Ediciones:

Seguir en Discover

Opinión

Cuatro puntos suspensivos

Qué necesaria es la educación: para puntuar correctamente un texto, para no tener la culpa de los puntos en la cara de nadie, para reconocer el mal

  • Momento del empujón del agente a la profesora en Valencia.

O el energúmeno y la lección de física, que también podría llamarse así esta columna. Y es que, con los educadores valencianos aún acampados en la Plaza de la Virgen, cuesta procesar lo que vivimos hace bien poco: cuando en una manifestación pacífica en defensa de la escuela pública —pocas causas hay más loables para la protesta—, una maestra fue salvajemente lanzada al suelo por un agente sin mediar palabra ni aviso. Su delito: caminar por la vía pública con una camiseta verde. La prueba: el vídeo que se repite una y otra vez en la retina de la gente decente. La defensa: una esperpéntica pirueta retórica para revestir de cinemática un empujón por la espalda. 

Cinco días hace ya desde que la Unión Federal de Policía, un sindicato de la Policía Nacional, justificó lo injustificable e incluso se atrevió a espetar a la Delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana el ya célebre "usted no va a investigar nada". En la misma mañana en que se produjo la agresión, la UFP publicó este vergonzante post en X en respuesta a aquel en el que Pilar Bernabé condenaba lo ocurrido: "La imagen responde a una actuación policial para evitar que corten las calles. Se trataba de evitar ese primer momento de invasión de la vía pública… se debe actuar con rapidez, con la mínima fuerza pero con decisión. Usted no va a investigar nada, en todo caso será un juez quien debe depurar responsabilidades…. Todo nuestro apoyo al compañero y a su actuación. Si sales a cortar calles, te expones a que te retiren de ellas. Deje de hacer política con nuestro trabajo #vergonzoso". Cuatro puntos suspensivos, puntos en el rostro —desconozco cuántos— para la maestra y cero suspensiones para el agente. Por lo visto, parece que se le ha abierto un expediente, pero nada de apartarlo de las calles ni del sueldo. Ni de la porra. Así estamos. 

A consecuencia del golpe, la mujer, que ha presentado denuncia por los hechos, fue atendida por la rotura del tabique nasal y una herida en la barbilla que precisó puntos de sutura. Y yo no puedo dejar de mirar esos cuatro puntos suspensivos —cuatro, que no tres— bien pegados, no por casualidad, a la palabra responsabilidades. Parece como si las “fuerzas del orden” se estuvieran excediendo en todos los puntos: ortográficos, físicos y morales. Tampoco es que podamos asombrarnos demasiado.

El gremio policial es como la cocina de un búrguer: es mucho mejor no conocerlo por dentro para cuando no quede más remedio que hacer uso. Si por desgracia uno tiene que mirar al abismo, este le devolverá la mirada; salvo si eres una profesora jubilada de 68 años, en cuyo caso puede que el abismo te calce una hostia sin mirarte siquiera. Si eres un nazi levantando el brazo, lo mismo te invitan amablemente a abandonar la vía. Todo depende de cómo cojas de inspirado al… abismo de turno. 

Desprotección, rabia, indignación, vergüenza, asco… y tres puntos suspensivos. En ellos cabe todo aquello que usted, lectora o lector, esté pensando ahora; cualquier sensación que le recorriera las tripas el domingo por la mañana. Qué necesaria es la educación: para puntuar correctamente un texto, para no tener la culpa de los puntos en la cara de nadie, para reconocer el mal. Porque la educación, como la vergüenza, se nota mucho más cuando falta del todo. 

O el energúmeno y la lección de física, que también podría llamarse así esta columna. Y es que, con los educadores valencianos aún acampados en la Plaza de la Virgen, cuesta procesar lo que vivimos hace bien poco: cuando en una manifestación pacífica en defensa de la escuela pública —pocas causas hay más loables para la protesta—, una maestra fue salvajemente lanzada al suelo por un agente sin mediar palabra ni aviso. Su delito: caminar por la vía pública con una camiseta verde. La prueba: el vídeo que se repite una y otra vez en la retina de la gente decente. La defensa: una esperpéntica pirueta retórica para revestir de cinemática un empujón por la espalda. 

Cinco días hace ya desde que la Unión Federal de Policía, un sindicato de la Policía Nacional, justificó lo injustificable e incluso se atrevió a espetar a la Delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana el ya célebre "usted no va a investigar nada". En la misma mañana en que se produjo la agresión, la UFP publicó este vergonzante post en X en respuesta a aquel en el que Pilar Bernabé condenaba lo ocurrido: "La imagen responde a una actuación policial para evitar que corten las calles. Se trataba de evitar ese primer momento de invasión de la vía pública… se debe actuar con rapidez, con la mínima fuerza pero con decisión. Usted no va a investigar nada, en todo caso será un juez quien debe depurar responsabilidades…. Todo nuestro apoyo al compañero y a su actuación. Si sales a cortar calles, te expones a que te retiren de ellas. Deje de hacer política con nuestro trabajo #vergonzoso". Cuatro puntos suspensivos, puntos en el rostro —desconozco cuántos— para la maestra y cero suspensiones para el agente. Por lo visto, parece que se le ha abierto un expediente, pero nada de apartarlo de las calles ni del sueldo. Ni de la porra. Así estamos. 

A consecuencia del golpe, la mujer, que ha presentado denuncia por los hechos, fue atendida por la rotura del tabique nasal y una herida en la barbilla que precisó puntos de sutura. Y yo no puedo dejar de mirar esos cuatro puntos suspensivos —cuatro, que no tres— bien pegados, no por casualidad, a la palabra responsabilidades. Parece como si las “fuerzas del orden” se estuvieran excediendo en todos los puntos: ortográficos, físicos y morales. Tampoco es que podamos asombrarnos demasiado.

El gremio policial es como la cocina de un búrguer: es mucho mejor no conocerlo por dentro para cuando no quede más remedio que hacer uso. Si por desgracia uno tiene que mirar al abismo, este le devolverá la mirada; salvo si eres una profesora jubilada de 68 años, en cuyo caso puede que el abismo te calce una hostia sin mirarte siquiera. Si eres un nazi levantando el brazo, lo mismo te invitan amablemente a abandonar la vía. Todo depende de cómo cojas de inspirado al… abismo de turno. 

Desprotección, rabia, indignación, vergüenza, asco… y tres puntos suspensivos. En ellos cabe todo aquello que usted, lectora o lector, esté pensando ahora; cualquier sensación que le recorriera las tripas el domingo por la mañana. Qué necesaria es la educación: para puntuar correctamente un texto, para no tener la culpa de los puntos en la cara de nadie, para reconocer el mal. Porque la educación, como la vergüenza, se nota mucho más cuando falta del todo. 

Comentarios