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Pistachos o mejillones sin abrir

Es destacable los más de seis años que necesita el pistachero hembra en producir, si todo va bien, y que en la recogida hay que procesarlo antes de 24 horas para que la apertura sea generalizada y conserve la calidad

  • Un cuenco de pistachos en una imagen de archivo.

Cáscara o concha, protección de base natural, que permite una óptima conservación, mediante ingenio, manejos y preparación, la posibilidad de comer su interior.

Es destacable los más de seis años que necesita el pistachero hembra en producir, si todo va bien, y que en la recogida hay que procesarlo antes de 24 horas para que la apertura sea generalizada y conserve la calidad.

Es curioso que, en un bol de pistachos a compartir, a medida que se van comiendo, los que van quedando en el fondo tienen alta probabilidad de estar cerrados. No creo en las casualidades, pero sí es desagradable los trocitos que se quedan en las muelas al forzar su apertura y fractura del mismo, y esto se recuerda antes de abordar un nueva Intentona. 

Puede complicarse aún más. Cuando se cocina almejas o mejillones al vapor, las que se quedan cerradas —sin abrir sus bivalvas—, se enseña desde pequeño que están malas y no se han de comer. No sé si es por mal estado o por nuestra salud dental.

El encanto de agarrar con las manos, su manipulación y alumbramiento interior permite unas sensaciones adicionales a su presentación sencilla de pelados o sin concha. El gusto de chuparse los dedos desde tiempos romanos y griegos.

Una silla de cáscaras de pistachos o la acumulación de conchas como mitigadoras del poder de las olas del mar, usos para seguir investigando su puesta en valor.

Cáscara o concha, protección de base natural, que permite una óptima conservación, mediante ingenio, manejos y preparación, la posibilidad de comer su interior.

Es destacable los más de seis años que necesita el pistachero hembra en producir, si todo va bien, y que en la recogida hay que procesarlo antes de 24 horas para que la apertura sea generalizada y conserve la calidad.

Es curioso que, en un bol de pistachos a compartir, a medida que se van comiendo, los que van quedando en el fondo tienen alta probabilidad de estar cerrados. No creo en las casualidades, pero sí es desagradable los trocitos que se quedan en las muelas al forzar su apertura y fractura del mismo, y esto se recuerda antes de abordar un nueva Intentona. 

Puede complicarse aún más. Cuando se cocina almejas o mejillones al vapor, las que se quedan cerradas —sin abrir sus bivalvas—, se enseña desde pequeño que están malas y no se han de comer. No sé si es por mal estado o por nuestra salud dental.

El encanto de agarrar con las manos, su manipulación y alumbramiento interior permite unas sensaciones adicionales a su presentación sencilla de pelados o sin concha. El gusto de chuparse los dedos desde tiempos romanos y griegos.

Una silla de cáscaras de pistachos o la acumulación de conchas como mitigadoras del poder de las olas del mar, usos para seguir investigando su puesta en valor.

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