Bueno, pues el apaño electoral del gobierno en forma de decretos vivenciales para el bien de los vulnerables y el mal de los ricos no ha podido ser. Era una cosita socialdemócrata que, como tal, ni gusta a las derechas ni a las izquierdas. Estas medidas estimulan el olvido de ir al fondo de los problemas que es lo realmente progresista, eso se sustituye por el eterno parche del que vive este progresismo que se aprovecha del sistema al que cuestiona. El gobierno de coalición dio a luz un decreto de coalición dividido en dos decretos de coalición. Los he leído y prefiero la Crítica de la Razón Pura de Kant o Lecciones de Filosofía de la Historia de Hegel, mira que los dos textos son jodidos, pero es que los decretos requieren leerlos en la biblioteca de un monasterio en la más absoluta de las calmas para entenderlos en sus contenidos explícitos e implícitos.
Tres viejos
Al final ni coalición ni gárgaras, sólo coincidencia de votos con crítica, como el PNV con el primer decreto. ¿Qué es un sí crítico sólo a uno de los decretos? “¿Quieres a Pepita como esposa?”, “Sí, pero conste que -la mitad de ella- es una pendona de cuidado y una feminista que se pasa con eso de que tengo que fregar la casa, pasear al perro y cuidar del gato cuando lo ataca un ratón o un grillo y le da un ataque de ansiedad (al gato)”.
Podemos pensó que como siga así de blando no dejará de bajar y agarró la tienda de campaña otra vez, Sumar dejó de sumar hace tiempo y ahora resta y divide y como Pedro Sánchez juega a ser Lenin ahí los tienes a los tres a ver quién es más progresista entre los progresistas. Qué curioso, este personal como no sea con el estímulo de los viejos no se mueve. El 15-M lo protagonizaron desde la sombra dos nonagenarios: Stéphane Hessel y José Luis Sampedro y en esta ocasión ha sido la tal Mari Carmen y su piso de renta antigua.
La renta antigua la estableció Franco y la liquidó Felipe González. Con aquella renta la gente podía vivir en pleno centro de las ciudades por poco dinero. Algunos inquilinos se aprovechaban del propietario porque a pesar de que las rentas eran muy bajas le cargaban a los dueños cualquier desperfecto que le apareciera al piso y entonces a los arrendadores les dejaba de interesar el asunto. Empezó luego el periodo llamado asustaviejas que consistía, entre otras putadas, en hacer como que no se cobraba el alquiler para obligar al abandono y entonces empezar con la especulación. La gente se fue muriendo y allí quedaban las ancianas viudas, solas, sometidas a la codicia. Como todos somos hermanos, católicos y solidarios, cada cual miraba por sus intereses.
Con el tiempo, llegó González y mandó a parar. Respiro para los propietarios. No iba mal la cosa -tampoco bien- y como se hundió la URSS y había que seguir con el progresismo y ya no existían alternativas después del colapso de la estructura alternativa, Zapatero decidió trabajar en la superestructura: hay que tensar la cuerda. Y resucitó Franco, los fusilados se alzaron de sus cunetas, todo era pecado menos darle dinero ahora no a la Iglesia sino a un ejército de ONGs y asociaciones múltiples encargadas de adoctrinar y, por tanto, de acojonar a los contribuyentes. O estás con ellos o estás contra ellos.
Quien salga a la calle con la bandera constitucional de su país es un fascista (Belarra) y quien no apoye los decretos de la vivienda es un buitre que apoya a los buitres que pueden ser desde un pequeño rentista hasta un fondo de inversión, no hay distinciones. Y es un buitre para las mujeres, las ancianas y los niños, es decir, como los predicadores religiosos, los progresistas intentan sembrar sentimientos de culpa para lograr sus fines. No votar los decretos es estar contra España, ser cómplice de la vulneración de derechos humanos por parte de Mohamed VI es ser patriota progresista.
Y en eso llegó Horizonte
Nunca había visto el programa Horizonte en Cuatro TV, la otra noche lo vi casi entero, no pude llegar al final porque ya no aguantaba esas interrupciones publicitarias que te permiten viajar a Roma, verla, regresar a casa y llegar cuando el programa esté a punto de reanudase. Está curioso el programa y más curioso que lo dejen emitir lo que pasa es que la pela es la pela, pero eso cuando Cuatro era del Grupo Prisa antié lo iban a permitir. Ahora los Berlusconi habrán dicho adelante con los faroles y ahí están dialogando los de la fachosfera -con el toque progresista moderado de Tomás Gómez, por ejemplo- contra los verdaderos defensores de los pobres.
