A medida que vas avanzando en edad, tu organismo exige menos cantidad y más calidad. "Lo bueno si breve dos veces bueno", ciertamente "los cementerios están llenos de cenas copiosas". Quien come como un jilguero o gorrión, años tiene por vivir.
Reconozco el manjar de pescados a la brasa, con especial mención a los espetos de sardinas, donde el arte une paciencia y toque justo, para deleite de nuestros paladares, lujo de lugares costeros de mares no sobreexplotados.
Manejar una plancha, vuelta y vuelta, con una espátula de mango de madera, es un don, que se hace o se nace, pero de aplaudir como en el mercado de abastos de El Ejido, donde uno lleva el género recién comprado y el profesional pone el saber. Éxito seguro.
Tras quince años de disfrutar de Isla Cristina, gente y productos de la mar, descubrí los boquerones a la plancha, de tamaño extra, sólo repetible en días únicos para ocasiones inolvidables. Fuera de carta por supuesto, y no me cansaré de pedirlos, aunque no los haya.
Hoy, veinte años después de mi descubrimiento de La Higuerita, las parrochas han hecho acto de presentación. Hemos de saber que el Omega 3 del pescado azul se fija en nuestro organismo con necesaria ayuda de tomate y aceite de oliva virgen extra ecológico, si bien su tamaño requiere de fritura en aceite a estrenar, obteniendo un alimento sin igual.
Poleá de maíz con mechillones y almejas, raya al pimentón, coca isleña y helados artesanos de Alejandro Isac, referencias obligadas, con música ambiente, de un lugar de continuas sorpresas, día tras día, año tras año, como unas sardinas igualables, pero no superables.
A medida que vas avanzando en edad, tu organismo exige menos cantidad y más calidad. "Lo bueno si breve dos veces bueno", ciertamente "los cementerios están llenos de cenas copiosas". Quien come como un jilguero o gorrión, años tiene por vivir.
Reconozco el manjar de pescados a la brasa, con especial mención a los espetos de sardinas, donde el arte une paciencia y toque justo, para deleite de nuestros paladares, lujo de lugares costeros de mares no sobreexplotados.
Manejar una plancha, vuelta y vuelta, con una espátula de mango de madera, es un don, que se hace o se nace, pero de aplaudir como en el mercado de abastos de El Ejido, donde uno lleva el género recién comprado y el profesional pone el saber. Éxito seguro.
Tras quince años de disfrutar de Isla Cristina, gente y productos de la mar, descubrí los boquerones a la plancha, de tamaño extra, sólo repetible en días únicos para ocasiones inolvidables. Fuera de carta por supuesto, y no me cansaré de pedirlos, aunque no los haya.
Hoy, veinte años después de mi descubrimiento de La Higuerita, las parrochas han hecho acto de presentación. Hemos de saber que el Omega 3 del pescado azul se fija en nuestro organismo con necesaria ayuda de tomate y aceite de oliva virgen extra ecológico, si bien su tamaño requiere de fritura en aceite a estrenar, obteniendo un alimento sin igual.
Poleá de maíz con mechillones y almejas, raya al pimentón, coca isleña y helados artesanos de Alejandro Isac, referencias obligadas, con música ambiente, de un lugar de continuas sorpresas, día tras día, año tras año, como unas sardinas igualables, pero no superables.
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