Hay que dejar claro, y qué mejor que hacerlo desde un principio, que desde MARCA ACME estamos a favor de que la bulería alcance el estatus de Bien de Interés Cultural (BIC), tal y como ha propuesto el Ayuntamiento de Jerez. El flamenco es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad (PIH), y la bulería, que es una parte del mismo, tiene una aspiración más modesta, como ser BIC. Y si no la tiene la incorpórea bulería, la tiene el Ayuntamiento, que tanto da.
A ver, ser BIC no es solo el reconocimiento y... y ya. Lleva consigo una serie de cuidados y protecciones. Pongamos el ejemplo de un edificio de época: está chulo que le declaren BIC, pero cuidaíto con las remodelaciones que acometes, incluido poner un ascensor. No se trata de andar poniendo ascensores, ni siquiera andamios, a la bulería, pero a ver cómo se vela por ella, que el personal va muy integrista últimamente. Hay que recordar que hace cosa de tres o cuatro décadas se puso muy de moda lo de la fusión del flamenco con otras músicas –desde el rock o el blues a ritmos brasileiros– y los resultados no eran siempre dignos de elogio, que mucha gente se pensó que llevaba dentro a un Kiko Veneno por descubrir y no, querida y flamenca lectora, estimado y cañí lector.
En definitiva, ¿cómo se protege a la bulería? El Ayuntamiento va a comenzar a hablar con las fuerzas vivas, incluida la Academia San Dionisio, para unir fuerzas en un proyecto de ciudad. Un nuevo proyecto de ciudad. De entrada, el Ayuntamiento ha sido contundente al afirmar que se trata de blindar la singularidad de este arte genuino de Jerez frente a imitaciones, garantizando su autenticidad y su evolución natural, palabras que ha remachado la propia Pelayo: "no se trata solo de proteger la bulería de hoy, sino también que cualquier evolución que se produzca con la bulería o con el flamenco, vaya también protegida". Ya ven: "proteger".
¿Entonces... el Ayuntamiento acabará creando una Policía de la Bulería (PB) con capacidad para irrumpir y poner orden en toda caseta, peña o colmao en el que haya serias sospechas de que las cosas no se están haciendo 'a ley'? Es cierto que se pasó la fiebre de la fusión, pero ¿y si vuelve o si se intercepta a un grupo de amigos vasco-madrileño, ligeramente perjudicado, que sencillamente está echando en Jerez un buen rato modo 'ay, que ti vi a comé', eh? ¿Ahí también hay que proteger a la bulería? ¿Y si es una bulería tan mal interpretada que no se puede decir propiamente que eso sea una bulería, será tratada por la PB como si fuera a todos los efectos una bulería? La última ya: ¿la PB tendría jurisdicción más allá de las fronteras de Jerez, nunca mejor dicho? ¿Se podrían firmar acuerdos con Lebrija o El Puerto, por poner a dos vecinos?
La declaración de BIC, como se puede ver, genera por ahora más preguntas que certidumbres, algo que, sin duda alguna, se irá resolviendo a medida que el Ayuntamiento de la muy noble, muy leal y muy flamenca ciudad de Jerez de la Frontera avance en este tema, no les quepa duda. Porque realmente con esto ocurre un poco como con los nacionalismos: las reclamaciones no se acaban nunca. Nos explicamos. Si no tenemos suficiente con que el flamenco haya sido declarado PIH y necesitamos que la bulería sea BIC, podemos seguir minorando las peticiones. Por ejemplo, ¿hay o no hay que proteger la pataíta? Es evidente que sí, que la pataíta –echarse una pataíta– es un acto, digamos, que no puede perder la frescura que habitualmente lo acompaña, esa especie de improvisación bajo control que la caracteriza. ¿Y el jaleo? Por favor, ¡si eso es clave! Por no hablar del compás, ciencia que es pitagórica o no es.
No sabemos qué va a ser del 'duende'... o de los duendes, pero no sería nada raro que alguno de ellos acabara como aquellos Pokemon que se cazaban con los móviles hace unos años...
Por lo pronto, la Junta de Andalucía, la administración responsable, ha comenzado a preparar ventanillas para lo que puede venir después de lo de Jerez y la bulería: Cádiz con la alegría, Huelva y el fandango...