El Horizonte que contemplé fue el de la entrevista a Ayuso que decía que lo de las acampadas en la Puerta del Sol, etc., perseguía una revolución comunista. O la presidenta es pazguata o se lo hace. Señora presidenta, usted es muy convincente en lo que dice, pero le recuerdo que tal vez no podría estar diciéndolo si no lo hubiera querido el PCE autoinmolándose en la Transición. O nos toma por tontos -que por desgracia muchos lo somos- o no tiene usted ni puñetera idea de lo que es una revolución comunista.
En España ya no hay ningún partido comunista con una mínima fuerza y la muchachada campista está movida por el afán pijo de aventuras, por las hormonas y por el encabronamiento general que sienten por esto o lo otro. Además, desde cuándo una revolución comunista la protagoniza un personal que, se dan casos, es visitado por papá y mamá a ver cómo les va en la protesta…
No se puede hacer ningún cambio en profundidad de nada mientras exista el sistema que ha levantado el régimen de mercado: un montón de gente con casas para alquilar o vender, miles o millones de personas que piensan sobre todo en su bolsillo. Aquí no se está mirando por los llamados vulnerables sino por el puesto de trabajo de cada cual en las esferas políticas.
Tanto Lenin como Fidel Castro terminaron con los logreros y convirtieron sus casas suntuosas en alojamientos varios para familias en situación de miseria. Eso no sólo fue una revolución comunista sino un acto acorde con el Evangelio, algo que no se puede hacer ya y menos en España y Occidente, el último ejemplo es Venezuela: empezó Hugo Chávez echando de su país a grandes bancos que especulaban con las viviendas y la cosa terminó, por ahora, con la foto de Delcy con Trump que está siendo duramente criticada en Venezuela. Trump le ha alquilado a Delcy su piso en la calle Venezuela y la inquilina Delcy le paga regalándole buena parte de su petróleo que no es ni suyo.
Qué difícil ser progresista
Como partimos desde bases falsas el progresismo no es posible pero sí necesario como un Pepito Grillo. Las bases falsas son las creencias místicas de que los humanos son sociales por naturaleza y tienden a la cooperación entre ellos. Eso existió y existe, pero siempre y cuando todos y cada uno de los humanos vean su mente vacía, su vida peligrar y su estómago por llenar. Mientras tanto esto es la guerra a niveles micros y macros, Maquiavelo y Hobbes actuando.
Hablamos de una sociedad en la que algunas personas, con esfuerzo y el sudor de su frente, han logrado viviendas o las han heredado -cosa legal en el capitalismo- con el sudor de la frente de un familiar. Y quieren arrendarlas o tenerlas cerradas si les place. Hablamos de grandes empresas que, legalmente también, van creciendo porque hay millones de inversores detrás que colocan su dinero donde quieren para que les rinda y esas grandes empresas son como Dios, están en todas partes y lo mismo son propietarias de bancos, del Sevilla FC como se descuide y de los pisos que les dejen adquirir.
Eso es el mercado, el brazo político del mercado son las derechas (y la socialdemocracia que ahora lo disimula) y por tanto defienden la situación, a veces con la democracia como mal menor, a veces con el fascismo y el nazismo que hasta pueden ser más duros que el progresismo con estos ricos en mayor o menor escala, desde el riquísimo hasta el rentista.
Todo es legal, se trata de la ley que los de arriba o de enmedio se han dado a sí mismos. Si tocas a este personal tocas su seguridad y si tocas su seguridad estás jugando con el Poder y el poder de unos y otros. Y estás jugando con algo que es lo que permite el avance y el progreso humano: el emprendimiento, la diferencia entre unos seres humanos y otros.
