El Servicio de Gerencia de Riesgos del Servicio Andaluz de Salud (SAS) ha reconocido en un documento que hubo una dilación en el diagnóstico de la enfermedad que padecía un jerezano de 42 años que murió en 2024 por una disección de la aorta. El paciente había acudido en varias ocasiones por dolor torácico y recibió como diagnóstico una probable pericarditis. El dictamen, emitido dentro de la reclamación de responsabilidad patrimonial presentada por la familia, y al que ha tenido acceso lavozdelsur.es, considera que "la dilación en el diagnóstico de la patología real padecida y, por tanto, en la prescripción del tratamiento necesario (que era quirúrgico y no pudo llegar a realizarse), ha podido tener incidencia en las posibilidades de supervivencia del enfermo".
La familia, representada por el Bufete Ortiz Asociados, reclama 160.551,39 euros en concepto de daños. El informe del SAS considera "justificada la argumentación expuesta en el Escrito de Reclamación", aunque deja pendiente la posterior valoración y cuantificación del perjuicio.
El episodio comenzó en octubre de 2024. El paciente acudió a Urgencias de un centro de salud por un dolor torácico opresivo acompañado de mareos, sudoración y sensación de falta de aire. Fue monitorizado y trasladado en UVI móvil al Hospital de Jerez con un juicio clínico inicial de síndrome coronario agudo. El propio dictamen califica aquella primera actuación de Atención Primaria como "impecable".
Ya en el hospital se practicaron electrocardiogramas, analíticas, determinaciones de enzimas cardíacas y una radiografía de tórax. Tras descartar inicialmente una causa isquémica (falta de riego, infarto), recibió el alta con los diagnósticos de dolor torácico, "probable pericarditis sin signos de alarma" y dolor torácico de muy baja probabilidad isquémica.
Ahí sitúa el SAS uno de los principales problemas asistenciales. Según el informe, no se realizó una ecocardiografía, pese a que la considera "asequible en un servicio de urgencias y obligada para estos casos de sospecha de Pericarditis". La ecocardiografía, sostiene el informe, habría permitido comprobar la presencia de una válvula aórtica bicúspide y "muy posiblemente" el aneurisma en la raíz de la aorta, señala el informe.
El dictamen añade que el paciente solo cumplía uno de los cuatro criterios que expone para establecer ese diagnóstico: el dolor. No constaban roce pericárdico, alteraciones características en el electrocardiograma ni la existencia de un derrame pericárdico acreditado mediante una prueba de imagen. El paciente tenía además una enfermedad inflamatoria previa. Aunque el SAS admite que los síntomas no eran los típicos de una disección aórtica, considera que este antecedente, registrado en su historial, constituía otro elemento para sospechar de esa posibilidad y descartarla.
Dos días después, en la madrugada del 2 de noviembre, volvió a Atención Primaria por un nuevo aumento del dolor esternal. Se mantuvo el diagnóstico de pericarditis y, apenas dos horas después, regresó a las Urgencias del Hospital de Jerez. El dolor persistía y se había intensificado. Se repitieron el electrocardiograma y la analítica, sin apuntar a un infarto. El paciente volvió a recibir el alta con el diagnóstico de "pericarditis a estudio".
En esa segunda asistencia hospitalaria, el Servicio de Gerencia de Riesgos considera que faltaron dos pruebas: una nueva radiografía de tórax para compararla con la realizada el 31 de octubre y una ecocardiografía que permitiera confirmar la pericarditis o descartarla y profundizar en otras causas del dolor.
Nueve días después, el hombre sufrió un desvanecimiento y una parada cardíaca cuando iba a comenzar a realizar ejercicio. Los servicios de emergencias mantuvieron las maniobras de reanimación durante unos 40 minutos, pero falleció.
La autopsia reveló entonces la causa: un taponamiento cardíaco secundario a una disección de la aorta torácica ascendente. También se detectó un hemopericardio de aproximadamente 770 gramos y una válvula aórtica bicúspide. El dictamen señala que una disección de aorta ascendente requiere tratamiento quirúrgico urgente. Al no diagnosticarse a tiempo, ese tratamiento no pudo llegar a realizarse.
El SAS introduce, no obstante, un matiz sobre la relación entre el retraso y el fallecimiento. El informe recuerda que esta patología presenta una mortalidad cercana al 30% incluso con un tratamiento correcto, por lo que un diagnóstico temprano no garantizaba la supervivencia. Así lo recoge expresamente el documento: un diagnóstico precoz "no hubiera garantizado al 100% un desenlace distinto al que finalmente aconteció".
