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Triana, en shock tras la muerte de Marta, la vecina que dormía en un trastero: de los corrales de vecinos a vivir en 6 metros cuadrados

El hallazgo del cadáver de Marta, quien pasó sus últimos meses durmiendo en un trastero de la calle Tejares, vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la vivienda en el señero barrio de Sevilla, que alcanza un metro cuadrado residencial en máximos históricos

  • Entrada al residencial de la calle Tejares de Sevilla, este pasado lunes, donde fue hallada muerta Marta, de 70 años, en un trastero de alquiler que tenía por residencia. -

Durante los últimos meses de su vida, Marta dormía en un trastero de la calle Tejares, en Triana. El espacio, de menos de seis metros cuadrados, carecía de ventanas y cuarto de baño y no reunía las condiciones propias de una vivienda.

Tenía alrededor de 70 años y, pese a entrar y salir habitualmente del inmueble, prácticamente ninguno de los vecinos consultados por este periódico sabía que residía allí. Cuando fue encontrada sin vida habían transcurrido unas 48 horas desde su muerte, que pudo producirse en torno al 25 de agosto, presuntamente, de forma natural.

El hallazgo sorprendió especialmente a quienes compartían bloque con ella. Algunos se enteraron por televisión, otros a través de los grupos de WhatsApp de la comunidad y uno de los residentes coincidió con el despliegue policial cuando salía de casa.

Una vecina que se encontraba de vacaciones explica a lavozdelsur.es que conoció lo sucedido precisamente por los mensajes que comenzaron a circular entre los propietarios. "Estábamos todos al corriente aunque no estuviéramos aquí", recuerda.

Muchos supieron de la existencia de Marta únicamente después de su muerte. Algún vecino asegura haber escuchado que anteriormente había vivido en la urbanización, aunque ninguno de los vecinos consultados puede confirmarlo. Durante meses había utilizado aquel trastero para dormir sin que su situación fuera conocida por buena parte de quienes residían a escasos metros. Otros, incluso después de que el caso apareciera en los medios de comunicación, continuaban sin saber exactamente qué había sucedido. 

El caso plantea una cuestión que va más allá del suceso ocurrido en Tejares. La muerte de Marta coincide con un momento en el que el acceso a una vivienda en Triana resulta especialmente complicado para quienes disponen de ingresos reducidos. No existen elementos suficientes para establecer que el encarecimiento inmobiliario explique su situación personal, pero los datos permiten analizar el contexto residencial en el que se produjo.

  • Trasteros en Triana donde fue hallado el cadáver de Marta.
  • -

Ese análisis tiene en Triana una dimensión histórica particular. Durante generaciones, buena parte de su población trabajadora vivió en corrales de vecinos, con pequeñas habitaciones distribuidas alrededor de patios donde se compartían lavaderos, retretes y otros servicios.

La imagen romántica que posteriormente ha quedado de aquellos espacios convive con unas condiciones de hacinamiento, falta de intimidad y salubridad que explicaron en buena medida su progresiva desaparición. La mejora de las condiciones residenciales transformó profundamente el barrio durante el siglo XX. Los antiguos corrales fueron dejando paso a bloques de viviendas con servicios individuales y, posteriormente, a nuevas promociones. El problema actual es diferente. Los estándares de habitabilidad han mejorado considerablemente, mientras el precio de la vivienda en Triana dificulta el acceso para determinados sectores de la población.

"De mi generación no quedamos ninguno"

Quienes llevan más tiempo viviendo en Tejares describen un cambio progresivo que resulta especialmente visible al comparar las calles actuales con aquellas en las que crecieron. "De mi generación no quedamos ninguno", resume un hombre de alrededor de 70 años. La afirmación no es literal, puesto que todavía permanecen personas que llevan cinco o seis décadas en la zona, pero refleja la sensación de quienes han visto desaparecer a buena parte de aquellos con los que compartieron barrio durante años. Las razones han sido diversas. Algunos se marcharon al hacerse mayores, otros trasladaron su residencia y determinadas viviendas pasaron a hijos o nuevos propietarios. También ha cambiado el aspecto físico de algunas zonas. "Lo único que veo son los edificios nuevos. Han hecho edificios nuevos, pero poco más", explica otro hombre que conoce el barrio desde joven.

