Una etapa se acaba y otra empieza. Toda la existencia pensando en el trabajo y los que te acompañan en el día a día, dejan de venir temprano, irse tarde y cogerte el teléfono desde su casa. El compromiso ya se ve de otra manera, evoluciona también como la vida misma.
El capital humano es irremplazable, cada persona es un sol que cuando se apaga, se enciende una estrella en el firmamento y la sociedad la echa de menos. Lágrimas secas por falta de sensibilidad.
El medio ambiente es persistente, tanto que la ciencia todavía no es capaz de explicar su totalidad, siendo por ello fundamental el conocimiento empírico de los profesionales, funcionarios, empleados públicos, empresas, que trabajan y viven por ello.
No hay comidas de bienvenida, no hay convocatorias de nuevas plazas, pocas oportunidades laborales, y menos aventuras empresariales. En cambio, muchas comidas de jubilación, sin relevo generacional ni traspaso de conocimientos. Un lujo imperdonable tirado al eterno olvido.
¿Y qué pasará con la gestión del Medio Ambiente? Pronto lo sabremos mientras las comidas de homenajes siguen imparables y la mejor generación de jóvenes formados académicamente esperando su oportunidad de poder aprender la práctica forestal.
Una etapa se acaba y otra empieza. Toda la existencia pensando en el trabajo y los que te acompañan en el día a día, dejan de venir temprano, irse tarde y cogerte el teléfono desde su casa. El compromiso ya se ve de otra manera, evoluciona también como la vida misma.
El capital humano es irremplazable, cada persona es un sol que cuando se apaga, se enciende una estrella en el firmamento y la sociedad la echa de menos. Lágrimas secas por falta de sensibilidad.
El medio ambiente es persistente, tanto que la ciencia todavía no es capaz de explicar su totalidad, siendo por ello fundamental el conocimiento empírico de los profesionales, funcionarios, empleados públicos, empresas, que trabajan y viven por ello.
No hay comidas de bienvenida, no hay convocatorias de nuevas plazas, pocas oportunidades laborales, y menos aventuras empresariales. En cambio, muchas comidas de jubilación, sin relevo generacional ni traspaso de conocimientos. Un lujo imperdonable tirado al eterno olvido.
¿Y qué pasará con la gestión del Medio Ambiente? Pronto lo sabremos mientras las comidas de homenajes siguen imparables y la mejor generación de jóvenes formados académicamente esperando su oportunidad de poder aprender la práctica forestal.
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