La reciente visita del Papa Leon XIV a Madrid, Barcelona Las Palmas de Gran Canaria y Tenerife ha constituído , sin lugar a dudas, un fenómeno social de masas. Acontecimiento que quedará en los anales de la historia.
Creo que a muchos sorprendió el clamoroso éxito de estos encuentros. Por una parte, la inmensa y entusiasta respuesta popular en todas las ciudades. Una alegría desbordante en la que participaron jóvenes en gran número venidos de todos los rincones de España, Hispanoamérica y otros países de Europa.
La organización de los numerosos actos organizados fue absolutamente impecable, sobre todo si tenemos en cuenta las extremas medidas de seguridad que se requerían, y la espontaneidad del Papa que en varias ocasiones rompió el protocolo para bendecir a los bebés que le acercaban y para saludar al público.
Uno de los encuentros más significativos fue el discurso que León LIV pronunció en el Congreso de los Diputados.
El Papa en un perfecto castellano mencionó los aspectos fundamentales de la fe cristiana y sus consecuencias legales: hizo mención a la eutanasia, el aborto y la inmigración, entre otros.
Un prolongado aplauso de casi diez minutos fue la respuesta de los políticos que a continuación se pronunciaron a favor del Papa. Cada partido (tal como manifestó el sagaz periodista Vicente Vallés) tomó aquel aspecto que le convenía a sus propios intereses. Entonces, hubieron varios discursos. Todos soslayaron aquellas cuestiones en los cuales de manera alguna acuerdan con León LIV.
En cuanto Robert Prevost es difícil encontrar todos los adjetivos que merece un personaje con tanto carisma. Al manejo casi perfecto del castellano (incluso pronunció frases en catalán), debe unirse la simpatía, a la vez que una actitud cercana y discreta y de escucha.
Los participantes interrogados al respecto manifestaron la sensación de paz que el Papa ha trasmitido. Enternecedora ha sido los frecuentes regalos de rosarios bendecidos al público en todos los lugares donde realizó visitas.
No podían faltar, por supuesto, las manifestaciones de algunos personajes políticos que ponen en evidencia la rivalidad antigua entre Madrid y Barcelona. La espectacular inauguración de la torre de la Sagrada Familia hizo que algunos dijeran algo así como: “la nuestra fue mejor”, al mejor estilo del lenguaje y pensamiento propio de la infancia que caracteriza a ciertos personajes.
En el discurso del Congreso se puso de manifiesto la inmensa diferencia entre un lenguaje inteligente y mesurado que puso de relieve la importancia de la historia y cultura españolas (que pronunció el Papa), con las frecuentes riñas de gallos maleducados en que se ha convertido el congreso.
El clamoroso éxito de la visita ha colocado a la figura de Robert Francis Prevost casi en un pedestal y se debe a varios factores. Por una parte, su discurso trasmitía VERDAD. Una verdad que viene avalada por muchos años de trabajo misionero en las zonas más pobres de Perú. Por otra y más allá de cualquier escucha más o menos religiosa, unas palabras que denotaban una profunda reflexión unida a intensos sentimientos de amor cristiano, que llaman al encuentro entre seres humanos, a la unión y la solidaridad.
Exactamente lo contrario del panorama político que estamos padeciendo y me interesa remarcarlo: PADECIENDO.
Estamos presenciando un ring de boxeo con deportistas que no siempre tienen la preparación y madurez necesaria para el cargo que ocupan. Amén de otras cuestiones más o menos delictivas que los adornan.
Hay necesidad de verdad, de hechos constatables. En muchas ocasiones creo que los ciudadanos nos sentimos humillados y desvalorizados.
En Psicología de las Masas (Freud, 1921) realiza un importante estudio de dos masas: el ejército y la iglesia. Allí se pone de manifiesto la necesidad de un líder que aglutine a las masas y represente unos ideales. Estos valores e ideales se entroncan con el psiquismo individual.
La presencia del Papa ha sabido interpretar esas necesidades psicológicas que favorecen también el desarrollo y la salud mental de la población.
Como dijo el propio Leon XIV: “esto ha sido un gol”, un gol para la cristiandad española.