No se puede estar continuamente tirando del maniqueísmo ricos-pobres, habrá que ver los detalles y las historias que hay detrás de cada cual porque los ricos no siempre son los malos ni los pobres tienen por qué ser la parte positiva. El discurso progresista que escuché en el plenario de Las Cortes del pasado jueves -lo vi entero- estaba lleno de baladronadas de los años 60 y 70 que ya no se pueden sostener así como así. Es la política que huye de la ciencia y el pensamiento. Jóvenes diputados -barra as- repitiendo como papagayos lo que les han dicho o han oído.
En mis tiempos de progresista ingenuo me dije: ya está, lo nacionalizamos todo y el pueblo manda. No hay más que hacerle caso a Marx con su división materialista de la Historia: primero, esclavismo; luego, feudalismo; luego capitalismo, luego socialismo y, por último, comunismo. Ea, todo arreglado, la película termina felizmente, el comunismo gana y se casa con la chica que es “el pueblo”. ¿Qué puñetas es “el pueblo”? Pues el pueblo es la clientela a la que vender de todo.
Ahora, cuando soy progresista científico, y a la vista de los hechos, no de los deseos, me pregunto, ¿dónde está la solidaridad entre la especie? ¿Dónde está Rousseau? ¿Deliraba Marx en algunos de sus postulados, por ejemplo, en la alternativa proletaria? ¿Qué prefiere el proletariado, luchar en la calle por su victoria o una TV de esas bien grandes con una final del mundo España-Argentina? Qué prefiere, ¿ser propietario o inquilino? ¿Ser vasallo o rey? ¿Creer en una simple idea o ser un dios? ¿Leer libros o chatear? ¿Una dictadura de corbata o de alpargata?
Echarle bemoles
Si las derechas defienden sus ideas de propiedad privada y tolera abusos privados la solución de este asunto de la vivienda está clara, ¿no? ¿No se llama Ejecutivo al gobierno encabezado por el inquilino de la Moncloa? Pues que ejecuten, que compitan con el poder privado, levanten casas con sus propios medios y que sean para el Estado, luego las alquilan a precios asequibles y ya está, ¿verdad? Si es el Ejecutivo autonómico quien debe hacerlo que lo haga. ¿Es posible? Sí, pero no con tanta facilidad como creemos.
En Sevilla, mi amigo y admirado Antonio Rodrigo Torrijos, luchador en pro de los demás tanto en el mundo sanitario como en el sindical-político, fundador de CCOO cuando había que jugarse el pellejo, teniente de alcalde del Ayuntamiento por IU (2003-2011), creador de los carriles-bici (140 kms), con la aquiescencia del alcalde Alfredo Sánchez-Monteseirín (PSOE), a quien también tuve el gusto de conocer personalmente como padres de hijas que iban a un colegio público, ambos, quisieron combatir la especulación del suelo incluso en terreno especialmente sensible a los terremotos, inviables para construir en ellos.
¿Qué encontraron? Una feroz oposición de los especuladores, de sus políticos (PP), de sus medios de comunicación y de la Justicia controlada por ellos. Los dos lo han pasado muy mal -en especial Rodrigo Torrijos, encausado por varios delitos y declarado años después total y absolutamente inocente-, terminaron por enfermar gravemente y resisten aún, ¿quién sigue sus pasos? ¿Les sirven unas cientos de tiendas de campaña por ahí? Menos da una piedra, pero, ¿sobre qué estrategia de fondo a medio y largo plazo? ¿Una radicalización de las protestas? ¿Una huelga general? Incluso, ¿unos muertos?
No, sin estrategia unida, clara y realista no hay nada que hacer. No olvidemos la reacción que hubo en Francia cuando el Mayo del 68 (un adolescente muerto). La gente terminó por sentir inseguridad y votó por la seguridad. Manifestación de más 300.000 personas a favor de De Gaulle y en las elecciones batacazo de la izquierda. Algo parecido que, salvando las distancias y por motivos más plurales, puede suceder ahora con Le Pen.
Ya está bien de ver a unos jugando a la revolución por los más necesitados y de observar a los democráticos derechistas de la economía de mercado saltarse a la torera la ética del capitalismo y del liberalismo hacia todos los seres humanos.
Lo complejo es difícil de lograr cuando estamos poseídos por el egoísmo. O fácil, pero para eso hay que tener bemoles y sentimiento real de justicia. O eso se logra o tendrá que llegar algún puñetazo en la mesa, en esa mesa repleta de ministros y demagogias pero vacía de valor.
