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desde mi trastero

La Reconquista

La solidaridad con Ceuta corre el riesgo de quedar sepultada bajo una batalla política en la que cada vez ganan más espacio los discursos de confrontación

  • Migrantes en Ceuta, tras la entrada masiva de finales de julio. -

Negar la gravedad de lo ocurrido a finales del mes de julio en la ciudad de Ceuta no es la mejor forma de explicar que más de 70.000 personas de procedencia norteafricana y subsahariana entraran en territorio español y por ende europeo atravesando la frontera marítima y terrestre que separa la ciudad autónoma del territorio marroquí.

 En esos dos días quedaron en evidencia muchas cuestiones y quizás la principal de ellas la fragilidad de una frontera tan importante para España y para Europa, una Europa tan preocupada por otras fronteras más orientales y a la que parece no importar tanto la frontera al sur del sur. 

  Esos días también comenzó un calvario que aún dura para el gobierno de Pedro Sánchez y de sus socios de coalición. Un gobierno que no fue capaz de reaccionar con la premura que requería una situación  a todas luces alarmante por lo que tenía de presión demográfica  sobre la ciudad de Ceuta y sus habitantes, también por lo que tenía de crisis humanitaria y como no por  la crisis geopolítica que se avecinaba  y como no por la más que previsible crisis política nacional que ha tomado los derroteros que muchos nos teníamos, el ardor guerrero por encima de la solidaridad con la ciudad y sus habitantes y también con las otras victimas, los migrantes que por miles habían tomado la frontera muriendo más de un centenar de ellos en el intento.

  Y es en esta última, la crisis política nacional, en la que quiero detenerme por lo que tiene de preocupante para la convivencia de españoles y española a tenor de lo que venimos observando en los últimos días. Resulta esclarecedor en este sentido que el arzobispo de Oviedo, de quien nadie tiene dudas sobre su condición ultraconservadora no sólo en lo religioso sino también en lo político y en lo social, haya lanzado una nueva “reconquista” desde su púlpito ante la Santina en el mismo Covadonga. Más de 1.300 años después este miembro destacado de la Iglesia vuelve a las andadas como si España estuviera invadida por los herederos de quienes vivieron más de ocho siglos entre nosotros y a quienes debemos grandes avances en el conocimiento, en la agricultura, en la arquitectura etc.. 

  Vuelven las Cruzadas contra el infiel de la mano de ese sector ultraconservador de la Iglesia y de los líderes de la extrema derecha, Abascal, y la derecha cada vez más extrema, Alberto Núñez Feijoo, los caballeros templarios de está postmodernidad. Como era de esperar en una sociedad que hace tiempo ya perdió la capacidad de mantener la convivencia política y a punto de perder la convivencia social venimos asistiendo a una especie de exaltación del ardor guerrero que poco tiene que ver con el sufrimiento de los ceutíes y mucho con un nuevo y quizás definitivo intento de acabar con el gobierno de coalición que a mi modesto entender ha dado un paso de gigante hacia el final apresurado de la legislatura.

  Doy por reproducido todo lo que cada día vemos, oímos y leemos en los medios de comunicación para no cansar al lector pero permítanme antes de finalizar una referencia a lo acaecido en las concentraciones del pasado día dos a las que acudieron miles de personas con la voluntad digna de elogio de solidarizarse con el pueblo de Ceuta pero a las que también acudieron alborotadores de la extrema derecha dispuestos a servirse de las buenas intenciones de los manifestantes. En este sentido me surge una duda razonable, quién ha pagado tanto merchandising patriótico cuyo coste habría sido de inestimable ayuda para atender a quienes peor lo están pasando en Ceuta…

Negar la gravedad de lo ocurrido a finales del mes de julio en la ciudad de Ceuta no es la mejor forma de explicar que más de 70.000 personas de procedencia norteafricana y subsahariana entraran en territorio español y por ende europeo atravesando la frontera marítima y terrestre que separa la ciudad autónoma del territorio marroquí.

 En esos dos días quedaron en evidencia muchas cuestiones y quizás la principal de ellas la fragilidad de una frontera tan importante para España y para Europa, una Europa tan preocupada por otras fronteras más orientales y a la que parece no importar tanto la frontera al sur del sur. 

  Esos días también comenzó un calvario que aún dura para el gobierno de Pedro Sánchez y de sus socios de coalición. Un gobierno que no fue capaz de reaccionar con la premura que requería una situación  a todas luces alarmante por lo que tenía de presión demográfica  sobre la ciudad de Ceuta y sus habitantes, también por lo que tenía de crisis humanitaria y como no por  la crisis geopolítica que se avecinaba  y como no por la más que previsible crisis política nacional que ha tomado los derroteros que muchos nos teníamos, el ardor guerrero por encima de la solidaridad con la ciudad y sus habitantes y también con las otras victimas, los migrantes que por miles habían tomado la frontera muriendo más de un centenar de ellos en el intento.

  Y es en esta última, la crisis política nacional, en la que quiero detenerme por lo que tiene de preocupante para la convivencia de españoles y española a tenor de lo que venimos observando en los últimos días. Resulta esclarecedor en este sentido que el arzobispo de Oviedo, de quien nadie tiene dudas sobre su condición ultraconservadora no sólo en lo religioso sino también en lo político y en lo social, haya lanzado una nueva “reconquista” desde su púlpito ante la Santina en el mismo Covadonga. Más de 1.300 años después este miembro destacado de la Iglesia vuelve a las andadas como si España estuviera invadida por los herederos de quienes vivieron más de ocho siglos entre nosotros y a quienes debemos grandes avances en el conocimiento, en la agricultura, en la arquitectura etc.. 

  Vuelven las Cruzadas contra el infiel de la mano de ese sector ultraconservador de la Iglesia y de los líderes de la extrema derecha, Abascal, y la derecha cada vez más extrema, Alberto Núñez Feijoo, los caballeros templarios de está postmodernidad. Como era de esperar en una sociedad que hace tiempo ya perdió la capacidad de mantener la convivencia política y a punto de perder la convivencia social venimos asistiendo a una especie de exaltación del ardor guerrero que poco tiene que ver con el sufrimiento de los ceutíes y mucho con un nuevo y quizás definitivo intento de acabar con el gobierno de coalición que a mi modesto entender ha dado un paso de gigante hacia el final apresurado de la legislatura.

  Doy por reproducido todo lo que cada día vemos, oímos y leemos en los medios de comunicación para no cansar al lector pero permítanme antes de finalizar una referencia a lo acaecido en las concentraciones del pasado día dos a las que acudieron miles de personas con la voluntad digna de elogio de solidarizarse con el pueblo de Ceuta pero a las que también acudieron alborotadores de la extrema derecha dispuestos a servirse de las buenas intenciones de los manifestantes. En este sentido me surge una duda razonable, quién ha pagado tanto merchandising patriótico cuyo coste habría sido de inestimable ayuda para atender a quienes peor lo están pasando en Ceuta…

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