No me caía mal este Donald Trump —tampoco bien— sobre todo porque veía que combatía la fantasía woke (“despierta” en español) que ha terminado por ser un pensamiento débil, pseudoprogresista y pseudomarxista de gente pija, ortodoxa e incluso fanática a pesar de que comenzara bien su andadura. Lo woke es la dictadura en la democracia y la negación de la individualidad y la personalidad que son quienes conducen a la sociedad para bien y para mal.
Trump se está pasando, se lo dicen ya hasta sus cimientos, los que le permiten hacer lo que hace. Debería acordarse de Kennedy y de Nixon, éste último tuvo más suerte, lo quitaron de en medio utilizando al entonces diario vinculado al Partido Demócrata The Washington Post, hoy propiedad de Jeff Bezos, el de Amazon, una empresa que exprime a sus trabajadores, a las espaldas y los nervios de sus trabajadores.
Qué ansias sentirá Bezos, como otros, de tener ya listos y bien fabricados bots que además de dar saltos y jugar al kung fu como los de los chinos empaqueten los múltiples pedidos de una sociedad que ya no tiene tiempo ni de hablar con un empleado en una tienda pero sí de pasear al perro. Luego los bots se lo entregarán a un dron y el dron te lo dejará en la puerta de tu casa mientras tú, descansando del mundo cruel, escuchas lo que le hayas pedido a Alexa o juegas con una muñeca sexual de esas cuyas ventas se han disparado enormemente desde el covid hasta hoy.
Una película para reflexionar
Esta semana pasada le he expuesto a mi alumnado una secuencia de una película clásica llamada Network. Un mundo implacable (USA, 1976). Deberían cliquear ustedes en ella, es corta o, si quieren más, ver la película completa, la pasan de vez en cuando en las televisiones y si tiene usted Filmin ahí la puede ver.
Network nos refleja perfectamente varios asuntos claves que están muy vigentes en nuestros días: la presión del poder sobre el periodista, el dominio de la audiencia sobre el trabajo libre del profesional de la información, la presencia de capital extraño a la Comunicación y el Periodismo dentro de ambas profesiones, la teoría del neoliberalismo y la llegada de la globalización cuando en 1976 no se solía usar esa palabra.
Y nos muestra también algo crucial: un magnate de la comunicación le dice a un periodista cuando le echa la bronca que usted puede ver en el enlace que le adjunto que el futuro será puro entretenimiento en un mundo donde no existen ni países ni democracias, sólo existen como ilusiones, antes y ahora, lo que se presenta ante nosotros son multinacionales y negocios.
Y aquí es donde entra Trump. Ese mundo idílico que la película presupone, iba a estar guiado por dos palabras: USA y dólar. En 1976. Pero en 2026, a pesar de la victoria que cantó el mercado cuando se hundió la URSS, han surgido numerosos países que le han dicho no y no a USA, al dólar y al prepotente de Trump. El mozo del tupé pelirrojo quiere la mundialización pero se supone que con China como estaba en 1991, cuando se hundió la URSS, sin UE y sin euro. Y sin Corea del Norte y sin Irán y sin Venezuela con petróleo para ella y sus dictadores o como quieran llamarlos. Y sin Rusia o con la Rusia del borracho Yeltsin. USA manda siempre, los demás somos espectadores, el mundo debería seguir con el viejo orden mundial creado tras 1945 a imagen y semejanza del “país de la libertad”.
Todos le han fastidiado el negocio o eso pretenden. El resultado final como maniobra de supervivencia y soberbia es la matanza emprendida por la cultura judío-calvinista-protestante que sabe matar muy bien desde el aire y cuando el “enemigo” está desarmado y en condiciones muy inferiores. Con esta política cobarde ha actuado en Irak, Libia, Afganistán, Siria… Así se ha obrado desde el siglo XIX. Y aún lo apoyan los españoles y periodistas españoles que desean seguir lamiéndoles los zapatos en nombre del catolicismo y la democracia. Son los herederos de la España que nos llevó al desastre paulatinamente. Afirmar eso no significa que me alinee junto al oportunista Pedro Sánchez y su no a la guerra pero no está mal levantarle la voz al rey de la Casa Blanca.
Trump lucha para servirse
Por el momento, por mucha tecnología que manejemos, como aún no tenemos un ejército de soldados robots en condiciones, habrá que poner pie en tierra para quitar de en medio a un régimen desde su raíz y colocar otro a nuestro gusto. Oh, ahí no llega, hasta ahora, el valiente Trump, primero hablaba de derechos humanos y de frenar a los bárbaros dirigentes del régimen iraní (que lo son, bárbaros y anacrónicos como los talibanes y otros fanáticos o como lo era el sha de Persia, Reza Palhevi, tan amigo de USA y las petroleras). A la guerra de Irán, Trump se la está tomando como un negocio: si pierdo mucho más dinero del calculado tendré que pensar si sigo. Y Rusia ya puede vender petróleo, si no le gustan mis principios, tengo más, parece que afirma este vendedor de misiles.
Trump ya no está luchando por su país, está luchando para servirse y servir a quienes creían que el mundo de este siglo iba a estar completamente en sus manos y que el atontamiento general de una población adicta al digitalismo iba a llegar a su cénit bajo el mando de USA y del dólar. Cuando el poder en la sombra de USA le diga claro y alto —en público y en privado— ya está bien, don Donald tendrá que echar el ancla, no creo que los pueblos occidentales se tiren a la calle como a finales de los 60 y 70. Está durmiendo y dormido. Pero ése es otro tema más delicado.
Trump, él solo, se ha metido en el avispero. Si ordena pie en tierra comenzará a recibir cientos de féretros con soldados americanos dentro. Trump está atrapado entre su codicia, su prepotencia, los votos y los dineros. Se creía que el mundo iba a ser suyo y eso ya se le está terminando, podría lanzarle una bomba nuclear a Irán como Putin podría hacer con Ucrania. Pero, ¿para qué querrían entonces unas zonas conquistadas al precio de borrarlas del mapa y llenarlas de radiaciones?
Es la crisis de Occidente
El presidente de la paz se va a tragar tanta palabrería, si quiere peces que se moje el culo en lugar de matar desde el aire niñas que estaban aprendiendo en su centro de enseñanza. Y mejor que se la trague en inglés, no en español, que tanto le desquicia y desprecia. Estupendo, en inglés, así no mancha con su lengua un idioma que dominó la mitad de su país o más —Alaska incluida— que ahora gobierna entre drogas en la clase alta, mendigos en los metros, policía que primero dispara y luego pregunta, una sanidad de vergüenza y un desconocimiento de la Historia que provoca que él y sus mandados cada vez que se meten en un lugar a tratar de arreglarlo resulte peor el remedio que la enfermedad. ¿Las dos guerras mundiales? Sin los ejércitos europeos, sin los bolcheviques y sin la resistencia interior no la hubieran ganado los USA.
No obstante, ese pueblo emprendedor, esa nación norteamericana avanzadilla en tanta ciencia aplicada, va dando bandazos como nos ocurre en España o le ocurre a la UE. Es, de nuevo, la crisis de Occidente. Saldremos adelante, pero a qué precio y con qué fatiguitas por el momento. Todo lo relevante de verdad conlleva esfuerzo hasta lograr objetivos. O morir, el mundo y el planeta seguirán adelante.


