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Los jóvenes gaditanos que de momento no regresarán a Ceuta para continuar sus estudios: "Me siento un poco 'caballa', pero de momento no quiero volver"

Sonsoles y Lucía, estudiantes universitarias de Jerez en la ciudad autónoma, reconocen que el miedo y la intranquilidad les hace retrasar su vuelta. Laura, estudiante ceutí en Granada, lamenta marcharse ahora de su tierra "porque me da pena dejar a mi familia y amigos en esta situación"

  • Sonsoles Guillén, estudiante de Enfermería en Ceuta, en la Alameda Vieja de Jerez -

Ceuta estaría a poco más de un paseo en coche de la provincia de Cádiz si no fuera porque, para llegar a la ciudad autónoma, hace falta tomar un ferry en Algeciras.

Sin embargo, estos días la distancia parece mucho mayor para algunos de los jóvenes gaditanos que estudian en la ciudad autónoma. La vuelta a las aulas se acerca y con ella regresan también las dudas. ¿Es el momento de volver? ¿Se puede recuperar la normalidad? ¿Qué ocurrirá cuando las clases terminen por la noche y haya que regresar andando a casa?

Para Sonsoles Guillén, jerezana de 23 años y estudiante de Enfermería en la ciudad autónoma, la respuesta, al menos de momento, es no. Lleva desde 2024 viviendo durante el curso universitario en Ceuta y se siente integrada en la ciudad. Sin embargo, ahora ha decidido retrasar su vuelta y ha solicitado trasladar las prácticas que tendrá que realizar el próximo curso "con toda la pena de mi corazón". No tenía pensado hacerlo, porque ella va "a muerte con Ceuta", pero las circunstancias actuales le obligan.

Sonsoles matiza que no es que haya dejado de gustarle la ciudad. Al contrario. Habla de sus amigos, de las rutas por el monte Hacho, de la universidad y de una ciudad en la que se siente "cómoda y acogida" por un pueblo, el ceutí, al que compara con el gaditano. "Se parecen mucho a nosotros, tienen mucho nuestro rollo".

Su decisión tiene que ver con lo que ha ocurrido durante las últimas semanas y, sobre todo, con la incertidumbre sobre cómo será la vida cuando vuelva el curso. "Todo lo que veo en las noticias y lo que me dicen mis amigos de allí" le ha llevado a intentar retrasar la vuelta, porque, según explica, "de momento no se puede llevar una vida tranquila".

  • Concentración por Ceuta en Jerez
  • -

El miedo de ir andando a la Universidad

La misma incertidumbre la siente Lucía Pérez Vilches, también jerezana y estudiante de Enfermería en Ceuta. Tiene 18 años y comienza segundo curso. Pero, a diferencia de Sonsoles, Lucía sí tiene previsto regresar a la ciudad autónoma el próximo 9 de septiembre para presentarse a unos exámenes de inglés.

Lo hará porque no quiere perder la convocatoria, pero de momento será un viaje de ida y vuelta a Jerez. En principio, no tiene iniciativa de volver para el comienzo del curso, previsto el 14 de septiembre, aunque todavía no tienen confirmación oficial por parte de la Universidad de Ceuta de si las clases comenzarán o no finalmente en esa fecha.

A Lucía le preocupan especialmente sus horarios. Estudia por la tarde y algunas clases terminan cerca de las diez de la noche. Después toca regresar a su pisos. Ella vive a unos doce minutos andando del campus, pero otras compañeras viven bastante más lejos.

"La mayoría vamos andando porque estamos cerca, otros van en autobús o en taxi, pero en ese trayecto quién te garantiza la seguridad", plantea. Lucía recuerda también la preocupación que se habla con la vuelta al cole de los niños, "que al fin y al cabo van con sus padres", pero se pregunta "¿qué pasa con los universitarios y los adolescentes que vamos andando a clase?".

La preocupación, obviamente, la tiene también su familia. "Mis padres están igual que yo, con incertidumbre y asustados", relata. Algunos estudiantes, cuenta, han recurrido incluso a medidas de autoprotección. "Muchos de nosotros hemos comprado spray de pimienta para ir con seguridad por la calle".