Los cambios tampoco se perciben necesariamente de manera negativa. Entre quienes acumulan varias décadas en Tejares se destaca precisamente el rejuvenecimiento de la población. "Antes niños no se veían y ahora hay muchos niños", señala uno de ellos. La llegada de parejas y familias jóvenes ha modificado comunidades que durante años estuvieron habitadas principalmente por personas de mayor edad. Otro hombre, que lleva alrededor de siete años residiendo allí y que ya había vivido anteriormente en la zona, considera que esta evolución no ha alterado sustancialmente el carácter de Triana. Habla de un entorno de trabajadores y de una identidad que continúa muy presente. "Los de Triana son muy trianeros", afirma.

La evolución que describen resulta difícil de atribuir a una única causa. El envejecimiento, las herencias, los cambios familiares o el traslado a otras zonas forman parte de ella. Hay, sin embargo, un elemento que sí puede medirse y que condiciona las posibilidades de quienes pretenden instalarse actualmente en el barrio: el precio de comprar una vivienda en Triana.

Triana, un 31% más cara que la media de Sevilla

Según los precios de oferta recogidos por el portal inmobiliario Idealista, el metro cuadrado en Triana alcanzó en julio de 2026 los 3.840 euros, prácticamente en máximos históricos. La cifra representa una subida del 11,3% respecto a julio de 2025 y queda apenas por debajo de los 3.847 euros registrados en junio, el máximo de la serie publicada por el portal. La comparación con el conjunto de la capital permite dimensionar la diferencia. Según los datos de la misma plataforma, el precio de la vivienda en Sevilla se situaba en julio en 2.931 euros por metro cuadrado. El valor medio anunciado en Triana era, por tanto, aproximadamente un 31% superior a la media de la ciudad.

Aplicadas estas cifras únicamente como referencia, una vivienda de 80 metros cuadrados alcanzaría unos 307.000 euros en Triana, mientras que utilizando la media de Sevilla rondaría los 234.500. La diferencia se aproxima a 73.000 euros, sin incluir impuestos ni otros gastos asociados a la adquisición. Son estimaciones realizadas a partir de los precios medios de oferta publicados por Idealista y no representan el importe final de operaciones concretas.

Las diferencias son apreciables incluso dentro del propio distrito. Según Idealista, en Calle Betis-Pagés del Corro el precio alcanza los 4.684 euros por metro cuadrado, después de registrar un incremento interanual del 17,4%. En López de Gomara se sitúa en 3.779 euros; en Ronda de Triana-Patrocinio-Turruñuelo, en 3.571; y en El Tardón, en 3.010.

Los datos aportan contexto a lo que cuentan quienes llevan décadas en Tejares. No permiten concluir que el encarecimiento inmobiliario sea el responsable de que "de mi generación no quedamos ninguno", porque detrás de ese proceso intervienen factores demográficos, sociales y familiares. Sí muestran las dificultades que afronta quien actualmente pretende comenzar una vida en el barrio sin disponer de una vivienda heredada, patrimonio previo o unos ingresos capaces de asumir esos precios. La situación es distinta para quienes adquirieron sus casas hace décadas. El aumento del valor de los inmuebles puede suponer para ellos un incremento patrimonial considerable, mientras que para sus hijos o para quienes llegan por primera vez al mercado representa una barrera de entrada. Esa diferencia ayuda a entender un cambio que no siempre se aprecia únicamente observando quién vive actualmente en el barrio.

  • La transformación del barrio de Triana consiguió eliminar el hacinamiento y la insalubridad de los corrales de vecinos.
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El alquiler tampoco ofrece una alternativa sencilla

La crisis de acceso a la vivienda en Sevilla no afecta únicamente a quienes quieren comprar. Para muchas personas con ingresos modestos, el alquiler constituye la única alternativa posible, pero las cifras tampoco facilitan el acceso en Triana. Según los precios de oferta publicados por el citado portal Idealista, en julio de 2026 el precio del alquiler en Triana se situaba en 14,4 euros por metro cuadrado al mes, un 3,8% más que un año antes y muy próximo al máximo histórico registrado en junio, cuando alcanzó los 14,6 euros. En el conjunto de Sevilla, la media era de 13,5 euros por metro cuadrado.

