Don José María Pemán y Pemartín no era hombre que amase la democracia precisamente. Lo decía él mismo (y lo demuestra su trayectoria política en la Junta Técnica del Estado depurando maestros), no es nada que uno se invente. Sin embargo, por lo visto, en estos días (junio de 2026) parece que no se ha podido demostrar judicialmente que Pemán enalteciese el franquismo. Por tanto, sigue siendo Hijo Predilecto de Cádiz, y el teatro que llevaba su nombre va a seguir llevándolo después de su restauración.
Artículo en La Correspondencia de San Fernando.
Pero no sé yo. El mismo Pemán lo decía en un homenaje que le hicieron al alcalde militar de San Fernando, don Ricardo Isasi Ivison, golpista él, por supuesto, y propagandista católico también. Decía Pemán en diciembre de 1936, para empezar la glosa al valiente alcalde:
"He hablado en estos meses en actos de mil clases y ante muy varios auditorios. He habladoeniglesias,encuarteles,bajoelsolybajolasestrellas;hearengadoasoldados próximosaentrarenfuego;heanimadoaheridosenloshospitalesdesangre.Faltábame hablar en un acto oficial como éste, donde rindiéndose homenaje a un alcalde modelo, serecuerdequelaguerranosolohayqueganarlaenelfrente,sinoenlaretaguardia…"
Y en la retaguardia se quedaban las valientes personas de orden y recta moral como don José María… el frente era para los otros, los que debían morir si se terciaba para convertirse en héroes de la Patria e, incluso, en auténticos santos de la Santa Cruzada de Liberación Nacional. La carne de cañón siempre queda para estas cosas…
Los intelectuales de retaguardia, como el señor Pemán, justificaban moral e intelectualmente la represión ejercida por los militares sin honor, por los fascistas sin entrañas y por los curas sin moral… y esa justificación sirvió para reprimir de forma sistemática y sin remordimientos a una clase ideológica que actuó durante la II República y que ya estaba derrotada e inerme. En este escenario, la figura de José María Pemán cobra relevancia como orador e intelectual influyente, capaz de estructurar y legitimar el discurso del odio que justificó la masacre y descargó de culpa a los criminales.
Hay un párrafo en ese discurso de Pemán (publicado en LaInformacióndeSanFernando, 21 de diciembre de 1936) que siempre me ha producido un enorme desasosiego (por la carga de barbarie que lleva). Decía así el insigne poeta:
"Elpuebloespañolamalajusticiapuraytrascendente,quenosedetieneenescrúpulos legalistas. Esta es la justicia de Don Quijote con los Galeotes; de Peribáñez con el Comendador; de Pedro Crespo con el Capitán; todos ellos se salieron de la Ley para realizar la Justicia. Por eso son populares en España como lo es todo régimen, todo caudillo, todo hombre que administra paternal e inflexiblemente una amplia justicia extralegal".
No sé yo, pero este hombre estaba legitimando abiertamente la barbarie extralegal. En ese discurso, Pemán define lo que considera "justicia pura" como aquella justicia que "no se detiene en escrúpulos legalistas". Y ensalza la figura del líder que administre una justicia "inflexiblemente" y de forma "extralegal". De esta manera, Pemán no solo justifica las atrocidades que ya se estaban cometiendo, sino que emite una invitación directa a actuar al margen de cualquier marco jurídico o derecho humano. Tal reflexión en boca de tan influyente orador e intelectual invitó a los sublevados contra la II República (golpistas seguidores de Francisco Franco) al exterminio extralegal de los que ellos llamaban rojos, republicanos y masones en las tapias de los cementerios de media España. Un discurso de odio que justificó la barbarie.
No parece descaminado pensar que Pemán tuvo alguna responsabilidad en la represión de ciudadanos republicanos (no sólo la de los maestros). Era un personaje de prestigio y sus ideas cayeron en el terreno fértil. Personajes como Pemán hicieron que la represión no fuera un impulso ciego de romos militares, psicópatas falangistas y curas sin humanidad, sino una estrategia respaldada y alentada por la élite cultural e intelectual católica de la Nueva España que Renacía. Pemán quiso formar parte del marco conceptual que justificó el exterminio de media España.
¡A Pemán ─ese insigne hijo predilecto de Cádiz─ le gustaban las cosas claras y la justicia pura, la que no se detiene en escrúpulos legalistas y demás mamandurrías… qué coño va a ser esto!