Una ciudad que no reconocen en las noticias

Aparte de la intranquilidad, hay otro elemento común en las historias de Sonsoles y Lucía: ninguna de las dos describe una mala experiencia previa en Ceuta. Al contrario.

Sonsoles llegó en 2024 y vive en un piso compartido en el centro. Por su parte, Lucía viajó a la ciudad con sus padres previamente a matricularse porque ellos mismos tenían dudas sobre cómo sería vivir allí. Su experiencia fue, de hecho, muy diferente de la imagen que llevaba desde Jerez.

"La imagen desde la península es de que Ceuta puede ser más conflictiva. Al contrario. Llegué allí y los propios ceutíes preguntándonos de dónde éramos, si necesitábamos ayuda. Es una ciudad muy acogedora, universitaria y te tienden la mano".

  • Migrantes presentes en Ceuta.
  • -

Sonsoles también desmonta esa percepción previa. "Sinceramente la imagen que todo el mundo pueda tener por estar al lado de Marruecos, que puede ser una ciudad conflictiva, no tiene nada que ver", sostiene, y añade que "de hecho es más limpia que otras ciudades y súper tranquila, me encanta".

Las dos coinciden también en destacar la convivencia entre las diferentes culturas que forman parte de la ciudad: cristinana, musulmana, hindú y judía. "Todo el mundo respeta a todas", señala Sonsoles. Lucía recuerda que al principio le sorprendió vivir cerca de una mezquita y escuchar los horarios de los rezos, pero que terminó haciéndose a ellos con normalidad.

"Los ceutíes somos ceutíes hasta la médula"

Laura Cubells Amores, de 24 años, es la otra cara de esta historia. Al igual que Sonsoles y Lucía toma el ferry para estudiar su carrera universitaria, pero ella hace el camino inverso. Es ceutí estudia Farmacia en Granada.

Obviamente, su vínculo con Ceuta es diferente al de las jerezanas. A días de marcharse para comenzar el nuevo curso académico, reconoce que "me da mucha pena irme sola a estudiar, quedándose mi familia y mis amigos en Ceuta, para ver todo desde la distancia".

Laura reconoce que están siendo semanas difíciles. "Lo estamos llevando mal, con mucha ansiedad y mucha incertidumbre", explica. También admite que su familia se ha planteado alguna vez la posibilidad de marcharse, aunque no a corto plazo. "Quizás cuando se jubilen mis padres", dice.

Sin embargo, hay una frontera emocional que todavía no está dispuesta a cruzar. "El sentimiento de pertenencia no se va, los ceutíes somos ceutíes hasta la médula", afirma.

  • La estudiante de Enfermería en Ceuta, sentada en un banco de la jerezana Alameda Vieja
  • -

Cuenta que hay lugares por los que ahora evita caminar sola y reconoce que incluso se plantea qué ocurriría si algún día tuviera hijos. "Yo soy joven, no tengo el futuro planteado en ningún sitio y pienso que si tengo hijos en el futuro lo mismo me iría para que no vivan situaciones como esta".

También afirma que en Ceuta, sus habitantes, y especialmente los jóvenes, tienen el sentimiento de que les han robado un poco su ciudad y su verano. "Lo que sería un día de agosto de despertarte, salir a desayunar, ir a la playa, volver, ducharte y darte un paseo no hemos podido hacerlo. Como mucho ya solo podemos ir a sacar el perro aquí al lado", relata.

Sentimiento de pertenencia desde Jerez

Desde Jerez, Sonsoles y Lucía admiten que ha seguido los acontecimientos casi como si estuvieran en Ceuta.

"Me siento un poco caballa, es como si lo estuviera viviendo allí, pero desde la calle Larga de Jerez", dice Sonsoles, que aun así piensa que, quien no ha vivido en Ceuta, no puede comprender completamente lo que está ocurriendo.

Lucía comparte esa sensación. "Yo creo que de lo que nos enteramos es una cuarta parte. Por mucho que nos bombardeen las noticias, si no lo vives dentro no vas a poder sentir lo que has sentido allí".

