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La nueva normativa cofrade de Jerez, otra ¿inesperada? grieta entre obispado y cofrades: no, Sampalo no va a dimitir... por ahora

El nuevo marco legal diocesano para hermandades se ha convertido en el gran asunto del mundo cofrade jerezano con un debate donde mandan los bulos y las especulaciones, principalmente en torno a un nombre propio: Tomás Sampalo. El asunto ya ha saltado a Sevilla

  • La nueva normativa cofrade de Jerez, otra ¿inesperada? grieta entre obispado y cofrades: no, Sampalo no va a dimitir... por ahora.

La proclamación de la nueva normativa de hermandades se ha convertido en el gran asunto del debate cofrade en la Diócesis de Jerez. Más que debate, está siendo una agria polémica con la que se despide el verano y que se presenta como uno de los asuntos que marcarán el comienzo del nuevo curso cofrade.

El articulado desvelado por el Obispado, que avanzó lavozdelsur.es, no deja prácticamente a nadie indiferente. Frente a quienes lo consideran excesivamente intervencionista y poco ajustado a Derecho, están quienes defienden la necesidad de esta norma que actualiza determinadas situaciones que, con el paso de los años, se habrían ido descontrolando, además de aplaudir el coto a los retrasos y a la intromisión política. 

La necesidad de adaptar el conjunto de normas recogidas en el conocido como ‘libro verde’, impulsado por el obispo Juan del Río, parecía difícilmente discutible 22 años después de su entrada en vigor. El problema está ahora en el alcance de esa actualización y, sobre todo, en determinadas medidas que han convertido el texto en un foco de controversia.

El apartado relativo a los capataces, las penalizaciones económicas por los retrasos en las procesiones y las incompatibilidades que afectan a determinados cargos han terminado concentrando buena parte de la atención. Y en el centro de esa discusión aparece un nombre propio: el cofrade, capataz y concejal del Gobierno local Tomás Sampalo, junto a los tres hermanos mayores que también deben dejar el martillo en sus respectivas cofradías.

Un nombre propio en el centro de la polémica

Sobre el capataz de la Esperanza de la Yedra y La Entrega, los rumores están a la orden del día. En la calle se especula, y mucho, sobre cuál será el camino que finalmente tome ante la disyuntiva que plantea la nueva normativa: dejar el mando de estos pasos o renunciar a continuar como delegado municipal. Es precisamente ese cruce entre responsabilidad política y actividad cofrade el que ha convertido su situación en uno de los asuntos más comentados de esta controversia.

Hay versiones para prácticamente todos los gustos. Desde quienes aseguran que Sampalo dejaría el gobierno local hasta quienes sostienen que desde Bertemati se podría estudiar su situación. Pero tampoco conviene perder de vista que no se trata únicamente de su caso, sino de una cuestión que afecta a otros cofrades que se encuentran ante circunstancias similares.

Mientras el afectado mantiene un silencio prudente y lógico, ya se sabe que habrá un pronto encuentro del actual delegado de Deportes —que prepara la etapa de la Vuelta a España a su paso por Jerez— con el obispo José Rico Pavés —que por cierto no ha participado este pasado martes del acto de la Pisa de la Uva, tradicional celebración cívico-religiosa que inaugura las Fiestas de la Vendimia—. Qué propósito tendría esa reunión es otra de las incógnitas que alimentan estos días la conversación cofrade.

Que el prelado dé marcha atrás en este asunto parece, a estas alturas, una posibilidad difícil de imaginar. Sería una decisión de enorme calado que podría interpretarse como el reconocimiento de un error en la aplicación de uno de los aspectos más controvertidos de la nueva norma. Mientras tanto, Sampalo continúa con sus responsabilidades en el área de Deportes del Ayuntamiento y mirando hacia los proyectos que tiene por delante. En silencio, esperando una apertura de diálogo que pudiera reconducir esta situación, pero no, a corto plazo no va a renunciar, pese a las especulaciones.

Del debate al despropósito

Puestos a suponer, seguramente Sampalo esté asistiendo, tal vez atónito, a los movimientos que se han convocado para manifestar y pedir una marcha atrás en la norma que le afecta, llegándose a promover una concentración frente al obispado a modo de protesta que fue suspendida, una acción que no hubiera sido novedad. Recordar la que llevó a cabo un grupo de hermanos del Cristo de la Expiración hace algunos años. Aquello fue un despropósito y de no haberse suspendido la convocada a favor de Sampalo no le iría a la zaga.

