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Aceite de oliva: la oportunidad para liderar no sólo la producción, sino la comercialización

Nuestro país dispone de materia prima suficiente para sostener una potente industria transformadora y comercializadora. España produjo alrededor de 1,3 millones de toneladas en la actual campaña

  • Aceite de oliva, en una copa. -

La posible venta de Deoleo se ha convertido durante las últimas semanas en una de las noticias empresariales del verano. No es para menos. Estamos hablando de la compañía propietaria de Carbonell, Koipe y Hojiblanca, entre otras marcas, y de una empresa con una posición de primer orden en algunos de los principales mercados nacionales e internacionales del aceite de oliva. Y estamos hablando, además, de una puja en la que concurren, entre otros candidatos, la mayor cooperativa olivarera española y uno de los principales grupos aceiteros italianos.

A fecha de hoy la operación no está cerrada. Por ello, es oportuno reflexionar sobre qué modelo resulta más interesante para el futuro del aceite de oliva español.

Desde Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía tenemos clara una cuestión: España no puede conformarse con ser líder mundial en producción. Tiene que aspirar también a liderar la comercialización, las marcas y la relación con el consumidor.

Durante décadas hemos hecho un extraordinario esfuerzo para producir más y mejor. Hemos modernizado nuestras almazaras, profesionalizado nuestras cooperativas, incorporado innovación y tecnología y elevado sustancialmente la calidad de nuestros aceites. Pero producir bien ya no basta. El valor se genera también en el envasado, en la distribución, en la construcción de una marca, en conocer al consumidor y en ser capaz de llegar directamente hasta él.

Y hay una cuestión que no podemos obviar: no todas las estrategias empresariales ponen el mismo énfasis en la calidad, el origen y la defensa de la autenticidad del aceite de oliva. El modelo cooperativo parte precisamente de ahí. Dcoop ha hecho del origen, la calidad, la trazabilidad desde el campo hasta el envasado y la lucha contra el fraude elementos expresos de su estrategia, porque proteger la autenticidad del aceite significa también proteger al agricultor que lo produce y al consumidor que lo compra.

Deoleo ha venido recorriendo una senda compatible con esos mismos principios, aunque su nueva hoja de ruta incorpora la transformación de la cadena de suministro y la reformulación de su estrategia de compras. Desde la federación nos preocupa que esa nueva estrategia, vinculada a un modelo no cooperativo, pueda resultar perjudicial para los intereses de todo el sector oleícola.

En cambio, su estrategia de calidad y transparencia se vería reforzada con Dcoop, por eso, sería muy positivo que ese patrimonio empresarial permaneciera vinculado a una compañía española y, singularmente, a un proyecto cooperativo andaluz que nace de los propios agricultores.

No se trata de establecer una competición entre el buen aceite italiano y el buen aceite español. Italia ha sabido hacer extraordinariamente bien algo de lo que España debe aprender: poner en valor el producto, construir marcas y acercarse al consumidor. Y esto es lo que está a nuestro alcance si esta operación se materializa en la dirección que estamos señalando.

Nuestro país dispone de materia prima suficiente para sostener una potente industria transformadora y comercializadora. España produjo alrededor de 1,3 millones de toneladas en la actual campaña y Andalucía concentra aproximadamente tres cuartas partes de la producción nacional. Somos, con diferencia, el gran origen del aceite de oliva mundial.

Además, de cada diez kilos de aceite que se producen en Andalucía, alrededor de siete se canalizan a través de una cooperativa. Ese peso nos convierte en una pieza decisiva para acortar la cadena entre agricultor y consumidor y para conseguir que una parte creciente del valor añadido permanezca aquí.

Durante años Andalucía produjo una parte esencial de la materia prima mientras buena parte de la transformación, el envasado y las marcas se concentraban fuera de nuestra comunidad, especialmente, en polos industriales de otras autonomías. Hemos avanzado mucho para corregir esa situación y debemos seguir haciéndolo.

Mientras tanto, Italia mantiene tradicionalmente una elevada dependencia de las importaciones para abastecer su industria. Eso responde a una realidad empresarial legítima, pero evidencia también dos modelos diferentes: uno basado en aprovisionarse en distintos orígenes para comercializar posteriormente y otro que vincula producción, transformación, marca y comercialización desde el propio territorio. Ahí radica, para nosotros, el verdadero interés de una eventual operación protagonizada por un gran grupo cooperativo.