Un piso de 80 metros cuadrados supondría alrededor de 1.150 euros mensuales aplicando como referencia el precio medio anunciado del distrito. Incluso una vivienda de 50 metros cuadrados se aproximaría a los 720 euros. De nuevo, son cálculos orientativos derivados de los precios de oferta recogidos por el portal inmobiliario y no cantidades correspondientes a contratos concretos, pero permiten dimensionar las dificultades para alquilar una vivienda en Triana con un salario reducido, una pensión modesta o ingresos inestables.

También existen diferencias entre las distintas zonas del distrito, aunque menos acusadas que en compraventa. Calle Betis-Pagés del Corro alcanza los 14,8 euros por metro cuadrado; López de Gomara, 14,5; El Tardón, 14; y Ronda de Triana-Patrocinio-Turruñuelo, 13,9. En López de Gomara, además, el incremento interanual alcanza el 9%, mientras que en Ronda de Triana-Patrocinio-Turruñuelo llega al 7,8%.

Estas cantidades adquieren otra dimensión cuando se observan desde las economías más vulnerables. Acceder al mercado residencial no depende solamente de encontrar un inmueble disponible, sino de poder mantener durante meses o años un gasto que absorbe una parte importante de los ingresos. Cuando las cuentas no permiten asumir esas cantidades, las alternativas se reducen y pueden aparecer fórmulas de alojamiento cada vez más precarias.

Los pisos turísticos, otra pieza de la transformación de Triana

Entre los cambios señalados en Tejares aparece también la presencia de pisos turísticos en Triana. Varias personas que viven en la urbanización aseguran que existe un número elevado de alojamientos de este tipo. No los consideran, sin embargo, especialmente problemáticos desde el punto de vista de la convivencia. "No dan por culo, no molestan mucho", afirma directamente uno de los entrevistados. Preguntados por una posible relación entre esos alojamientos y el caso de Marta, rechazan establecerla. Tampoco existe información que permita concluir que la proliferación de viviendas turísticas en Triana explique por qué terminó durmiendo en un trastero. Vincular ambos fenómenos sin datos que lo acrediten supondría establecer una causalidad que no puede sostenerse.

Su presencia forma parte, no obstante, de los cambios residenciales que describen quienes conocen la zona desde hace décadas. En un mismo entorno conviven propietarios que compraron sus viviendas hace años, familias recién llegadas, nuevas promociones, alquileres convencionales y alojamientos destinados temporalmente a visitantes. Los usos de la vivienda son hoy considerablemente más diversos que los que recuerdan las generaciones anteriores.

A pocos metros de esas viviendas, Marta pasó sus últimos meses utilizando como dormitorio un espacio que no reunía las condiciones necesarias para ser habitado. No existe información suficiente para vincular una realidad con otra, pero ambas formaban parte de la vida cotidiana del mismo bloque sin que buena parte de quienes vivían allí conociera las circunstancias de aquella mujer.

  • La proliferación de los apartamentos turísticos es una realidad en el barrio sevillano de Triana.
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La exclusión residencial que no siempre se ve

El caso de Marta permite ampliar el foco sobre un fenómeno que no siempre resulta visible cuando se habla de exclusión residencial en Sevilla. Carecer de una vivienda digna no implica necesariamente dormir en la calle. Entre disponer de una casa y encontrarse sin techo existe una amplia variedad de situaciones que afectan especialmente a quienes cuentan con menos recursos. Adultos que regresan al domicilio de sus padres porque no pueden asumir un alquiler, trabajadores que viven durante años en habitaciones, familias que dependen temporalmente de parientes o amigos y pensionistas obligados a compartir vivienda forman parte de un problema difícil de detectar. En los casos más extremos aparecen espacios que nunca fueron concebidos para ser habitados y que terminan utilizándose para pasar la noche.