Ante este escenario, ¿qué salida tiene el obispado jerezano para dejar de estar en el escaparate mediático que tan poco gusta a Rico Pavés? Al hilo de esto circula una opción o una salida sugerida desde la cúpula cofrade local y que quieren que llegue al obispo: un año de ‘gracia’ a los capataces que acumulan décadas el frente de llamadores que no cumplen con la nueva norma para que 2027 sea su año de despedida o de reflexión para decidir entre mandar el paso o renunciar para cumplir con la ley. Eso sí, ninguna hermandad podrá hacer nombramientos contrarios a la norma desde la entrada en vigor de las mismas, el 24 de septiembre. 

Interés más allá de Jerez

Más allá de las fronteras eclesiásticas jerezanas, la nueva normativa ha alcanzado una repercusión tal que ha llegado incluso a la ‘Meca’ cofradiera sevillana donde uno de los programas televisivos de referencia en la información semanasantera va a abordar lo de Jerez, probablemente mirando la controversia que hay allí entorno a los retrasos, el intervencionismo político y las medidas que recoge la norma de Jerez para testar a todo candidato a junta, hermano mayor, pregoneros y demás.

Y ahí aparece otra de las claves de todo este asunto. Porque la discusión ya no se limita a si una norma es más o menos acertada. Lo que se está poniendo sobre la mesa es hasta dónde debe llegar la intervención de la autoridad diocesana en la vida interna de las hermandades, qué cuestiones deben quedar reguladas y cuáles forman parte de una tradición y una realidad cofrade que difícilmente pueden encajarse en un mismo molde. Aquí no se puede olvidar que la Iglesia es jerárquica y no asamblearia en la toma de decisiones.  

El tiempo, además, corre. Entre lecturas detenidas del articulado, sesudas interpretaciones, el ruido de los imprescindibles y eternos indignados cofradieros, la lógica de unos y el desatino de otros, el nuevo curso está ya prácticamente encima. Y llegará con una precuaresma especialmente corta y una Semana Santa que prácticamente se asoma a San José.

La nueva normativa, por tanto, llega rodeada de preguntas, rumores, resistencias y situaciones personales que obligarán a comprobar hasta dónde alcanza su capacidad para transformar esa obstinada realidad que parece querer combatirse desde Palacio.  

La proclamación de la nueva normativa de hermandades se ha convertido en el gran asunto del debate cofrade en la Diócesis de Jerez. Más que debate, está siendo una agria polémica con la que se despide el verano y que se presenta como uno de los asuntos que marcarán el comienzo del nuevo curso cofrade.

El articulado desvelado por el Obispado, que avanzó lavozdelsur.es, no deja prácticamente a nadie indiferente. Frente a quienes lo consideran excesivamente intervencionista y poco ajustado a Derecho, están quienes defienden la necesidad de esta norma que actualiza determinadas situaciones que, con el paso de los años, se habrían ido descontrolando, además de aplaudir el coto a los retrasos y a la intromisión política. 

La necesidad de adaptar el conjunto de normas recogidas en el conocido como ‘libro verde’, impulsado por el obispo Juan del Río, parecía difícilmente discutible 22 años después de su entrada en vigor. El problema está ahora en el alcance de esa actualización y, sobre todo, en determinadas medidas que han convertido el texto en un foco de controversia.

El apartado relativo a los capataces, las penalizaciones económicas por los retrasos en las procesiones y las incompatibilidades que afectan a determinados cargos han terminado concentrando buena parte de la atención. Y en el centro de esa discusión aparece un nombre propio: el cofrade, capataz y concejal del Gobierno local Tomás Sampalo, junto a los tres hermanos mayores que también deben dejar el martillo en sus respectivas cofradías.

Un nombre propio en el centro de la polémica

Sobre el capataz de la Esperanza de la Yedra y La Entrega, los rumores están a la orden del día. En la calle se especula, y mucho, sobre cuál será el camino que finalmente tome ante la disyuntiva que plantea la nueva normativa: dejar el mando de estos pasos o renunciar a continuar como delegado municipal. Es precisamente ese cruce entre responsabilidad política y actividad cofrade el que ha convertido su situación en uno de los asuntos más comentados de esta controversia.

