El atún rojo es una de las especies más demandadas y son muchas las personas que lo tienen entre sus productos favoritos. Sin embargo, mucho antes de llegar al mercado, su supervivencia depende de un periodo especialmente delicado: sus primeras semanas de vida.
Precisamente sobre esa etapa acaba de arrojar nueva luz una investigación internacional coordinada por el Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) con la participación de los centros oceanográficos de Vigo, Canarias y Santander, junto a instituciones de España, Estados Unidos, Japón y Chile.
Treinta y cinco años después de la última gran expedición científica a la única zona de reproducción conocida del atún rojo del sur (Thunnus maccoyii), los investigadores han regresado al océano Índico oriental para conocer mejor cómo responde esta especie a un océano cada vez más cálido.
Los resultados del proyecto Inditun, coordinado desde el Centro Oceanográfico de Málaga, muestran un escenario más complejo de lo esperado. El calentamiento supone un desafío para el desarrollo de las larvas, pero las redes tróficas marinas también pueden reorganizarse y abrir nuevas vías para que la energía llegue hasta ellas.
La campaña oceanográfica realizada en 2022 analizó la zona situada entre Indonesia y el noroeste de Australia, estudiando de forma conjunta la oceanografía física, el plancton, la alimentación, el crecimiento y la distribución de las larvas.
"Las primeras semanas de vida determinan el futuro de toda una generación de atunes. Comprender qué ocurre durante esos primeros días es esencial para predecir cómo responderá la especie a un océano que está cambiando rápidamente", señala Raúl Laiz-Carrión, investigador del Centro Oceanográfico de Málaga y coordinador de Inditun.
Uno de los descubrimientos más destacados es que las larvas estudiadas en 2022 crecieron más rápido que las analizadas hace 35 años, pese a desarrollarse en aguas aproximadamente dos grados más cálidas.
La explicación estaría relacionada con un cambio profundo en su alimentación. Mientras en los años ochenta predominaban los pequeños crustáceos, ahora las larvas mostraron una clara preferencia por las apendicularias, pequeños organismos gelatinosos capaces de transferir de manera muy eficiente la energía procedente del plancton microscópico.
"Lo interesante", explica el equipo investigador, "no es solo que las larvas crezcan más, sino entender por qué lo hacen y cómo el propio ecosistema modifica las rutas por las que circula la energía".
Adaptación con límites
El hallazgo apunta así a que las redes tróficas pueden reorganizarse y continuar sosteniendo el desarrollo de las larvas incluso en ecosistemas más cálidos y pobres en nutrientes. Esa capacidad, sin embargo, no es ilimitada.
Los investigadores advierten de que las larvas ya se encuentran cerca de sus límites térmicos funcionales y que un aumento adicional de las temperaturas podría acabar con las ventajas detectadas. Su supervivencia dependerá también de que se mantengan las condiciones físicas y biológicas que hacen posible esa reorganización alimentaria.
"Nuestros resultados muestran que la respuesta de los ecosistemas al cambio climático es mucho más compleja de lo que solemos pensar. La naturaleza puede reorganizarse para mantener determinadas funciones, pero esa capacidad tiene límites y necesitamos conocerlos para poder anticipar el futuro de especies tan valiosas como el atún rojo del sur", explica Laiz-Carrión.
Los trabajos de Inditun constituyen la actualización más completa de las últimas décadas sobre la ecología larvaria del atún rojo del sur y aportan nueva información para comprender su éxito reproductivo e incorporar los efectos del cambio climático a los modelos de gestión pesquera.
El atún rojo es una de las especies más demandadas y son muchas las personas que lo tienen entre sus productos favoritos. Sin embargo, mucho antes de llegar al mercado, su supervivencia depende de un periodo especialmente delicado: sus primeras semanas de vida.
Precisamente sobre esa etapa acaba de arrojar nueva luz una investigación internacional coordinada por el Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) con la participación de los centros oceanográficos de Vigo, Canarias y Santander, junto a instituciones de España, Estados Unidos, Japón y Chile.
Treinta y cinco años después de la última gran expedición científica a la única zona de reproducción conocida del atún rojo del sur (Thunnus maccoyii), los investigadores han regresado al océano Índico oriental para conocer mejor cómo responde esta especie a un océano cada vez más cálido.
Los resultados del proyecto Inditun, coordinado desde el Centro Oceanográfico de Málaga, muestran un escenario más complejo de lo esperado. El calentamiento supone un desafío para el desarrollo de las larvas, pero las redes tróficas marinas también pueden reorganizarse y abrir nuevas vías para que la energía llegue hasta ellas.
La campaña oceanográfica realizada en 2022 analizó la zona situada entre Indonesia y el noroeste de Australia, estudiando de forma conjunta la oceanografía física, el plancton, la alimentación, el crecimiento y la distribución de las larvas.
"Las primeras semanas de vida determinan el futuro de toda una generación de atunes. Comprender qué ocurre durante esos primeros días es esencial para predecir cómo responderá la especie a un océano que está cambiando rápidamente", señala Raúl Laiz-Carrión, investigador del Centro Oceanográfico de Málaga y coordinador de Inditun.
Uno de los descubrimientos más destacados es que las larvas estudiadas en 2022 crecieron más rápido que las analizadas hace 35 años, pese a desarrollarse en aguas aproximadamente dos grados más cálidas.
La explicación estaría relacionada con un cambio profundo en su alimentación. Mientras en los años ochenta predominaban los pequeños crustáceos, ahora las larvas mostraron una clara preferencia por las apendicularias, pequeños organismos gelatinosos capaces de transferir de manera muy eficiente la energía procedente del plancton microscópico.
"Lo interesante", explica el equipo investigador, "no es solo que las larvas crezcan más, sino entender por qué lo hacen y cómo el propio ecosistema modifica las rutas por las que circula la energía".
Adaptación con límites
El hallazgo apunta así a que las redes tróficas pueden reorganizarse y continuar sosteniendo el desarrollo de las larvas incluso en ecosistemas más cálidos y pobres en nutrientes. Esa capacidad, sin embargo, no es ilimitada.
Los investigadores advierten de que las larvas ya se encuentran cerca de sus límites térmicos funcionales y que un aumento adicional de las temperaturas podría acabar con las ventajas detectadas. Su supervivencia dependerá también de que se mantengan las condiciones físicas y biológicas que hacen posible esa reorganización alimentaria.
"Nuestros resultados muestran que la respuesta de los ecosistemas al cambio climático es mucho más compleja de lo que solemos pensar. La naturaleza puede reorganizarse para mantener determinadas funciones, pero esa capacidad tiene límites y necesitamos conocerlos para poder anticipar el futuro de especies tan valiosas como el atún rojo del sur", explica Laiz-Carrión.
Los trabajos de Inditun constituyen la actualización más completa de las últimas décadas sobre la ecología larvaria del atún rojo del sur y aportan nueva información para comprender su éxito reproductivo e incorporar los efectos del cambio climático a los modelos de gestión pesquera.
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