Hay días en los que la política, tan dada últimamente a la farsa y al titular de consumo rápido, nos devuelve una lección responsable. De las que dejan las cosas claras. La visita del presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, a Ceuta, en plena marejada por la crisis migratoria y el choque institucional con el Ejecutivo por el reparto de los menores, no ha sido un viaje oficial más en la agenda de un presidente autonómico; ha sido, digámoslo sin rodeos, un soplo de aire fresco y un ejercicio de lealtad institucional que deja en evidencia a más de uno en Moncloa.
El recibimiento de los ceutíes al presidente andaluz no ha sido de compromiso ni de protocolo de moqueta. Arropado por un Juan Vivas que hablaba con el corazón en la mano de "fraternidad", ha sido un abrazo sincero de una tierra que está harta del olvido y que reconoce a las primeras de cambio a quien va a dar la cara. Ceuta, esa perla de la España del Sur que soporta la presión de ser la primera trinchera de Europa, sabe muy bien quién está a las duras y a las maduras. Mientras los “Sanchistas y asociados” prefieren mirar hacia otro lado o despachar los problemas de la frontera con propaganda y retórica barata, en Andalucía se entiende que Ceuta es parte de nuestra propia alma. Moreno lo dejó cristalino: tachó de "intolerable" la situación y denunció la «inoperancia e incompetencia» de un Gobierno central que no ha estado a la altura ante España ni ante Europa.
Y claro, las reacciones de la prensa y el cabreo del Gobierno de Pedro Sánchez no se han hecho esperar. Escuece, y mucho, que la sociedad civil y los medios señalen lo evidente: que la tibieza de la Moncloa contrasta con la rotundidad de quien ejerce la política con sentido de Estado e impulsa medidas reales, desde la promoción turística, integrando a la ciudad autónoma con la Costa del Sol y el Campo de Gibraltar, hasta la atracción de inversiones y la alianza entre puertos. Sánchez y su equipo deberían tomar nota de lo que exige la calle ceutí, porque la soberanía y la dignidad de un pueblo no se defienden con “post” ni con paños calientes desde un despacho de la capital o con reuniones telemáticas, algunas sin pies, literal, ni cabeza, sino con presencia, responsabilidad y un compromiso inquebrantable.
Esta alianza no es un mero gesto simbólico; es la demostración práctica de que cuando las instituciones cooperan con altura de miras, los problemas reales de los ciudadanos empiezan a encontrar soluciones. Mientras el Gobierno central insiste en gestionar los asuntos de Estado con la calculadora electoral en la mano, Andalucía demuestra que la vertebración de España se construye tendiendo puentes, reforzando lazos de convivencia y acudiendo sin dudar allí donde más se necesita la presencia de la administración.
Lo que ha hecho Juanma Moreno en Ceuta es manifestar que la frontera sur es cosa de todos y que a los españoles de Ceuta no se les deja solos. Un mensaje directo al corazón de un Gobierno central que vive más pendiente de la aritmética parlamentaria que de las urgencias de los ciudadanos. Ceuta no está sola: lo que sonroja al Sanchismo es la auténtica lección de Estado.
Hay días en los que la política, tan dada últimamente a la farsa y al titular de consumo rápido, nos devuelve una lección responsable. De las que dejan las cosas claras. La visita del presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, a Ceuta, en plena marejada por la crisis migratoria y el choque institucional con el Ejecutivo por el reparto de los menores, no ha sido un viaje oficial más en la agenda de un presidente autonómico; ha sido, digámoslo sin rodeos, un soplo de aire fresco y un ejercicio de lealtad institucional que deja en evidencia a más de uno en Moncloa.
El recibimiento de los ceutíes al presidente andaluz no ha sido de compromiso ni de protocolo de moqueta. Arropado por un Juan Vivas que hablaba con el corazón en la mano de "fraternidad", ha sido un abrazo sincero de una tierra que está harta del olvido y que reconoce a las primeras de cambio a quien va a dar la cara. Ceuta, esa perla de la España del Sur que soporta la presión de ser la primera trinchera de Europa, sabe muy bien quién está a las duras y a las maduras. Mientras los “Sanchistas y asociados” prefieren mirar hacia otro lado o despachar los problemas de la frontera con propaganda y retórica barata, en Andalucía se entiende que Ceuta es parte de nuestra propia alma. Moreno lo dejó cristalino: tachó de "intolerable" la situación y denunció la «inoperancia e incompetencia» de un Gobierno central que no ha estado a la altura ante España ni ante Europa.
Y claro, las reacciones de la prensa y el cabreo del Gobierno de Pedro Sánchez no se han hecho esperar. Escuece, y mucho, que la sociedad civil y los medios señalen lo evidente: que la tibieza de la Moncloa contrasta con la rotundidad de quien ejerce la política con sentido de Estado e impulsa medidas reales, desde la promoción turística, integrando a la ciudad autónoma con la Costa del Sol y el Campo de Gibraltar, hasta la atracción de inversiones y la alianza entre puertos. Sánchez y su equipo deberían tomar nota de lo que exige la calle ceutí, porque la soberanía y la dignidad de un pueblo no se defienden con “post” ni con paños calientes desde un despacho de la capital o con reuniones telemáticas, algunas sin pies, literal, ni cabeza, sino con presencia, responsabilidad y un compromiso inquebrantable.
Esta alianza no es un mero gesto simbólico; es la demostración práctica de que cuando las instituciones cooperan con altura de miras, los problemas reales de los ciudadanos empiezan a encontrar soluciones. Mientras el Gobierno central insiste en gestionar los asuntos de Estado con la calculadora electoral en la mano, Andalucía demuestra que la vertebración de España se construye tendiendo puentes, reforzando lazos de convivencia y acudiendo sin dudar allí donde más se necesita la presencia de la administración.
Lo que ha hecho Juanma Moreno en Ceuta es manifestar que la frontera sur es cosa de todos y que a los españoles de Ceuta no se les deja solos. Un mensaje directo al corazón de un Gobierno central que vive más pendiente de la aritmética parlamentaria que de las urgencias de los ciudadanos. Ceuta no está sola: lo que sonroja al Sanchismo es la auténtica lección de Estado.
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