Un trastero puede disponer de puerta, cerradura y electricidad y ofrecer mayor protección que dormir en la calle. Eso no modifica su naturaleza ni lo convierte en una vivienda digna. Las dimensiones, la ventilación, las condiciones higiénicas y la ausencia de servicios básicos separan estos espacios de cualquier inmueble concebido para uso residencial. Marta mantenía además determinadas rutinas fuera del pequeño espacio de Tejares. Según los testimonios recogidos en la zona, acudía a recursos próximos donde podía comer a precios reducidos. Una mujer que reside en el bloque señala un comedor para personas mayores situado a pocos cientos de metros y menciona también otro recurso cercano. Estas informaciones no permiten reconstruir por completo las circunstancias personales de Marta, pero ayudan a entender cómo una situación grave de vulnerabilidad puede permanecer oculta durante meses.

  • Algunos vecinos indican que vieron a Marta entrar varias veces en el comedor de las Hijas de la Caridad de la calle Pagés del Corro.
  • -

Una persona puede desplazarse diariamente por el barrio, acudir a comer, realizar sus gestiones y mantener cierto grado de autonomía mientras atraviesa serias dificultades residenciales. Esa normalidad exterior puede explicar que determinados casos pasen inadvertidos incluso para quienes comparten edificio. Sobre Marta todavía quedan interrogantes. Ninguno de los testimonios recabados permite aclarar qué circunstancias concretas la llevaron hasta aquel trastero y tampoco existen datos suficientes para atribuir su situación al encarecimiento de la vivienda en Sevilla, a los pisos turísticos o a cualquier otro fenómeno concreto. Su historia personal no puede reconstruirse a partir de una estadística inmobiliaria.

Las cifras sí describen el contexto en el que ocurrió. Marta dormía en un trastero situado en un barrio donde el precio medio anunciado de compra alcanza los 3.840 euros por metro cuadrado y donde una vivienda de 50 metros cuadrados se aproximaría a los 720 euros mensuales de alquiler tomando como referencia la media de oferta publicada por Idealista.

De los corrales al problema de poder quedarse

Durante buena parte del siglo XX, uno de los grandes retos urbanos en Triana consistió en sustituir alojamientos caracterizados por el hacinamiento, la falta de ventilación, los servicios compartidos y unas condiciones sanitarias deficientes. La extensión del agua corriente, el saneamiento, los cuartos de baño individuales y unas mayores dimensiones de las viviendas supuso una mejora sustancial en la calidad de vida de miles de familias. Décadas después, las condiciones materiales de las viviendas han mejorado mientras el acceso económico a una vivienda digna se ha convertido en una dificultad para determinados sectores de la población. 

Los testimonios recogidos en Tejares permiten observar ese proceso desde una perspectiva distinta. "De mi generación no quedamos ninguno", señala uno de los habitantes más veteranos. "Antes niños no se veían y ahora hay muchos niños", apunta otro al hablar de las nuevas familias. Un tercero mantiene que, pese a todo, la esencia del barrio permanece: "Los de Triana son muy trianeros". Son impresiones diferentes sobre un mismo proceso. Triana mantiene una identidad especialmente fuerte dentro de Sevilla, pero la pertenencia sentimental al barrio no garantiza la posibilidad económica de permanecer en él. Para quienes adquirieron una vivienda décadas atrás o han podido heredarla, el incremento de los precios tiene consecuencias muy distintas de las que afronta una persona que debe incorporarse actualmente al mercado con ingresos modestos.

La historia de Marta no permite saber si ella fue una de esas personas que quedaron fuera del mercado residencial. Convertirla en símbolo de la crisis de la vivienda en Sevilla sin conocer completamente sus circunstancias supondría simplificar una vida de la que, paradójicamente, quienes estaban a pocos metros apenas saben nada. Su caso deja, sin embargo, un hecho difícil de obviar dentro del debate sobre la vivienda. Después de décadas de mejoras en las condiciones residenciales y de la desaparición progresiva de buena parte de aquella infravivienda asociada a la Triana más humilde, una mujer de unos 70 años pasó sus últimos meses durmiendo en un espacio de menos de seis metros cuadrados, sin ventanas y sin cuarto de baño.