Bueno, pues el apaño electoral del gobierno en forma de decretos vivenciales para el bien de los vulnerables y el mal de los ricos no ha podido ser. Era una cosita socialdemócrata que, como tal, ni gusta a las derechas ni a las izquierdas. Estas medidas estimulan el olvido de ir al fondo de los problemas que es lo realmente progresista, eso se sustituye por el eterno parche del que vive este progresismo que se aprovecha del sistema al que cuestiona. El gobierno de coalición dio a luz un decreto de coalición dividido en dos decretos de coalición. Los he leído y prefiero la Crítica de la Razón Pura de Kant o Lecciones de Filosofía de la Historia de Hegel, mira que los dos textos son jodidos, pero es que los decretos requieren leerlos en la biblioteca de un monasterio en la más absoluta de las calmas para entenderlos en sus contenidos explícitos e implícitos.
Tres viejos
Al final ni coalición ni gárgaras, sólo coincidencia de votos con crítica, como el PNV con el primer decreto. ¿Qué es un sí crítico sólo a uno de los decretos? “¿Quieres a Pepita como esposa?”, “Sí, pero conste que -la mitad de ella- es una pendona de cuidado y una feminista que se pasa con eso de que tengo que fregar la casa, pasear al perro y cuidar del gato cuando lo ataca un ratón o un grillo y le da un ataque de ansiedad (al gato)”.
Podemos pensó que como siga así de blando no dejará de bajar y agarró la tienda de campaña otra vez, Sumar dejó de sumar hace tiempo y ahora resta y divide y como Pedro Sánchez juega a ser Lenin ahí los tienes a los tres a ver quién es más progresista entre los progresistas. Qué curioso, este personal como no sea con el estímulo de los viejos no se mueve. El 15-M lo protagonizaron desde la sombra dos nonagenarios: Stéphane Hessel y José Luis Sampedro y en esta ocasión ha sido la tal Mari Carmen y su piso de renta antigua.
La renta antigua la estableció Franco y la liquidó Felipe González. Con aquella renta la gente podía vivir en pleno centro de las ciudades por poco dinero. Algunos inquilinos se aprovechaban del propietario porque a pesar de que las rentas eran muy bajas le cargaban a los dueños cualquier desperfecto que le apareciera al piso y entonces a los arrendadores les dejaba de interesar el asunto. Empezó luego el periodo llamado asustaviejas que consistía, entre otras putadas, en hacer como que no se cobraba el alquiler para obligar al abandono y entonces empezar con la especulación. La gente se fue muriendo y allí quedaban las ancianas viudas, solas, sometidas a la codicia. Como todos somos hermanos, católicos y solidarios, cada cual miraba por sus intereses.
Con el tiempo, llegó González y mandó a parar. Respiro para los propietarios. No iba mal la cosa -tampoco bien- y como se hundió la URSS y había que seguir con el progresismo y ya no existían alternativas después del colapso de la estructura alternativa, Zapatero decidió trabajar en la superestructura: hay que tensar la cuerda. Y resucitó Franco, los fusilados se alzaron de sus cunetas, todo era pecado menos darle dinero ahora no a la Iglesia sino a un ejército de ONGs y asociaciones múltiples encargadas de adoctrinar y, por tanto, de acojonar a los contribuyentes. O estás con ellos o estás contra ellos.
Quien salga a la calle con la bandera constitucional de su país es un fascista (Belarra) y quien no apoye los decretos de la vivienda es un buitre que apoya a los buitres que pueden ser desde un pequeño rentista hasta un fondo de inversión, no hay distinciones. Y es un buitre para las mujeres, las ancianas y los niños, es decir, como los predicadores religiosos, los progresistas intentan sembrar sentimientos de culpa para lograr sus fines. No votar los decretos es estar contra España, ser cómplice de la vulneración de derechos humanos por parte de Mohamed VI es ser patriota progresista.
Y en eso llegó Horizonte
Nunca había visto el programa Horizonte en Cuatro TV, la otra noche lo vi casi entero, no pude llegar al final porque ya no aguantaba esas interrupciones publicitarias que te permiten viajar a Roma, verla, regresar a casa y llegar cuando el programa esté a punto de reanudase. Está curioso el programa y más curioso que lo dejen emitir lo que pasa es que la pela es la pela, pero eso cuando Cuatro era del Grupo Prisa antié lo iban a permitir. Ahora los Berlusconi habrán dicho adelante con los faroles y ahí están dialogando los de la fachosfera -con el toque progresista moderado de Tomás Gómez, por ejemplo- contra los verdaderos defensores de los pobres.
