El Jueves de Feria de Abril con multitud de parejas bailando sevillanas.
El Jueves de Feria de Abril con multitud de parejas bailando sevillanas. MAURI BUHIGAS

Cuando el martes 21 despierte empieza el alumbrado de la Feria de Sevilla. La viví a fondo en su momento, ahora ya no me atrae. No me echen cuenta soy un previejo esaborío. Pero me gusta la forma de enfocarla, similar a la de Jerez (ambas muy vigiladas por Hacienda, hay que ser torpe para estar ahora mismo pidiendo datos a la de Jerez cuando acaba de irse la señora Montero para aspirar a la presidencia de la Junta). 

La Feria de Sevilla es la Feria de Sevilla y quien venga a ella bienvenido sea, como a la de Jerez. A las dos las han tachado a veces de elitistas por eso de que a las casetas hay que acudir invitado, entre otros motivos. Hay casetas de libre entrada, pero, en efecto, otras muchas son por invitación, no son ferias para ir en bañador a prolongar la playa veraniega, son para disfrutar de tradiciones concretas como el paseo de caballos según la esencia andaluza. 

No valen las botellonas, no valen las gamberradas, es algo para todos los públicos en sus cabales y me parece muy bien que no sea un fenómeno desordenado, una concentración festera con pocas reglas para dárselas de demócratas y de populares. La diversión no puede convertirse en borracheras incontrolables, en la visión de esos estados ebrios en los que el ser humano pierde toda su dignidad al dejar de controlarse y de poseerse. 

La alegría aparente

La sabiduría popular también sabe estar en su sitio cuando elige una forma de vestirse de flamenca, una estética, una elegancia. Y un control, dentro de la alegría que la gente muestra o cree estar demostrando. No creo en esa alegría, al menos el sevillano siempre me ha parecido un gran fingidor. Ensalza a su tierra sevillana y andaluza, pero escucho con frecuencia en programas de radio locales cómo el locutor y algunos entrevistados se esfuerzan en pronunciar eses finales en las palabras. Qué contradicción, qué muestra de tristeza  

Esfuerzo inútil, al momento les brota sin querer ese hablar con eses aspiradas tan sevillano y andaluz. Sin ir más lejos, esta semana he oído en una radio sevillana una entrevista de un locutor con un empresario que representaba a un sector productor andaluz y ambos procuraban -sin conseguirlo- utilizar un acento castellano en la conversación. El resultado final es el ridículo y la falta de coherencia que caracterizan a no pocos andaluces, empezando por quienes fuerzan el acento andaluz supuestamente para hacer gracia. 

Respeto y cariño

La Feria de Sevilla es atractiva y “atracativa” porque “atraca” los bolsillos de sus visitantes. Sin embargo, le guardo mucho respeto y cariño y me alegro de que algunas personas necesitadas puedan sacarse un dinero extra en unos días agotadores. Ya no es la misma que cuando este articulista era joven y sin embargo aún conserva la sustancia de un pasado en el que las personas de fuera que visitaban el recinto luego se asombraban cuando se enteraban de que, a pesar de los litros de vino y cerveza que se consumen, las urgencias de los centros sanitarios no reciban demasiados casos por intoxicación etílica grave. 

Una de las artes de la Feria de Sevilla es saber beber con inteligencia. No es lo mismo ponerse alegre que perder el control totalmente. Mi Feria de Sevilla ya no es ésta, era otra aún más pequeñita porque la de ahora sigue siendo pequeña y el alcalde se ha rebelado contra el gobierno central que continúa haciendo lo que puede para perjudicar a Sevilla como si ella no se hubiera perjudicado bastante a sí misma a lo largo de su historia.     

Hay terreno propiedad del Estado que Madrid no acaba de ceder para que la Feria se amplíe cuando existe quien lleva esperando treinta años para levantar una caseta, es decir, que quienes solicitaron permiso tal vez hayan muerto. Cuando se amplíe en la zona en la que ahora se encuentra –“para el año que viene sí o sí”, afirma Sanz, el alcalde pepero- seguirá siendo pequeña y si se lleva al llamado Charco de la Pava tal vez resulte demasiado grande, inabarcable para caminarla.

