Jerez

Una chapa metálica en un castillo BIC con 700 años de historia

Los vecinos de la barriada rural jerezana de Torremelgarejo denuncian "una chapuza", la instalación de un panel galvanizado en la torre de la localidad, de propiedad privada y abandonada pese a poseer el mayor grado de protección patrimonial

El pasado mes de agosto, Agustín García-Lázaro, gran conocedor de la campiña jerezana y divulgador tanto de su historia como de su patrimonio a través del portal En torno a Jerez, denunció a través de las redes sociales la situación del castillo de Torremelgarejo. El deterioro del monumento que da nombre a esta barriada rural de medio millar de habitantes situada junto al Circuito de Jerez, provocó que hace meses se desprendiera su esquina poniente. Un hecho que motivó que tanto en los plenos de la Diputación de Cádiz como del Ayuntamiento se acordara por unanimidad exigir a la Junta de Andalucía a que requiera a la propiedad del Castillo de Melgarejo a que actúe de urgencia.

“Hace varios días que la empezaron a instalar, yo no me he dado ni cuenta”, comenta un hombre a lavozdelsur.es frente a la fortificación, a la que se le ha instalado una enorme chapa metálica en la esquina deteriorada. El vecino asegura que le da “pena” el estado de conservación del monumento pero que por otro lado entiende que se hace para evitar un mayor desprendimiento y lamenta que “la Junta de Andalucía no haga nada ni tampoco deje hacerlo”. Según cuentan vecinos de la localidad a este medio, operarios municipales acudieron esta misma mañana al ser avisados de la instalación de la estructura, que brilla especialmente con el reflejo del sol. “No me quiero imaginar cuando sean las motos o verano”, comentan.

El castillo de Torremelgarejo años atrás, en una imagen de Google Maps.

El recinto, tras más de doce años abandonado, sigue cerrado al público pese a que la catalogación como Bien de Interés Cultural, el mayor grado de protección patrimonial, exige un tiempo mínimo y una periodicidad de visitas. La edificación, que es originaria del siglo XIII o XIV, se sitúa en un enclave idóneo en época bajomedieval. Su ubicación estratégica permitía el control de la campiña, en plena frontera entre cristianos y andalusíes, dando lugar a episodios como el que da nombre a su carretera anexa: Amargacena. La toma del castillo por los cristianos costó cara a los caballeros que la efectuaron. La leyenda cuenta que aquella noche tras la cena fueron pasados a cuchillo por los musulmanes amargándoles, literalmente, la cena. Siete siglos después, no es la cena lo que se le ha amargado a los habitantes de esta localidad rural, sino el desayuno, al comprobar de la noche a la mañana que el principal símbolo del pueblo no sólo está deteriorado “por dentro y por fuera” sino que ahora viste una enorme plancha brillante.

En la venta de la localidad, la delegada de esta barriada rural, la socialista Mari Conchi Martínez, recuerda cuando hace décadas en el interior de este castillo se daban hasta clases a los niños. “La torre es lo que le ha dado nombre al propio pueblo”, declara. La regidora, que cree que nadie ha intervenido durante años en el edificio, lamenta su situación de conservación e insta a que las administraciones “hagan lo que tengan que hacer”, conocedoras de que es una propiedad privada. Otra de las vecinas de Torremelgarejo es más directa y sospecha que la administración conocía algo sobre la instalación del galvanizado, ya que la propietaria “no va a poner dinero de su parte”.

La entrada de Torremelgarejo con el castillo al fondo. FOTO: MANU GARCÍA.

En declaraciones a este medio, Agustín García-Lázaro cree que lo han “apuntalado y tapado o bien para que no se vea o para que no lo estropee la lluvia”. En esa línea, quiere ser cauto y “pensar bien”, aunque no oculta su impresión de que cualquier tipo de intervención “vaya para largo”. Los vecinos consultados por este medio creen que lo que puede ser un parche provisional se convertirá “seguramente” en algo casi permanente. “El castillo morirá así”, dice uno de ellos. La alteración paisajística de esta fortificación no es la única que ha desatado la polémica en los últimos años. Concretamente en 2016 el castillo de Matrera, este sí con la autorización e intervención definitiva de la propia administración autonómica fue restaurado en piedra con un resultado que colectivos patrimonialistas como Hispania Nostra calificaron de un desprestigio y una vergüenza para España”. El colectivo llegó a asegurar en aquel momento que la prensa internacional la ha calificado como “la peor restauración del mundo”.

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Un comentario

  1. Si se trata de una medida provisional a la espera de una actuación reparadora pues no está mal. Lo malo es que estas actuaciones provisionales son, casi siempre, para toda la vida.

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