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Opinión

El precio de leer

Lo que no termino de entender es el salto lógico que lleva de "no puedo permitirme este libro" a "por tanto, me lo descargo ilegalmente". Sobre todo porque existen las bibliotecas

  • Libros, en una librería, en una imagen de archivo. -

En España se produjeron durante 2024 más de 675 millones de accesos ilegales a contenidos editoriales, según el último Observatorio de Piratería y Hábitos de Consumo de Contenidos Digitales. El perjuicio para el sector se estimó en 260 millones de euros. Definitivamente, son cifras que cuesta asimilar.

Y después está la sempiterna justificación que tantas veces escuchamos sobre que los libros son caros. No voy a negar lo evidente porque lo son. Entrar en una librería y comprar dos novedades puede suponer fácilmente dejarse cuarenta o cincuenta euros. Para alguien que lee varios libros al mes, especialmente si quiere descubrir autores nuevos sin saber siquiera si le van a gustar, el presupuesto puede convertirse en un problema.

Lo que no termino de entender es el salto lógico que lleva de "no puedo permitirme este libro" a "por tanto, me lo descargo ilegalmente". Sobre todo porque existen las bibliotecas. Existe el préstamo entre amigos. Existen las ediciones de bolsillo. Y existe un mercado de segunda mano cada vez mayor que permite comprar libros por una fracción de su precio original. Opciones quizá menos inmediatas que escribir un título en Google seguido de la palabra PDF, pero bastante más respetuosas con quienes han trabajado para que ese libro exista.

Y aquí entramos en otra cuestión que genera bastante confusión, porque en el debate del precio de los libros hay argumentos para todos. Si alguna vez os habéis preguntado por qué una novedad cuesta prácticamente lo mismo en Amazon, en una gran cadena y en la pequeña librería de vuestro barrio, la explicación está en la Ley 10/2007, de la lectura, del libro y de las bibliotecas. Es lo que habitualmente conocemos como sistema de precio fijo. El precio no lo decide el librero, sino el editor, y quien vende el libro debe respetarlo. Con carácter general puede aplicarse hasta un cinco por ciento de descuento y, en determinadas ferias y durante el Día del Libro, hasta un diez por ciento.

El sistema tiene bastante sentido porque sin él, una pequeña librería difícilmente podría competir con una multinacional capaz de vender las novedades prácticamente a precio de coste hasta quedarse con el mercado. El precio fijo permite que podamos comprar el mismo libro en una pequeña librería independiente sin pagar por ello cinco o diez euros más que quien lo adquiere en una gran plataforma. La propia ley defiende este sistema como una manera de mantener una oferta cultural diversa y permitir la convivencia entre libros de rápida rotación y aquellos que necesitan permanecer más tiempo en las estanterías.

Hasta ahí, perfecto. La contradicción aparece cuando recordamos que la misma ley habla de facilitar el acceso a la lectura mientras deja muy poco margen para

En España se produjeron durante 2024 más de 675 millones de accesos ilegales a contenidos editoriales, según el último Observatorio de Piratería y Hábitos de Consumo de Contenidos Digitales. El perjuicio para el sector se estimó en 260 millones de euros. Definitivamente, son cifras que cuesta asimilar.

Y después está la sempiterna justificación que tantas veces escuchamos sobre que los libros son caros. No voy a negar lo evidente porque lo son. Entrar en una librería y comprar dos novedades puede suponer fácilmente dejarse cuarenta o cincuenta euros. Para alguien que lee varios libros al mes, especialmente si quiere descubrir autores nuevos sin saber siquiera si le van a gustar, el presupuesto puede convertirse en un problema.

Lo que no termino de entender es el salto lógico que lleva de "no puedo permitirme este libro" a "por tanto, me lo descargo ilegalmente". Sobre todo porque existen las bibliotecas. Existe el préstamo entre amigos. Existen las ediciones de bolsillo. Y existe un mercado de segunda mano cada vez mayor que permite comprar libros por una fracción de su precio original. Opciones quizá menos inmediatas que escribir un título en Google seguido de la palabra PDF, pero bastante más respetuosas con quienes han trabajado para que ese libro exista.

Y aquí entramos en otra cuestión que genera bastante confusión, porque en el debate del precio de los libros hay argumentos para todos. Si alguna vez os habéis preguntado por qué una novedad cuesta prácticamente lo mismo en Amazon, en una gran cadena y en la pequeña librería de vuestro barrio, la explicación está en la Ley 10/2007, de la lectura, del libro y de las bibliotecas. Es lo que habitualmente conocemos como sistema de precio fijo. El precio no lo decide el librero, sino el editor, y quien vende el libro debe respetarlo. Con carácter general puede aplicarse hasta un cinco por ciento de descuento y, en determinadas ferias y durante el Día del Libro, hasta un diez por ciento.

El sistema tiene bastante sentido porque sin él, una pequeña librería difícilmente podría competir con una multinacional capaz de vender las novedades prácticamente a precio de coste hasta quedarse con el mercado. El precio fijo permite que podamos comprar el mismo libro en una pequeña librería independiente sin pagar por ello cinco o diez euros más que quien lo adquiere en una gran plataforma. La propia ley defiende este sistema como una manera de mantener una oferta cultural diversa y permitir la convivencia entre libros de rápida rotación y aquellos que necesitan permanecer más tiempo en las estanterías.

Hasta ahí, perfecto. La contradicción aparece cuando recordamos que la misma ley habla de facilitar el acceso a la lectura mientras deja muy poco margen para

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