La propiedad privada lleva inherentes lindes que permiten su delimitación, siendo motivo permanente de disputa entre propietarios con ansias de metros cuadrados.
Un almendro de almendra amarga, a pesar del duro clima continental, sigue siendo testigo de varias generaciones de posesiones e incluso de orientación. Ni las cabras montesas, en plena expansión, pueden con él.
La vuelta a los orígenes llevó a una familia a Jerusalén, para dar con la antigua casa materna con huerta. Estaba todo muy cambiado, como ya adelantaban las noticias, siendo prácticamente imposible reconocer lo que persistía en la memoria. La parra centenaria fue el faro que iluminó la esperanza y hoy sus riparios se reparten por el mundo, para no perder la genética ni el recuerdo.
"Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol", frase atribuida a Martin Luther King, sirva de recuerdo a título póstumo, a la reciente plantación de un tejo en el último sábado del pasado agosto, árbol con potencialidad milenaria, en memoria de Maribel en Don Domingo.
En el Registro de la Propiedad en muchos casos cita ejemplares en parajes como vestigio de divisorias y para nuestra orientación. Tendríamos que mostrarle más importancia y sensibilidad, por su componente como paisaje necesario de nuestro campo. Y hasta en el caso de que le caiga un rayo, volver a plantar uno en su mismo lugar, pues son testigos vivos de nuestra historia.
La propiedad privada lleva inherentes lindes que permiten su delimitación, siendo motivo permanente de disputa entre propietarios con ansias de metros cuadrados.
Un almendro de almendra amarga, a pesar del duro clima continental, sigue siendo testigo de varias generaciones de posesiones e incluso de orientación. Ni las cabras montesas, en plena expansión, pueden con él.
La vuelta a los orígenes llevó a una familia a Jerusalén, para dar con la antigua casa materna con huerta. Estaba todo muy cambiado, como ya adelantaban las noticias, siendo prácticamente imposible reconocer lo que persistía en la memoria. La parra centenaria fue el faro que iluminó la esperanza y hoy sus riparios se reparten por el mundo, para no perder la genética ni el recuerdo.
"Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol", frase atribuida a Martin Luther King, sirva de recuerdo a título póstumo, a la reciente plantación de un tejo en el último sábado del pasado agosto, árbol con potencialidad milenaria, en memoria de Maribel en Don Domingo.
En el Registro de la Propiedad en muchos casos cita ejemplares en parajes como vestigio de divisorias y para nuestra orientación. Tendríamos que mostrarle más importancia y sensibilidad, por su componente como paisaje necesario de nuestro campo. Y hasta en el caso de que le caiga un rayo, volver a plantar uno en su mismo lugar, pues son testigos vivos de nuestra historia.
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