Desde la avalancha humana en Ceuta, mi pueblo ha quedado convertido en un juguete en manos del fascismo global. Para los líderes de esa ola, los ceutíes somos prescindibles: simples peones sacrificables, sin que se les altere un solo músculo del rostro… rostro de bestias, por cierto.
Me parece evidente que el homúnculo naranja y el genocida de Gaza han ensayado aquí una estrategia diabólicamente certera: utilizar a su vasallo Mohamed VI, señor feudal de Marruecos, como ariete para forzar la caída definitiva del gobierno de Pedro Sánchez. Y con esa caída, la eliminación de la única y mínima discrepancia a la impunidad del neofascismo global. Es decir, están propiciando magistralmente la caída de uno de los pocos ejecutivos que llaman abiertamente genocida a Netanyahu por sus crímenes en Palestina, y el único que se opone al 5% de gasto militar impuesto por Trump a sus vasallos de la OTAN. Resulta dramático observar cómo las propias víctimas de esta maniobra —mis compatriotas ceutíes que han perdido su tierra— terminan alineándose con la narrativa de sus agresores. Es decir, cuando una parte de la ciudadanía exige la caída del ejecutivo español, se está alineando con la agenda que impulsan quienes provocaron la crisis migratoria.
Ceuta y los ceutíes LES IMPORTA una mierda metida en vinagre a esa tríada de miserables: Trump, Netanyahu y Mohamed. Los tres tienen sobradamente demostrada su condición de miserables. El naranja y el genocida lo exponen día a día, sin inmutarse, para que la gente aprenda qué pasa si se disiente. Y el amigo Mohamed VI ha demostrado lo que es y lo que le importan sus súbditos lanzando 75.000 bombas humanas contra Ceuta. Y me duele ver a mis paisanos ceutíes convertidos, también ellos, en las víctimas de este juego de asesinos. Les han quitado su casa, su paz, su seguridad y hasta la sombra de su árbol. Y, a pesar de ser víctimas de esos miserables veo a muchos de ellos colocarse a su lado, al lado de los agresores, exigiendo exactamente lo mismo que Trump, Netanyahu y Mohamed: la caída del Gobierno de España... (que, por supuesto, tal vez lo tenga merecido por muchas omisiones y tibiezas, pero no es precisamente, en mi opinión, el enemigo a batir con esas artes).
El golpe contra Ceuta y contra el gobierno de España ha sido diabólicamente certero. Ha noqueado al gobierno de los españoles... uno de los pocos que se resistía a ser vasallo de Trump. Ha conseguido que se normalice —en ciertos sectores de la población, ceutíes y peninsulares— el discurso de odio, que aflore el racismo, la intolerancia y la xenofobia que latían solapados. De un solo golpe ha hecho aflorar con toda desfachatez los valores propios del fascismo del siglo XXI… nos dejamos llevar por el hígado, cansamos al corazón (cuando se agota la solidaridad y la empatía del pueblo) y ni nos planteamos usar la cabeza.
La llegada masiva de personas migrantes —que no ha impedido Marruecos, por cierto— ha creado el escenario perfecto, endiabladamente perfecto, para que el fascismo se presente como una consecuencia justificada... los fascistas solapados tienen ahora la excusa y la justificación perfectas para mostrarse sin pudor. En consecuencia, el empujón electoral al PP-VOX está garantizado y con ello es muy posible un ejecutivo de España de esa ralea. Y con ese gobierno queda también garantizado el vasallaje de España a la ola de intolerancia global.
La otra derivada de todo esto también es endiabladamente luciferina: el problema intrínseco de los ceutíes y melillenses, es decir la reivindicación de Ceuta y Melilla por parte de Marruecos, cesará cuando en España gobierne un ejecutivo títere de EEUU y complaciente con sus políticas retrógradas, es decir, cuando seamos un leal vasallo del Imperio. En ese momento, el Trump de turno impondrá disciplina entre sus alfiles regionales y Marruecos frenará la presión fronteriza y silenciará por un tiempo su reivindicación sobre Ceuta y Melilla. Los ceutíes tendremos entonces nuestra trinchera a salvo, pero este repliegue táctico de los vecinos no será nuestra victoria, sino el premio recibido por quedar sumisos bajo la tutela del Imperio. Y mientras eso ocurra, nuestros hijos y nietos estarán expuestos a la ponzoña del fascismo.
¿Quién es aquí el hijo de puta? Por cierto, el 2 de septiembre de 2026 no asistiré a ninguna manifestación.