Marta pudo morir en torno al 25 de agosto. Su cuerpo fue encontrado aproximadamente 48 horas después. Hasta entonces, buena parte de quienes residían a pocos metros desconocían que aquel trastero de la calle Tejares se había convertido en el lugar al que regresaba cada noche.

Durante los últimos meses de su vida, Marta dormía en un trastero de la calle Tejares, en Triana. El espacio, de menos de seis metros cuadrados, carecía de ventanas y cuarto de baño y no reunía las condiciones propias de una vivienda.

Tenía alrededor de 70 años y, pese a entrar y salir habitualmente del inmueble, prácticamente ninguno de los vecinos consultados por este periódico sabía que residía allí. Cuando fue encontrada sin vida habían transcurrido unas 48 horas desde su muerte, que pudo producirse en torno al 25 de agosto, presuntamente, de forma natural.

El hallazgo sorprendió especialmente a quienes compartían bloque con ella. Algunos se enteraron por televisión, otros a través de los grupos de WhatsApp de la comunidad y uno de los residentes coincidió con el despliegue policial cuando salía de casa.

Una vecina que se encontraba de vacaciones explica a lavozdelsur.es que conoció lo sucedido precisamente por los mensajes que comenzaron a circular entre los propietarios. "Estábamos todos al corriente aunque no estuviéramos aquí", recuerda.

Muchos supieron de la existencia de Marta únicamente después de su muerte. Algún vecino asegura haber escuchado que anteriormente había vivido en la urbanización, aunque ninguno de los vecinos consultados puede confirmarlo. Durante meses había utilizado aquel trastero para dormir sin que su situación fuera conocida por buena parte de quienes residían a escasos metros. Otros, incluso después de que el caso apareciera en los medios de comunicación, continuaban sin saber exactamente qué había sucedido. 

El caso plantea una cuestión que va más allá del suceso ocurrido en Tejares. La muerte de Marta coincide con un momento en el que el acceso a una vivienda en Triana resulta especialmente complicado para quienes disponen de ingresos reducidos. No existen elementos suficientes para establecer que el encarecimiento inmobiliario explique su situación personal, pero los datos permiten analizar el contexto residencial en el que se produjo.

  • Trasteros en Triana donde fue hallado el cadáver de Marta.
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Ese análisis tiene en Triana una dimensión histórica particular. Durante generaciones, buena parte de su población trabajadora vivió en corrales de vecinos, con pequeñas habitaciones distribuidas alrededor de patios donde se compartían lavaderos, retretes y otros servicios.

La imagen romántica que posteriormente ha quedado de aquellos espacios convive con unas condiciones de hacinamiento, falta de intimidad y salubridad que explicaron en buena medida su progresiva desaparición. La mejora de las condiciones residenciales transformó profundamente el barrio durante el siglo XX. Los antiguos corrales fueron dejando paso a bloques de viviendas con servicios individuales y, posteriormente, a nuevas promociones. El problema actual es diferente. Los estándares de habitabilidad han mejorado considerablemente, mientras el precio de la vivienda en Triana dificulta el acceso para determinados sectores de la población.

"De mi generación no quedamos ninguno"

Quienes llevan más tiempo viviendo en Tejares describen un cambio progresivo que resulta especialmente visible al comparar las calles actuales con aquellas en las que crecieron. "De mi generación no quedamos ninguno", resume un hombre de alrededor de 70 años. La afirmación no es literal, puesto que todavía permanecen personas que llevan cinco o seis décadas en la zona, pero refleja la sensación de quienes han visto desaparecer a buena parte de aquellos con los que compartieron barrio durante años. Las razones han sido diversas. Algunos se marcharon al hacerse mayores, otros trasladaron su residencia y determinadas viviendas pasaron a hijos o nuevos propietarios. También ha cambiado el aspecto físico de algunas zonas. "Lo único que veo son los edificios nuevos. Han hecho edificios nuevos, pero poco más", explica otro hombre que conoce el barrio desde joven.