Aquella Feria pequeñita

Mi Feria se ubicaba en el Prado de San Sebastián, junto al Parque de María Luisa y la Plaza de España. En mi juventud, yo era de los que iba con un grupo de compañeros de Los Hermanos Maristas -aún nos reunimos a comer con cierta frecuencia bastantes de los que quedamos vivos-, guitarra en ristre, yendo a las casetas a las que nos invitaban, cantando, comiendo y bebiendo para, a veces, terminar echados sobre la yerba del Parque de María Luisa para reponer fuerzas y cabeza.      

Vi a Pepe El Escocés, un señor alto y delgado que se paseaba por la Feria con su falda escocesa allá por los años 50 y 60 del siglo XX, un auténtico espectáculo entonces. Paco Palacios “El Pali”, le compuso una sevillana en 1979, año de las primeras elecciones municipales democráticas que llevaron al andalucista Luis Uruñuela a la alcaldía: “…Tiene una deuda Sevilla,/ con aquel gran extranjero/ que de tan lejos venía./ Viva la gracia del mundo,/ viva el arte y el gaché,/ murió queriendo a Sevilla,/ viva Pepe el Escocés”. También estuvo en Jerez, en 1963, en la Feria del Caballo. 

Coqueteé en la Feria con las norteamericanas que venían desde la base de Morón, ¿qué habrá sido de mi ligue Jeanie Castle, de Misisipi? La conocí en una de las pistas de coches locos y le gustaba subirse en los cacharros mareantes, yo la seguía para hacerme el machote, pero me sentaban fatal y cuando nos bajábamos hacía esfuerzos para que no viera flaquear al macho ibérico.  

Eran tiempos franquistas, había mucha represión ideológica y política, pero, qué quieren que les diga, los parques no estaban enjaulados ni cerrados a cal y canto, si esto es alabar a Franco y por tanto punible aquí tienen ustedes mis muñecas para que las esposen, es un hecho lo que digo, sufrí la falta de libertad de expresión -ahora también, en menor medida, pero también- y disfruté con la alegría de poder reposar en la yerba de un parque sin estropearlo, al revés, mi generación progre y/o educada en el respeto y la disciplina primero religiosa y luego marxista-leninista, era de la que si veía a unos pijos o a unos gamberros destrozar algo nos enfrentábamos a ellos.

Salvo compromisos ineludibles o recomendables, la Feria ya no es para mí, me sé todos sus cuentos. Y lamento mucho que se dé por hecho que yo por vivir y ser de Sevilla me tenga que saber los pormenores del acontecimiento. Aspiro a ser como esas grandes ciudades en las que se sabe que hay una fiesta importante en algún sitio sin estar obligado a más conocimiento. 

Apuesto por el elitismo en la Feria, claro que sí. Elitismo en las élites y elitismo en todos sus visitantes que están concienciados de que en la Feria se guardan las formas y las esencias. También hay exposición, apariencias y fanfarroneo, allá quienes los practiquen, todos queremos ser famosos aunque sea un día como aquel programa de la televisión en blanco y negro: “Reina por un día”. 

Hay que traer celebridades

Y hablando de fama, Sevilla sigue perdiendo la oportunidad de continuar incrementando su fama de ciudad clave en el mundo. Porque las ferias se vuelven más universales y rentables a medio y largo plazo cuando quien proceda se gaste dinero en invitar a las grandes fortunas y a las grandes figuras del espectáculo para que enseñen la sonrisa unas horas, atraigan cámaras y focos e inviertan en “la ciudad de la gracia”, como diría José María Izquierdo. Claro que si desean invertir y les endosan multitud de trámites burocráticos mejor me callo.

Este asunto se ha dejado de lado desde hace demasiados años. En 2023, Mercedes Benítez desde las páginas de ABC, dejaba constancia de algunas de las personas destacadas que pisaron la Feria sevillana en su historia: “a Sevilla han acudido reyes, príncipes y princesas, ex primeras damas de los Estados Unidos, actores y actrices de Hollywood y numerosas caras conocidas”. Y citaba a Grace Kelly, que coincidió con Jaqueline Kennedy (1966) “montando a caballo y vestidas de flamenca junto a la entonces Duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James que ejerció como anfitriona”. 

