Un mes después de la invasión y vergonzosa situación actual en Ceuta, regreso a la Ítaca hispalense siguiendo con la rarísima costumbre de viajar y estudiar el terreno y la historia que se pisa, lo que siempre permite extrapolar conflictos y actitudes a según qué casos. Permítaseme un par de párrafos introductorios a colación y me adentraré en la acritud del tema central, que no es otro que la negligencia y sometimiento de nuestro gobierno frente a un país vecino que debiera ser calificado sin ambages como enemigo histórico, y que viene repitiendo el uso constatado de los flujos migratorios (esta vez de forma masiva), como arma híbrida y factor desestabilizador y disruptivo.
En el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla se proyectó la película Renovation (Gabrielė Urbonaitė, 2025), una historia emocional entre jóvenes ambientada en Vilnius y que bien podría ocurrir en cualquiera de nuestras ciudades, con un sutil e inquietante fondo referencial de la situación geopolítica en las Repúblicas Bálticas y la conexión directa al conflicto en Ucrania, constituyendo una llamada de atención sobre la precariedad de nuestra paz y prosperidad cuando se tiene la conciencia directa de la amenaza al otro lado de la frontera. La casualidad o la causalidad me ha permitido una incursión en esas tierras y otra en el Land de Schleswig-Holstein, conformando un interesante recorrido geográfico y territorial desde Lübeck, Hamburgo, Kiel o Bremen hasta Riga y Tallin, estando presente en estas últimas unas interesantes actuaciones de protesta y arte político frente a las respectivas embajadas rusas, con la profusión de banderas ucranianas en hermanamiento y en el mismo sentido que ya pude comprobar en Georgia. El recorrido aporta una mayor luminosidad y comprensión sobre actualidad y conceptos pasados como la Liga Hanseática, Orden Teutónica, República de las Dos Naciones, las deportaciones y guetos de judíos en la zona, el papel determinante de los astilleros y bases de los U-Boot, las ocupaciones y reivindicaciones germanas más la posterior apropiación soviética con sus específicos y visitables sistemas de convencimiento (prisiones de la KGB), a los que añadir los restos de las instalaciones militares nucleares de la anterior Guerra Fría.
A modo de catarsis, desde el idílico río y enclave histórico Niemen-Memel (actual Nemunas-Klaipėda lituanos), se cruza en ferry al mal llamado Istmo de Curlandia, que es una restinga o barra de arena con hermosos bosques y leyendas mitológicas de la gigante Neringa, separando Mar Báltico y lago-desembocadura. Si se continua por esa carretera hacia el sur se encontrará una barrera de aviso previo a un puesto fronterizo cerrado; al otro lado está el óblast de Kaliningrado. Como insisto a mis alumnos, si tienes la cabeza bien amueblada, a poco que repases se encajarán piezas que entretejen lazos con hechos y realidades paralelas: Kaliningrado no es otra que Königsberg (la montaña del rey), capital del ducado que se transformó en el Reino de Prusia, y patria chica y casi permanente de Immanuel Kant, pieza clave de la filosofía moderna y diría que de una civilización occidental europea que de nuevo se antoja en decadencia; la primera estrofa del magnífico himno alemán (junto a la segunda censuradas por políticamente incorrectas), indica como delimitación indentitaria “Desde el Mosa hasta el Niemen”, (Von der Maas bis an die Memel); la sorpresa final es encontrar en la última población (Nida), el hoy Thomas Mann Culture Centre, antaño casa de verano hasta su exilio del escritor que destacó precisamente por el análisis crítico de la esencia europea en la primera mitad del siglo XX y la indagación del pensamiento y obra de auténticas bestias intelectuales como Nietzsche, Freud, Goethe o Schopenhauer. Esta implosión de factores junto a un apacible café en la terraza con vistas arboladas a la bahía, me generaron una paradójica e inquietante serenidad interior que permitía conectar el pasado con la compleja situación estratégica actual del Frente Este y de la Frontera Sur…todo en un mismo y maltratado continente…ambos bajo amenaza real.