El Servicio de Gerencia de Riesgos del Servicio Andaluz de Salud (SAS) ha reconocido en un documento que hubo una dilación en el diagnóstico de la enfermedad que padecía un jerezano de 42 años que murió en 2024 por una disección de la aorta. El paciente había acudido en varias ocasiones por dolor torácico y recibió como diagnóstico una probable pericarditis. El dictamen, emitido dentro de la reclamación de responsabilidad patrimonial presentada por la familia, y al que ha tenido acceso lavozdelsur.es, considera que "la dilación en el diagnóstico de la patología real padecida y, por tanto, en la prescripción del tratamiento necesario (que era quirúrgico y no pudo llegar a realizarse), ha podido tener incidencia en las posibilidades de supervivencia del enfermo".
La familia, representada por el Bufete Ortiz Asociados, reclama 160.551,39 euros en concepto de daños. El informe del SAS considera "justificada la argumentación expuesta en el Escrito de Reclamación", aunque deja pendiente la posterior valoración y cuantificación del perjuicio.
El episodio comenzó en octubre de 2024. El paciente acudió a Urgencias de un centro de salud por un dolor torácico opresivo acompañado de mareos, sudoración y sensación de falta de aire. Fue monitorizado y trasladado en UVI móvil al Hospital de Jerez con un juicio clínico inicial de síndrome coronario agudo. El propio dictamen califica aquella primera actuación de Atención Primaria como "impecable".
Ya en el hospital se practicaron electrocardiogramas, analíticas, determinaciones de enzimas cardíacas y una radiografía de tórax. Tras descartar inicialmente una causa isquémica (falta de riego, infarto), recibió el alta con los diagnósticos de dolor torácico, "probable pericarditis sin signos de alarma" y dolor torácico de muy baja probabilidad isquémica.
Ahí sitúa el SAS uno de los principales problemas asistenciales. Según el informe, no se realizó una ecocardiografía, pese a que la considera "asequible en un servicio de urgencias y obligada para estos casos de sospecha de Pericarditis". La ecocardiografía, sostiene el informe, habría permitido comprobar la presencia de una válvula aórtica bicúspide y "muy posiblemente" el aneurisma en la raíz de la aorta, señala el informe.
El dictamen añade que el paciente solo cumplía uno de los cuatro criterios que expone para establecer ese diagnóstico: el dolor. No constaban roce pericárdico, alteraciones características en el electrocardiograma ni la existencia de un derrame pericárdico acreditado mediante una prueba de imagen. El paciente tenía además una enfermedad inflamatoria previa. Aunque el SAS admite que los síntomas no eran los típicos de una disección aórtica, considera que este antecedente, registrado en su historial, constituía otro elemento para sospechar de esa posibilidad y descartarla.
Dos días después, en la madrugada del 2 de noviembre, volvió a Atención Primaria por un nuevo aumento del dolor esternal. Se mantuvo el diagnóstico de pericarditis y, apenas dos horas después, regresó a las Urgencias del Hospital de Jerez. El dolor persistía y se había intensificado. Se repitieron el electrocardiograma y la analítica, sin apuntar a un infarto. El paciente volvió a recibir el alta con el diagnóstico de "pericarditis a estudio".
En esa segunda asistencia hospitalaria, el Servicio de Gerencia de Riesgos considera que faltaron dos pruebas: una nueva radiografía de tórax para compararla con la realizada el 31 de octubre y una ecocardiografía que permitiera confirmar la pericarditis o descartarla y profundizar en otras causas del dolor.
Nueve días después, el hombre sufrió un desvanecimiento y una parada cardíaca cuando iba a comenzar a realizar ejercicio. Los servicios de emergencias mantuvieron las maniobras de reanimación durante unos 40 minutos, pero falleció.
La autopsia reveló entonces la causa: un taponamiento cardíaco secundario a una disección de la aorta torácica ascendente. También se detectó un hemopericardio de aproximadamente 770 gramos y una válvula aórtica bicúspide. El dictamen señala que una disección de aorta ascendente requiere tratamiento quirúrgico urgente. Al no diagnosticarse a tiempo, ese tratamiento no pudo llegar a realizarse.
El SAS introduce, no obstante, un matiz sobre la relación entre el retraso y el fallecimiento. El informe recuerda que esta patología presenta una mortalidad cercana al 30% incluso con un tratamiento correcto, por lo que un diagnóstico temprano no garantizaba la supervivencia. Así lo recoge expresamente el documento: un diagnóstico precoz "no hubiera garantizado al 100% un desenlace distinto al que finalmente aconteció".
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