Hay versiones para prácticamente todos los gustos. Desde quienes aseguran que Sampalo dejaría el gobierno local hasta quienes sostienen que desde Bertemati se podría estudiar su situación. Pero tampoco conviene perder de vista que no se trata únicamente de su caso, sino de una cuestión que afecta a otros cofrades que se encuentran ante circunstancias similares.

Mientras el afectado mantiene un silencio prudente y lógico, ya se sabe que habrá un pronto encuentro del actual delegado de Deportes —que prepara la etapa de la Vuelta a España a su paso por Jerez— con el obispo José Rico Pavés —que por cierto no ha participado este pasado martes del acto de la Pisa de la Uva, tradicional celebración cívico-religiosa que inaugura las Fiestas de la Vendimia—. Qué propósito tendría esa reunión es otra de las incógnitas que alimentan estos días la conversación cofrade.

Que el prelado dé marcha atrás en este asunto parece, a estas alturas, una posibilidad difícil de imaginar. Sería una decisión de enorme calado que podría interpretarse como el reconocimiento de un error en la aplicación de uno de los aspectos más controvertidos de la nueva norma. Mientras tanto, Sampalo continúa con sus responsabilidades en el área de Deportes del Ayuntamiento y mirando hacia los proyectos que tiene por delante. En silencio, esperando una apertura de diálogo que pudiera reconducir esta situación, pero no, a corto plazo no va a renunciar, pese a las especulaciones.

Del debate al despropósito

Puestos a suponer, seguramente Sampalo esté asistiendo, tal vez atónito, a los movimientos que se han convocado para manifestar y pedir una marcha atrás en la norma que le afecta, llegándose a promover una concentración frente al obispado a modo de protesta que fue suspendida, una acción que no hubiera sido novedad. Recordar la que llevó a cabo un grupo de hermanos del Cristo de la Expiración hace algunos años. Aquello fue un despropósito y de no haberse suspendido la convocada a favor de Sampalo no le iría a la zaga.

Ante este escenario, ¿qué salida tiene el obispado jerezano para dejar de estar en el escaparate mediático que tan poco gusta a Rico Pavés? Al hilo de esto circula una opción o una salida sugerida desde la cúpula cofrade local y que quieren que llegue al obispo: un año de ‘gracia’ a los capataces que acumulan décadas el frente de llamadores que no cumplen con la nueva norma para que 2027 sea su año de despedida o de reflexión para decidir entre mandar el paso o renunciar para cumplir con la ley. Eso sí, ninguna hermandad podrá hacer nombramientos contrarios a la norma desde la entrada en vigor de las mismas, el 24 de septiembre. 

Interés más allá de Jerez

Más allá de las fronteras eclesiásticas jerezanas, la nueva normativa ha alcanzado una repercusión tal que ha llegado incluso a la ‘Meca’ cofradiera sevillana donde uno de los programas televisivos de referencia en la información semanasantera va a abordar lo de Jerez, probablemente mirando la controversia que hay allí entorno a los retrasos, el intervencionismo político y las medidas que recoge la norma de Jerez para testar a todo candidato a junta, hermano mayor, pregoneros y demás.

Y ahí aparece otra de las claves de todo este asunto. Porque la discusión ya no se limita a si una norma es más o menos acertada. Lo que se está poniendo sobre la mesa es hasta dónde debe llegar la intervención de la autoridad diocesana en la vida interna de las hermandades, qué cuestiones deben quedar reguladas y cuáles forman parte de una tradición y una realidad cofrade que difícilmente pueden encajarse en un mismo molde. Aquí no se puede olvidar que la Iglesia es jerárquica y no asamblearia en la toma de decisiones.  

El tiempo, además, corre. Entre lecturas detenidas del articulado, sesudas interpretaciones, el ruido de los imprescindibles y eternos indignados cofradieros, la lógica de unos y el desatino de otros, el nuevo curso está ya prácticamente encima. Y llegará con una precuaresma especialmente corta y una Semana Santa que prácticamente se asoma a San José.

La nueva normativa, por tanto, llega rodeada de preguntas, rumores, resistencias y situaciones personales que obligarán a comprobar hasta dónde alcanza su capacidad para transformar esa obstinada realidad que parece querer combatirse desde Palacio.  

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