Sumemos a la princesa de Mónaco, que se paseó en coche de caballos junto al príncipe Rainiero. Conocemos de sobra las visitas de la actriz Ava Gadner y sus aventuras amorosas. Gadner se vistió de flamenca en 1950 y en 1964. En 1958 acudió la francesa y sexy boom Brigitte Bardot. Rita Hayworth también pisó la Feria. Nos recuerda Mercedes Benítez: “La famosa protagonista de Hilda, de apellido Cansino y cuyos antecedentes familiares procedían de Castilleja de la Cuesta [área metropolitana de Sevilla], se vistió de flamenca y montó en un carruaje en el año 1961. La actriz Audrey Hepburn también acudiría al real en el año 1965 junto a su marido, el actor Mel Ferrer”.

El director de cine Orson Welles, amigo del torero Antonio Ordóñez, estuvo en el Real varias veces. Soraya de Persia, ex mujer del Sha Mohammad Reza Pahlavi (ya lo quisiera ver otra vez como líder de Irán el bocazas de Donald Trump) adornó el albero ferial sevillano. Los reyes de Holanda, Guillermo y Máxima, acompañados de sus tres hijas, acudieron en 2019. Los monarcas decidieron celebrar su veinte aniversario en el mismo sitio donde se habían conocido: la feria de abril.     

Los nuevos millonarios

Es evidente que ahora toca que vengan los llamados “nuevos amos del mundo”. No parece que Sevilla sea santo de la devoción de Pedro Sánchez, pero si reconsidera su postura y desea invitar a Xi Jinping que lo haga y, si no, ya lo hará alguien. 

Los diez ciudadanos chinos más ricos acumulan un patrimonio neto de unos 450.500 millones de dólares. El mundo es un negocio, para qué nos vamos a engañar, y si ya hemos asimilado -a la fuerza- al tío Sam y su pato Donald y les permitimos colocar aviones en Rota y Morón -dentro de un orden, como quiere el señor Sánchez- no veo por qué no vamos a aprender tecnología amarilla y filosofía de Confucio, aunque se enfade Trump quien, por cierto, si quiere, que venga y se harte de manzanilla y de rebujitos, de hecho, él y Putin han sido objeto de memes diversos en los que se les ve en la Feria de Abril vestidos de flamenca. En mis tiempos bebíamos manzanilla marca Mantecoso. Si existe, que les den unas cañas. Si no, la que sea buena, que Trump es un empresario y Putin el rey de los oligarcas.  

Jeff Bezos (Amazon) tiene antecedentes españoles y Elon Musk podrá ver que cada vez hay más Teslas circulando por Sevilla a pesar de la crisis por la que atraviesa el coche eléctrico occidental mientras que la venta de los autos chinos aumenta. Son más baratos.  

Si Bezos cuenta con antecedentes españoles, el capital árabe aún cree en Al-Andalus como algo propio. No es que le vayamos a regalar España pero ya que nos estamos volviendo tan islamistas a niveles oficiales no olvidemos que el Fondo Soberano de los Emiratos Árabes Unidos, conocido como ADIA, es uno de los más grandes del mundo y ha invertido en empresas innovadoras como Uber, Facebook y BlackRock. Se les acaba el chollo del petróleo y hace bastante tiempo que el mundo islámico rico se encuentra diversificando su capital, que se lo digan, si no, a El Corte Inglés, a Telefónica o al Grupo Prisa, de los que son o han sido accionistas. 

La Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Sevilla deberían espabilar en esto de la captación de capitales aquí y allá. Y por supuesto la Confederación Empresarial de Andalucía (CEA) y en especial la Confederación Empresarial de Sevilla (CES) que ya está bien de tanta Caixabank se llame así o se llame Cajasol y sus apoyos generalmente populistas. 

Hay dos dichos sobre el dinero que son especialmente conocidos: uno, “el dinero es miedoso”. No le va a temer nadie en Andalucía y menos en Sevilla, estamos acostumbrados a todas las culturas desde Tartessos a los chinos pasando hasta por los japoneses de Coria del Río y los vikingos. Dos, “el dinero no tiene ideología”. Ahí que vemos corriendo al dinero democrático occidental camino de China y ya lo vimos entrando por la España de Franco y por el Chile de Pinochet, verbigracia, creando riqueza. Le digan lo que le digan a Xi Jinping y a su huésped Pedro Sánchez, el acogedor caritativo de los desvalidos inmigrantes, a pocos les va a amargar que los parques tecnológicos de Sevilla y otras industrias contengan un buen toque chinesco adornado por farolillos de la Feria.  

Lo más leído