Hay que dejar claro, y qué mejor que hacerlo desde un principio, que desde MARCA ACME estamos a favor de que la bulería alcance el estatus de Bien de Interés Cultural (BIC), tal y como ha propuesto el Ayuntamiento de Jerez. El flamenco es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad (PIH), y la bulería, que es una parte del mismo, tiene una aspiración más modesta, como ser BIC. Y si no la tiene la incorpórea bulería, la tiene el Ayuntamiento, que tanto da.
A ver, ser BIC no es solo el reconocimiento y... y ya. Lleva consigo una serie de cuidados y protecciones. Pongamos el ejemplo de un edificio de época: está chulo que le declaren BIC, pero cuidaíto con las remodelaciones que acometes, incluido poner un ascensor. No se trata de andar poniendo ascensores, ni siquiera andamios, a la bulería, pero a ver cómo se vela por ella, que el personal va muy integrista últimamente. Hay que recordar que hace cosa de tres o cuatro décadas se puso muy de moda lo de la fusión del flamenco con otras músicas –desde el rock o el blues a ritmos brasileiros– y los resultados no eran siempre dignos de elogio, que mucha gente se pensó que llevaba dentro a un Kiko Veneno por descubrir y no, querida y flamenca lectora, estimado y cañí lector.
En definitiva, ¿cómo se protege a la bulería? El Ayuntamiento va a comenzar a hablar con las fuerzas vivas, incluida la Academia San Dionisio, para unir fuerzas en un proyecto de ciudad. Un nuevo proyecto de ciudad. De entrada, el Ayuntamiento ha sido contundente al afirmar que se trata de blindar la singularidad de este arte genuino de Jerez frente a imitaciones, garantizando su autenticidad y su evolución natural, palabras que ha remachado la propia Pelayo: "no se trata solo de proteger la bulería de hoy, sino también que cualquier evolución que se produzca con la bulería o con el flamenco, vaya también protegida". Ya ven: "proteger".
¿Entonces... el Ayuntamiento acabará creando una Policía de la Bulería (PB) con capacidad para irrumpir y poner orden en toda caseta, peña o colmao en el que haya serias sospechas de que las cosas no se están haciendo 'a ley'? Es cierto que se pasó la fiebre de la fusión, pero ¿y si vuelve o si se intercepta a un grupo de amigos vasco-madrileño, ligeramente perjudicado, que sencillamente está echando en Jerez un buen rato modo 'ay, que ti vi a comé', eh? ¿Ahí también hay que proteger a la bulería? ¿Y si es una bulería tan mal interpretada que no se puede decir propiamente que eso sea una bulería, será tratada por la PB como si fuera a todos los efectos una bulería? La última ya: ¿la PB tendría jurisdicción más allá de las fronteras de Jerez, nunca mejor dicho? ¿Se podrían firmar acuerdos con Lebrija o El Puerto, por poner a dos vecinos?
La declaración de BIC, como se puede ver, genera por ahora más preguntas que certidumbres, algo que, sin duda alguna, se irá resolviendo a medida que el Ayuntamiento de la muy noble, muy leal y muy flamenca ciudad de Jerez de la Frontera avance en este tema, no les quepa duda. Porque realmente con esto ocurre un poco como con los nacionalismos: las reclamaciones no se acaban nunca. Nos explicamos. Si no tenemos suficiente con que el flamenco haya sido declarado PIH y necesitamos que la bulería sea BIC, podemos seguir minorando las peticiones. Por ejemplo, ¿hay o no hay que proteger la pataíta? Es evidente que sí, que la pataíta –echarse una pataíta– es un acto, digamos, que no puede perder la frescura que habitualmente lo acompaña, esa especie de improvisación bajo control que la caracteriza. ¿Y el jaleo? Por favor, ¡si eso es clave! Por no hablar del compás, ciencia que es pitagórica o no es.
No sabemos qué va a ser del 'duende'... o de los duendes, pero no sería nada raro que alguno de ellos acabara como aquellos Pokemon que se cazaban con los móviles hace unos años...
Por lo pronto, la Junta de Andalucía, la administración responsable, ha comenzado a preparar ventanillas para lo que puede venir después de lo de Jerez y la bulería: Cádiz con la alegría, Huelva y el fandango...
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