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Opinión

Súper Aldama

En otros lares, se vitorea al corruptor como héroe que hace caer a parte del Gobierno por el simple hecho de sentir que han metido un gol

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  • Aldama, uno de los protagonistas. -
Es curioso cómo, en la mayoría de las ocasiones, el que tiene cara de tener el nivel de vergüenza bajo mínimos termina demostrando que, efectivamente, lo tiene bajo mínimos. Desde que comenzó a menearse el avispero de la trama Koldo-Ábalos-Aldama, siempre me llamó la atención el rostro de este último, sus gestos, su frialdad y, en definitiva, su intrínseca sensación de impunidad, fuera cual fuese el final del caso. Casualmente, es el único que ha terminado sin pisar la cárcel. Mientras que Koldo y Ábalos siempre me dieron la sensación de que se caerían con todo el equipo, Víctor de Aldama mostraba la serenidad del que se sabe protegido. El que pueda hacer que haga, que decía el que ponía acento tejano mientras se le caía la baba con Bush.
 
No seré yo quien defienda las siglas del PSOE en 2026, y menos todavía defenderé a los pobres diablos que, cegados por el brillo de las monedas y por vicios de la mayor bajeza, se van a comer un buen ratito entre rejas. Estaría bueno salir a defender a dos puretas que decidieron dejarse engatusar por la serpiente creyendo, por unos años, que todo saldría bien. Porque no, en este lado no somos de defender a una gente que se forra en momentos tan trágicos y de tanta incertidumbre como una pandemia. Sin embargo, en otros lares, se vitorea al corruptor como héroe que hace caer a parte del Gobierno por el simple hecho de sentir que han metido un gol.
 
 
Aldama, además de no pisar la cárcel, no tendrá que devolver los tres y pico millones de euros que rascó como intermediario cuando las mascarillas eran casi tan vitales como el agua. Y no solo no los devolverá, sino que cuenta relajadamente que se los quedó e, incluso, relata que seguirá buscando oportunidades de negocio. Pero es que, en el lado del que hablaba antes, se le sigue vitoreando y dando sitio. ¿Cómo no va a tener gesto de impunidad, si se la regalan día a día tanto en los platós como en la calle? Es tanto el descaro que, de no tener la cara de tener la vergüenza bajo mínimos que trae de serie, se le habría ido poniendo así en los últimos meses.
 
Y, mientras tanto, en esa extraña derecha tan pobre como aporófoba (una ironía que nos acompañará por los siglos de los siglos) se jactan de que Aldama ha puesto una pieza más en la torre que hará caer a Pedro Sánchez. Porque todo vale para hacer caer al perro, que, por su parte, se agarra al poder de una forma que ya es digna de estudio. En esa derecha de bandera, señalamiento y más bien poco análisis, cualquier cosa es un paso más para tirar por fin al Gobierno. Cualquier cosa, incluido el hecho de que un cuarentón con la cara como el cemento camine tranquilamente con una vomitiva capa de héroe que sus pobrecitos admiradores le han tejido a cambio de nada.
Es curioso cómo, en la mayoría de las ocasiones, el que tiene cara de tener el nivel de vergüenza bajo mínimos termina demostrando que, efectivamente, lo tiene bajo mínimos. Desde que comenzó a menearse el avispero de la trama Koldo-Ábalos-Aldama, siempre me llamó la atención el rostro de este último, sus gestos, su frialdad y, en definitiva, su intrínseca sensación de impunidad, fuera cual fuese el final del caso. Casualmente, es el único que ha terminado sin pisar la cárcel. Mientras que Koldo y Ábalos siempre me dieron la sensación de que se caerían con todo el equipo, Víctor de Aldama mostraba la serenidad del que se sabe protegido. El que pueda hacer que haga, que decía el que ponía acento tejano mientras se le caía la baba con Bush.
 
No seré yo quien defienda las siglas del PSOE en 2026, y menos todavía defenderé a los pobres diablos que, cegados por el brillo de las monedas y por vicios de la mayor bajeza, se van a comer un buen ratito entre rejas. Estaría bueno salir a defender a dos puretas que decidieron dejarse engatusar por la serpiente creyendo, por unos años, que todo saldría bien. Porque no, en este lado no somos de defender a una gente que se forra en momentos tan trágicos y de tanta incertidumbre como una pandemia. Sin embargo, en otros lares, se vitorea al corruptor como héroe que hace caer a parte del Gobierno por el simple hecho de sentir que han metido un gol.
 
 
Aldama, además de no pisar la cárcel, no tendrá que devolver los tres y pico millones de euros que rascó como intermediario cuando las mascarillas eran casi tan vitales como el agua. Y no solo no los devolverá, sino que cuenta relajadamente que se los quedó e, incluso, relata que seguirá buscando oportunidades de negocio. Pero es que, en el lado del que hablaba antes, se le sigue vitoreando y dando sitio. ¿Cómo no va a tener gesto de impunidad, si se la regalan día a día tanto en los platós como en la calle? Es tanto el descaro que, de no tener la cara de tener la vergüenza bajo mínimos que trae de serie, se le habría ido poniendo así en los últimos meses.
 
Y, mientras tanto, en esa extraña derecha tan pobre como aporófoba (una ironía que nos acompañará por los siglos de los siglos) se jactan de que Aldama ha puesto una pieza más en la torre que hará caer a Pedro Sánchez. Porque todo vale para hacer caer al perro, que, por su parte, se agarra al poder de una forma que ya es digna de estudio. En esa derecha de bandera, señalamiento y más bien poco análisis, cualquier cosa es un paso más para tirar por fin al Gobierno. Cualquier cosa, incluido el hecho de que un cuarentón con la cara como el cemento camine tranquilamente con una vomitiva capa de héroe que sus pobrecitos admiradores le han tejido a cambio de nada.
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