Las dos hablan desde la distancia con un sentimiento de pertenencia a una ciudad que las ha acogido como unas caballas más. Por eso, les duele ver las imágenes que ven por televisión o las redes sociales. "Ver estas noticias y no saber si voy a poder volver, me indigna", reconoce Lucía. "Da coraje que te quiten esa tranquilidad y de poder hacer una vida normal", finaliza Sonsoles.

Ceuta estaría a poco más de un paseo en coche de la provincia de Cádiz si no fuera porque, para llegar a la ciudad autónoma, hace falta tomar un ferry en Algeciras.

Sin embargo, estos días la distancia parece mucho mayor para algunos de los jóvenes gaditanos que estudian en la ciudad autónoma. La vuelta a las aulas se acerca y con ella regresan también las dudas. ¿Es el momento de volver? ¿Se puede recuperar la normalidad? ¿Qué ocurrirá cuando las clases terminen por la noche y haya que regresar andando a casa?

Para Sonsoles Guillén, jerezana de 23 años y estudiante de Enfermería en la ciudad autónoma, la respuesta, al menos de momento, es no. Lleva desde 2024 viviendo durante el curso universitario en Ceuta y se siente integrada en la ciudad. Sin embargo, ahora ha decidido retrasar su vuelta y ha solicitado trasladar las prácticas que tendrá que realizar el próximo curso "con toda la pena de mi corazón". No tenía pensado hacerlo, porque ella va "a muerte con Ceuta", pero las circunstancias actuales le obligan.

Sonsoles matiza que no es que haya dejado de gustarle la ciudad. Al contrario. Habla de sus amigos, de las rutas por el monte Hacho, de la universidad y de una ciudad en la que se siente "cómoda y acogida" por un pueblo, el ceutí, al que compara con el gaditano. "Se parecen mucho a nosotros, tienen mucho nuestro rollo".

Su decisión tiene que ver con lo que ha ocurrido durante las últimas semanas y, sobre todo, con la incertidumbre sobre cómo será la vida cuando vuelva el curso. "Todo lo que veo en las noticias y lo que me dicen mis amigos de allí" le ha llevado a intentar retrasar la vuelta, porque, según explica, "de momento no se puede llevar una vida tranquila".

  • Concentración por Ceuta en Jerez
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El miedo de ir andando a la Universidad

La misma incertidumbre la siente Lucía Pérez Vilches, también jerezana y estudiante de Enfermería en Ceuta. Tiene 18 años y comienza segundo curso. Pero, a diferencia de Sonsoles, Lucía sí tiene previsto regresar a la ciudad autónoma el próximo 9 de septiembre para presentarse a unos exámenes de inglés.

Lo hará porque no quiere perder la convocatoria, pero de momento será un viaje de ida y vuelta a Jerez. En principio, no tiene iniciativa de volver para el comienzo del curso, previsto el 14 de septiembre, aunque todavía no tienen confirmación oficial por parte de la Universidad de Ceuta de si las clases comenzarán o no finalmente en esa fecha.

A Lucía le preocupan especialmente sus horarios. Estudia por la tarde y algunas clases terminan cerca de las diez de la noche. Después toca regresar a su pisos. Ella vive a unos doce minutos andando del campus, pero otras compañeras viven bastante más lejos.

"La mayoría vamos andando porque estamos cerca, otros van en autobús o en taxi, pero en ese trayecto quién te garantiza la seguridad", plantea. Lucía recuerda también la preocupación que se habla con la vuelta al cole de los niños, "que al fin y al cabo van con sus padres", pero se pregunta "¿qué pasa con los universitarios y los adolescentes que vamos andando a clase?".

La preocupación, obviamente, la tiene también su familia. "Mis padres están igual que yo, con incertidumbre y asustados", relata. Algunos estudiantes, cuenta, han recurrido incluso a medidas de autoprotección. "Muchos de nosotros hemos comprado spray de pimienta para ir con seguridad por la calle".

Una ciudad que no reconocen en las noticias

Aparte de la intranquilidad, hay otro elemento común en las historias de Sonsoles y Lucía: ninguna de las dos describe una mala experiencia previa en Ceuta. Al contrario.