Retomando el eje discursivo del artículo, escucho atentamente la relajada entrevista-discurso del presidente Pedro Sánchez tras un mes de inacción y parálisis de -según sus propias palabras- "una violación de la integridad territorial de España". Ignoro si de verdad es necesario explicar la desfachatez y el trasfondo real de los hechos para un personaje del que me faltan calificativos sobre la realidad paralela en la que vive…pero voy a intentarlo. Con cifras que a estas alturas ni están claras, la versión oficial indica que unas 80.000 personas se posicionan previas a un paso fronterizo y cruzan con un saldo de unos 70-80 fallecidos. Según la versión oficial, el país del que parten no sabe nada ni ha propiciado la invasión, y además ha colaborado desde el primer momento de manera ejemplar. Todo se debe a bulos, las mafias y una mala interpretación de una sentencia del Tribunal Superior de Justicia sobre devoluciones en caliente. Según la ministra de Defensa, nuestro Centro Nacional de Inteligencia avisó de este riesgo con anterioridad, pero prevalece el relato de un séquito gubernamental encabezados por el ministro de Interior que matiza que era un informe habitual sin que se tuviera constancia de la dimensión total. Tras 30 días permanecen unos 1.500-2.500 menores dentro de una cifra total de unos 5.000-10.000 inmigrantes. Los márgenes tan dispares son un indicativo más de la caótica situación. Los responsables de Exteriores, Presidencia, Política Territorial, Sanidad, Igualdad, Inclusión, Juventud e Infancia corroboran el relato oficial y transforman el incidente en crisis humanitaria y confabulación internacional, junto al manido discurso del buenismo natural del ser humano. Lamento decirlo, pero esta gota de irresponsabilidad y el ingente cúmulo de causas abiertas en esta agónica legislatura constituye una fábrica de votantes de la ultraderecha y la desactivación de lo quiera que seamos la izquierda. En honestidad, los titulares de estos ministerios y el mismo presidente deberían plantear ya su dimisión junto a la convocatoria de elecciones. Será un desastre peor retrasarlas.
Si analizamos al agente ejecutor, es tan irreal la exculpación de Marruecos que hasta en plena crisis sus ministros de Asuntos Islámicos y Justicia (Ahmed Toufiq y Abdellatif Ouahbi) remarcan el carácter de Ceuta y Melilla como ciudades ocupadas, así como los “derechos históricos y geográficos” sobre las mismas. Me remito a un artículo que publiqué en otro periódico en 2021 (La extorsión de Rabat, 24 de mayo) para explicar la falacia histórica de un régimen y dinastía que se atribuye un linaje heredero del sultán de Tafilalet (1631) emparentada con el mismo Mahoma, y que conecta con las tesis del salafista Allal el Fassi y el concepto del Gran Marruecos como elemento clave de su nacionalismo. Como estoy hasta las narices de que cada cantamañanas se pare en el momento de la historia que le place para reivindicar territorios, hagamos lo propio con la recuperación del Sáhara Occidental, Sidi Ifni, y el Protectorado Español en zonas Norte y Sur, y si quieren mayor ambición nos plantamos como herederos de Roma y la Mauritania Tingitana (anterior a los “invasores” musulmanes) y me quedo con Augusta Zilil, Iulia Valentia Banasa, Lixus, Volubilis o la misma Tingis (Tánger).
La historia reciente de la dinastía alauí es un cúmulo de habilidad manipuladora y coyuntura histórica favorable. Tras la independencia de 1956, Charles de Gaulle tratando de apagar las mechas encendidas de sus colonias (Indochina, Argelia), optó en el caso de Al-Maghrib “el Poniente” (en bereber Mararuc y para los franceses Maroc), por el regreso de Mohamed V en una nueva etapa de apoyo, influencia y beneficio conjunto indolente, apoyando sin fisuras la represión sobre el siempre levantisco Rif (1958-59), para ir consolidando un estado fuerte en la figura del heredero Hasán II, en el que convergen los títulos devocionales de Cherif y Califa junto a su famosa Baraka que le libró de atentados fallidos difícilmente explicables. El resto entiendo que es historia más conocida o no…Marcha Verde, su “hermano” Juan Carlos I que no tuvo reparos en barajar la entrega de Ceuta y Melilla en 1979 (recordatorio a monárquicos), y la consagración de una dinastía y ambición traspasados en la figura de su hijo.
