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donde pongo la vida

Cervantes y Caballero Bonald en Jerez

Después de todo, puede que la lengua nos una, que la prodigiosa obra de Cervantes siga encarnando el sueño de ideales comunes para los seres humanos de cualquier tiempo y lugar

  • La reina Letizia en la reunión anual del Instituto Cervantes en Jerez. -

Jerez vive un momento de ebullición cultural que puede llevar, por fin, a que la cultura esté en el centro de la vida de la ciudad. Me alegrará que así sea, pues estoy firmemente convencida de que la cultura mejora la vida de las personas y transforma las sociedades. Es en este ambiente y en el contexto del centenario del nacimiento de nuestro insigne escritor, José Manuel Caballero Bonald, en el que el pasado lunes se inauguró en los Museos de la Atalaya la Reunión Anual del Instituto Cervantes, institución nacida en 1991 con la noble misión de promover universalmente la enseñanza, el estudio y el uso del español y contribuir a la difusión de las culturas hispánicas en el exterior.

Para quienes tuvimos el honor de asistir, el acto fue una oportunidad para conocer de primera mano cómo se trabaja para promocionar el uso y el aprendizaje del español desde Bruselas, Londres o Casablanca, de cuyos centros procedían los expertos que intervinieron, poniendo en valor los principios de colaboración, organización diferenciada según las características de cada territorio, pluralidad e integración; precisamente, muchos de los valores que hoy son cuestionados desde distintos sectores.

Después de todo, puede que la lengua nos una, que la prodigiosa obra de Cervantes siga encarnando el sueño de ideales comunes para los seres humanos de cualquier tiempo y lugar: combatir las injusticias, proteger al más débil, mantener la amistad y defender la libertad, con el mismo ímpetu que lo hiciera siglos después, José Manuel Caballero Bonald. El hidalgo, con la fuerza de su espada, el escritor jerezano, con la palabra ardiente y precisa que interpretó el Lebrijano:

Dame la libertad del agua de los mares,/Dame la libertad de la tormenta/Dame la libertad de la tierra misma/Dame la libertad del aire…

Esa lengua común, afilada, enardecida; desde el cautiverio o la escuela, en tinta o en un dispositivo electrónico; con la rebeldía de la juventud o el temple de la edad… Esa lengua desafía una y otra vez la ignorancia y construye comunidad donde anida el vendaval del individualismo.

Jerez vive un momento de ebullición cultural que puede llevar, por fin, a que la cultura esté en el centro de la vida de la ciudad. Me alegrará que así sea, pues estoy firmemente convencida de que la cultura mejora la vida de las personas y transforma las sociedades. Es en este ambiente y en el contexto del centenario del nacimiento de nuestro insigne escritor, José Manuel Caballero Bonald, en el que el pasado lunes se inauguró en los Museos de la Atalaya la Reunión Anual del Instituto Cervantes, institución nacida en 1991 con la noble misión de promover universalmente la enseñanza, el estudio y el uso del español y contribuir a la difusión de las culturas hispánicas en el exterior.

Para quienes tuvimos el honor de asistir, el acto fue una oportunidad para conocer de primera mano cómo se trabaja para promocionar el uso y el aprendizaje del español desde Bruselas, Londres o Casablanca, de cuyos centros procedían los expertos que intervinieron, poniendo en valor los principios de colaboración, organización diferenciada según las características de cada territorio, pluralidad e integración; precisamente, muchos de los valores que hoy son cuestionados desde distintos sectores.

Después de todo, puede que la lengua nos una, que la prodigiosa obra de Cervantes siga encarnando el sueño de ideales comunes para los seres humanos de cualquier tiempo y lugar: combatir las injusticias, proteger al más débil, mantener la amistad y defender la libertad, con el mismo ímpetu que lo hiciera siglos después, José Manuel Caballero Bonald. El hidalgo, con la fuerza de su espada, el escritor jerezano, con la palabra ardiente y precisa que interpretó el Lebrijano:

Dame la libertad del agua de los mares,/Dame la libertad de la tormenta/Dame la libertad de la tierra misma/Dame la libertad del aire…

Esa lengua común, afilada, enardecida; desde el cautiverio o la escuela, en tinta o en un dispositivo electrónico; con la rebeldía de la juventud o el temple de la edad… Esa lengua desafía una y otra vez la ignorancia y construye comunidad donde anida el vendaval del individualismo.

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