Sonsoles llegó en 2024 y vive en un piso compartido en el centro. Por su parte, Lucía viajó a la ciudad con sus padres previamente a matricularse porque ellos mismos tenían dudas sobre cómo sería vivir allí. Su experiencia fue, de hecho, muy diferente de la imagen que llevaba desde Jerez.

"La imagen desde la península es de que Ceuta puede ser más conflictiva. Al contrario. Llegué allí y los propios ceutíes preguntándonos de dónde éramos, si necesitábamos ayuda. Es una ciudad muy acogedora, universitaria y te tienden la mano".

  • Migrantes presentes en Ceuta.
  • -

Sonsoles también desmonta esa percepción previa. "Sinceramente la imagen que todo el mundo pueda tener por estar al lado de Marruecos, que puede ser una ciudad conflictiva, no tiene nada que ver", sostiene, y añade que "de hecho es más limpia que otras ciudades y súper tranquila, me encanta".

Las dos coinciden también en destacar la convivencia entre las diferentes culturas que forman parte de la ciudad: cristinana, musulmana, hindú y judía. "Todo el mundo respeta a todas", señala Sonsoles. Lucía recuerda que al principio le sorprendió vivir cerca de una mezquita y escuchar los horarios de los rezos, pero que terminó haciéndose a ellos con normalidad.

"Los ceutíes somos ceutíes hasta la médula"

Laura Cubells Amores, de 24 años, es la otra cara de esta historia. Al igual que Sonsoles y Lucía toma el ferry para estudiar su carrera universitaria, pero ella hace el camino inverso. Es ceutí estudia Farmacia en Granada.

Obviamente, su vínculo con Ceuta es diferente al de las jerezanas. A días de marcharse para comenzar el nuevo curso académico, reconoce que "me da mucha pena irme sola a estudiar, quedándose mi familia y mis amigos en Ceuta, para ver todo desde la distancia".

Laura reconoce que están siendo semanas difíciles. "Lo estamos llevando mal, con mucha ansiedad y mucha incertidumbre", explica. También admite que su familia se ha planteado alguna vez la posibilidad de marcharse, aunque no a corto plazo. "Quizás cuando se jubilen mis padres", dice.

Sin embargo, hay una frontera emocional que todavía no está dispuesta a cruzar. "El sentimiento de pertenencia no se va, los ceutíes somos ceutíes hasta la médula", afirma.

  • La estudiante de Enfermería en Ceuta, sentada en un banco de la jerezana Alameda Vieja
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Cuenta que hay lugares por los que ahora evita caminar sola y reconoce que incluso se plantea qué ocurriría si algún día tuviera hijos. "Yo soy joven, no tengo el futuro planteado en ningún sitio y pienso que si tengo hijos en el futuro lo mismo me iría para que no vivan situaciones como esta".

También afirma que en Ceuta, sus habitantes, y especialmente los jóvenes, tienen el sentimiento de que les han robado un poco su ciudad y su verano. "Lo que sería un día de agosto de despertarte, salir a desayunar, ir a la playa, volver, ducharte y darte un paseo no hemos podido hacerlo. Como mucho ya solo podemos ir a sacar el perro aquí al lado", relata.

Sentimiento de pertenencia desde Jerez

Desde Jerez, Sonsoles y Lucía admiten que ha seguido los acontecimientos casi como si estuvieran en Ceuta.

"Me siento un poco caballa, es como si lo estuviera viviendo allí, pero desde la calle Larga de Jerez", dice Sonsoles, que aun así piensa que, quien no ha vivido en Ceuta, no puede comprender completamente lo que está ocurriendo.

Lucía comparte esa sensación. "Yo creo que de lo que nos enteramos es una cuarta parte. Por mucho que nos bombardeen las noticias, si no lo vives dentro no vas a poder sentir lo que has sentido allí".

Las dos hablan desde la distancia con un sentimiento de pertenencia a una ciudad que las ha acogido como unas caballas más. Por eso, les duele ver las imágenes que ven por televisión o las redes sociales. "Ver estas noticias y no saber si voy a poder volver, me indigna", reconoce Lucía. "Da coraje que te quiten esa tranquilidad y de poder hacer una vida normal", finaliza Sonsoles.

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