El Horizonte que contemplé fue el de la entrevista a Ayuso que decía que lo de las acampadas en la Puerta del Sol, etc., perseguía una revolución comunista. O la presidenta es pazguata o se lo hace. Señora presidenta, usted es muy convincente en lo que dice, pero le recuerdo que tal vez no podría estar diciéndolo si no lo hubiera querido el PCE autoinmolándose en la Transición. O nos toma por tontos -que por desgracia muchos lo somos- o no tiene usted ni puñetera idea de lo que es una revolución comunista.
En España ya no hay ningún partido comunista con una mínima fuerza y la muchachada campista está movida por el afán pijo de aventuras, por las hormonas y por el encabronamiento general que sienten por esto o lo otro. Además, desde cuándo una revolución comunista la protagoniza un personal que, se dan casos, es visitado por papá y mamá a ver cómo les va en la protesta…
No se puede hacer ningún cambio en profundidad de nada mientras exista el sistema que ha levantado el régimen de mercado: un montón de gente con casas para alquilar o vender, miles o millones de personas que piensan sobre todo en su bolsillo. Aquí no se está mirando por los llamados vulnerables sino por el puesto de trabajo de cada cual en las esferas políticas.
Tanto Lenin como Fidel Castro terminaron con los logreros y convirtieron sus casas suntuosas en alojamientos varios para familias en situación de miseria. Eso no sólo fue una revolución comunista sino un acto acorde con el Evangelio, algo que no se puede hacer ya y menos en España y Occidente, el último ejemplo es Venezuela: empezó Hugo Chávez echando de su país a grandes bancos que especulaban con las viviendas y la cosa terminó, por ahora, con la foto de Delcy con Trump que está siendo duramente criticada en Venezuela. Trump le ha alquilado a Delcy su piso en la calle Venezuela y la inquilina Delcy le paga regalándole buena parte de su petróleo que no es ni suyo.
Qué difícil ser progresista
Como partimos desde bases falsas el progresismo no es posible pero sí necesario como un Pepito Grillo. Las bases falsas son las creencias místicas de que los humanos son sociales por naturaleza y tienden a la cooperación entre ellos. Eso existió y existe, pero siempre y cuando todos y cada uno de los humanos vean su mente vacía, su vida peligrar y su estómago por llenar. Mientras tanto esto es la guerra a niveles micros y macros, Maquiavelo y Hobbes actuando.
Hablamos de una sociedad en la que algunas personas, con esfuerzo y el sudor de su frente, han logrado viviendas o las han heredado -cosa legal en el capitalismo- con el sudor de la frente de un familiar. Y quieren arrendarlas o tenerlas cerradas si les place. Hablamos de grandes empresas que, legalmente también, van creciendo porque hay millones de inversores detrás que colocan su dinero donde quieren para que les rinda y esas grandes empresas son como Dios, están en todas partes y lo mismo son propietarias de bancos, del Sevilla FC como se descuide y de los pisos que les dejen adquirir.
Eso es el mercado, el brazo político del mercado son las derechas (y la socialdemocracia que ahora lo disimula) y por tanto defienden la situación, a veces con la democracia como mal menor, a veces con el fascismo y el nazismo que hasta pueden ser más duros que el progresismo con estos ricos en mayor o menor escala, desde el riquísimo hasta el rentista.
Todo es legal, se trata de la ley que los de arriba o de enmedio se han dado a sí mismos. Si tocas a este personal tocas su seguridad y si tocas su seguridad estás jugando con el Poder y el poder de unos y otros. Y estás jugando con algo que es lo que permite el avance y el progreso humano: el emprendimiento, la diferencia entre unos seres humanos y otros.