Mohamed VI, aunque más dado a lujos y excesos siguió la senda de aprovechar cualquier ocasión para debilitar a España y cercenar prebendas. Además de su tolerancia como primer país productor y exportador de hachís, ha demostrado su osadía y malicia en el conato de guerra abierta en Perejil y puede abrir el grifo de la inmigración con todo lo que su ambición propicie o moleste, desde acercamientos de Madrid con Argel, intereses en aguas y suelo marino frente a Canarias, el Estrecho de Gibraltar o el mismo Sáhara, sin duda su mayor victoria al obtener el alucinante giro en la postura oficial española. Sánchez puede mentir una vez más y hacer mutis con lo que les trincaron con Pegasus, pero además Rabat tiene el apoyo abierto y estratégico de Netanyahu y Trump (a quién le dedica autopistas), por no hablar de una peligrosa implementación de sus fuerzas armadas que merecen otro texto específico. En realidad, tenemos pocos y relativos amigos en un mundo de grandes potencias hegemónicas, y si alguno piensa que la OTAN garantiza el apoyo a un ataque de las ciudades autónomas que revise la letra pequeña.
Vayamos ahora a la situación presente con un leve balance de daños y actuaciones: ciudad ocupada, servicios sanitarios desbordados, agresiones sexuales, reyertas, robos, partidas presupuestarias extras, ayuda humanitaria permanente, pérdidas en comercio y turismo y todo ante el comienzo del curso escolar. Militares agredidos reiteradamente sin más armas que defensas ornamentales que no pueden usar, Policía Nacional y Guardia Civil agotadas y desatendidas, grupos “antifa” ayudando al prójimo y unos medios de comunicación oficialistas o cercanos con el relato de la normalidad, un mundo feliz y el peligro del “odio y el racismo”. Por si alguno no lo ha pensado, la solución final a este gravísimo error va a ser mala o peor. Si no hay devolución y siguen en Ceuta, van a ocurrir enfrentamientos lógicos con la población que puedan acabar en extrema violencia. Los menores y mujeres tienen una problemática cuya devolución se torna compleja y delicada, de modo que si hay traslado a la península, se mandará un mensaje asertivo para la repetición invasiva, a mayor escala y frecuencia. El remanente de adultos varones si no se han ido ya, no se van a ir por voluntad propia, por lo que si se produce la necesaria expulsión va a ser una auténtica quimera, esto es…vayan visualizando y asumiendo las imágenes de detenciones, inmovilizaciones, resistencia con fuerza y transporte a la frontera con el tipo de uso adecuado de fuerza que habrá que emplear…vayan interiorizando bajas tanto en deportados como en fuerzas de seguridad o militares…vayan pensando el uso político internacional de la retrasmisión en directo del proceso junto a la fractura social de una población aún más polarizada (Israel va a sacar palomitas y refrescos).