Don José María Pemán y Pemartín no era hombre que amase la democracia precisamente. Lo decía él mismo (y lo demuestra su trayectoria política en la Junta Técnica del Estado depurando maestros), no es nada que uno se invente. Sin embargo, por lo visto, en estos días (junio de 2026) parece que no se ha podido demostrar judicialmente que Pemán enalteciese el franquismo. Por tanto, sigue siendo Hijo Predilecto de Cádiz, y el teatro que llevaba su nombre va a seguir llevándolo después de su restauración.
Artículo en La Correspondencia de San Fernando.
Pero no sé yo. El mismo Pemán lo decía en un homenaje que le hicieron al alcalde militar de San Fernando, don Ricardo Isasi Ivison, golpista él, por supuesto, y propagandista católico también. Decía Pemán en diciembre de 1936, para empezar la glosa al valiente alcalde:
"He hablado en estos meses en actos de mil clases y ante muy varios auditorios. He habladoeniglesias,encuarteles,bajoelsolybajolasestrellas;hearengadoasoldados próximosaentrarenfuego;heanimadoaheridosenloshospitalesdesangre.Faltábame hablar en un acto oficial como éste, donde rindiéndose homenaje a un alcalde modelo, serecuerdequelaguerranosolohayqueganarlaenelfrente,sinoenlaretaguardia…"
Y en la retaguardia se quedaban las valientes personas de orden y recta moral como don José María… el frente era para los otros, los que debían morir si se terciaba para convertirse en héroes de la Patria e, incluso, en auténticos santos de la Santa Cruzada de Liberación Nacional. La carne de cañón siempre queda para estas cosas…
Los intelectuales de retaguardia, como el señor Pemán, justificaban moral e intelectualmente la represión ejercida por los militares sin honor, por los fascistas sin entrañas y por los curas sin moral… y esa justificación sirvió para reprimir de forma sistemática y sin remordimientos a una clase ideológica que actuó durante la II República y que ya estaba derrotada e inerme. En este escenario, la figura de José María Pemán cobra relevancia como orador e intelectual influyente, capaz de estructurar y legitimar el discurso del odio que justificó la masacre y descargó de culpa a los criminales.
Hay un párrafo en ese discurso de Pemán (publicado en LaInformacióndeSanFernando, 21 de diciembre de 1936) que siempre me ha producido un enorme desasosiego (por la carga de barbarie que lleva). Decía así el insigne poeta:
"Elpuebloespañolamalajusticiapuraytrascendente,quenosedetieneenescrúpulos legalistas. Esta es la justicia de Don Quijote con los Galeotes; de Peribáñez con el Comendador; de Pedro Crespo con el Capitán; todos ellos se salieron de la Ley para realizar la Justicia. Por eso son populares en España como lo es todo régimen, todo caudillo, todo hombre que administra paternal e inflexiblemente una amplia justicia extralegal".
No sé yo, pero este hombre estaba legitimando abiertamente la barbarie extralegal. En ese discurso, Pemán define lo que considera "justicia pura" como aquella justicia que "no se detiene en escrúpulos legalistas". Y ensalza la figura del líder que administre una justicia "inflexiblemente" y de forma "extralegal". De esta manera, Pemán no solo justifica las atrocidades que ya se estaban cometiendo, sino que emite una invitación directa a actuar al margen de cualquier marco jurídico o derecho humano. Tal reflexión en boca de tan influyente orador e intelectual invitó a los sublevados contra la II República (golpistas seguidores de Francisco Franco) al exterminio extralegal de los que ellos llamaban rojos, republicanos y masones en las tapias de los cementerios de media España. Un discurso de odio que justificó la barbarie.
No parece descaminado pensar que Pemán tuvo alguna responsabilidad en la represión de ciudadanos republicanos (no sólo la de los maestros). Era un personaje de prestigio y sus ideas cayeron en el terreno fértil. Personajes como Pemán hicieron que la represión no fuera un impulso ciego de romos militares, psicópatas falangistas y curas sin humanidad, sino una estrategia respaldada y alentada por la élite cultural e intelectual católica de la Nueva España que Renacía. Pemán quiso formar parte del marco conceptual que justificó el exterminio de media España.
¡A Pemán ─ese insigne hijo predilecto de Cádiz─ le gustaban las cosas claras y la justicia pura, la que no se detiene en escrúpulos legalistas y demás mamandurrías… qué coño va a ser esto!
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