Los cambios tampoco se perciben necesariamente de manera negativa. Entre quienes acumulan varias décadas en Tejares se destaca precisamente el rejuvenecimiento de la población. "Antes niños no se veían y ahora hay muchos niños", señala uno de ellos. La llegada de parejas y familias jóvenes ha modificado comunidades que durante años estuvieron habitadas principalmente por personas de mayor edad. Otro hombre, que lleva alrededor de siete años residiendo allí y que ya había vivido anteriormente en la zona, considera que esta evolución no ha alterado sustancialmente el carácter de Triana. Habla de un entorno de trabajadores y de una identidad que continúa muy presente. "Los de Triana son muy trianeros", afirma.

La evolución que describen resulta difícil de atribuir a una única causa. El envejecimiento, las herencias, los cambios familiares o el traslado a otras zonas forman parte de ella. Hay, sin embargo, un elemento que sí puede medirse y que condiciona las posibilidades de quienes pretenden instalarse actualmente en el barrio: el precio de comprar una vivienda en Triana.

Triana, un 31% más cara que la media de Sevilla

Según los precios de oferta recogidos por el portal inmobiliario Idealista, el metro cuadrado en Triana alcanzó en julio de 2026 los 3.840 euros, prácticamente en máximos históricos. La cifra representa una subida del 11,3% respecto a julio de 2025 y queda apenas por debajo de los 3.847 euros registrados en junio, el máximo de la serie publicada por el portal. La comparación con el conjunto de la capital permite dimensionar la diferencia. Según los datos de la misma plataforma, el precio de la vivienda en Sevilla se situaba en julio en 2.931 euros por metro cuadrado. El valor medio anunciado en Triana era, por tanto, aproximadamente un 31% superior a la media de la ciudad.

Aplicadas estas cifras únicamente como referencia, una vivienda de 80 metros cuadrados alcanzaría unos 307.000 euros en Triana, mientras que utilizando la media de Sevilla rondaría los 234.500. La diferencia se aproxima a 73.000 euros, sin incluir impuestos ni otros gastos asociados a la adquisición. Son estimaciones realizadas a partir de los precios medios de oferta publicados por Idealista y no representan el importe final de operaciones concretas.

Las diferencias son apreciables incluso dentro del propio distrito. Según Idealista, en Calle Betis-Pagés del Corro el precio alcanza los 4.684 euros por metro cuadrado, después de registrar un incremento interanual del 17,4%. En López de Gomara se sitúa en 3.779 euros; en Ronda de Triana-Patrocinio-Turruñuelo, en 3.571; y en El Tardón, en 3.010.

Los datos aportan contexto a lo que cuentan quienes llevan décadas en Tejares. No permiten concluir que el encarecimiento inmobiliario sea el responsable de que "de mi generación no quedamos ninguno", porque detrás de ese proceso intervienen factores demográficos, sociales y familiares. Sí muestran las dificultades que afronta quien actualmente pretende comenzar una vida en el barrio sin disponer de una vivienda heredada, patrimonio previo o unos ingresos capaces de asumir esos precios. La situación es distinta para quienes adquirieron sus casas hace décadas. El aumento del valor de los inmuebles puede suponer para ellos un incremento patrimonial considerable, mientras que para sus hijos o para quienes llegan por primera vez al mercado representa una barrera de entrada. Esa diferencia ayuda a entender un cambio que no siempre se aprecia únicamente observando quién vive actualmente en el barrio.

  • La transformación del barrio de Triana consiguió eliminar el hacinamiento y la insalubridad de los corrales de vecinos.
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El alquiler tampoco ofrece una alternativa sencilla

La crisis de acceso a la vivienda en Sevilla no afecta únicamente a quienes quieren comprar. Para muchas personas con ingresos modestos, el alquiler constituye la única alternativa posible, pero las cifras tampoco facilitan el acceso en Triana. Según los precios de oferta publicados por el citado portal Idealista, en julio de 2026 el precio del alquiler en Triana se situaba en 14,4 euros por metro cuadrado al mes, un 3,8% más que un año antes y muy próximo al máximo histórico registrado en junio, cuando alcanzó los 14,6 euros. En el conjunto de Sevilla, la media era de 13,5 euros por metro cuadrado.