Si se sale de este penoso bache y se pretende que no suceda de nuevo, la solución en primer lugar es la militarización de las fronteras con Marruecos, en el mismo sentido que Bálticos y especialmente Polonia hizo con Bielorrusia (2021). En caso extremo como el actual, nuestros militares deberían pasar a ser agentes de autoridad, con un estudio detallado de los perfiles de tropa en determinadas unidades con origen y fuerte vínculo familiar y religioso marroquí (la respuesta de fidelidad unívoca es clave en caso de conflicto). Fundamental los cambios significativos en la Ley de Extranjería que orienten la atención de la migración en origen y permitan devoluciones rápidas en situaciones críticas. La posición a nivel internacional debe buscar el apoyo sin fisuras de la UE y FRONTEX, además de aclarar explícitamente que el artículo 5 de la OTAN cubre nuestra plazas, peñones e islas de la Frontera Sur. Si prosiguen las hostilidades y provocaciones, la zona gris y guerra híbrida es reversible, por lo que se pueden plantear muchas acciones económicas, de tránsito, exportaciones, acuerdos educativos y culturales (etc.) que perjudiquen a Marruecos. Un país que no es tercermundista, sino considerado una economía emergente de ingresos medios, de modo que si hay pobreza localizada o represión es su gobierno el máximo responsable de esa situación, por lo que sus ciudadanos deberían reorientar sus quejas y rebelión, ocupando palacios y promoviendo un cambio de régimen que favorezca el bienestar colectivo. En ese entorno, como nación soberana y en el marco europeo, deberíamos generar apoyos suficientes para la transformación de una monarquía que está muy lejos de ser democrática y garantista de derechos elementales. Por último, es preciso una reorientación de la Estrategia de Seguridad Nacional con la implementación de diversos escenarios posibles, incluyendo el conflicto abierto y el posicionamiento de potencias como Estados Unidos e Israel (dedicado al señor Abascal para que les pregunte a sus amiguitos).
Si esto no apetece, también podemos seguir las teorías del progresismo desubicado y establecer unas medidas muy sencillas: desactivamos todos los controles en puertos y aeropuertos, derribamos todos los dispositivos físicos de fronteras y disolvemos todos los cuerpos, fuerzas de seguridad y fuerzas armadas, ponemos a libre disposición y con cartografía ilustrativa la entrega y firma de todos los territorios que se puedan desear, desde las Islas Canarias a Sevilla o Córdoba, como de hecho reivindican ya en sus delirios expansionistas. Amarguras irónicas aparte, el drama humano migratorio lo es siempre y en cualquier parte, la renuncia a la seguridad y fronteras propias son un suicidio a corto plazo. Ayudar en un mundo de desigualdades no implica la generación de la autodestrucción.
Un mes después de la invasión y vergonzosa situación actual en Ceuta, regreso a la Ítaca hispalense siguiendo con la rarísima costumbre de viajar y estudiar el terreno y la historia que se pisa, lo que siempre permite extrapolar conflictos y actitudes a según qué casos. Permítaseme un par de párrafos introductorios a colación y me adentraré en la acritud del tema central, que no es otro que la negligencia y sometimiento de nuestro gobierno frente a un país vecino que debiera ser calificado sin ambages como enemigo histórico, y que viene repitiendo el uso constatado de los flujos migratorios (esta vez de forma masiva), como arma híbrida y factor desestabilizador y disruptivo.
En el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla se proyectó la película Renovation (Gabrielė Urbonaitė, 2025), una historia emocional entre jóvenes ambientada en Vilnius y que bien podría ocurrir en cualquiera de nuestras ciudades, con un sutil e inquietante fondo referencial de la situación geopolítica en las Repúblicas Bálticas y la conexión directa al conflicto en Ucrania, constituyendo una llamada de atención sobre la precariedad de nuestra paz y prosperidad cuando se tiene la conciencia directa de la amenaza al otro lado de la frontera. La casualidad o la causalidad me ha permitido una incursión en esas tierras y otra en el Land de Schleswig-Holstein, conformando un interesante recorrido geográfico y territorial desde Lübeck, Hamburgo, Kiel o Bremen hasta Riga y Tallin, estando presente en estas últimas unas interesantes actuaciones de protesta y arte político frente a las respectivas embajadas rusas, con la profusión de banderas ucranianas en hermanamiento y en el mismo sentido que ya pude comprobar en Georgia. El recorrido aporta una mayor luminosidad y comprensión sobre actualidad y conceptos pasados como la Liga Hanseática, Orden Teutónica, República de las Dos Naciones, las deportaciones y guetos de judíos en la zona, el papel determinante de los astilleros y bases de los U-Boot, las ocupaciones y reivindicaciones germanas más la posterior apropiación soviética con sus específicos y visitables sistemas de convencimiento (prisiones de la KGB), a los que añadir los restos de las instalaciones militares nucleares de la anterior Guerra Fría.
