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Vecinos de Diego Fernández Herrera en Jerez se movilizarán contra el ruido y la contaminación por los autobuses: "Para el motor, por favor"

Residentes de Diego Fernández Herrera y la plaza de las Angustias aseguran que llevan desde 2018 trasladando sus quejas al Ayuntamiento y critican que una reclamación formal presentada hace un año siga, según denuncian, sin respuesta

  • Autobuses que van a pedanías, en la calle Diego Fernández Herrera de Jerez, en una fotografía de archivo.

Los autobuses urbanos y de pedanías de Jerez vuelven a situarse en el centro de las quejas de vecinos de Diego Fernández Herrera y la plaza de las Angustias. Residentes de esta zona denuncian, un año más, las molestias que les generan el ruido y la contaminación de estos vehículos y reprochan al Ayuntamiento que no haya dado respuesta a sus reclamaciones.

Antonio Hidalgo de la Rosa, en representación de los vecinos, asegura que siguen sin conocer el resultado de las actuaciones que reclamaron a la administración local. Ante ese silencio, plantean distintas posibilidades: que no se hayan realizado las comprobaciones, que las mediciones hayan determinado que sus quejas no estaban justificadas o que, por el contrario, hayan constatado niveles perjudiciales de ruido o contaminación y todavía no se haya dado una solución.

Los residentes sostienen que entre las principales responsabilidades de un Ayuntamiento se encuentran cumplir las leyes y ordenanzas, hacerlas cumplir y responder a las peticiones y reclamaciones de la ciudadanía. En su escrito reprochan al gobierno local que, en su caso, esa respuesta no se haya producido y reclaman mayor "claridad y transparencia" sobre las actuaciones realizadas.

Una queja formal que, aseguran, continúa sin respuesta

La protesta tiene también un componente administrativo. Los vecinos afirman que presentaron una queja formal en sede a principios de octubre del año pasado y denuncian que desde entonces no han recibido "ni una palabra oral o escrita" por parte del Ayuntamiento.

En su escrito, Hidalgo llega a calificar esta falta de respuesta como una "afrenta" y utiliza el término "prevaricación" para referirse a la actuación municipal. 

Más allá de la respuesta administrativa, el colectivo insiste especialmente en las consecuencias que atribuye al funcionamiento diario de los autobuses. Asegura que soporta durante 15 horas diarias ruido constante y gases que considera de elevada toxicidad, una situación que relaciona con estrés y con un deterioro de su salud física.

Los vecinos también cuestionan el funcionamiento de determinados vehículos incorporados a la flota. En su escrito hablan de un "aparente despropósito" y emplean la expresión "malversación de caudales" al criticar la utilización —y no la adquisición, puntualizan— de unos vehículos que consideran caros y que, a su juicio, no responden a las características que se les atribuyen. Denuncian que son contaminantes y ruidosos y que el motor permanece encendido incluso cuando están estacionados durante 10 o 15 minutos regulando en la parada.

“Para el motor, por favor”: anuncian nuevas protestas

Ante esta situación, los residentes anuncian que volverán a movilizarse próximamente con la misma consigna utilizada hasta ahora: "PARA EL MOTOR POR FAVOR". Recuerdan que llevan denunciando este problema desde 2018 y que durante estos años han trasladado sus reclamaciones a los responsables municipales de Movilidad, Medio Ambiente y Salud.

El colectivo considera que los problemas derivados de una mala organización o falta de previsión del servicio no deberían afectar al bienestar de quienes viven en la zona. Además, sostiene que existen soluciones fáciles de implantar y sin coste para las arcas públicas, aunque no concreta en el escrito cuáles serían esas medidas.

Los vecinos amplían finalmente su crítica al conjunto del servicio. Consideran que los autobuses urbanos y de pedanías ofrecen un servicio "lamentable", con unas rutas y frecuencias que califican de arcaicas. Reclaman una regeneración del modelo y aseguran que existen estudios realizados desde hace décadas que aconsejan modificarlo de manera urgente.

Los autobuses urbanos y de pedanías de Jerez vuelven a situarse en el centro de las quejas de vecinos de Diego Fernández Herrera y la plaza de las Angustias. Residentes de esta zona denuncian, un año más, las molestias que les generan el ruido y la contaminación de estos vehículos y reprochan al Ayuntamiento que no haya dado respuesta a sus reclamaciones.

Antonio Hidalgo de la Rosa, en representación de los vecinos, asegura que siguen sin conocer el resultado de las actuaciones que reclamaron a la administración local. Ante ese silencio, plantean distintas posibilidades: que no se hayan realizado las comprobaciones, que las mediciones hayan determinado que sus quejas no estaban justificadas o que, por el contrario, hayan constatado niveles perjudiciales de ruido o contaminación y todavía no se haya dado una solución.

Los residentes sostienen que entre las principales responsabilidades de un Ayuntamiento se encuentran cumplir las leyes y ordenanzas, hacerlas cumplir y responder a las peticiones y reclamaciones de la ciudadanía. En su escrito reprochan al gobierno local que, en su caso, esa respuesta no se haya producido y reclaman mayor "claridad y transparencia" sobre las actuaciones realizadas.

Una queja formal que, aseguran, continúa sin respuesta

La protesta tiene también un componente administrativo. Los vecinos afirman que presentaron una queja formal en sede a principios de octubre del año pasado y denuncian que desde entonces no han recibido "ni una palabra oral o escrita" por parte del Ayuntamiento.

En su escrito, Hidalgo llega a calificar esta falta de respuesta como una "afrenta" y utiliza el término "prevaricación" para referirse a la actuación municipal. 

Más allá de la respuesta administrativa, el colectivo insiste especialmente en las consecuencias que atribuye al funcionamiento diario de los autobuses. Asegura que soporta durante 15 horas diarias ruido constante y gases que considera de elevada toxicidad, una situación que relaciona con estrés y con un deterioro de su salud física.

Los vecinos también cuestionan el funcionamiento de determinados vehículos incorporados a la flota. En su escrito hablan de un "aparente despropósito" y emplean la expresión "malversación de caudales" al criticar la utilización —y no la adquisición, puntualizan— de unos vehículos que consideran caros y que, a su juicio, no responden a las características que se les atribuyen. Denuncian que son contaminantes y ruidosos y que el motor permanece encendido incluso cuando están estacionados durante 10 o 15 minutos regulando en la parada.

“Para el motor, por favor”: anuncian nuevas protestas

Ante esta situación, los residentes anuncian que volverán a movilizarse próximamente con la misma consigna utilizada hasta ahora: "PARA EL MOTOR POR FAVOR". Recuerdan que llevan denunciando este problema desde 2018 y que durante estos años han trasladado sus reclamaciones a los responsables municipales de Movilidad, Medio Ambiente y Salud.

El colectivo considera que los problemas derivados de una mala organización o falta de previsión del servicio no deberían afectar al bienestar de quienes viven en la zona. Además, sostiene que existen soluciones fáciles de implantar y sin coste para las arcas públicas, aunque no concreta en el escrito cuáles serían esas medidas.

Los vecinos amplían finalmente su crítica al conjunto del servicio. Consideran que los autobuses urbanos y de pedanías ofrecen un servicio "lamentable", con unas rutas y frecuencias que califican de arcaicas. Reclaman una regeneración del modelo y aseguran que existen estudios realizados desde hace décadas que aconsejan modificarlo de manera urgente.

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