Porque una cooperativa no es simplemente otra forma jurídica de empresa. Detrás existen decenas de miles de agricultores que han decidido concentrar su producción para competir en mejores condiciones. Y existe, además, una característica esencial: el modelo cooperativo no se deslocaliza. La tierra, los agricultores, las inversiones y buena parte del empleo permanecen vinculados al territorio.

Cuando una cooperativa gana dimensión, adquiere una industria, desarrolla una marca o entra directamente en un nuevo mercado, el beneficio estratégico se amplifica.

Lo hemos visto en otras operaciones.

Agrosevilla, uno de los grandes referentes cooperativos mundiales en aceituna de mesa, ha reforzado recientemente su dimensión empresarial mediante la adquisición de Comercial Rioverde, ampliando su actividad hacia los encurtidos y las conservas vegetales. Exporta alrededor del 90% de sus ventas a más de 80 países y sus marcas propias representan ya una parte muy significativa de sus exportaciones.

COVAP constituye otro magnífico ejemplo. Ha construido un modelo basado en la integración de la cadena y en una creciente proximidad al consumidor. Su grupo integra sociedades como Lactiber León, Làctia Agroalimentària y Naturleite, proveedoras de Mercadona, además de estructuras comerciales propias en Estados Unidos y Reino Unido. En 2025 superó los 1.000 millones de euros de facturación. La propia cooperativa resume su estrategia con una idea que compartimos plenamente: integrar la cadena permite gobernar mejor el propio destino.

En frutas y hortalizas, Unica group a través de diferentes procesos de absorción, ha tomado el control de los almacenes, líneas de calibrado automatizado y centros logísticos de Casur y Coproma para optimizar el procesado de hortalizas de invernadero en Almería.

Ese es el modelo que desde Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía vamos a seguir defendiendo. No sólo para el aceite de oliva, sino para todos nuestros sectores.

No podemos tener miles de productores vendiendo frente a un número cada vez menor de grandes compradores. Hay que concentrar oferta, integrar estructuras, invertir, internacionalizarse, crear marcas y entrar en aquellos eslabones donde se genera mayor valor.

Y esta necesidad cobra todavía más importancia en un escenario de creciente apertura comercial. Acuerdos como Mercosur obligan a competir en un mercado cada vez más global y, precisamente por ello, Europa y España deben apostar también por preservar y reforzar su propia capacidad productiva.

Además, insisto en que cuando ese crecimiento se produce desde una cooperativa, existe un efecto adicional que para Andalucía resulta fundamental: el valor permanece en el territorio. Los resultados revierten sobre los socios, agricultores y ganaderos; las inversiones se realizan en buena medida en nuestros pueblos; se genera empleo y se sostiene una actividad económica imprescindible para las zonas rurales.

Por eso, apoyaremos cualquier operación empresarial protagonizada por cualquier cooperativa agroalimentaria que responda a esta estrategia y permita al productor ganar peso dentro de la cadena.

Y en este punto las administraciones tampoco deberían permanecer indiferentes.

Deoleo no es una empresa cualquiera desde la perspectiva económica española. Sus marcas, su presencia nacional e internacional y su posición en mercados tan relevantes como Estados Unidos constituyen activos estratégicos para un país que es líder mundial en aceite de oliva.

El Estado debe valorar el interés nacional que supone esta operación empresarial. En el año 2024, el Gobierno denegó la autorización a la adquisición de la empresa Talgo planteada por el consorcio húngaro Ganz-MaVag, invocando la seguridad nacional y la protección de una industria española estratégica. Sin pretender equiparar dos sectores diferentes, el aceite de oliva merece también una reflexión de esa naturaleza. Porque apoyar procesos que permitan mantener esos activos vinculados a nuestro tejido productivo es también una forma de defender industria, agricultores, empleo y territorio.

La pugna por Deoleo acabará dentro de unas semanas o unos meses. Pero el verdadero debate permanecerá después. España debe decidir ahora si se conforma con ser el gran productor mundial de aceite de oliva o da el paso definitivo para liderar también su transformación, su comercialización y las marcas que llegan al consumidor.

