Cualquiera que haya seguido mínimamente la trayectoria del presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, sabe que dentro de su manual de resistencia hay un capítulo especial escrito con precisión sobre el innoble arte político de la incoherencia y los donde dije digo digo Diego. El cambio de opinión tras la reflexión es sano e inteligente. Decir una cosa y la contraria según sople el viento o interese, eso tiene otro adjetivo.
Ya fuese cuando juró que no podría conciliar el sueño si pactaba con Podemos —y luego se abrazó a Pablo Iglesias—, ya fuese cuando perjuró que no habría amnistía para los secesionistas catalanes, Sánchez demuestra que, en función de sus intereses, el chuletón o el veganismo son cosas complementarias (e imbatibles).
El argumento habitual de La Moncloa ante estos casos es que "las circunstancias cambian" —así lo dijo el propio Sánchez sobre la amnistía, atribuyéndolo a la evolución de la situación en Cataluña—. A la vista de este background, ¿alguien piensa que es creíble 100% cuando ahora asegura que descarta un súper domingo electoral el 23 de mayo del año que viene?
¿Alguien piensa que es creíble 100% cuando ahora asegura que descarta un súper domingo electoral el 23 de mayo del año que viene?
En El arte de no decir la verdad (Anagrama, 2011), Adam Soboczynski disecciona la sociedad posmoderna con una máxima para detectar a impostores o reinar en esta jungla: "En esta vida no hay que ser auténtico, sino fingir para parecerlo". Con la crisis de Ceuta, tras el masivo salto fronterizo de finales de julio y la actual crisis migratoria, el curso político ha arrancado más tenso y enrarecido, si cabe, que como concluyó. El último acto de la legislatura desemboca en un fin de ciclo electoral con elecciones generales, municipales y autonómicas en aquellas comunidades de régimen común. De estos tres comicios, dos tienen fecha: el 23 de mayo de 2027, pero las generales dependen de que Sánchez pulse un botón o liquide en julio la legislatura —cosa harto improbable—.
Voces socialistas sostienen que, en última instancia, Pedro Sánchez hará lo que más interese a Pedro Sánchez y que, llegado el caso, tal vez prefiera de adversaria en la contienda electoral a Díaz Ayuso que a Feijóo, aunque sean comicios distintos en un mismo penúltimo domingo de mayo en 2027. Esto es, si tiene que desdecirse y que vayamos a un súper domingo, allá que iremos.
Como un Fouché tras la caída de Napoleón, incapaz de pensar en nada más que en su supervivencia hasta la derrota final. Físicamente marcado por los años de gobierno y los zarpazos de sus adversarios y archienemigos, Sánchez no ha decidido. Y no lo hará hasta que realmente vea si le conviene que las generales se separen de las municipales —¿febrero, marzo?— o haya un totum revolutum plebiscitario en el penúltimo domingo de mayo.
El PP, aunque quizás no lo parezca o alguien pudiera pensar lo contrario, anda nervioso, tenso, irritable hasta en aquellos lugares donde tiene buenas o muy buenas perspectivas
Muchos de los alcaldes socialistas reniegan de esta última posibilidad, pensando que el ciudadano puede salir a castigar a Sánchez y, por ende, condenarles electoralmente pese a que hayan tenido unos años de buena gestión; otros candidatos del PSOE valoran que una coincidencia podría beneficiarles ante posibles votantes sanchistas que dejen en casa esa máxima de que en las municipales se vota al candidato, no a las siglas, y eso les beneficie porque depositen papeleta socialista por partida doble (o triple). Aquí entra en juego la movilización.
El PP, aunque quizás no lo parezca o alguien pudiera pensar lo contrario, anda nervioso, tenso, irritable hasta en aquellos lugares donde tiene buenas o muy buenas perspectivas. No solo por el auge de Vox, sino sobre todo, por el efecto contagio de la desafección y del todos los políticos sois iguales que empieza otra vez a sobrevolar. "La gente me pide explicaciones de la corrupción como si tuviéramos que ver algo con Ábalos, Koldo y Cerdán. Nos meten en el mismo saco...", se lamentaba un regidor popular sobre el momento repleto de incertidumbre y descrédito que de nuevo vive la clase política. Y Sánchez, solo él, sabe finalmente qué hará ante una cita en la que puede haber más en juego que nunca. Un nuevo tiempo que siga la estela de otros países como Estados Unidos o, sin ir muy lejos, Alemania.
Pase lo que pase, su manual sigue activo. Y eso sí, hay quienes ya saben en los pasillos y en los grupos de WhatsApp del partido que si Feijóo y Abascal gobiernan España —que todavía eso está por ver, pese a las encuestas—, las llaves de la sede de Ferraz seguirán en poder de un Sánchez que puede revolverse y bunkerizarse más que nunca. Esta vez, y ya abiertamente, frente a los suyos. Hará que pase. No lo duden. Una cita del libro de Soboczynski puede valer para el caso: "Las armas eran las palabras atinadas y los gestos maliciosos".
