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Ceuta: más de 70 muertos en el juego sucio de Marruecos

El Tarajal vuelve a cobrarse vidas mientras los gobiernos intercambian acusaciones y utilizan el drama humano con fines políticos

  • La llegada de cientos de migrantes a Ceuta. -

Más de 70 personas han muerto durante la entrada de miles de personas en Ceuta por la frontera del Tarajal. Una frontera, esta y la de Melilla, convertidas en auténticos dispositivos de muerte. 

No es un fenómeno aislado: la frontera del Tarajal y la de Melilla acumulan una terrible historia de violencia. En 2005, once personas perdieron la vida por disparos de las fuerzas de seguridad de ambos lados. En 2014 catorce personas perdieron la vida bajo los disparos de pelotas y botes de humo por la Guardia Civil. Y en Melilla, en junio de 2024, 74 personas murieron encajonadas en una trampa mortal, en medio de disparos y cargas en las vallas.

Marruecos utiliza de forma de forma instrumental y cruel a sus ciudadanos como carne de cañón para conseguir sus objetivos políticos frente a España o la Unión Europea. Lo hizo en junio de 2018 cuando la gendarmería marroquí hizo la vista gorda y centenares de embarcaciones llegaron a la costa de Cádiz. Lo volvió a hacer en mayo 2021, cuando entraron 12.000 personas, muchos menores, en Ceuta. Y lo ha hecho ahora.

Porque el recurso a las mafias empieza a resultar manido. Porque se sabe que muchas personas fueron desplazados en camiones desde otras ciudades de Marruecos. Y porque Marruecos es un país con un gobierno teocrático y dictatorial; y que dispone de una maquinaria represiva colosal: nada se mueve sin permiso del Majzén, el aparato de poder marroquí.

¿Qué ha pasado esta vez? Es difícil saberlo con certeza, pero los analistas más informados apuntan a varias causas posibles. Por un lado, la reciente visita de Sánchez a Argelia, que permitió avanzar en acuerdos sobre el gas. Otros señalan la aprobación en el Congreso de la concesión de nacionalidad a los saharauis y descendientes de la antigua colonia española.

Finalmente, no somos pocos los que vemos la alargada mano de Trump y Netanyahu en estos sucesos. Uno y otro prometieron vengarse por la justa postura del gobierno de España de condenar el genocidio en Gaza, oponerse a la agresión a Irán, no permitir el uso de las bases de Rota y Morón para ello o no tragar con el imperativo de subir los gastos militares hasta el 5% del PIB para comprar armas a EE.UU.

No estamos ante un fenómeno migratorio, sino ante una acción de presión orquestada por el gobierno de Marruecos sobre España. Y en ese ataque no solo ha encontrado aliados en la ultraderecha europea, sino entre las derechas españolas, que actuando como traidores una vez más, utilizan la muerte de decenas de personas para dar alas a sus discursos de odio. 

Pero, nuestro país no es Marruecos. España está obligada a garantizar una acogida digna a quienes permanezcan en Ceuta tras la salida de la mayoría de los marroquíes, y especialmente a atender y proteger a los menores que han cruzado solos una frontera mortal, como se ha comprobado. Y esa responsabilidad no corresponde solo a la ciudad de Ceuta que no tiene medios suficientes, sino al conjunto de las comunidades autónomas y al Gobierno.

Surgen, en todo caso, preguntas que el Gobierno debe responder. ¿Cómo es posible que nuestros servicios secretos, tan diligentes para vigilar a dirigentes de izquierda o independentistas, o para infiltrarse en organizaciones sociales, no detectaran nada? Marruecos llegó a instalar el programa espía Pegasus en el teléfono del presidente del Gobierno. Parece que nuestros servicios de inteligencia estaban, una vez más, ausentes ante un movimiento de esta magnitud.

O cabe una explicación aún más dolorosa: que el Gobierno confiara en Mohamed VI y su dictadura, creyendo que aceptar la postura marroquí sobre el Sáhara bastaba para garantizar estabilidad.

Se trata de un grave error. El gobierno de Marruecos no es fiable en ningún caso. Lo ocurrido estos días tiene causas, y entre ellas está una política migratoria desplegada por España y la UE que ha delegado el control de los flujos migratorios en un país que no respeta los derechos humanos y que jamás será un socio seguro. El Majzén siempre pondrá sus intereses y los de Mohamed VI por encima de cualquier otra consideración, sin reparos para jugar sucio y sin escrúpulos para utilizar a sus propios ciudadanos y empujarlos a perder la vida en un dispositivo de muerte como es la frontera del Tarajal.