Desde Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía tenemos muy clara la respuesta.

La posible venta de Deoleo se ha convertido durante las últimas semanas en una de las noticias empresariales del verano. No es para menos. Estamos hablando de la compañía propietaria de Carbonell, Koipe y Hojiblanca, entre otras marcas, y de una empresa con una posición de primer orden en algunos de los principales mercados nacionales e internacionales del aceite de oliva. Y estamos hablando, además, de una puja en la que concurren, entre otros candidatos, la mayor cooperativa olivarera española y uno de los principales grupos aceiteros italianos.

A fecha de hoy la operación no está cerrada. Por ello, es oportuno reflexionar sobre qué modelo resulta más interesante para el futuro del aceite de oliva español.

Desde Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía tenemos clara una cuestión: España no puede conformarse con ser líder mundial en producción. Tiene que aspirar también a liderar la comercialización, las marcas y la relación con el consumidor.

Durante décadas hemos hecho un extraordinario esfuerzo para producir más y mejor. Hemos modernizado nuestras almazaras, profesionalizado nuestras cooperativas, incorporado innovación y tecnología y elevado sustancialmente la calidad de nuestros aceites. Pero producir bien ya no basta. El valor se genera también en el envasado, en la distribución, en la construcción de una marca, en conocer al consumidor y en ser capaz de llegar directamente hasta él.

Y hay una cuestión que no podemos obviar: no todas las estrategias empresariales ponen el mismo énfasis en la calidad, el origen y la defensa de la autenticidad del aceite de oliva. El modelo cooperativo parte precisamente de ahí. Dcoop ha hecho del origen, la calidad, la trazabilidad desde el campo hasta el envasado y la lucha contra el fraude elementos expresos de su estrategia, porque proteger la autenticidad del aceite significa también proteger al agricultor que lo produce y al consumidor que lo compra.

Deoleo ha venido recorriendo una senda compatible con esos mismos principios, aunque su nueva hoja de ruta incorpora la transformación de la cadena de suministro y la reformulación de su estrategia de compras. Desde la federación nos preocupa que esa nueva estrategia, vinculada a un modelo no cooperativo, pueda resultar perjudicial para los intereses de todo el sector oleícola.

En cambio, su estrategia de calidad y transparencia se vería reforzada con Dcoop, por eso, sería muy positivo que ese patrimonio empresarial permaneciera vinculado a una compañía española y, singularmente, a un proyecto cooperativo andaluz que nace de los propios agricultores.

No se trata de establecer una competición entre el buen aceite italiano y el buen aceite español. Italia ha sabido hacer extraordinariamente bien algo de lo que España debe aprender: poner en valor el producto, construir marcas y acercarse al consumidor. Y esto es lo que está a nuestro alcance si esta operación se materializa en la dirección que estamos señalando.

Nuestro país dispone de materia prima suficiente para sostener una potente industria transformadora y comercializadora. España produjo alrededor de 1,3 millones de toneladas en la actual campaña y Andalucía concentra aproximadamente tres cuartas partes de la producción nacional. Somos, con diferencia, el gran origen del aceite de oliva mundial.

Además, de cada diez kilos de aceite que se producen en Andalucía, alrededor de siete se canalizan a través de una cooperativa. Ese peso nos convierte en una pieza decisiva para acortar la cadena entre agricultor y consumidor y para conseguir que una parte creciente del valor añadido permanezca aquí.

Durante años Andalucía produjo una parte esencial de la materia prima mientras buena parte de la transformación, el envasado y las marcas se concentraban fuera de nuestra comunidad, especialmente, en polos industriales de otras autonomías. Hemos avanzado mucho para corregir esa situación y debemos seguir haciéndolo.

Mientras tanto, Italia mantiene tradicionalmente una elevada dependencia de las importaciones para abastecer su industria. Eso responde a una realidad empresarial legítima, pero evidencia también dos modelos diferentes: uno basado en aprovisionarse en distintos orígenes para comercializar posteriormente y otro que vincula producción, transformación, marca y comercialización desde el propio territorio. Ahí radica, para nosotros, el verdadero interés de una eventual operación protagonizada por un gran grupo cooperativo.