A modo de catarsis, desde el idílico río y enclave histórico Niemen-Memel (actual Nemunas-Klaipėda lituanos), se cruza en ferry al mal llamado Istmo de Curlandia, que es una restinga o barra de arena con hermosos bosques y leyendas mitológicas de la gigante Neringa, separando Mar Báltico y lago-desembocadura. Si se continua por esa carretera hacia el sur se encontrará una barrera de aviso previo a un puesto fronterizo cerrado; al otro lado está el óblast de Kaliningrado. Como insisto a mis alumnos, si tienes la cabeza bien amueblada, a poco que repases se encajarán piezas que entretejen lazos con hechos y realidades paralelas: Kaliningrado no es otra que Königsberg (la montaña del rey), capital del ducado que se transformó en el Reino de Prusia, y patria chica y casi permanente de Immanuel Kant, pieza clave de la filosofía moderna y diría que de una civilización occidental europea que de nuevo se antoja en decadencia; la primera estrofa del magnífico himno alemán (junto a la segunda censuradas por políticamente incorrectas), indica como delimitación indentitaria “Desde el Mosa hasta el Niemen”, (Von der Maas bis an die Memel); la sorpresa final es encontrar en la última población (Nida), el hoy Thomas Mann Culture Centre, antaño casa de verano hasta su exilio del escritor que destacó precisamente por el análisis crítico de la esencia europea en la primera mitad del siglo XX y la indagación del pensamiento y obra de auténticas bestias intelectuales como Nietzsche, Freud, Goethe o Schopenhauer. Esta implosión de factores junto a un apacible café en la terraza con vistas arboladas a la bahía, me generaron una paradójica e inquietante serenidad interior que permitía conectar el pasado con la compleja situación estratégica actual del Frente Este y de la Frontera Sur…todo en un mismo y maltratado continente…ambos bajo amenaza real.
Retomando el eje discursivo del artículo, escucho atentamente la relajada entrevista-discurso del presidente Pedro Sánchez tras un mes de inacción y parálisis de -según sus propias palabras- "una violación de la integridad territorial de España". Ignoro si de verdad es necesario explicar la desfachatez y el trasfondo real de los hechos para un personaje del que me faltan calificativos sobre la realidad paralela en la que vive…pero voy a intentarlo. Con cifras que a estas alturas ni están claras, la versión oficial indica que unas 80.000 personas se posicionan previas a un paso fronterizo y cruzan con un saldo de unos 70-80 fallecidos. Según la versión oficial, el país del que parten no sabe nada ni ha propiciado la invasión, y además ha colaborado desde el primer momento de manera ejemplar. Todo se debe a bulos, las mafias y una mala interpretación de una sentencia del Tribunal Superior de Justicia sobre devoluciones en caliente. Según la ministra de Defensa, nuestro Centro Nacional de Inteligencia avisó de este riesgo con anterioridad, pero prevalece el relato de un séquito gubernamental encabezados por el ministro de Interior que matiza que era un informe habitual sin que se tuviera constancia de la dimensión total. Tras 30 días permanecen unos 1.500-2.500 menores dentro de una cifra total de unos 5.000-10.000 inmigrantes. Los márgenes tan dispares son un indicativo más de la caótica situación. Los responsables de Exteriores, Presidencia, Política Territorial, Sanidad, Igualdad, Inclusión, Juventud e Infancia corroboran el relato oficial y transforman el incidente en crisis humanitaria y confabulación internacional, junto al manido discurso del buenismo natural del ser humano. Lamento decirlo, pero esta gota de irresponsabilidad y el ingente cúmulo de causas abiertas en esta agónica legislatura constituye una fábrica de votantes de la ultraderecha y la desactivación de lo quiera que seamos la izquierda. En honestidad, los titulares de estos ministerios y el mismo presidente deberían plantear ya su dimisión junto a la convocatoria de elecciones. Será un desastre peor retrasarlas.