Más de 70 personas han muerto durante la entrada de miles de personas en Ceuta por la frontera del Tarajal. Una frontera, esta y la de Melilla, convertidas en auténticos dispositivos de muerte. 

No es un fenómeno aislado: la frontera del Tarajal y la de Melilla acumulan una terrible historia de violencia. En 2005, once personas perdieron la vida por disparos de las fuerzas de seguridad de ambos lados. En 2014 catorce personas perdieron la vida bajo los disparos de pelotas y botes de humo por la Guardia Civil. Y en Melilla, en junio de 2024, 74 personas murieron encajonadas en una trampa mortal, en medio de disparos y cargas en las vallas.

Marruecos utiliza de forma de forma instrumental y cruel a sus ciudadanos como carne de cañón para conseguir sus objetivos políticos frente a España o la Unión Europea. Lo hizo en junio de 2018 cuando la gendarmería marroquí hizo la vista gorda y centenares de embarcaciones llegaron a la costa de Cádiz. Lo volvió a hacer en mayo 2021, cuando entraron 12.000 personas, muchos menores, en Ceuta. Y lo ha hecho ahora.

Porque el recurso a las mafias empieza a resultar manido. Porque se sabe que muchas personas fueron desplazados en camiones desde otras ciudades de Marruecos. Y porque Marruecos es un país con un gobierno teocrático y dictatorial; y que dispone de una maquinaria represiva colosal: nada se mueve sin permiso del Majzén, el aparato de poder marroquí.

¿Qué ha pasado esta vez? Es difícil saberlo con certeza, pero los analistas más informados apuntan a varias causas posibles. Por un lado, la reciente visita de Sánchez a Argelia, que permitió avanzar en acuerdos sobre el gas. Otros señalan la aprobación en el Congreso de la concesión de nacionalidad a los saharauis y descendientes de la antigua colonia española.

Finalmente, no somos pocos los que vemos la alargada mano de Trump y Netanyahu en estos sucesos. Uno y otro prometieron vengarse por la justa postura del gobierno de España de condenar el genocidio en Gaza, oponerse a la agresión a Irán, no permitir el uso de las bases de Rota y Morón para ello o no tragar con el imperativo de subir los gastos militares hasta el 5% del PIB para comprar armas a EE.UU.

No estamos ante un fenómeno migratorio, sino ante una acción de presión orquestada por el gobierno de Marruecos sobre España. Y en ese ataque no solo ha encontrado aliados en la ultraderecha europea, sino entre las derechas españolas, que actuando como traidores una vez más, utilizan la muerte de decenas de personas para dar alas a sus discursos de odio. 

Pero, nuestro país no es Marruecos. España está obligada a garantizar una acogida digna a quienes permanezcan en Ceuta tras la salida de la mayoría de los marroquíes, y especialmente a atender y proteger a los menores que han cruzado solos una frontera mortal, como se ha comprobado. Y esa responsabilidad no corresponde solo a la ciudad de Ceuta que no tiene medios suficientes, sino al conjunto de las comunidades autónomas y al Gobierno.

Surgen, en todo caso, preguntas que el Gobierno debe responder. ¿Cómo es posible que nuestros servicios secretos, tan diligentes para vigilar a dirigentes de izquierda o independentistas, o para infiltrarse en organizaciones sociales, no detectaran nada? Marruecos llegó a instalar el programa espía Pegasus en el teléfono del presidente del Gobierno. Parece que nuestros servicios de inteligencia estaban, una vez más, ausentes ante un movimiento de esta magnitud.

O cabe una explicación aún más dolorosa: que el Gobierno confiara en Mohamed VI y su dictadura, creyendo que aceptar la postura marroquí sobre el Sáhara bastaba para garantizar estabilidad.

Se trata de un grave error. El gobierno de Marruecos no es fiable en ningún caso. Lo ocurrido estos días tiene causas, y entre ellas está una política migratoria desplegada por España y la UE que ha delegado el control de los flujos migratorios en un país que no respeta los derechos humanos y que jamás será un socio seguro. El Majzén siempre pondrá sus intereses y los de Mohamed VI por encima de cualquier otra consideración, sin reparos para jugar sucio y sin escrúpulos para utilizar a sus propios ciudadanos y empujarlos a perder la vida en un dispositivo de muerte como es la frontera del Tarajal.

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