Desde la avalancha humana en Ceuta, mi pueblo ha quedado convertido en un juguete en manos del fascismo global. Para los líderes de esa ola, los ceutíes somos prescindibles: simples peones sacrificables, sin que se les altere un solo músculo del rostro… rostro de bestias, por cierto.
Me parece evidente que el homúnculo naranja y el genocida de Gaza han ensayado aquí una estrategia diabólicamente certera: utilizar a su vasallo Mohamed VI, señor feudal de Marruecos, como ariete para forzar la caída definitiva del gobierno de Pedro Sánchez. Y con esa caída, la eliminación de la única y mínima discrepancia a la impunidad del neofascismo global. Es decir, están propiciando magistralmente la caída de uno de los pocos ejecutivos que llaman abiertamente genocida a Netanyahu por sus crímenes en Palestina, y el único que se opone al 5% de gasto militar impuesto por Trump a sus vasallos de la OTAN. Resulta dramático observar cómo las propias víctimas de esta maniobra —mis compatriotas ceutíes que han perdido su tierra— terminan alineándose con la narrativa de sus agresores. Es decir, cuando una parte de la ciudadanía exige la caída del ejecutivo español, se está alineando con la agenda que impulsan quienes provocaron la crisis migratoria.
Ceuta y los ceutíes LES IMPORTA una mierda metida en vinagre a esa tríada de miserables: Trump, Netanyahu y Mohamed. Los tres tienen sobradamente demostrada su condición de miserables. El naranja y el genocida lo exponen día a día, sin inmutarse, para que la gente aprenda qué pasa si se disiente. Y el amigo Mohamed VI ha demostrado lo que es y lo que le importan sus súbditos lanzando 75.000 bombas humanas contra Ceuta. Y me duele ver a mis paisanos ceutíes convertidos, también ellos, en las víctimas de este juego de asesinos. Les han quitado su casa, su paz, su seguridad y hasta la sombra de su árbol. Y, a pesar de ser víctimas de esos miserables veo a muchos de ellos colocarse a su lado, al lado de los agresores, exigiendo exactamente lo mismo que Trump, Netanyahu y Mohamed: la caída del Gobierno de España... (que, por supuesto, tal vez lo tenga merecido por muchas omisiones y tibiezas, pero no es precisamente, en mi opinión, el enemigo a batir con esas artes).
El golpe contra Ceuta y contra el gobierno de España ha sido diabólicamente certero. Ha noqueado al gobierno de los españoles... uno de los pocos que se resistía a ser vasallo de Trump. Ha conseguido que se normalice —en ciertos sectores de la población, ceutíes y peninsulares— el discurso de odio, que aflore el racismo, la intolerancia y la xenofobia que latían solapados. De un solo golpe ha hecho aflorar con toda desfachatez los valores propios del fascismo del siglo XXI… nos dejamos llevar por el hígado, cansamos al corazón (cuando se agota la solidaridad y la empatía del pueblo) y ni nos planteamos usar la cabeza.
La llegada masiva de personas migrantes —que no ha impedido Marruecos, por cierto— ha creado el escenario perfecto, endiabladamente perfecto, para que el fascismo se presente como una consecuencia justificada... los fascistas solapados tienen ahora la excusa y la justificación perfectas para mostrarse sin pudor. En consecuencia, el empujón electoral al PP-VOX está garantizado y con ello es muy posible un ejecutivo de España de esa ralea. Y con ese gobierno queda también garantizado el vasallaje de España a la ola de intolerancia global.
La otra derivada de todo esto también es endiabladamente luciferina: el problema intrínseco de los ceutíes y melillenses, es decir la reivindicación de Ceuta y Melilla por parte de Marruecos, cesará cuando en España gobierne un ejecutivo títere de EEUU y complaciente con sus políticas retrógradas, es decir, cuando seamos un leal vasallo del Imperio. En ese momento, el Trump de turno impondrá disciplina entre sus alfiles regionales y Marruecos frenará la presión fronteriza y silenciará por un tiempo su reivindicación sobre Ceuta y Melilla. Los ceutíes tendremos entonces nuestra trinchera a salvo, pero este repliegue táctico de los vecinos no será nuestra victoria, sino el premio recibido por quedar sumisos bajo la tutela del Imperio. Y mientras eso ocurra, nuestros hijos y nietos estarán expuestos a la ponzoña del fascismo.
¿Quién es aquí el hijo de puta? Por cierto, el 2 de septiembre de 2026 no asistiré a ninguna manifestación.
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