La reciente visita del Papa Leon XIV a Madrid, Barcelona Las Palmas de Gran Canaria y Tenerife ha constituído , sin lugar a dudas, un fenómeno social de masas. Acontecimiento que quedará en los anales de la historia.
Creo que a muchos sorprendió el clamoroso éxito de estos encuentros. Por una parte, la inmensa y entusiasta respuesta popular en todas las ciudades. Una alegría desbordante en la que participaron jóvenes en gran número venidos de todos los rincones de España, Hispanoamérica y otros países de Europa.
La organización de los numerosos actos organizados fue absolutamente impecable, sobre todo si tenemos en cuenta las extremas medidas de seguridad que se requerían, y la espontaneidad del Papa que en varias ocasiones rompió el protocolo para bendecir a los bebés que le acercaban y para saludar al público.
Uno de los encuentros más significativos fue el discurso que León LIV pronunció en el Congreso de los Diputados.
El Papa en un perfecto castellano mencionó los aspectos fundamentales de la fe cristiana y sus consecuencias legales: hizo mención a la eutanasia, el aborto y la inmigración, entre otros.
Un prolongado aplauso de casi diez minutos fue la respuesta de los políticos que a continuación se pronunciaron a favor del Papa. Cada partido (tal como manifestó el sagaz periodista Vicente Vallés) tomó aquel aspecto que le convenía a sus propios intereses. Entonces, hubieron varios discursos. Todos soslayaron aquellas cuestiones en los cuales de manera alguna acuerdan con León LIV.
En cuanto Robert Prevost es difícil encontrar todos los adjetivos que merece un personaje con tanto carisma. Al manejo casi perfecto del castellano (incluso pronunció frases en catalán), debe unirse la simpatía, a la vez que una actitud cercana y discreta y de escucha.
Los participantes interrogados al respecto manifestaron la sensación de paz que el Papa ha trasmitido. Enternecedora ha sido los frecuentes regalos de rosarios bendecidos al público en todos los lugares donde realizó visitas.
No podían faltar, por supuesto, las manifestaciones de algunos personajes políticos que ponen en evidencia la rivalidad antigua entre Madrid y Barcelona. La espectacular inauguración de la torre de la Sagrada Familia hizo que algunos dijeran algo así como: “la nuestra fue mejor”, al mejor estilo del lenguaje y pensamiento propio de la infancia que caracteriza a ciertos personajes.
En el discurso del Congreso se puso de manifiesto la inmensa diferencia entre un lenguaje inteligente y mesurado que puso de relieve la importancia de la historia y cultura españolas (que pronunció el Papa), con las frecuentes riñas de gallos maleducados en que se ha convertido el congreso.
El clamoroso éxito de la visita ha colocado a la figura de Robert Francis Prevost casi en un pedestal y se debe a varios factores. Por una parte, su discurso trasmitía VERDAD. Una verdad que viene avalada por muchos años de trabajo misionero en las zonas más pobres de Perú. Por otra y más allá de cualquier escucha más o menos religiosa, unas palabras que denotaban una profunda reflexión unida a intensos sentimientos de amor cristiano, que llaman al encuentro entre seres humanos, a la unión y la solidaridad.
Exactamente lo contrario del panorama político que estamos padeciendo y me interesa remarcarlo: PADECIENDO.
Estamos presenciando un ring de boxeo con deportistas que no siempre tienen la preparación y madurez necesaria para el cargo que ocupan. Amén de otras cuestiones más o menos delictivas que los adornan.
Hay necesidad de verdad, de hechos constatables. En muchas ocasiones creo que los ciudadanos nos sentimos humillados y desvalorizados.
En Psicología de las Masas (Freud, 1921) realiza un importante estudio de dos masas: el ejército y la iglesia. Allí se pone de manifiesto la necesidad de un líder que aglutine a las masas y represente unos ideales. Estos valores e ideales se entroncan con el psiquismo individual.
La presencia del Papa ha sabido interpretar esas necesidades psicológicas que favorecen también el desarrollo y la salud mental de la población.
Como dijo el propio Leon XIV: “esto ha sido un gol”, un gol para la cristiandad española.
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