Si analizamos al agente ejecutor, es tan irreal la exculpación de Marruecos que hasta en plena crisis sus ministros de Asuntos Islámicos y Justicia (Ahmed Toufiq y Abdellatif Ouahbi) remarcan el carácter de Ceuta y Melilla como ciudades ocupadas, así como los “derechos históricos y geográficos” sobre las mismas. Me remito a un artículo que publiqué en otro periódico en 2021 (La extorsión de Rabat, 24 de mayo) para explicar la falacia histórica de un régimen y dinastía que se atribuye un linaje heredero del sultán de Tafilalet (1631) emparentada con el mismo Mahoma, y que conecta con las tesis del salafista Allal el Fassi y el concepto del Gran Marruecos como elemento clave de su nacionalismo. Como estoy hasta las narices de que cada cantamañanas se pare en el momento de la historia que le place para reivindicar territorios, hagamos lo propio con la recuperación del Sáhara Occidental, Sidi Ifni, y el Protectorado Español en zonas Norte y Sur, y si quieren mayor ambición nos plantamos como herederos de Roma y la Mauritania Tingitana (anterior a los “invasores” musulmanes) y me quedo con Augusta Zilil, Iulia Valentia Banasa, Lixus, Volubilis o la misma Tingis (Tánger).
La historia reciente de la dinastía alauí es un cúmulo de habilidad manipuladora y coyuntura histórica favorable. Tras la independencia de 1956, Charles de Gaulle tratando de apagar las mechas encendidas de sus colonias (Indochina, Argelia), optó en el caso de Al-Maghrib “el Poniente” (en bereber Mararuc y para los franceses Maroc), por el regreso de Mohamed V en una nueva etapa de apoyo, influencia y beneficio conjunto indolente, apoyando sin fisuras la represión sobre el siempre levantisco Rif (1958-59), para ir consolidando un estado fuerte en la figura del heredero Hasán II, en el que convergen los títulos devocionales de Cherif y Califa junto a su famosa Baraka que le libró de atentados fallidos difícilmente explicables. El resto entiendo que es historia más conocida o no…Marcha Verde, su “hermano” Juan Carlos I que no tuvo reparos en barajar la entrega de Ceuta y Melilla en 1979 (recordatorio a monárquicos), y la consagración de una dinastía y ambición traspasados en la figura de su hijo.
Mohamed VI, aunque más dado a lujos y excesos siguió la senda de aprovechar cualquier ocasión para debilitar a España y cercenar prebendas. Además de su tolerancia como primer país productor y exportador de hachís, ha demostrado su osadía y malicia en el conato de guerra abierta en Perejil y puede abrir el grifo de la inmigración con todo lo que su ambición propicie o moleste, desde acercamientos de Madrid con Argel, intereses en aguas y suelo marino frente a Canarias, el Estrecho de Gibraltar o el mismo Sáhara, sin duda su mayor victoria al obtener el alucinante giro en la postura oficial española. Sánchez puede mentir una vez más y hacer mutis con lo que les trincaron con Pegasus, pero además Rabat tiene el apoyo abierto y estratégico de Netanyahu y Trump (a quién le dedica autopistas), por no hablar de una peligrosa implementación de sus fuerzas armadas que merecen otro texto específico. En realidad, tenemos pocos y relativos amigos en un mundo de grandes potencias hegemónicas, y si alguno piensa que la OTAN garantiza el apoyo a un ataque de las ciudades autónomas que revise la letra pequeña.
