Entre los pasados 30 y 31 de julio unas 80.000 personas atravesaron a nado la frontera de Ceuta por El Taranjal, iniciando una de las crisis migratorias más importantes en Europa de todos los tiempos. El hecho conllevó una tragedia humanitaria de grandes proporciones cifrada oficialmente en 96 muertos, 82 en el lado español y 14 en la parte marroquí, entre ellos numerosos menores.
Es previsible que las muertes hayan sido más, y que algunos cadáveres hundidos no hayan sido recuperados. La ONG “Caminando Fronteras” eleva las muertes a 141, aumentando significativamente los fallecidos en Marruecos, que se los ha callado, atendiendo a recuentos en las morgues de este país. Al mismo tiempo más de 300 personas necesitaron de asistencia médica urgente, con reanimaciones cardiacas, oxígeno, atención a la hipotermia, roturas de huesos, cortes profundos entre las piedras de los espigones, etc.
Una catástrofe humana de esta índole debería haber conllevado un luto generalizado en la población española, pero no ha sido así, los muertos no eran españoles. Una catástrofe a la altura del accidente ferroviario de Adamuz que conllevó 46 muertes y más de un centenar de heridos. El luto ha durado muy poco. En seguida, la crisis migratoria derivó, como siempre, en tensiones políticas internas entre los partidos nacionales. incluso en tensiones en el exterior, con las críticas a la política migratoria de España de Trump, Meloni, Alexander Stubb (Finlandia) y Mette Frederiksen (Dinamarca), ésta última una social demócrata que hace los mismos discursos racistas que la ultraderecha europea. Meloni, saltándose la legislación europea, ha suspendido el libre tránsito de personas a Italia procedentes desde España (anulación del espacio Schengen). Parte de Europa ha mostrado su insolidaridad ante esta compleja crisis migratoria.
De los 80.000 que pasaron la frontera, unos 75.000 se volvieron a Marruecos en los días siguientes. Aun así, unas 5.000 personas han continuado en Ceuta, a sabiendas que pese a estudiarse su caso y su petición de asilo es probable que sean expulsados. Unos 2.500 son menores, que las propias familias mandan a España para que puedan labrarse un futuro que Marruecos les niega. Los partidos de derecha piden que los menores, que tienen una lógica protección especial por las leyes internacionales, vuelvan inmediatamente a Marruecos con sus familias, ignorando que esa petición es una realidad muy difícil de realizarse, ya que las propias familias marroquíes quieren que vayan a Europa y tengan las posibilidades que no hay en Marruecos. También se niegan a acoger a menores en la Península, agravando más el problema en Ceuta.
El caso es que los ceutíes, de la noche a la mañana, se han encontrado con 5.000 pobres pululando por sus barrios y sus calles, durmiendo en sus portales, pidiendo para comer, durmiendo en sus playas y sus parques, etc., lo que les ha provocado sensación de pánico y miedo, modificando su vida cotidiana y su rutina. En realidad, se han despertado de su sueño y ven el precipicio de lo sensible que es el lugar donde viven, primera línea de frontera española y europea no sólo con Marruecos, sino también con toda África y todo el movimiento migratorio de esta zona pobre del mundo hacia la rica Europa.
El problema no se ha resuelto en pocos días, como demandan los ceutíes y la sociedad española. Las expulsiones en calientes no están contempladas en la legislación internacional en consonancia con el respeto a los Derechos Humanos elementales y al derecho de asilo. Todos los casos deben ser estudiados caso por caso, aunque la mayoría acaben en un proceso de expulsión por su entrada ilegal en el país. El proceso es lento frente a una sociedad española que pide la expulsión inmediata, lo que no es posible. Mientras tanto hay que dar un techo y vivienda digna a los migrantes pese a la dificultad de alojar y alimentar a 5.000 personas por un tiempo indeterminado. Un problema muy complejo, una auténtica crisis, que encima han aprovechado algunos partidos para atacar al gobierno y para provocar el odio.
La sociedad ceutí ha reaccionado de dos maneras diferentes, poniendo de manifiesto la polarización que existe en la ciudad y en todo el país. Parte de su población ha colaborado en atender a los migrantes ayudándoles en sus necesidades, dándoles alimentos y medicinas, tratándolos como personas. Otra parte de la sociedad ceutí los ha tratado a palos, los ha perseguido, ha quemado sus chabolas en las playas, incluso han perseguido a medios de comunicación que consideran no afines e impedido que ONGs como Cruz Roja repartan alimentos entre los migrantes. Puros progromos, leña al moro.
