Las palabras son fundamentales para ubicarnos en el espacio y describir un lugar u orientarnos. Además, ofrecen una serie de datos que nos ayudan a entender el entorno de forma más compleja. Sirvan los siguientes ejemplos:
Por un lado, se pueden utilizar criterios geográficos para describir el continente americano según la posición de sus regiones. Así, al hablar de Sudamérica, nos referimos a las naciones del sur del continente, entre las que encontramos a Venezuela, Colombia, Argentina, Chile, Perú, Uruguay o Brasil. Si nos referimos a Centroamérica, hablamos de los territorios situados en el istmo central, como Nicaragua, Honduras y Panamá. Si mencionamos Norteamérica, el término engloba a Canadá, Estados Unidos y México.
Por otro lado, se pueden emplear conceptos vinculados al pasado colonial. De este modo, Hispanoamérica se refiere a las naciones que fueron colonias españolas y donde se habla español. Si, por el contrario, se utiliza el término Iberoamérica, se incluye también a Brasil, antigua colonia portuguesa donde el idioma oficial es el portugués.
A pesar de que estas clasificaciones son muy explícitas, el concepto más difundido es el de Latinoamérica. Este resulta mucho más inexacto, partiendo de la base de que en el continente americano nunca se habló latín como idioma vehicular. Aquí es donde cobra verdadera importancia el peso de las palabras.
El término “Latinoamérica” fue difundido por Francia durante el gobierno de Napoleón III en la década de 1860. Su objetivo era justificar la presencia colonial francesa en la región, diluyendo la vinculación de estos territorios con los decadentes imperios español y portugués. Así, el nuevo concepto se utilizó como propaganda para presentar a Francia como la legítima protectora de la región frente al expansionismo de Estados Unidos y Gran Bretaña.
Hay que recordar que, durante el siglo XIX, España perdió sus colonias americanas en medio de una tremenda agitación sociopolítica en la península ibérica. A esto se suma que la propia España asumió la "leyenda negra" que ingleses y franceses difundieron al otro lado del océano, sin establecer una versión que contrarrestara el mensaje malintencionado de sus rivales históricos. Si bien es cierto que los colonos ibéricos cometieron terribles desmanes, también se realizó un enorme trabajo para conectar ambos mundos a nivel cultural, social y comercial.
Hoy en día, el uso de “Latinoamérica” se ha generalizado, pero sigue sin estar lo suficientemente definido, siendo mucho más exactas las divisiones mencionadas al principio de este artículo. Lo que sí consiguió Francia con la propagación de este vocablo fue romper, al menos en parte, los vínculos históricos entre las antiguas metrópolis y sus colonias. Aún son patentes estas consecuencias.
“La manipulación mediática hace más daño que la bomba atómica, porque destruye cerebros”. — Noam Chomsky
Las palabras son fundamentales para ubicarnos en el espacio y describir un lugar u orientarnos. Además, ofrecen una serie de datos que nos ayudan a entender el entorno de forma más compleja. Sirvan los siguientes ejemplos:
Por un lado, se pueden utilizar criterios geográficos para describir el continente americano según la posición de sus regiones. Así, al hablar de Sudamérica, nos referimos a las naciones del sur del continente, entre las que encontramos a Venezuela, Colombia, Argentina, Chile, Perú, Uruguay o Brasil. Si nos referimos a Centroamérica, hablamos de los territorios situados en el istmo central, como Nicaragua, Honduras y Panamá. Si mencionamos Norteamérica, el término engloba a Canadá, Estados Unidos y México.
Por otro lado, se pueden emplear conceptos vinculados al pasado colonial. De este modo, Hispanoamérica se refiere a las naciones que fueron colonias españolas y donde se habla español. Si, por el contrario, se utiliza el término Iberoamérica, se incluye también a Brasil, antigua colonia portuguesa donde el idioma oficial es el portugués.
A pesar de que estas clasificaciones son muy explícitas, el concepto más difundido es el de Latinoamérica. Este resulta mucho más inexacto, partiendo de la base de que en el continente americano nunca se habló latín como idioma vehicular. Aquí es donde cobra verdadera importancia el peso de las palabras.
El término “Latinoamérica” fue difundido por Francia durante el gobierno de Napoleón III en la década de 1860. Su objetivo era justificar la presencia colonial francesa en la región, diluyendo la vinculación de estos territorios con los decadentes imperios español y portugués. Así, el nuevo concepto se utilizó como propaganda para presentar a Francia como la legítima protectora de la región frente al expansionismo de Estados Unidos y Gran Bretaña.
Hay que recordar que, durante el siglo XIX, España perdió sus colonias americanas en medio de una tremenda agitación sociopolítica en la península ibérica. A esto se suma que la propia España asumió la "leyenda negra" que ingleses y franceses difundieron al otro lado del océano, sin establecer una versión que contrarrestara el mensaje malintencionado de sus rivales históricos. Si bien es cierto que los colonos ibéricos cometieron terribles desmanes, también se realizó un enorme trabajo para conectar ambos mundos a nivel cultural, social y comercial.
Hoy en día, el uso de “Latinoamérica” se ha generalizado, pero sigue sin estar lo suficientemente definido, siendo mucho más exactas las divisiones mencionadas al principio de este artículo. Lo que sí consiguió Francia con la propagación de este vocablo fue romper, al menos en parte, los vínculos históricos entre las antiguas metrópolis y sus colonias. Aún son patentes estas consecuencias.
“La manipulación mediática hace más daño que la bomba atómica, porque destruye cerebros”. — Noam Chomsky
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