Vayamos ahora a la situación presente con un leve balance de daños y actuaciones: ciudad ocupada, servicios sanitarios desbordados, agresiones sexuales, reyertas, robos, partidas presupuestarias extras, ayuda humanitaria permanente, pérdidas en comercio y turismo y todo ante el comienzo del curso escolar. Militares agredidos reiteradamente sin más armas que defensas ornamentales que no pueden usar, Policía Nacional y Guardia Civil agotadas y desatendidas, grupos “antifa” ayudando al prójimo y unos medios de comunicación oficialistas o cercanos con el relato de la normalidad, un mundo feliz y el peligro del “odio y el racismo”. Por si alguno no lo ha pensado, la solución final a este gravísimo error va a ser mala o peor. Si no hay devolución y siguen en Ceuta, van a ocurrir enfrentamientos lógicos con la población que puedan acabar en extrema violencia. Los menores y mujeres tienen una problemática cuya devolución se torna compleja y delicada, de modo que si hay traslado a la península, se mandará un mensaje asertivo para la repetición invasiva, a mayor escala y frecuencia. El remanente de adultos varones si no se han ido ya, no se van a ir por voluntad propia, por lo que si se produce la necesaria expulsión va a ser una auténtica quimera, esto es…vayan visualizando y asumiendo las imágenes de detenciones, inmovilizaciones, resistencia con fuerza y transporte a la frontera con el tipo de uso adecuado de fuerza que habrá que emplear…vayan interiorizando bajas tanto en deportados como en fuerzas de seguridad o militares…vayan pensando el uso político internacional de la retrasmisión en directo del proceso junto a la fractura social de una población aún más polarizada (Israel va a sacar palomitas y refrescos).
Si se sale de este penoso bache y se pretende que no suceda de nuevo, la solución en primer lugar es la militarización de las fronteras con Marruecos, en el mismo sentido que Bálticos y especialmente Polonia hizo con Bielorrusia (2021). En caso extremo como el actual, nuestros militares deberían pasar a ser agentes de autoridad, con un estudio detallado de los perfiles de tropa en determinadas unidades con origen y fuerte vínculo familiar y religioso marroquí (la respuesta de fidelidad unívoca es clave en caso de conflicto). Fundamental los cambios significativos en la Ley de Extranjería que orienten la atención de la migración en origen y permitan devoluciones rápidas en situaciones críticas. La posición a nivel internacional debe buscar el apoyo sin fisuras de la UE y FRONTEX, además de aclarar explícitamente que el artículo 5 de la OTAN cubre nuestra plazas, peñones e islas de la Frontera Sur. Si prosiguen las hostilidades y provocaciones, la zona gris y guerra híbrida es reversible, por lo que se pueden plantear muchas acciones económicas, de tránsito, exportaciones, acuerdos educativos y culturales (etc.) que perjudiquen a Marruecos. Un país que no es tercermundista, sino considerado una economía emergente de ingresos medios, de modo que si hay pobreza localizada o represión es su gobierno el máximo responsable de esa situación, por lo que sus ciudadanos deberían reorientar sus quejas y rebelión, ocupando palacios y promoviendo un cambio de régimen que favorezca el bienestar colectivo. En ese entorno, como nación soberana y en el marco europeo, deberíamos generar apoyos suficientes para la transformación de una monarquía que está muy lejos de ser democrática y garantista de derechos elementales. Por último, es preciso una reorientación de la Estrategia de Seguridad Nacional con la implementación de diversos escenarios posibles, incluyendo el conflicto abierto y el posicionamiento de potencias como Estados Unidos e Israel (dedicado al señor Abascal para que les pregunte a sus amiguitos).
Si esto no apetece, también podemos seguir las teorías del progresismo desubicado y establecer unas medidas muy sencillas: desactivamos todos los controles en puertos y aeropuertos, derribamos todos los dispositivos físicos de fronteras y disolvemos todos los cuerpos, fuerzas de seguridad y fuerzas armadas, ponemos a libre disposición y con cartografía ilustrativa la entrega y firma de todos los territorios que se puedan desear, desde las Islas Canarias a Sevilla o Córdoba, como de hecho reivindican ya en sus delirios expansionistas. Amarguras irónicas aparte, el drama humano migratorio lo es siempre y en cualquier parte, la renuncia a la seguridad y fronteras propias son un suicidio a corto plazo. Ayudar en un mundo de desigualdades no implica la generación de la autodestrucción.
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