No se puede estar continuamente tirando del maniqueísmo ricos-pobres, habrá que ver los detalles y las historias que hay detrás de cada cual porque los ricos no siempre son los malos ni los pobres tienen por qué ser la parte positiva. El discurso progresista que escuché en el plenario de Las Cortes del pasado jueves -lo vi entero- estaba lleno de baladronadas de los años 60 y 70 que ya no se pueden sostener así como así. Es la política que huye de la ciencia y el pensamiento. Jóvenes diputados -barra as- repitiendo como papagayos lo que les han dicho o han oído.
En mis tiempos de progresista ingenuo me dije: ya está, lo nacionalizamos todo y el pueblo manda. No hay más que hacerle caso a Marx con su división materialista de la Historia: primero, esclavismo; luego, feudalismo; luego capitalismo, luego socialismo y, por último, comunismo. Ea, todo arreglado, la película termina felizmente, el comunismo gana y se casa con la chica que es “el pueblo”. ¿Qué puñetas es “el pueblo”? Pues el pueblo es la clientela a la que vender de todo.
Ahora, cuando soy progresista científico, y a la vista de los hechos, no de los deseos, me pregunto, ¿dónde está la solidaridad entre la especie? ¿Dónde está Rousseau? ¿Deliraba Marx en algunos de sus postulados, por ejemplo, en la alternativa proletaria? ¿Qué prefiere el proletariado, luchar en la calle por su victoria o una TV de esas bien grandes con una final del mundo España-Argentina? Qué prefiere, ¿ser propietario o inquilino? ¿Ser vasallo o rey? ¿Creer en una simple idea o ser un dios? ¿Leer libros o chatear? ¿Una dictadura de corbata o de alpargata?
Echarle bemoles
Si las derechas defienden sus ideas de propiedad privada y tolera abusos privados la solución de este asunto de la vivienda está clara, ¿no? ¿No se llama Ejecutivo al gobierno encabezado por el inquilino de la Moncloa? Pues que ejecuten, que compitan con el poder privado, levanten casas con sus propios medios y que sean para el Estado, luego las alquilan a precios asequibles y ya está, ¿verdad? Si es el Ejecutivo autonómico quien debe hacerlo que lo haga. ¿Es posible? Sí, pero no con tanta facilidad como creemos.
En Sevilla, mi amigo y admirado Antonio Rodrigo Torrijos, luchador en pro de los demás tanto en el mundo sanitario como en el sindical-político, fundador de CCOO cuando había que jugarse el pellejo, teniente de alcalde del Ayuntamiento por IU (2003-2011), creador de los carriles-bici (140 kms), con la aquiescencia del alcalde Alfredo Sánchez-Monteseirín (PSOE), a quien también tuve el gusto de conocer personalmente como padres de hijas que iban a un colegio público, ambos, quisieron combatir la especulación del suelo incluso en terreno especialmente sensible a los terremotos, inviables para construir en ellos.
¿Qué encontraron? Una feroz oposición de los especuladores, de sus políticos (PP), de sus medios de comunicación y de la Justicia controlada por ellos. Los dos lo han pasado muy mal -en especial Rodrigo Torrijos, encausado por varios delitos y declarado años después total y absolutamente inocente-, terminaron por enfermar gravemente y resisten aún, ¿quién sigue sus pasos? ¿Les sirven unas cientos de tiendas de campaña por ahí? Menos da una piedra, pero, ¿sobre qué estrategia de fondo a medio y largo plazo? ¿Una radicalización de las protestas? ¿Una huelga general? Incluso, ¿unos muertos?
No, sin estrategia unida, clara y realista no hay nada que hacer. No olvidemos la reacción que hubo en Francia cuando el Mayo del 68 (un adolescente muerto). La gente terminó por sentir inseguridad y votó por la seguridad. Manifestación de más 300.000 personas a favor de De Gaulle y en las elecciones batacazo de la izquierda. Algo parecido que, salvando las distancias y por motivos más plurales, puede suceder ahora con Le Pen.
Ya está bien de ver a unos jugando a la revolución por los más necesitados y de observar a los democráticos derechistas de la economía de mercado saltarse a la torera la ética del capitalismo y del liberalismo hacia todos los seres humanos.
Lo complejo es difícil de lograr cuando estamos poseídos por el egoísmo. O fácil, pero para eso hay que tener bemoles y sentimiento real de justicia. O eso se logra o tendrá que llegar algún puñetazo en la mesa, en esa mesa repleta de ministros y demagogias pero vacía de valor.
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