Menos de fiar que Moreno Bonilla. Probablemente esta será una frase hecha más recurrente si cabe a partir de ahora. Y no es que nadie dudara de que el pacto con los innombrables se iba a producir también en Andalucía, sino que esto de comerse lo que uno dice ya se está convirtiendo en una dolorosa costumbre sin consecuencias. Dijo que no pasaría por el aro de la prioridad nacional. Mintió. Dijo que no contemplaba una coalición con ellos. Mintió. Dijo, poco menos, que a la ultraderecha ni agua; que para eso estaban él y sus moderados bemoles. Mintió. Afirmó en varias entrevistas que “un gobierno con Vox es un gobierno imposible”. Mintió.
No debemos asombrarnos, pues mintió con los cribados, mintió con la vivienda, mintió con la educación pública, mintió con los inmigrantes, mintió con los pobres, mintió —y mucho— hasta en el currículum. Qué podemos esperar de aquel rollizo mozalbete que posaba junto a su compadre, el imberbe Abascal, cuando ambos militaban en las juventudes peperas. Amistad en la cumbre.
Pacto de investidura y, por ende, de gobierno, calcadito casi al que ya se firmó en Castilla y León, Aragón y Extremadura entre ‘voxeros’ y populares. El acuerdo incluye la reducción, hasta su eliminación, de las ayudas a la cooperación internacional; plantea una oposición frontal a las medidas del Pacto Verde y de la Agenda 2030, siendo que el bueno de Juanma preside ahora mismo una Comisión delegada para su aplicación creada por él mismo en 2021. El pacto chorrea coherencia, como es fácil comprobar, pero ¿a quién le importa? ¿Le importa a los votantes que volvieron a otorgar su confianza a quien privatiza sin pudor alguno? Adelgazar hasta lo raquítico los recursos públicos mata; bien lo saben muchas mujeres andaluzas. Pero no parece que pase nada.
Ahora vuelve a presidir, pero Moreno Bonilla ya no es Juanma. Para ser investido solo ha tenido que tragarse sus palabras una a una, desdecirse y parecerse un poco más a lo que en realidad siempre fue. No es para tanto. Si a cambio había que transigir con un vicepresidente ultra y una Consejería de “Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local” —sea lo que quiera que vaya a ser ese mejunje— pues palante; que de chiringuitos sin sentido saben mucho en Génova 13. Y de jueces leales también.
El moderao andalú cayó porque tuvo que callar, porque tuvo que dejar de sonreír de cara a la galería mientras firmaba el pacto que aparentemente rehusaba. Porque se la comió doblada y porque nunca le importó de verdad. Así pasó de Juanma a Juan Manuel: dejando de compadrear con el chalequito campero, dejando atrás las portadas en las que se jactaba de ser perseguido por jovencitas. Así abrazó el rictus compungido y el traje gris, para que parezca que esto le molesta, que va en serio la cosa y que la piedra le incordia en el zapato. Cuando en realidad es ahora cuando Juan Manuel hará lo que quería hacer, pero a lo que no procedía poner su carita y su firma: la firma del moderao. Ahora se abre Juan Manuel a reinar sobre el caído Juanma. Proteja el Coño Insumiso a mi pobre Andalucía.
Menos de fiar que Moreno Bonilla. Probablemente esta será una frase hecha más recurrente si cabe a partir de ahora. Y no es que nadie dudara de que el pacto con los innombrables se iba a producir también en Andalucía, sino que esto de comerse lo que uno dice ya se está convirtiendo en una dolorosa costumbre sin consecuencias. Dijo que no pasaría por el aro de la prioridad nacional. Mintió. Dijo que no contemplaba una coalición con ellos. Mintió. Dijo, poco menos, que a la ultraderecha ni agua; que para eso estaban él y sus moderados bemoles. Mintió. Afirmó en varias entrevistas que “un gobierno con Vox es un gobierno imposible”. Mintió.
No debemos asombrarnos, pues mintió con los cribados, mintió con la vivienda, mintió con la educación pública, mintió con los inmigrantes, mintió con los pobres, mintió —y mucho— hasta en el currículum. Qué podemos esperar de aquel rollizo mozalbete que posaba junto a su compadre, el imberbe Abascal, cuando ambos militaban en las juventudes peperas. Amistad en la cumbre.
Pacto de investidura y, por ende, de gobierno, calcadito casi al que ya se firmó en Castilla y León, Aragón y Extremadura entre ‘voxeros’ y populares. El acuerdo incluye la reducción, hasta su eliminación, de las ayudas a la cooperación internacional; plantea una oposición frontal a las medidas del Pacto Verde y de la Agenda 2030, siendo que el bueno de Juanma preside ahora mismo una Comisión delegada para su aplicación creada por él mismo en 2021. El pacto chorrea coherencia, como es fácil comprobar, pero ¿a quién le importa? ¿Le importa a los votantes que volvieron a otorgar su confianza a quien privatiza sin pudor alguno? Adelgazar hasta lo raquítico los recursos públicos mata; bien lo saben muchas mujeres andaluzas. Pero no parece que pase nada.
Ahora vuelve a presidir, pero Moreno Bonilla ya no es Juanma. Para ser investido solo ha tenido que tragarse sus palabras una a una, desdecirse y parecerse un poco más a lo que en realidad siempre fue. No es para tanto. Si a cambio había que transigir con un vicepresidente ultra y una Consejería de “Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local” —sea lo que quiera que vaya a ser ese mejunje— pues palante; que de chiringuitos sin sentido saben mucho en Génova 13. Y de jueces leales también.
El moderao andalú cayó porque tuvo que callar, porque tuvo que dejar de sonreír de cara a la galería mientras firmaba el pacto que aparentemente rehusaba. Porque se la comió doblada y porque nunca le importó de verdad. Así pasó de Juanma a Juan Manuel: dejando de compadrear con el chalequito campero, dejando atrás las portadas en las que se jactaba de ser perseguido por jovencitas. Así abrazó el rictus compungido y el traje gris, para que parezca que esto le molesta, que va en serio la cosa y que la piedra le incordia en el zapato. Cuando en realidad es ahora cuando Juan Manuel hará lo que quería hacer, pero a lo que no procedía poner su carita y su firma: la firma del moderao. Ahora se abre Juan Manuel a reinar sobre el caído Juanma. Proteja el Coño Insumiso a mi pobre Andalucía.
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