Es verdad que el estado no ha sabido resolver esta crisis con rapidez. No era fácil. Hacen falta funcionarios para filiar a los miles de migrantes, construir zonas de alojamiento para 5.000 personas, como si pudiera hacerse de la noche a la mañana. El estado español -en realidad ningún estado- está preparado para resolver crisis migratorias como ésta. Crisis que seguirán produciéndose, con estos gobernantes o con otros, porque la migración, futo de la desigualdad en el mundo, es un fenómeno imparable.
El problema es aún peor. Marruecos, un país con una monarquía semifeudal que no respeta los derechos humanos, ha utilizado el acontecimiento – y lo ha provocado y consentido- para volver a exigir los territorios de Ceuta y Melilla, a pesar de que hay suficientes razones históricas para que sean parte de España. EEUU e Israel, enfrentados con el gobierno actual español, no han dudado en reforzar los postulados marroquíes calificando los territorios como colonias y dando fuerza a las pretensiones marroquíes. El órdago ya está lanzado.
Por otra parte, sigue aumentando el racismo en España como respuesta al fenómeno migratorio. Un fenómeno global. Un racismo alimentado por los partidos de ultraderecha. Más que un racismo al de fuera es un racismo islamófobo, contra pueblos y culturas africanas que consideran contrarias al cristianismo autóctono y a la cultura occidental. Leña al moro. Delincuentes y violadores que vienen a vivir de las paguitas del estado. Hay que echarlos. Una patada en el culo y después irse a rezar a misa. Burdas mentiras que el pueblo prefiere creer en vez de analizar la dificultad que entraña el fenómeno migratorio. Hasta que las sociedades no acepten que la base de cualquier convivencia son los Derechos Humanos seguirán sin resolverse los problemas.
Y para colmo, con todo lo que está cayendo, hay proyectado un mundial de fútbol organizado por España, Marruecos y Portugal… En fin, las cosas del “money money”.
Entre los pasados 30 y 31 de julio unas 80.000 personas atravesaron a nado la frontera de Ceuta por El Taranjal, iniciando una de las crisis migratorias más importantes en Europa de todos los tiempos. El hecho conllevó una tragedia humanitaria de grandes proporciones cifrada oficialmente en 96 muertos, 82 en el lado español y 14 en la parte marroquí, entre ellos numerosos menores.
Es previsible que las muertes hayan sido más, y que algunos cadáveres hundidos no hayan sido recuperados. La ONG “Caminando Fronteras” eleva las muertes a 141, aumentando significativamente los fallecidos en Marruecos, que se los ha callado, atendiendo a recuentos en las morgues de este país. Al mismo tiempo más de 300 personas necesitaron de asistencia médica urgente, con reanimaciones cardiacas, oxígeno, atención a la hipotermia, roturas de huesos, cortes profundos entre las piedras de los espigones, etc.
Una catástrofe humana de esta índole debería haber conllevado un luto generalizado en la población española, pero no ha sido así, los muertos no eran españoles. Una catástrofe a la altura del accidente ferroviario de Adamuz que conllevó 46 muertes y más de un centenar de heridos. El luto ha durado muy poco. En seguida, la crisis migratoria derivó, como siempre, en tensiones políticas internas entre los partidos nacionales. incluso en tensiones en el exterior, con las críticas a la política migratoria de España de Trump, Meloni, Alexander Stubb (Finlandia) y Mette Frederiksen (Dinamarca), ésta última una social demócrata que hace los mismos discursos racistas que la ultraderecha europea. Meloni, saltándose la legislación europea, ha suspendido el libre tránsito de personas a Italia procedentes desde España (anulación del espacio Schengen). Parte de Europa ha mostrado su insolidaridad ante esta compleja crisis migratoria.