Porque una cooperativa no es simplemente otra forma jurídica de empresa. Detrás existen decenas de miles de agricultores que han decidido concentrar su producción para competir en mejores condiciones. Y existe, además, una característica esencial: el modelo cooperativo no se deslocaliza. La tierra, los agricultores, las inversiones y buena parte del empleo permanecen vinculados al territorio.

Cuando una cooperativa gana dimensión, adquiere una industria, desarrolla una marca o entra directamente en un nuevo mercado, el beneficio estratégico se amplifica.

Lo hemos visto en otras operaciones.

Agrosevilla, uno de los grandes referentes cooperativos mundiales en aceituna de mesa, ha reforzado recientemente su dimensión empresarial mediante la adquisición de Comercial Rioverde, ampliando su actividad hacia los encurtidos y las conservas vegetales. Exporta alrededor del 90% de sus ventas a más de 80 países y sus marcas propias representan ya una parte muy significativa de sus exportaciones.

COVAP constituye otro magnífico ejemplo. Ha construido un modelo basado en la integración de la cadena y en una creciente proximidad al consumidor. Su grupo integra sociedades como Lactiber León, Làctia Agroalimentària y Naturleite, proveedoras de Mercadona, además de estructuras comerciales propias en Estados Unidos y Reino Unido. En 2025 superó los 1.000 millones de euros de facturación. La propia cooperativa resume su estrategia con una idea que compartimos plenamente: integrar la cadena permite gobernar mejor el propio destino.

En frutas y hortalizas, Unica group a través de diferentes procesos de absorción, ha tomado el control de los almacenes, líneas de calibrado automatizado y centros logísticos de Casur y Coproma para optimizar el procesado de hortalizas de invernadero en Almería.

Ese es el modelo que desde Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía vamos a seguir defendiendo. No sólo para el aceite de oliva, sino para todos nuestros sectores.

No podemos tener miles de productores vendiendo frente a un número cada vez menor de grandes compradores. Hay que concentrar oferta, integrar estructuras, invertir, internacionalizarse, crear marcas y entrar en aquellos eslabones donde se genera mayor valor.

Y esta necesidad cobra todavía más importancia en un escenario de creciente apertura comercial. Acuerdos como Mercosur obligan a competir en un mercado cada vez más global y, precisamente por ello, Europa y España deben apostar también por preservar y reforzar su propia capacidad productiva.

Además, insisto en que cuando ese crecimiento se produce desde una cooperativa, existe un efecto adicional que para Andalucía resulta fundamental: el valor permanece en el territorio. Los resultados revierten sobre los socios, agricultores y ganaderos; las inversiones se realizan en buena medida en nuestros pueblos; se genera empleo y se sostiene una actividad económica imprescindible para las zonas rurales.

Por eso, apoyaremos cualquier operación empresarial protagonizada por cualquier cooperativa agroalimentaria que responda a esta estrategia y permita al productor ganar peso dentro de la cadena.

Y en este punto las administraciones tampoco deberían permanecer indiferentes.

Deoleo no es una empresa cualquiera desde la perspectiva económica española. Sus marcas, su presencia nacional e internacional y su posición en mercados tan relevantes como Estados Unidos constituyen activos estratégicos para un país que es líder mundial en aceite de oliva.

El Estado debe valorar el interés nacional que supone esta operación empresarial. En el año 2024, el Gobierno denegó la autorización a la adquisición de la empresa Talgo planteada por el consorcio húngaro Ganz-MaVag, invocando la seguridad nacional y la protección de una industria española estratégica. Sin pretender equiparar dos sectores diferentes, el aceite de oliva merece también una reflexión de esa naturaleza. Porque apoyar procesos que permitan mantener esos activos vinculados a nuestro tejido productivo es también una forma de defender industria, agricultores, empleo y territorio.

La pugna por Deoleo acabará dentro de unas semanas o unos meses. Pero el verdadero debate permanecerá después. España debe decidir ahora si se conforma con ser el gran productor mundial de aceite de oliva o da el paso definitivo para liderar también su transformación, su comercialización y las marcas que llegan al consumidor.

Desde Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía tenemos muy clara la respuesta.

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