Cualquiera que haya seguido mínimamente la trayectoria del presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, sabe que dentro de su manual de resistencia hay un capítulo especial escrito con precisión sobre el innoble arte político de la incoherencia y los donde dije digo digo Diego. El cambio de opinión tras la reflexión es sano e inteligente. Decir una cosa y la contraria según sople el viento o interese, eso tiene otro adjetivo.
Ya fuese cuando juró que no podría conciliar el sueño si pactaba con Podemos —y luego se abrazó a Pablo Iglesias—, ya fuese cuando perjuró que no habría amnistía para los secesionistas catalanes, Sánchez demuestra que, en función de sus intereses, el chuletón o el veganismo son cosas complementarias (e imbatibles).
El argumento habitual de La Moncloa ante estos casos es que "las circunstancias cambian" —así lo dijo el propio Sánchez sobre la amnistía, atribuyéndolo a la evolución de la situación en Cataluña—. A la vista de este background, ¿alguien piensa que es creíble 100% cuando ahora asegura que descarta un súper domingo electoral el 23 de mayo del año que viene?
¿Alguien piensa que es creíble 100% cuando ahora asegura que descarta un súper domingo electoral el 23 de mayo del año que viene?
En El arte de no decir la verdad (Anagrama, 2011), Adam Soboczynski disecciona la sociedad posmoderna con una máxima para detectar a impostores o reinar en esta jungla: "En esta vida no hay que ser auténtico, sino fingir para parecerlo". Con la crisis de Ceuta, tras el masivo salto fronterizo de finales de julio y la actual crisis migratoria, el curso político ha arrancado más tenso y enrarecido, si cabe, que como concluyó. El último acto de la legislatura desemboca en un fin de ciclo electoral con elecciones generales, municipales y autonómicas en aquellas comunidades de régimen común. De estos tres comicios, dos tienen fecha: el 23 de mayo de 2027, pero las generales dependen de que Sánchez pulse un botón o liquide en julio la legislatura —cosa harto improbable—.
Voces socialistas sostienen que, en última instancia, Pedro Sánchez hará lo que más interese a Pedro Sánchez y que, llegado el caso, tal vez prefiera de adversaria en la contienda electoral a Díaz Ayuso que a Feijóo, aunque sean comicios distintos en un mismo penúltimo domingo de mayo en 2027. Esto es, si tiene que desdecirse y que vayamos a un súper domingo, allá que iremos.
Como un Fouché tras la caída de Napoleón, incapaz de pensar en nada más que en su supervivencia hasta la derrota final. Físicamente marcado por los años de gobierno y los zarpazos de sus adversarios y archienemigos, Sánchez no ha decidido. Y no lo hará hasta que realmente vea si le conviene que las generales se separen de las municipales —¿febrero, marzo?— o haya un totum revolutum plebiscitario en el penúltimo domingo de mayo.
El PP, aunque quizás no lo parezca o alguien pudiera pensar lo contrario, anda nervioso, tenso, irritable hasta en aquellos lugares donde tiene buenas o muy buenas perspectivas
Muchos de los alcaldes socialistas reniegan de esta última posibilidad, pensando que el ciudadano puede salir a castigar a Sánchez y, por ende, condenarles electoralmente pese a que hayan tenido unos años de buena gestión; otros candidatos del PSOE valoran que una coincidencia podría beneficiarles ante posibles votantes sanchistas que dejen en casa esa máxima de que en las municipales se vota al candidato, no a las siglas, y eso les beneficie porque depositen papeleta socialista por partida doble (o triple). Aquí entra en juego la movilización.
El PP, aunque quizás no lo parezca o alguien pudiera pensar lo contrario, anda nervioso, tenso, irritable hasta en aquellos lugares donde tiene buenas o muy buenas perspectivas. No solo por el auge de Vox, sino sobre todo, por el efecto contagio de la desafección y del todos los políticos sois iguales que empieza otra vez a sobrevolar. "La gente me pide explicaciones de la corrupción como si tuviéramos que ver algo con Ábalos, Koldo y Cerdán. Nos meten en el mismo saco...", se lamentaba un regidor popular sobre el momento repleto de incertidumbre y descrédito que de nuevo vive la clase política. Y Sánchez, solo él, sabe finalmente qué hará ante una cita en la que puede haber más en juego que nunca. Un nuevo tiempo que siga la estela de otros países como Estados Unidos o, sin ir muy lejos, Alemania.
Pase lo que pase, su manual sigue activo. Y eso sí, hay quienes ya saben en los pasillos y en los grupos de WhatsApp del partido que si Feijóo y Abascal gobiernan España —que todavía eso está por ver, pese a las encuestas—, las llaves de la sede de Ferraz seguirán en poder de un Sánchez que puede revolverse y bunkerizarse más que nunca. Esta vez, y ya abiertamente, frente a los suyos. Hará que pase. No lo duden. Una cita del libro de Soboczynski puede valer para el caso: "Las armas eran las palabras atinadas y los gestos maliciosos".
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