algún mortal.

Nos arrugamos y manchamos, ergo, existimos. Vivamos hasta lo más que podamos, sin vergüenza, sin culpa, disfrutando del recorrido maravilloso de la existencia cuando se tiene un techo, comida y salud. Quien quiera plancharse y estirarse la piel, que lo haga. La juventud es un valor efímero. Cuando desaparece, desaparece. No hay tijeras, jeringuillas ni sustancias que la devuelvan pero se puede mantener la juventud del alma y volver a jugar como cuando éramos niñ@s.

Pero hay que tener cuidado con ese discurso que pretende manipularnos apelando a nuestro ego para que sigamos siendo productivos más allá de la edad de jubilación. No señores capitalistas y explotadores mercantiles : los años se cuantifican por algo y no pasa nada. No es lo mismo 20 que 30, 40, 50, 60, o 70. Que se lo pregunten a l@s deportistas, a las madres, a los profesores, a los albañiles, a l@s bailarines, a l@s médicos,a l@s policías, al personal de limpieza de cualquier lugar y ayuntamiento, a todo el mundo. Hay que dejar el laboro remunerado cuando llegue el momento por muy joven que un@ se sienta "por dentro" y hacer lo que a uno le plazca, liberarse de cargas y asumir el tiempo del que se disponga, por una vez, como nos dé la real gana. Los jóvenes que se sorprenden de la vejez ajena como si a ellos no les fuera a tocar nunca peinar canas, que trabajen y paguen las pensiones de sus mayores. Ya les toca.

A quienes ya han cumplido con su deber laboral les insto a liberarse de las cadenas y de los prejuicios. Pero también les hago una advertencia: cuidado con llenarse de actividades frenéticas con eso de que, no habiendo un horario laboral que te levante de la cama, ahora voy a hacerme otro más estresante aun con actividades de ocio que me arrastran de un lugar a otro como si no hubiera un mañana.

Y lo más importante: conózcanse a sí mismos. Los griegos ya lo sabían hace siglos y es la frase que debería repetirse como un mantra para no caer en nuevas esclavitudes. Hay vida después de los 65. Luchemos para que no nos quiten uno de los derechos más importantes y difíciles de que conseguir y que, como tantos otros, está en peligro de extinción, con el empuje de políticas neoliberales, antiinmigratorias, clasistas y neocapitalistas que, como el caballo de Atila, quieren llevárselo todo por delante.

Que no nos engañen con la prolongación de la juventud porque no aparentemos los años que tenemos y que estamos muy bien para seguir trabajando hasta los 70. Que no nos amedranten con eso de que las pensiones no van a estar aseguradas.

Es muy fácil dejarse llevar por el miedo y tomar pastillas para seguir funcionando en una sociedad que castiga a sus mayores como a Sísifo los dioses, y continuar subiendo la piedra mientras hijos y nietos fantasean con un trabajo ideal que solo llega a unos cuantos afortunad@s.

Dejemos nuestros puestos de trabajo libres cuando llegue el momento y que otr@s los disfruten. Si hay que cuantificar, cuantifiquemos. Si ya no tenemos edad para unas cosas, pues tampoco para otras. Y como diría el superatón, no olviden supervitaminarse y supermineralizarse. Hay vida más allá de la briega remunerada. Solo hay que saltar el muro con ayuda, si es posible, de una escalera y luego tirarla.

La edad no es solo un número. Los años vividos cuentan, para ti y para los demás. ¿Cuántos años tienes? Es la pregunta más formulada de la historia de la humanidad. Cuantos más cumplimos, menos ganas de responder a una pregunta cuya respuesta desencadena expresiones que, aparentemente amables, no nos gustan: “¿Si? ¿Tantos? Pues no los aparentas para nada”, lo que bien podría traducirse en: “Estás muy bien para lo vieja que eres”, “ya juegas en otra categoría”, y un largo etcétera de ideas retorcidas que te vienen a la cabeza teniendo en cuenta que eres una sobrepensadora, ansiosa y seguramente TDH adulta sin diagnosticar.