De los 80.000 que pasaron la frontera, unos 75.000 se volvieron a Marruecos en los días siguientes. Aun así, unas 5.000 personas han continuado en Ceuta, a sabiendas que pese a estudiarse su caso y su petición de asilo es probable que sean expulsados. Unos 2.500 son menores, que las propias familias mandan a España para que puedan labrarse un futuro que Marruecos les niega. Los partidos de derecha piden que los menores, que tienen una lógica protección especial por las leyes internacionales, vuelvan inmediatamente a Marruecos con sus familias, ignorando que esa petición es una realidad muy difícil de realizarse, ya que las propias familias marroquíes quieren que vayan a Europa y tengan las posibilidades que no hay en Marruecos. También se niegan a acoger a menores en la Península, agravando más el problema en Ceuta.
El caso es que los ceutíes, de la noche a la mañana, se han encontrado con 5.000 pobres pululando por sus barrios y sus calles, durmiendo en sus portales, pidiendo para comer, durmiendo en sus playas y sus parques, etc., lo que les ha provocado sensación de pánico y miedo, modificando su vida cotidiana y su rutina. En realidad, se han despertado de su sueño y ven el precipicio de lo sensible que es el lugar donde viven, primera línea de frontera española y europea no sólo con Marruecos, sino también con toda África y todo el movimiento migratorio de esta zona pobre del mundo hacia la rica Europa.
El problema no se ha resuelto en pocos días, como demandan los ceutíes y la sociedad española. Las expulsiones en calientes no están contempladas en la legislación internacional en consonancia con el respeto a los Derechos Humanos elementales y al derecho de asilo. Todos los casos deben ser estudiados caso por caso, aunque la mayoría acaben en un proceso de expulsión por su entrada ilegal en el país. El proceso es lento frente a una sociedad española que pide la expulsión inmediata, lo que no es posible. Mientras tanto hay que dar un techo y vivienda digna a los migrantes pese a la dificultad de alojar y alimentar a 5.000 personas por un tiempo indeterminado. Un problema muy complejo, una auténtica crisis, que encima han aprovechado algunos partidos para atacar al gobierno y para provocar el odio.
La sociedad ceutí ha reaccionado de dos maneras diferentes, poniendo de manifiesto la polarización que existe en la ciudad y en todo el país. Parte de su población ha colaborado en atender a los migrantes ayudándoles en sus necesidades, dándoles alimentos y medicinas, tratándolos como personas. Otra parte de la sociedad ceutí los ha tratado a palos, los ha perseguido, ha quemado sus chabolas en las playas, incluso han perseguido a medios de comunicación que consideran no afines e impedido que ONGs como Cruz Roja repartan alimentos entre los migrantes. Puros progromos, leña al moro.
Es verdad que el estado no ha sabido resolver esta crisis con rapidez. No era fácil. Hacen falta funcionarios para filiar a los miles de migrantes, construir zonas de alojamiento para 5.000 personas, como si pudiera hacerse de la noche a la mañana. El estado español -en realidad ningún estado- está preparado para resolver crisis migratorias como ésta. Crisis que seguirán produciéndose, con estos gobernantes o con otros, porque la migración, futo de la desigualdad en el mundo, es un fenómeno imparable.
El problema es aún peor. Marruecos, un país con una monarquía semifeudal que no respeta los derechos humanos, ha utilizado el acontecimiento – y lo ha provocado y consentido- para volver a exigir los territorios de Ceuta y Melilla, a pesar de que hay suficientes razones históricas para que sean parte de España. EEUU e Israel, enfrentados con el gobierno actual español, no han dudado en reforzar los postulados marroquíes calificando los territorios como colonias y dando fuerza a las pretensiones marroquíes. El órdago ya está lanzado.
Por otra parte, sigue aumentando el racismo en España como respuesta al fenómeno migratorio. Un fenómeno global. Un racismo alimentado por los partidos de ultraderecha. Más que un racismo al de fuera es un racismo islamófobo, contra pueblos y culturas africanas que consideran contrarias al cristianismo autóctono y a la cultura occidental. Leña al moro. Delincuentes y violadores que vienen a vivir de las paguitas del estado. Hay que echarlos. Una patada en el culo y después irse a rezar a misa. Burdas mentiras que el pueblo prefiere creer en vez de analizar la dificultad que entraña el fenómeno migratorio. Hasta que las sociedades no acepten que la base de cualquier convivencia son los Derechos Humanos seguirán sin resolverse los problemas.
Y para colmo, con todo lo que está cayendo, hay proyectado un mundial de fútbol organizado por España, Marruecos y Portugal… En fin, las cosas del “money money”.
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