Un piso de 80 metros cuadrados supondría alrededor de 1.150 euros mensuales aplicando como referencia el precio medio anunciado del distrito. Incluso una vivienda de 50 metros cuadrados se aproximaría a los 720 euros. De nuevo, son cálculos orientativos derivados de los precios de oferta recogidos por el portal inmobiliario y no cantidades correspondientes a contratos concretos, pero permiten dimensionar las dificultades para alquilar una vivienda en Triana con un salario reducido, una pensión modesta o ingresos inestables.

También existen diferencias entre las distintas zonas del distrito, aunque menos acusadas que en compraventa. Calle Betis-Pagés del Corro alcanza los 14,8 euros por metro cuadrado; López de Gomara, 14,5; El Tardón, 14; y Ronda de Triana-Patrocinio-Turruñuelo, 13,9. En López de Gomara, además, el incremento interanual alcanza el 9%, mientras que en Ronda de Triana-Patrocinio-Turruñuelo llega al 7,8%.

Estas cantidades adquieren otra dimensión cuando se observan desde las economías más vulnerables. Acceder al mercado residencial no depende solamente de encontrar un inmueble disponible, sino de poder mantener durante meses o años un gasto que absorbe una parte importante de los ingresos. Cuando las cuentas no permiten asumir esas cantidades, las alternativas se reducen y pueden aparecer fórmulas de alojamiento cada vez más precarias.

Los pisos turísticos, otra pieza de la transformación de Triana

Entre los cambios señalados en Tejares aparece también la presencia de pisos turísticos en Triana. Varias personas que viven en la urbanización aseguran que existe un número elevado de alojamientos de este tipo. No los consideran, sin embargo, especialmente problemáticos desde el punto de vista de la convivencia. "No dan por culo, no molestan mucho", afirma directamente uno de los entrevistados. Preguntados por una posible relación entre esos alojamientos y el caso de Marta, rechazan establecerla. Tampoco existe información que permita concluir que la proliferación de viviendas turísticas en Triana explique por qué terminó durmiendo en un trastero. Vincular ambos fenómenos sin datos que lo acrediten supondría establecer una causalidad que no puede sostenerse.

Su presencia forma parte, no obstante, de los cambios residenciales que describen quienes conocen la zona desde hace décadas. En un mismo entorno conviven propietarios que compraron sus viviendas hace años, familias recién llegadas, nuevas promociones, alquileres convencionales y alojamientos destinados temporalmente a visitantes. Los usos de la vivienda son hoy considerablemente más diversos que los que recuerdan las generaciones anteriores.

A pocos metros de esas viviendas, Marta pasó sus últimos meses utilizando como dormitorio un espacio que no reunía las condiciones necesarias para ser habitado. No existe información suficiente para vincular una realidad con otra, pero ambas formaban parte de la vida cotidiana del mismo bloque sin que buena parte de quienes vivían allí conociera las circunstancias de aquella mujer.

  • La proliferación de los apartamentos turísticos es una realidad en el barrio sevillano de Triana.
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La exclusión residencial que no siempre se ve

El caso de Marta permite ampliar el foco sobre un fenómeno que no siempre resulta visible cuando se habla de exclusión residencial en Sevilla. Carecer de una vivienda digna no implica necesariamente dormir en la calle. Entre disponer de una casa y encontrarse sin techo existe una amplia variedad de situaciones que afectan especialmente a quienes cuentan con menos recursos. Adultos que regresan al domicilio de sus padres porque no pueden asumir un alquiler, trabajadores que viven durante años en habitaciones, familias que dependen temporalmente de parientes o amigos y pensionistas obligados a compartir vivienda forman parte de un problema difícil de detectar. En los casos más extremos aparecen espacios que nunca fueron concebidos para ser habitados y que terminan utilizándose para pasar la noche.