Si la edad solo es un número , ¿por qué ese afán de clasificar y etiquetar con un dígito que va del 0 al infinito a toda perra quisqui que sobrepase los 40? ¿Por qué nos importa tanto el número de años vividos de un compañero de trabajo, de una profesora o de un deportista? ¿Qué hay detrás de tanta curiosidad por los tiempos vividos del prójimo en una era en la que seguimos buscando la fuente de la eterna juventud como si fuera el santo grial?

Tus órganos internos, tu piel, tus huesos, tu musculatura, toda tú sufre el paso del tiempo que cuantificamos, medimos y aplicamos sin piedad, sobre todo a las mujeres que pecamos por envejecer. Pero no nos victimicemos. Nadie ni nada puede herirnos sin nuestro permiso. Eso dicen. Cumplir años es una liberación y no estamos más cerca de la muerte que nadie porque, como ya sabemos, la parca no distingue entre viejos y jóvenes cuando se encapricha de algún mortal.

Nos arrugamos y manchamos, ergo, existimos. Vivamos hasta lo más que podamos, sin vergüenza, sin culpa, disfrutando del recorrido maravilloso de la existencia cuando se tiene un techo, comida y salud. Quien quiera plancharse y estirarse la piel, que lo haga. La juventud es un valor efímero. Cuando desaparece, desaparece. No hay tijeras, jeringuillas ni sustancias que la devuelvan pero se puede mantener la juventud del alma y volver a jugar como cuando éramos niñ@s.

Pero hay que tener cuidado con ese discurso que pretende manipularnos apelando a nuestro ego para que sigamos siendo productivos más allá de la edad de jubilación. No señores capitalistas y explotadores mercantiles : los años se cuantifican por algo y no pasa nada. No es lo mismo 20 que 30, 40, 50, 60, o 70. Que se lo pregunten a l@s deportistas, a las madres, a los profesores, a los albañiles, a l@s bailarines, a l@s médicos,a l@s policías, al personal de limpieza de cualquier lugar y ayuntamiento, a todo el mundo. Hay que dejar el laboro remunerado cuando llegue el momento por muy joven que un@ se sienta "por dentro" y hacer lo que a uno le plazca, liberarse de cargas y asumir el tiempo del que se disponga, por una vez, como nos dé la real gana. Los jóvenes que se sorprenden de la vejez ajena como si a ellos no les fuera a tocar nunca peinar canas, que trabajen y paguen las pensiones de sus mayores. Ya les toca.

A quienes ya han cumplido con su deber laboral les insto a liberarse de las cadenas y de los prejuicios. Pero también les hago una advertencia: cuidado con llenarse de actividades frenéticas con eso de que, no habiendo un horario laboral que te levante de la cama, ahora voy a hacerme otro más estresante aun con actividades de ocio que me arrastran de un lugar a otro como si no hubiera un mañana.

Y lo más importante: conózcanse a sí mismos. Los griegos ya lo sabían hace siglos y es la frase que debería repetirse como un mantra para no caer en nuevas esclavitudes. Hay vida después de los 65. Luchemos para que no nos quiten uno de los derechos más importantes y difíciles de que conseguir y que, como tantos otros, está en peligro de extinción, con el empuje de políticas neoliberales, antiinmigratorias, clasistas y neocapitalistas que, como el caballo de Atila, quieren llevárselo todo por delante.

Que no nos engañen con la prolongación de la juventud porque no aparentemos los años que tenemos y que estamos muy bien para seguir trabajando hasta los 70. Que no nos amedranten con eso de que las pensiones no van a estar aseguradas.

Es muy fácil dejarse llevar por el miedo y tomar pastillas para seguir funcionando en una sociedad que castiga a sus mayores como a Sísifo los dioses, y continuar subiendo la piedra mientras hijos y nietos fantasean con un trabajo ideal que solo llega a unos cuantos afortunad@s.

Dejemos nuestros puestos de trabajo libres cuando llegue el momento y que otr@s los disfruten. Si hay que cuantificar, cuantifiquemos. Si ya no tenemos edad para unas cosas, pues tampoco para otras. Y como diría el superatón, no olviden supervitaminarse y supermineralizarse. Hay vida más allá de la briega remunerada. Solo hay que saltar el muro con ayuda, si es posible, de una escalera y luego tirarla.

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