Un trastero puede disponer de puerta, cerradura y electricidad y ofrecer mayor protección que dormir en la calle. Eso no modifica su naturaleza ni lo convierte en una vivienda digna. Las dimensiones, la ventilación, las condiciones higiénicas y la ausencia de servicios básicos separan estos espacios de cualquier inmueble concebido para uso residencial. Marta mantenía además determinadas rutinas fuera del pequeño espacio de Tejares. Según los testimonios recogidos en la zona, acudía a recursos próximos donde podía comer a precios reducidos. Una mujer que reside en el bloque señala un comedor para personas mayores situado a pocos cientos de metros y menciona también otro recurso cercano. Estas informaciones no permiten reconstruir por completo las circunstancias personales de Marta, pero ayudan a entender cómo una situación grave de vulnerabilidad puede permanecer oculta durante meses.

  • Algunos vecinos indican que vieron a Marta entrar varias veces en el comedor de las Hijas de la Caridad de la calle Pagés del Corro.
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Una persona puede desplazarse diariamente por el barrio, acudir a comer, realizar sus gestiones y mantener cierto grado de autonomía mientras atraviesa serias dificultades residenciales. Esa normalidad exterior puede explicar que determinados casos pasen inadvertidos incluso para quienes comparten edificio. Sobre Marta todavía quedan interrogantes. Ninguno de los testimonios recabados permite aclarar qué circunstancias concretas la llevaron hasta aquel trastero y tampoco existen datos suficientes para atribuir su situación al encarecimiento de la vivienda en Sevilla, a los pisos turísticos o a cualquier otro fenómeno concreto. Su historia personal no puede reconstruirse a partir de una estadística inmobiliaria.

Las cifras sí describen el contexto en el que ocurrió. Marta dormía en un trastero situado en un barrio donde el precio medio anunciado de compra alcanza los 3.840 euros por metro cuadrado y donde una vivienda de 50 metros cuadrados se aproximaría a los 720 euros mensuales de alquiler tomando como referencia la media de oferta publicada por Idealista.

De los corrales al problema de poder quedarse

Durante buena parte del siglo XX, uno de los grandes retos urbanos en Triana consistió en sustituir alojamientos caracterizados por el hacinamiento, la falta de ventilación, los servicios compartidos y unas condiciones sanitarias deficientes. La extensión del agua corriente, el saneamiento, los cuartos de baño individuales y unas mayores dimensiones de las viviendas supuso una mejora sustancial en la calidad de vida de miles de familias. Décadas después, las condiciones materiales de las viviendas han mejorado mientras el acceso económico a una vivienda digna se ha convertido en una dificultad para determinados sectores de la población. 

Los testimonios recogidos en Tejares permiten observar ese proceso desde una perspectiva distinta. "De mi generación no quedamos ninguno", señala uno de los habitantes más veteranos. "Antes niños no se veían y ahora hay muchos niños", apunta otro al hablar de las nuevas familias. Un tercero mantiene que, pese a todo, la esencia del barrio permanece: "Los de Triana son muy trianeros". Son impresiones diferentes sobre un mismo proceso. Triana mantiene una identidad especialmente fuerte dentro de Sevilla, pero la pertenencia sentimental al barrio no garantiza la posibilidad económica de permanecer en él. Para quienes adquirieron una vivienda décadas atrás o han podido heredarla, el incremento de los precios tiene consecuencias muy distintas de las que afronta una persona que debe incorporarse actualmente al mercado con ingresos modestos.

La historia de Marta no permite saber si ella fue una de esas personas que quedaron fuera del mercado residencial. Convertirla en símbolo de la crisis de la vivienda en Sevilla sin conocer completamente sus circunstancias supondría simplificar una vida de la que, paradójicamente, quienes estaban a pocos metros apenas saben nada. Su caso deja, sin embargo, un hecho difícil de obviar dentro del debate sobre la vivienda. Después de décadas de mejoras en las condiciones residenciales y de la desaparición progresiva de buena parte de aquella infravivienda asociada a la Triana más humilde, una mujer de unos 70 años pasó sus últimos meses durmiendo en un espacio de menos de seis metros cuadrados, sin ventanas y sin cuarto de baño.

Marta pudo morir en torno al 25 de agosto. Su cuerpo fue encontrado aproximadamente 48 horas después. Hasta entonces, buena parte de quienes residían a pocos metros desconocían que aquel trastero de la calle Tejares se había convertido en el lugar al que regresaba cada noche.

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